Killer 2.0

¿Lo habrá dicho por mí?

  

Ya creo que queda muy poca gente que no esté de acuerdo con que las relaciones que se entablan en las redes sociales SON relaciones reales. Y si no, pensad en las posibilidades que nos han abierto Facebook, Twitter, Tumblr, Whatsapp, Tuenti, etcétera, para conocer gente nueva y establecer desde relaciones ligeras de buenos días y buenas noches, me gusta lo que publicaste, qué guapa estás en esa foto, hasta relaciones de amistad más profundas e incluso relaciones amorosas. 

Pero lo más interesante de las relaciones en las redes sociales (RRSS) es que estamos gestando las normas implícitas que las regulan partiendo de cero. Mientras que la interacción cara a cara ya es una vieja conocida y aprendemos sus normas desde pequeños, inmersos en nuestro grupo social, las RRSS no llevan más de 10 años en nuestras vidas y la de toda la humanidad como fenómeno de masas. Por tanto, vivimos una época histórica en la que estamos gestando las normas de la interacción en redes a partir de un proceso de ensayo y error. 

La red social que más uso es el Facebook. Aunque no soy tan ingenua para creer que mi intimidad está a salvo en mi muro restringido a mi grupo selecto de contactos, sí tengo una percepción mayor de control sobre quién ve mis publicaciones. Hace tiempo decía que Facebook es como un paseo en bicicleta y Twitter como un viaje en metro en hora punta. Poco a poco he ido aprendiendo que eso no es así del todo. Yo que me creo que todo el mundo es bueno, no había pensado que las publicaciones de mi muro podían viajar convertidas en capturas de pantalla hasta el fin de la galaxia. Pero sí: la captura de pantalla existe para algo. Los rumores, en el mundo de las RRSS, van avalados por pruebas físicas y escritas del propio puño y letra. Así que aprendí la máxima: nunca publiques nada que no quieras que se lea. 

Otra cosa que he tenido que aprender en Facebook es que nuestros muros, de vez en cuando, se convierten  en un sugerente test de Rorschach. Si una de tus amigas publicó el día anterior sobre la caza del cangrejo rojo y tú, sin haber visto esa publicación, publicas algo en contra de la caza del cangrejo rojo, ten por seguro que ella va a pensar que esa publicación va por ella. Aunque tú normalmente tengas la costumbre de ir de cara y decir lo que piensas aquí y alla: da lo mismo. Tu publicación se convierte, automáticamente, en una pseudomención. Y ya no te digo nada si esa misma publicación, la del cangrejo rojo, la ve la amiga de una famosa cazadora de cangrejos rojos a la que tú conoces de oídas pero que no tienes entre tus contactos. ¡¡Una pseudomención en diferido!! Albricias. La cosa se complica. Y puede ser mucho peor si entre tus contactos hay personas que no sintonizan mucho con la cazadora de cangrejos y se lían a dar al me gusta a tu publicación. En fin: la complejidad de las redes sociales. 

Esa inocente publicación contra la caza del cangrejo rojo, que era sincera, que surgió de tu más hondo sentimiento ecologista, se convierte en una fuente de conflictos. Pueden pasar días en los que el ambiente de tus noticias se enrarece y tus contactos no dejan de compartir carteles alusivos de El Circo (Boom) y mensajes breves y crípcicos que no logras descifrar del todo pero que contienen, casualmente, las palabras cangrejo, rojo o caza. Solo queda dejar pasar la tormenta. No puedes compartir esa sensación extraña que te queda con todo esto, porque posiblemente sea todo una paranoia. Y de hecho, lo es. 

Digamos que así funciona un poco la profecía autocumplida: tú no sabes muy bien de qué va el rollo y por qué a toda la peña le ha sentado tan mal la publicación sobre el cangrejo rojo, pero después de tanta inquina, te quedan ganas de seguir publicando sobre el cangrejo rojo aunque solo sea para joder. Y además, si tienes gracia y sentido del humor, lo harás de tal forma que provoque la risa de las enemigas de la cazadora y la ira en sus amigas. 

