KILLEREDUCACIÓN

Hablemos de segregación


Como vivo en un lugar recóndito de la Mancha, no me había enterado de que a las familias que queremos que nuestros hijos y que nuestras hijas aprendan inglés se nos acusa de segregacionistas, por el simple hecho de hacer uso de algo que el sistema pone a nuestra disposición: colegios públicos en los que se trabajan varias asignaturas en esa segunda lengua y en los que se da una séptima hora de inglés. Desde la capital del reino, llegan mensajes de que el sistema bilingüe que implantó el PP está siendo un fracaso porque carece de los medios necesarios, los niños y las niñas no aprenden ni contenidos ni idioma y los más vulnerables son los más perjudicados. 

Escucho también que los niños y niñas que, después de haber ido a un cole bilingüe, van a un IES de secciones, son altaneras/os, clasistas y miran por encima del hombro a sus compañeras/os monolingües. Vamos, que la introducción del bilingüismo está siendo un elemento segregador en el que los pobres docentes no tienen absolutamente nada que ver. 

La segregación forma parte de nuestras vidas. Recuerdo a ese niño al que nunca dejaban ir a las excursiones del colegio porque las maestras no se querían hacer cargo de él. O ese al que ponían al fondo de la clase con tareas diferentes al resto de la clase. O esos niños y niñas a las que se hace repetir una y otra vez curso, hasta que se dan cuenta de que tienen una dificultad de aprendizaje y hay que hacer una adaptación para que aprendan. O las niñas que son leídas como niños y viceversa, que son acosados de mil formas y maneras y a los que se les niega la entrada al centro si no van vestides conforme a la ley de la buena gente. O esa niña a la que obligan a quitarse el velo. O ese niño al que llaman penoso, vago y desgraciado porque no sabe hacer las tareas. O a los chavales y las chavalas de humanidades, pobres, que no valían para ciencias. Sí. La segregación forma parte de nuestras vidas. 

Lo que está claro es que el saber se traduce en poder, y las personas que son capaces de comunicarse en lenguas dominantes tienen más poder que quienes no lo son. Pero el mundo es así, no lo he inventado yo. Otra cosa es cómo uses tu poder, pero la diferencia está establecida en estructuras muy superiores. Los saberes crean poder. En otros países, todas las personas tienen acceso relativamente igualitario al aprendizaje de una segunda lengua. Pero en España seguimos siendo unos borricos que doblan las películas, nos reímos de la gente que pronuncia bien los anglicismos y despreciamos el conocimiento de un idioma extranjero. Y además, si queremos que nuestros hijos y nuestras hijas lo aprendan, somos unos segregadores. 

Lo que eliminaría ese segregacionismo que producen los sistemas bilingües sería que todas las personas tuviésemos las mismas oportunidades para acceder al aprendizaje de una L2, no que las familias dejásemos de desear que nuestras hijas y nuestros hijos aprendiesen inglés. Dejemos de marear la perdiz y de acusar a las familias y, si realmente somos tan luchadores y queremos tanto la igualdad, luchemos por un sistema que fomente el aprendizaje de una L2 igual que el aprendizaje de las Matemáticas o de las Ciencias Sociales. Que ese aprendizaje no dependa de que tengamos pasta para viajar y mandar a nuestros hijos e hijas de intercambio, o de que tengamos unos amigos en UK, o de que tengamos la posibilidad de llevar a nuestra prole a colegios bilingües carísimos y super pijos. 

En las condiciones actuales, nos queda la educación en valores. No imagino a mis hijos ni a mi hija mirando por encima del hombro a sus compañeros y compañeras por saber más inglés. No formarían parte de mi familia si lo hiciesen. Las personas que lo hacen son gente estúpida y engreída que actúa así en todas las facetas de su vida. Siento mucho que os hayáis encontrado con gente. Yo sí me he encontrado con ese tipo de gente en mis años de lucha por aprender un inglés que no me enseñaron en el colegio y que tuve que aprender en la universidad a la fuerza. Y esas humillaciones y desprecios fueron los que me llevaron a tomar la decisión de que mis hijos no pasarían por lo mismo que había pasado yo. Llamadme segregadora si queréis. 