Ahora, para rizar el rizo, tendría que decir algo sobre la disonancia cognitiva y sobre la indefensión aprendida o sobre la psiquiatría como control social, todo ello ligado a la hermeneútica, pero creo que con lo que he dicho, queda claro mi argumento: la dinámica relacional de las redes sociales está por construir, y podemos decir que somos pioneras en establecer sus normas tácitas y ponerlas a prueba. 

TWITTER HA MUERTO. VIVA TWITTER.

Millan Astray

En Twitter, nadie es tu amigo. No sé si te habrás dado cuenta, pero eso es así. Ya sé que eso de tener la impresión de que eres famosa o famoso se sube a la cabeza como el champán. Pero desengáñate: igual que subes, bajas. Si expones tu nombre y tus apellidos, incluso tu foto y tu currículum al escrutinio público, debes ser muy cuidadoso/a. Ah, ¿que ya la has cagado? Pues bien, no hay remedio. Seguro que hay algo que has dicho a lo que alguien es capaz de sacarle punta hasta el infinito y más allá. Aunque nunca hayas probado a jugar con los límites del humor ni hayas hecho una ronda escrita de chistes de gitanxs, negrxs, judíxs, mujeres en general, discapacitadxs o cualquier otro colectivo oprimido/oprobiado.

¿Imagináis que hubiese habido Twitter en la España de los 30? Unamuno hubiese sido un excelente tuitero. “El general Millán-Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…” Esto dicho el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, a un Millán-Astray cojo, tuerto y manco, hubiese sido portada del ABC y bueno, Unamuno hubiese sido defenestrado por aludir a la discapacidad del creador de la legión. Aunque éste no se quedó corto, contestando al rector: “Muera la intelectualidad traidora”. En fin, hubiese sido TT. Pero en aquella época, las cosas quedaban en las aulas, los paraninfos, los pasillos, los artículos de prensa, que llegaban a un sector reducido de la población en comparación a la difusión que alcanzan hoy en día este tipo de noticias.

Hemos de sopesar seriamente si merecen la pena unos minutos de gloria tuitera en comparación con la terrible experiencia de un linchamiento virtual. Y si ya, el linchamiento virtual asciende a los blogs y los periódicos y de ahí a Facebook, ya olvídate de tu intimidad por los siglos de los siglos. El olvido no existe en internet. Tu nombre estará ligado al escándalo POR SIEMPRE. ¿No querías fama? ¿No querías gloria? Ahí la tienes.

¿Qué tiene el escarnio público que puede generar tantos correlatos fisiológicos en tan poco tiempo? Taquicardia, sudoración, ansiedad, pánico. El sentimiento de agobio y desasosiego puede durar semanas, incluso meses. Si se cronifica, puede convertirse en una depresión. Lo que es seguro es que puede afectar seriamente a la vida familiar y profesional. La violencia simbólica que se ejerce en la plaza virtual del pájaro azul puede tener consecuencias devastadoras en una persona. Pero lo curioso es la falta de empatía que demuestran las y los integrantes de estas jaurías tuiteras que caen sobre un ente digital incorpóreo. La mayoría de las veces, el supuesto pecado no se corresponde en absoluto con el desproporcionado castigo que recibe su autor (o autora).

Pero el enemigo virtual no siempre es el bocachancla que responde a tu tuit la primera burrada que se le ocurre y le pasa por su corta mollera. Hay un enemigo mucho más peligroso, y es el que permanece agazapado en la esquina de tu time line leyendo todos y cada uno de tus tuits sin decir nada. Así pueden transcurrir años. Y un día, te das cuenta que hay gente que sabe mucho de ti, que ha atesorado cada bit de información que has soltado al aire. Y esa gente, de cuya existencia simbólica no eras consciente, comienzan a usar esa información en situaciones de la vida “real”. Son esos seguidores (o amigas/os del Facebook) siempre discretos, que no publican, no comentan, no respiran apenas para no ser notados ni vistos. Hasta que salta la liebre.

Si sospechas de alguno de estos espías silenciosos, puedes hacer una prueba muy sencilla: restríngele el acceso o bloqueale. En poco tiempo notarás que da señales de vida. Hará notar de alguna forma su malestar por no tener acceso a tu información. Hay gente que se pone tan nerviosa que intentan obtener datos a través de terceros, los cuales, alarmados por esa reacción tan fuera de lugar, te comentan la agresiva reacción de X por creer que “le has borrado del feisbuk”.

Es evidente que las redes sociales han transformado enormemente las dinámicas de interacción social. Sobre todo las de las personas que las usamos, porque luego está esa parte de la población que no tiene cuenta de tuiter o no vive enganchada a ella. Para esas personas (la mayor parte, todo hay que decirlo) todas nuestras aventuras simbólicas no son más que extrañas paranoias que nos hacen perder el tiempo y delirar más de la cuenta. Tened por seguro que si decidiésemos dejar de usar Twitter un buen día, la masa enfurecida dejaría de tener poder sobre nosotras (femenino genérico, por cierto).

Mi hija de 15 años, que es una experta tuitera, dice que Twitter tiene los días contados. Y no puedo dejar de estar de acuerdo con ella. La frescura de Twitter murió con Zapata y con Soto. Se acabaron los días de vino y rosas, donde el Twitter era una fiesta de la palabra, una vomitera de expresión incorrecta, creativa, desatada. Nos dimos cuenta de que el escrutinio público y la permanencia de la palabra escrita no son buenos compañeros de la interacción social a granel. En breve, Twitter se llenará de cuentas falsas imposibles de controlar. Todos los personajes públicos abandonarán sus cuentas o estas se harán extremadamente aburridas y anodinas. Ya no encontraremos a nuestros conocidos tuiteando como descosidos su vida privada, y los que haya tendrán el mojigato candadito de guardián de tuits. Nos recluiremos en facebook y tendremos mucho cuidado con lo que decimos. Va a ser muy aburrido… y lo sabéis.

 

El himen de Leticia

Leticia

Creo que Leticia Sabater no requiere presentación. Esta mujer, que pobló las pantallas de TV en los programas infantiles hace décadas, ha tomado la decisión no solo de reconstruirse el himen y perder su no-virginidad, sino que además de difundirlo por las redes sociales. Twitter es un clamor. Facebook se llena de comentarios sobre el asunto en cuanto publicas algo al respecto. Hay un antes y un después desde que Leticia comunicó que se había reconstruido el himen. 

Pero bajo el clamor de risas y coñas (lógicas) sobre el evento, quizás sea interesante hacer una reflexión seria sobre el asunto. Leticia se ha reconstruido el himen. Ya solo esta simple afirmación tiene su aquel. A saber dónde estaban los restos del hipotético himen original de Leticia. Porque el hecho de reconstruir implica que se construye a partir de unos restos. Y esto, permitidme que os lo diga, es imposible. No me voy a molestar en indagar sobre los entresijos de la operación en cuestión, pero apuesto a que la telilla que se hace llamar himen tras esa intervención es cualquier cosa menos un himen. 

Por tanto, lo que aquí importa sobre todas las cosas es el concepto de himen. El himen como símbolo que reviste a la persona que lo porta. El himen como objeto que, al romperse, nos deja vulnerables a la penetración, nos cambia de estatus. La ruptura del himen implica, de una forma u otra, una pérdida de valor: el que consigue romper un himen posee por siempre el alma de esa mujer y se convierte en el depositario del derecho a penetrar y usar el vientre femenino como receptor de su descendencia. 

La ruptura de un himen supone, en las culturas tradicionales, pérdida de la propia esencia. La mujer deja de pertenecerse a sí misma (o a su padre), para pasar a pertenecer a su marido. En la cultura occidental, este proceso ha perdido su dogmatismo, y solo queda reflejado en las ceremonias matrimoniales por el velo de la novia y el vestido blanco, que se siguen usando de manera puramente estética. Sin embargo, la pérdida del himen es uno de nuestros hitos de paso no escritos que más presente está durante la adolescencia. Mamá, ya no soy virgen. Seguramente muy pocas adolescentes escojan este formulismo para anunciar su nuevo “estatus” que supone “no ser” o “dejar de ser”. Y tras esta especie de confesión, cae una nueva mirada sobre esa mujer. Ya no es lo que era. Ya no es esa joya que hay que proteger. Ya puede ser usada sin cuidado. Ya se la puede culpar de no protegerse, de vestirse como una zorra, de provocar, de mirar con descaro. 