Las críticas fachiprogres al bilingüismo

Ya he escrito alguna que otra entrada sobre bilingüismo. Creo que los gobiernos del PP han implantado la enseñanza bilingüe de forma chapucera causando estragos en los colegios públicos. Se obliga a los maestros y maestras a tener un B2, y con ese aprendizaje precario de una segunda lengua se convierten en docentes bilingües, sin tener mucha formación sobre lo que es el bilingüismo, cómo se debe introducir y cómo trabajar la enseñanza bilingüe con niños y niñas con diversas competencias e identidades culturales. Los colegios están haciendo esfuerzos ingentes, pero hay muchas quejas y muchos problemas. 

Lo que no me parece adecuado es que todas estas quejas y todos estos problemas se achaquen al propio hecho de introducir una enseñanza bilingüe en un colegio. No, mira: el problema no es el bilingüismo. Hay muchos niños y niñas en nuestro país y en otros países que tienen una enseñanza bilingüe en el colegio y les va bien. Pero claro, son coles privados, llenos de niños y niñas de “buenas familias”, o coles públicos con buenos sistemas de implantación del bilingüismo, como el del British Council (antes de que llegara el señor Paco con las rebajas). 

Pero lo que ya me toca mucho la moral es la crítica fachiprogre de moda: que el bilingüismo segrega, porque hay niños y niñas que no aprenden Naturales y Sociales en inglés. ¿Perdona? Este problema no se puede plantear en un sistema realmente bilingüe, en el que se trabaja con la inmersión desde los 3 años (o los 6 años, si el niño o niña empieza a ir al cole en primaria). Si en un sistema bilingüe, a un niño le cuesta aprender, lo adecuado es ofrecer apoyos que faciliten la inclusión. Hay miles, qué digo, millones de niños que aprenden en inglés, y los problemas de aprendizaje se trabajan desde las medidas de apoyo planteadas por el sistema educativo. 

Que no, que el bilingüismo no segrega. Lo que segrega es el sistema chapucero mediante el cuál se ha implantado el bilingüismo, obligando a las familias a matricular a sus hijas e hijos en academias de ingles por las tardes. Vaya despropósito. Un buen sistema bilingüe no necesita de academias. Lo que sí es segregador es argumentar que el bilingüismo segregra, instando a las familias que quieren que sus hijos e hijas tengan una buena formación en una segunda lengua a que les lleven a colegios privados de ricos, que son los únicos aptos, por lo visto, para acoger programas bilingües. 

Tenemos derecho a que nuestras hijas e hijos aprendan una L2 en la escuela pública. Tenemos derecho a un buen sistema bilingüe. También a una escuela inclusiva con unas ratios adecuadas, sí. Pero no me vengan con el rollo de que el bilingüismo segrega, y que qué egoistas somos las familias por pedir que haya bilingüismo en la escuela pública. Es el argumento más facha y clasista que he escuchado en la vida. Nada, que como los sistemas bilingües son para ricos, que nos olvidemos de ellos, que la escuela pública es diversa y ahí se aprende en español, como diosito manda. 

El WhatsApp del cole: El terror de las maestras

Cuando el WhatsApp llegó a nuestras vidas, cambió nuestras prácticas. Como cualquier otra tecnología, se introdujo en nuestra cultura interactiva y ofreció nuevas posibilidades a nuestras comunicaciones. En el caso de la vida escolar, nos ofreció la posibilidad de hablar entre nosotras/os, las madres y los padres, sin las prisas que son habituales en nuestros breves encuentros a la entrada y salida del colegio. 

Pasó un curso usando el WhatsApp, y al curso siguiente, en la reunión inicial del colegio de mi hijo, la directora introdujo en su discurso una perorata en contra de los grupos de WhatsApp de madres y padres. Ya otros cursos se había quejado de que las madres hablábamos en la puerta del colegio y difundíamos rumores y críticas infundadas sobre el centro. Pero ahora, directamente, nos estaba instando a no usar el WhatsApp. Me sentí como una niña pequeña a la que están echando una reprimenda por hacer algo prohibido y a la que están limitando las formas de comunicación con el mundo. 