Las mujeres nos tenemos, de alguna forma, que liberar del poder el himen para volver a respetarnos y a pedir respeto. Una mujer que se precie como liberada del himen, lo debe ser desde el momento mismo del nacimiento. Dejar de suponer himen a las personas asignadas como mujer al nacer  sería un gran paso adelante en nuestro empoderamiento y afectaría a todo el conjunto de la sociedad. Todas las personas se verían liberadas del poder del himen y muchos actos violentos hacia niñas y mujeres perderían su valor simbólico e incluso podríamos empezar a trabajar para su completa desaparición. 

Con todo esto, vuelvo a la reconstrucción del himen de Leticia. Una mujer sin himen pierde su estatus. Los hímenes se han reconstruido durante siglos para sortear y evadir el castigo que supone su ruptura no autorizada. Una vez reconstruido, la mujer sigue manteniendo su valor simbólico como mercancía de intercambio. Por otra parte, a la facción masculina siempre se le ha supuesto una compulsión malsana a romper hímenes que no les pertenecen. El desvirgar a alguien es una prebenda de gran valor en este mundo “imaginario” del que estamos hablando. ¿Qué busca una mujer como Leticia con la reconstrucción del himen? Si es verdad que lo ha hecho (cosa que no podemos comprobar a ciencia cierta, o yo al menos no) el hecho tendría una parte interna y subjetiva y una parte externa y de espectáculo. 

En la parte interna y subjetiva, todas y todos podemos suponer que Leticia le da mucha importancia a su aspecto juvenil y su promoción como objeto sexual. Aunque sus actuaciones, vídeos y presentaciones públicas desaten la mofa generalizada, esto no quiere decir que su visión de sí misma sea la que todas y todos los demás tenemos de ella. La reconstrucción del himen la pone, de forma simbólica, de nuevo en circulación. Le rejuvenece, le dota de un valor que perdió hace mucho tiempo. Es un proceso de dignificación y de resimbolización de su cuerpo, si me lo permitís. Es el culmen de una serie de transformaciones corporales técnicas que culminan con la vuelta atrás definitiva: la reconstrucción del símbolo de la pureza original. No hay patas de gallo que se resistan a un himen reconstruido. 

En la parte externa y de espectáculo, a ver, Leticia se va a pagar la operación y va a difundir la existencia y la posibilidad de la misma entre todas las mujeres interesadas en ese proceso de resimbolización. Por tanto, además de hacernos mucha gracia, sus tonterías en el twitter llegan a los subconscientes de mujeres vulnerables, sin autoestima, que no se sienten amadas y que quizás piensen en un momento dado que la reconstrucción del himen puede ser una solución a sus problemas. 

Así, a lo tonto, ya tenemos en la arena pública, y en primera línea, una operación de cirugía estética que reconstruye nuestra esencia y nos devuelve el tesoro perdido. Perverso. Es un ejemplo bestial de lo que B.P. llama farmacopornoterrorismo. 

Asegúrate en la red: Amistades peligrosas

Hablamos mucho de seguridad en las redes sociales cuando se trata de las y los menores. Pero la verdad es que, en mi experiencia interactiva digital, he visto cantidad de adultos y adultas ingenuas que van navegando sin control y cometiendo imprudencias de las que no son conscientes. Me voy a centrar en el Facebook, por ser la red más popular. 

Una de las primeras cosas que tenemos que tener en cuenta en nuestra cuenta de Facebook son las amistades que solicitamos y aceptamos. Hemos de tener en cuenta que las personas construyen las cuentas pensando en la impresión que quieren causar a los demás. A no ser que conozcas personalmente a la persona que te pide amistad y que sepas que la cuenta es realmente suya, no puedes saber a ciencia cierta quién está detrás de esa apariencia digital. Aunque la foto de perfil sea de una adorable abuelita y la de portada de sus cuatro nietos, ¿quién te dice que sea realmente la abuelita la que maneja esa cuenta?

Las redes sociales dan ciertas facilidades para practicar el mal. Te pones un antifaz y vas sembrando discordias, insultos, amenazas, dudas, por grupos y perfiles varios. Y nadie sabe quién eres, nadie sabe qué hacer. ¿Nos debemos quedar de brazos cruzados?