Las madres somos ciudadanas libres, mayores de edad, con libertad de expresión y de reunión. Las críticas atroces que están recibiendo los grupos de WhatsApp de madres no responden a otra cosa que al miedo de los centros educativos a que haya unión entre las familias y se empiecen a denunciar las malas praxis de manera colectiva. Por lo demás, los grupos de WhatsApp del cole no son diferentes a los grupos de amigotes, familiares, antiguos alumnos, etc. Hay gran diversidad entre ellos y las dinámicas que se generan pueden ser múltiples, desde los grupos que no hacen más que compartir cadenas de niños secuestrados como los que están abonados a los vídeos humorísticos de caídas o al negro del WhatsApp. Pero son grupos de personas adultas y nadie externo tiene derecho a venir a fiscalizarlos o a pedir que no se hable de X o de Y. 

Por lo demás, personalmente no espero nada de los grupos de WhatsApp del colegio. Mi hijo rara vez tiene dudas sobre lo que hay que hacer de deberes y si tengo algo que decirle al centro o a la tutora voy personalmente a hablar con la persona en cuestión. Siempre me ha molestado la gente que se queja en la puerta del colegio porque la tutora hace esto o lo otro y espera que sea otra la que se caldee y suba a hablar con la directora. Mientras, su hijo o hija está sufriendo las consecuencias de su falta de responsabilidad, y tenemos que ser otras las que le saquemos las castañas del fuego. 

Los grupos de WhatsApp sirven para lo que sirven, pero lo que es claramente sintomático es el revuelo que han montado los maestros y profesores para desacreditarlos. Si tanto les molesta que las familias les critiquen, deberían mirarse un poco a sí mismos y a sí mismas y recordar cuando hablan de la vida privada de una familia en público, critican el aspecto de una madre o cotillean sobre la separación de los padres de uno de sus alumnos. El respeto no es unidireccional, y si se pide respeto, hay que estar dispuesto a ofrecer lo mismo a cambio. 

Los padres cuarteleros: Una tendencia en alza

Tomada de Pixabay

Los expertos lo han detectado con su radar “encuentra fenómenos”. Son los padres cuarteleros. Tratan a sus hijos a golpe de silbato, les educan en un ambiente absolutamente dictatorial y nunca les ayudan a levantarse cuando se caen. Esta forma de educación, que se puso de moda tras la adopción de las tesis de ese concepto pseudocientífico llamado “hiperparentalidad”, está acabando con la autonomía y la autoestima de niños y jóvenes, que tienen sistemas nerviosos débiles y son incapaces de enfrentarse a los retos más sencillos de la vida, como tomar decisiones por sí mismos, hacer amigos, abordar los conflictos con serenidad o mantener conversaciones distendidas. 

Los padres cuarteleros hacen oídos sordos a las quejas de sus hijos. No importa que lleguen llorando a casa del colegio con un ojo morado. Les dicen que se defiendan, que devuelvan el puñetazo y que no lloren como nenazas. Si su hijo es una hija, les dicen que algo habrán hecho, que sean tranquilitas y jueguen a la goma en el patio, así no se meterán en líos. Es así como los casos de acoso en el colegio han aumentado de forma alarmante: sin un control por parte de las familias, que son las encargadas del bienestar de los menores, no hay nadie que ponga freno a la escalada de violencia en los colegios e institutos. 

Además, este tipo de padres no atienden a sus hijos cuando sufren accidentes o tienen dolores. Son de la idea de que, cuando un niño se cae al suelo, hay que dejar que se levante solo para forjar su fortaleza y valentía. De este modo, están llegando a los hospitales niños con fracturas antiguas mal soldadas que no fueron atendidas debidamente en su momento. Además, los niños crecen con la idea de que no hay que ayudar al otro cuando tropieza y estamos asistiendo al surgimiento de una generación de adolescentes insensibles ante los infortunios de sus semejantes, que pasan sin mirar a las viejecitas que encuentran tiradas en el suelo y que no ceden el asiento en el metro a las embarazadas. 

Marilita Jiménez, experta en ingeniería genética en la Universidad de Gayamil, afirma que estos padres crían a sus hijos como si fuesen infantes de la marina. Las maneras espartanas en la educación están dando lugar a gran cantidad de casos de estrés postraumático en niños y adolescentes, que llegan gritando “SEÑOR, SÍ SEÑOR” a las consultas de psiquiatría. “Como sigamos así, en unos años vamos a tener zombis en vez de personas paseando por las calles” afirma la experta. 

Quedaron atrás los tiempos en los que se daba crédito a las teorías que afirmaban que una crianza respetuosa y con amor generaba individuos respetuosos consigo mismo y con sus semejantes. En la actualidad, parece que estamos educando a soldados que van a ir a la guerra a combatir por su patria, más que a ciudadanos conscientes y resilientes, preocupados por contribuir al bien común. Y es que necesitamos personas que se construyan sobre una base sólida de apoyo, respeto y amor por parte de sus progenitores, y no de individuos obedientes sin autoestima que no sepan relacionarse con los demás porque nunca les han cuidado. 

Rita y las listillas

Tomado de Pixabay

El otro día, mientras hacía la comida, me puse el primer capítulo de Rita, una serie Danesa que tiene como protagonista a una maestra. Esperando encontrar una visión diferente sobre la educación, lo que me encontré fue un primer capítulo que arremetía contra una niña con altas capacidades (AA.CC.). La niña en cuestión era dibujada como una repelente que necesitaba acaparar la atención de la profesora y que despreciaba a sus compañeros y compañeras por no ser tan buenos estudiantes como ella.

Los padres llaman al director, porque la niña se queja de que su profesora, Rita, no le hace caso. La profesora le dice a los padres que la niña es precoz y maleducada, y que si es madura lo tiene que ser en todo y comportarse de manera madura en cualquier circunstancia. Después, saca a relucir otro tópico: que la niña no tiene amigos, y propone a los padres que se preocupen más por eso que por la formación de su hija.

Ese tipo de versiones sobre los niños y niñas que tienen capacidades diferentes ayuda muy poco a solucionar las dificultades que afrontan en un entorno educativo en el que no encajan. La escuela está hecha para un tipo medio de estudiante que progresa adecuadamente, sin destacar y sin rezagarse. Pero en cuanto un niño o niña se sale de la vereda, se convierte en un problema. Aunque la normativa es más que clara al respecto, y los niños y niñas de los que se sospecha que tienen AA.CC. deben ser valorados y disfrutar de una adaptación curricular adecuada a su ritmo de aprendizaje, las familias que se enfrentan a esta circunstancia saben lo difícil que es conseguir esto.

Existen bastantes prejuicios sobre este tema que se convierten en importantes obstáculos para conseguir una adaptación curricular en un caso de AA.CC. En primer lugar, existe la idea de que todas las familias creen que sus hijos/as son los más listos/as. La primera vez que acuden al colegio por este motivo, encuentran las medias sonrisas y las burlas veladas de las/os maestras/os, insinuando que están sobrevalorando las capacidades de su hija/o. Para conseguir una valoración, la mayoría de las familias tienen que acudir a un centro privado, ya que los servicios de orientación de los centros públicos rara vez acceden a llevar ésta a cabo.

Por otra parte, otra creencia errónea es que una persona con AA.CC. tiene que ser muy buena en cualquier actividad, de modo que ha habido casos en los que se ha negado una valoración si no existe un rendimiento superior en alguna de las materias, Educación Física, por ejemplo.

Los niños y niñas no lo pasan bien en el colegio. Si son sufridores/as, pueden pasar su etapa escolar aburriéndose como ostras en una clase que no les resulta para nada estimulante, con la sensación de estar perdiendo el tiempo y con un sentimiento de fracaso, al no ser capaces de disfrutar con nada de lo que hacen. En el peor de los casos, estas niñas y niños desarrollan problemas de conducta y emocionales que pueden constituirse en un serio problema en la adolescencia.