Una de las bazas con las que cuentan estos individuos es la incredulidad de la gente. Muchas os pensáis que estas cosas sólo pasan en las películas y tacháis de paranoica a la persona que os señala los agujeros de seguridad que vais creando con vuestras imprudencias. ¿Qué hacer para prevenir disgustos con tus amigos/as del Facebook? En principio es muy fácil: 

1) El número de amigos/as en el Facebook no dice nada de tu valía como persona. Por eso, no hace falta que aceptes todas y cada una de las solicitudes de amistad que recibes. Acepta solo a las personas que conozcas personalmente o de las que tengas la seguridad de que son lo que realmente dicen ser. Hay personas que tienen el dedo flojo a la hora de aceptar solicitudes, y eso no solo se convierte en un riesgo para ellas, también para sus amistades que comentan en su muro y son vistas por otras personas. 

2) Si aún después de este consejo prefieres seguir aceptando a todas las personas que te solicitan amistad, al menos ten algunas precauciones: inspecciona el perfil de esa persona antes de aceptar su solicitud. Normalmente las personas que se hacen cuentas falsas suelen tener de amigos a muy pocas personas, y siempre aquellas de las que aceptan a todo el mundo (es decir, eres presa fácil). Mira toda la infomación disponible en la cuenta y valora qué te va a aportar aceptar la amistad de esa persona.

3) Si aún así sigues sin convencerte ¿has pensado en las cosas que publicas en tu muro? ¿De verdad quieres que personas que no conoces vean las fotos de tus seres queridos, exploren tus pensamientos, conozcan tu ideología política y tu postura ante las noticias de actualidad? Si la respuesta es no, y aún así quieres seguir aparentando que tienes miles de amigos/as, aunque ni siquiera les conozcas, puedes manejar las restricciones de privacidad de la cuenta y hacer una lista de mejores amigos, que serán los únicos que puedan visualizar tus publicaciones. Además, marca el acceso restringido a todas las cuentas de cuyos dueños no sepas absolutamente nada o no tengas una confianza absoluta en ellos/as. 

4) Por último, piensa antes de publicar en grupos de Facebook en el que no conoces a todos sus integrantes. Recuerda que los grupos públicos los puede consultar todo el mundo, aunque no sean miembros del mismo. Y sé consciente de toda la información que estás aportando sobre ti en un grupo de desconocidos y en la utilidad que esto tiene.

 Esto solo es uno de los aspectos de seguridad que hay que tener en cuenta en el Facebook, hay muchos más. Pero respetando este te ahorrarás más de un disgusto y disfrutarás de tus amigas y amigos digitales sin sobresaltos. My Fake Mugshot

Qué hace una chica como tú…

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Un año de mi vida me ha llevado darme cuenta de que no estaba en mi sitio (si es que algo así existe). Me hice una cuenta de tuiter a base de seguir a madres tuiteras. Pepito Grillo me lo decía una y otra vez: ¿Qué haces aquí? Pues a ver, si abres un blog que se llama como éste y hay tuiteras que dicen “ay qué miedo, una madre asesina” es que algo falla-falta, de algo se carece, vamos. Bueno, me imagino que a @diostuitero le habrá pasado esto mucho más que a mí. “Oh, Dios tiene tuiter”. Así que mira, Mother Killer ha cerrado su cuenta de tuiter, porque ya estaba harta de los grititos histéricos de las mamás tuiteras.

La verdad es que ya había llegado a la saturación del conocimiento, ese estado que te dice que ya sabes todo lo que tenías que saber. Los códigos para hacerse con una tribu, los patrones de #FF para mantener la cohesión de grupo, el significado de los Fav y RT, los Fav sin RT y los RT sin Fav. Los “Ohhhh” y los “Ainssss”. Los UF y los F repentinos y sin avisar. Los temas que no se pueden tocar, los que se pueden tocar a dos manos y a manos llenas. Todo eso y mucho más.

La gente de carne y hueso me miraba con cara de poker cuando les hablaba del mundo tuitero maternal. Era tan ajeno a la realidad cotidiana que alguien se levantase por la mañana y escribiese a los cuatro vientos que fulanita le había dado un unfolou y estaba mosqueada que daba hasta risa. Y me miraban con cara de “¿Qué haces tú ahí?”, y reafirmaban mi sensación de que estaba haciendo el gilipollas. Pero oye, todo el mundo tiene derecho a hacer el gilipollas de vez en cuando, y si de ello saca una moraleja vital, pues mejor que mejor.