Por tanto, visiones como la que ofrece la serie Rita no ayudan nada a la integración de estos niños y estas niñas. Estas personas tienen derecho a una educación adaptada a sus necesidades que de respuesta a sus inquietudes, intereses y ganas de aprender. Rita tiene que prestar tanta atención a su estudiante con AA.CC. como a los demás estudiantes, y desarrollar estrategias que hagan que todos ellos aprendan sin que nadie se quede aislado, mirando,  en un rincón.

De cartas salvadoras y realidades evidentes


En los últimos días, se ha hecho viral una carta de un profesor de literatura a sus estudiantes suspensos. El discurso que se desarrolla en ella es bastante tradicionalista y lo llevamos escuchando décadas, siglos diría yo, sin que nada haya cambiado en nuestro sistema educativo y sin que los jóvenes a los que esta carta va dirigida hayan cambiado un ápice. Este profesor, que trabaja, por lo que podemos intuir a partir de sus palabras, en un medio rural, en el que la economía está basada en la agricultura, se dirige a sus estudiantes y les dice que tienen que esforzarse porque la vida es dura. 

Después de 5 minutos de vídeo, he creído entender que este profesor, cuyas intenciones no pongo en duda que son buenísimas y que lo que dice lo dice de corazón y porque se lo cree, asegura a sus estudiantes que si estudian con mucho ahínco y llevan los trabajos a tiempo, podrán salir del sistema de pobreza y explotación al que se ven sometidos gran cantidad de españoles. Puede ser que alguno de ellos le haga caso, y dentro de unos años vuelva para decirle “mira Pablo, hice lo que tú me dijiste en esa carta navideña que te publicó el Huffington Post y que me dejó impresionado. Pero han pasado los años, y por mucho que me he esforzado, por mucho que he entregado los trabajos a tiempo, por mucho que he leído a los románticos, mira, aquí estoy, con un contrato de mierda que he firmado comprendiendo perfectamente lo que ponía en el texto. Aquí estoy, con una jornada laboral interminable, currando para alguien que se lucra con mi trabajo y lejos de mi pueblo y de mi familia. Eso sí, soy un buen trabajador, me esfuerzo y entrego todas mis tareas a tiempo.”

No sé, Pablo. ¿Cuál es realmente tu visión del ascenso social? Yo creo que, si lo que quieres es que tus estudiantes tengan la mente abierta y pensamiento crítico, deberías poner manos a la obra y ponerte a trabajar en ello. ¿Les has propuesto que se vean reflejados en algún personaje literario? No sé, se me ocurren Germinal, Cañas y Barro, Los Santos Inocentes… hay tantas joyas de la literatura que te pueden servir para hacer que sus mentes se revelen contra la injusticia, que yo no dejaría escapar un momento y me pondría a trabajar ya. 

¿Y qué decir del dadaísmo, de los Provo, de los movimientos de vanguardia que intentaron romper con el status quo establecido, o el más contemporáneo movimiento grafitero, con artistas como Bansky, Obey, Blu y tantos otros? ¿Has pensado alguna vez trabajar por proyectos y dejar que ellos y ellas experimenten el impulso creativo y el intento de romper con el orden establecido en la vida de mierda que dices les espera? 

Te animo a que liberes tu mente y, en vez de insistir con datos, apuntes, libro de texto y clases magistrales, cuya única propuesta es la de hincar los codos y leer por leer sin entender, les hagas vivir el lenguaje y la literatura. Haz que escriban para conseguir cosas, que noten el poder de la escritura en sus carnes. Que escriban sobre los problemas que les rodean adoptando las técnicas literarias de esos movimientos que ahora les suenan a chino. Que vean sus textos publicados. Que elaboren un periódico de aula. No hace falta que sus textos sean perfectos, lo que es necesario es que los sientan como suyos y aprendan a amar el lenguaje escrito. Que lean para disfrutar y para comprender su entorno. 

¿Te imaginas lo que podrías conseguir?

La mala educación en la escuela

Cuando mi hijo y mi hija eran pequeños, tenía mucho cuidado con las cosas que veían en televisión, bajo el convencimiento de que la desensibilización a la violencia cumple un papel fundamental a la hora de diseñar ciudadanos insensibles y poco reactivos. No quería que diesen por normal los disparos, las peleas, los insultos y los golpes tan comunes en series, películas y dibujos animados. Así que crecieron con un control bastante cuidadoso de lo que veían, y usando muy poco la tele. 

Sin embargo, la escuela no me lo puso fácil. En las aulas no había pizarras digitales, y si había ordenador lo usaban para tener entretenidos a los niños y niñas los días de lluvia y en esas horas en las que no sabían que hacer. Y les ponían películas. Un día, mi hijo de 4 años me dijo que no podía dormir. Que había visto una película muy fea en el colegio. Indagando, me enteré de que les habían puesto Spiderman, una película no autorizada para menores de 12 años. Fui al colegio a protestar. No es normal que yo esté cuidando la educación de mis hijos en casa y me echen a perder el trabajo hecho en la escuela. 

Como esta, podría contar otras tantas anécdotas. Un día, la maestra de tercero de primaria le pidió a mi hija que escribiese una lista de 5 palabras (no recuerdo el objetivo). Mi hija escribió, entre otras, ipso facto (lo escribió todo junto, ipsofacto). Era una palabra que le oía mucho a su padre (podéis reíros, sí, yo también lo hacía) y para ella era una palabra habitual. Pues bien, la maestra se la tachó sin mediar palabra, y ella llegó muy enfadada y frustrada con ese asunto. ¿No hubiese sido mejor hablar sobre esa palabra (que por otra parte, es una expresión bastante culta) que tachar sin más la producción de la niña? En fin, cosas de maestras… 

Otra cosa que me ha costado mucho erradicar de los hábitos adquiridos en la escuela por mis hijos ha sido el de la copia y el resumen. Trabajaban la poesía copiando poesías, trabajaban la narración resumiendo cuentos del libro de texto, y así sucesivamente. Y luego nos extrañamos de que el plagio esté a la orden del día entre los estudiantes universitarios, que los de secundaria no sepan escribir y que incluso los rectores españoles usen el copy-paste para elaborar sus textos. Para aprender a escribir hay que crear textos propios, no copiar los ajenos. Y para estudiar no hace falta resumir copiando párrafos: los esquemas y los mapas conceptuales han probado ser mucho más eficaces para almacenar conjuntos de información compleja. 

En cuanto al acoso escolar, tema que está produciendo una gran alarma social en los últimos tiempos, he de decir que ha habido profesores y profesoras de mis hijos, tanto de primaria como de secundaria, que no han contribuido de la manera más eficaz posible a su erradicación. No han sido ni uno, ni dos ni tres los que han insultado a sus estudiantes menos aventajados en clase, diciéndoles cosas del tipo “eres penoso”, “nunca llegarás a nada en la vida” y cosas por el estilo. Por eso, cuando me hablan del método ese que usan en Finlandia para erradicar el acoso escolar, que consiste en centrarse en los testigos del acoso, pienso que nuestro sistema, una vez más, está a años luz del de Finlandia (sí, aunque os fastidie que lo digamos y lo repitamos hasta la saciedad). Aquí deberíamos empezar por que los profesores tratasen con respeto a sus estudiantes, que no es poco. 

En definitiva, cuando Elvira Lindo dice que los deberes los tenemos que hacer todos, la sociedad y el sistema educativo, discrepo. Sí, señora periodista. Discrepo porque el sistema educativo debe mejorar la sociedad, no compararse con ella. No es lo mismo exigir a las familias que mejoren la educación de sus hijos e hijas que exigírselo al sistema educativo, un sistema que se supone está compuesto por profesionales al servicio del estado. Por último, le rogaría que cuando escriba sobre educación, como periodista y profesional que es, además de esmerarse por dotar de estructura y legibilidad a sus artículos, piense en las consecuencias y efectos de lo que escribe. Sus lectores y lectoras se lo agradecerán. 

Maestras cuñadas


(Advertencia: en este post uso el femenino genérico. Donde dice maestra se debe entender también maestro. Donde dice alumna, dice alumno también. Además, no excluyo a las profesoras y profesores de los IES)

El cuñadismo dentro de la profesión docente está en alza. Antes permanecía encerrado en las sesiones de evaluación, esos conciliábulos secretos que nos ilustraron tan bien los estudiantes del IES Berengüer Dalmau. Pero ahora ha saltado a las redes, y todas podemos ser testigos de él. Si una maestra se queja en las redes sobre una alumna, saltan 10 compañeras con el “bien, coño, bien, compañera” haciendo sugerencias de lo más variopinto. 

De esta forma, en el imaginario de la maestra media, las familias son, por definición, dejadas e ignorantes. No saben qué hacer con sus hijas, que les engañan y se encierran en sus cuartos a navegar por internet mientras ellas toman cafés con las amigas creyendo que están estudiando. 

Para la maestra cuñada, la sociedad se divide en dos grupos bien definidos: maestras y todo el resto de la población. Las familias, que por supuesto no tienen maestras entre sus miembros, no se preocupan por sus hijas y hay que forzar su asistencia a las necesarias tutorías. A pesar de tener tiempo libre a raudales, prefieren irse a hacer yoga o a merendar al centro comercial que escuchar atentamente los sabios consejos de la maestra de su hija, que es la única persona que se preocupa por su futuro. 

Las maestras cuñadas suelen dar respuestas muy parecidas cuando las familias critican el sistema educativo: 

– Señora, siento que haya tenido tan mala experiencia. 

– Seguro que eres de esas madres que superprotegen a sus hijos y les conviertes en unos inútiles.

– Señora, si su hijo es un vago en clase tendrá que llevar lo que no ha terminado para casa. 

– Las mamis meten a sus hijas a extraescolares mientras que vuelven del curro. Qué desfachatez. 

– El Whatsapp es la agenda de los niñas, y las mamás solo lo usan para criticar a la maestra. Hay que prohibirlos. 

– Finlandia bla bla bla

– Pisa bla bla bla 

– Se ha perdido el respeto y la confianza en las maestras. ¿A los médicos acaso les pides pruebas de que la prescripción va a funcionar?

– Hay que dar siempre la razón a la maestra delante de la niña, aunque no estés de acuerdo con ella (señora, sí señora)

Y así hasta el infinito. Planteamientos muy cuñados que parte de las premisas de que todas las familias son iguales, no poseen ni la más mínima noción de educación, deben estar bajo la supervisión de las maestras  y deben respetar incondicional y ciegamente al cuerpo docente. 

Cuidado, que yo no digo que no vivamos en una sociedad consumidora de televisión y comida basura que habla a los hijos y a las hijas como el del vídeo de la cabra. Que hay familias bastante cuñadas, eso es indiscutible. Y familias pobres, familias con trabajos agotadores y mal pagados, familias monoparentales, familias reconstituidas, familias intelectuales, familias de empresarias con dinero, niños y niñas sin familia. Nuestra sociedad es múltiple, y que las maestras nos trate a todas las familias siguiendo el mismo ideario no funciona nada bien. No puedes exigir a una familia que su hija lleve los materiales escolares si antes no te has informado sobre su situación económica. Ni decirle a una madre lo que tiene que hacer en casa para que su hija mejore su rendimiento si no sabes cuáles son sus circunstancias. Quizás esa madre tenga un turno de tarde y no vea a su hija hasta las 10 de la noche, cuando vuelve agotada de trabajar. O tiene una familia numerosa de la que ocuparse sin ninguna ayuda. 

Pero bueno, menos mal que todas estas cosas solo las hacen las maestras cuñadas. Lo normal es que se preocupen por conocer las circunstancias de sus alumnos y alumnas, atiendan con empatía las preocupaciones de sus familias y adapten sus prácticas docentes a las peculiaridades de cada estudiante. Como debe ser. 

La hiperparentalidad según Eva Miller


El siglo XXI ha sido el escenario en el que han cobrado auge los discursos sobre las prácticas de crianza. Antes, se criaba y ya. Pero ahora, la conciencia ha dado una vuelta de tuerca y, además de reflexionar más sobre la forma en que educamos a nuestros hijos e hijas, hay una desvinculación de la familia extensa. Ya no aprendemos a criar entre primas, vecinas y amigas que amamantan en corro a sus criaturas. Ahora tenemos que prestar voz a los expertos y a los gurúes de la crianza. Son personas que salen en reportajes de prensa con cara de ser muy listas y campechanas y que parece que te van a dar la formula magistral para educar y criar. 

Este es el caso de Eva Miller, una mujer, una madre, una periodista que ha decidido escribir un libro para decirnos que lo hacemos mal. Que estamos estresadas sin ningún motivo, ya que los niños y niñas no necesitan tanta atención como la que les prestamos hoy en día. Que lo que pasa es que tenemos pocos y tarde, y entonces les cuidamos como un tesoro. ¡Ay, si me conociese a mí, que tengo 3 propios y una ajena y les cuido a los tres como si fuesen un potosí!

Pero en fin. Eva dice que sufrimos de hiperparentalidad. Que somos demasiado madres/padres, debe significar eso. Que estamos obsesionados por la precocidad. Que llevamos a nuestros retoños a cientos de extraescolares incluso los fines de semana y queremos que sean los más listos y los más guapos. Y que elegimos el mejor colegio posible, qué desfachatez. Con lo fácil que sería hacer las cosas con desidia desde el momento que asoman la cabeza. Llevarles al primer colegio que se cruce por nuestro camino y tirarles la comida a la cuna a ver si la cogen al vuelo. 

Me veo muy reflejada en eso de las extraescolares. Cuando mis mellizos eran pequeños, se querían apuntar cada año a una extraescolar diferente. Y yo a llevarles. Kunfú, Taekwondo, pintura, baile, Judo, fútbol, natación, patinaje, ténis…y por fin música. Ahí acabó la búsqueda. Todos se quedaron enganchados a la música y compaginan con algo de deporte. ¿Por qué les voy a decir que no a algo que les gusta, y que incluso se puede convertir en su profesión el día de mañana?

Eva, lo que me ha dejado algo boquiabierta es eso de que la hiperparentalidad es una corriente, y que es nada menos que la continuación de la crianza con apego. Me deja como perpleja, porque sobre la crianza con apego hay muchas cosas escritas, y las personas que la practican son conscientes de hacerlo. Sin embargo, eso de la hiperparentalidad sólo te lo he oído a ti, y me parece más un insulto que una corriente. Te llaman hiperparental cada vez que quieres defender a tus hijas e hijos de los excesivos deberes escolares, cuando no les obligas a comer, cuando les obligas a comer el bocadillo, cuando les das teta, cuando les llevas descalzos, cuando les buscas unas zapatillas ergonómicas, cuando les haces fotos, cuando no quieres que otras personas les hagan fotos….

Hiperparentalidad sirve para todo. Para decir a las familias que lo están haciendo mal, que están malcriando a sus hijas e hijos y deben dejar en manos de expertos y docentes todas las decisiones que tengas que tomar. Sirve incluso para meterse con los estudiantes universitarios, que son como son por culpa de sus hipermadres e hiperpadres que se ocuparon de cuidarles con esmero. Son mucho mejores aquellos a los que sus padres desatendieron e hicieron pocas fotos. Con lo fácil que es educar, Eva, no sé que hacemos invirtiendo nuestras vidas en la crianza. 

Al final, el problema es que queremos enseñar a nuestros hijos cómo se convive en democracia, cuando en realidad, dice Eva, la familia es una institución jerárquica. Craso error. Si les preguntamos y les dejamos que tomen decisiones, estamos dándoles una visión errónea de la vida, en la que nadie les preguntará lo que quieren hacer, tendrán que obedecer a otros sin rechistar y no podrán escoger por si mismos cosas como someterse a un tratamiento o seguir trabajando por un mísero sueldo. Es mejor que crezcan sometidos a la jerarquía para que luego no se lleven decepciones. 

Pues bien, yo prefiero preguntar a mis hijos e hijas, pedir su opinión y darles pie a que reflexionen sobre sus deseos y sobre formas alternativas de ver el mundo. Seguramente les estaré convirtiendo en unos seres incorregibles y contestatarios, pero la forma de crianza lleva implícita una clara ideología de cómo debería ser el mundo. Y si algo tengo claro, Eva, es que nuestras ideologías son diferentes.