Lo de tener fologuers me la pela. Ya sé que esto no se debe escribir en un blog, pero es la expresión que mejor transmite mi sentimiento. Ya me la pelaba antes, pero ahora que no tengo cuenta de tuiter es algo definitivo. Ya he tenido suficiente. Mujeres tuiteando su parto en directo, mujeres peleando porque una plagiadora es atacada por una manada de seguidoras de una bloguera italiana, que a su vez tiene un blog que no dice gran cosa. Mujeres discutiendo, insultándose y linchándose porque fulanita supuestamente se ha quedado con un negocio inmaterial y ha echado a sus socios inmateriales quedándose con la pasta inmaterial (y yo ahí metiendo baza cual lerda que no se entera de la misa la media). Mujeres diciendo que son malas madres, otras diciendo que son buenas, otras que son reales y otras que son artistas. Y mientras el mundo siguiendo su curso y llamando al orden: Shhh Shhh, que estoy aquí, que soy el mundo, la gente, los niños, las niñas, la explotación, el capitalismo y la madre que me parió.

Pero ellas nada, a lo suyo (que ya es bastante). Pero vamos, que ya he entrado en razón. Que vuelvo a ser yo. Se acabó secundar grititos histéricos de una vez por todas. Que mira, no es de mi incumbencia si has dormido esta noche, si te has emparanoiado con el tuit de pepita, si te han dado un UF como una catedral o si se lo vas a dar a la falsa de tu supuesta amiga. Pero a ver, ¿en qué estado de enajenación mental entré cuando me metí de lleno en todo esto? Si nunca lo he hecho en la vida real ¿Por qué ahora?

Bueno, a lo hecho pecho y a otra cosa mariposa. Era algo que me picaba la curiosidad. Una vez satisfecha, aquí paz y después, gloria.

¿PARA QUÉ USAMOS EL 2.0?

internet explorer

Cuando el 2.0 llegó a mi vida lo usé, en primer lugar, para buscar a gente que hacía años que no veía. Todo empezó con el Facebook (FB). Ahora tengo en mi cuenta personal gente a la que adoro y a la que puedo leer y comentar, ver sus fotos, saber de su vida aunque llevemos años sin vernos. Es algo mágico. También tengo a gente que, aunque nunca la he visto con mis ojos, se que está en mi camino y disfruto de ellas y ellos como si les conociese físicamente. 

Llevo ya más de ocho años relacionándome por las redes. Me resistí mucho tiempo al Twitter (Tw). Mientras que el FB era como el saloncito de mi casa, el Tw era un vagón de metro lleno de gente apretujada, todas y todos hablando a la vez, cada loco con su tema, y con un nivel de agresividad no apto para cardíacos. Pero al final le encontré una utilidad: entrar en contacto con otras blogueras. Lo de los blogs ya llevaba un tiempo instalado en mi vida. Siempre me ha gustado escribir, y eso de poder publicar sin tener que pasar por procesos largos y tediosos, de manera inmediata, sin filtro y para que cualquiera que use la red pueda leerte me fascinaba. Así que Mother Killer nació con cuenta de Tw adosada. 

Ocho años de redes dan para aprender muchas cosas, aunque nunca se deja de aprender. Una de las cosas más importantes es tomar conciencia de que las cosas que publicas quedan impresas en la memoria de la gran red para siempre. Cuando publicas algo, ese algo puede llegar hasta el infinito y más allá, y hay mucha más gente de la que tú te crees que sabe lo que has escrito, con quién te relacionas, dónde estuviste la noche de tu cumpleaños y con quién te tomaste unas copas. Por eso, es importante ser impecable en el 2.0, más si cabe que en el 1.0. Esto es difícil, y no siempre tengo éxito. Pero cada vez me hago más consciente y depuro más lo que cuento de mi vida privada y de la de los míos. 

Esto desde luego no significa que no diga todo lo que necesito decir: uso el 2.0 para expresarme y cuento muchas cosas de mí misma. Cosas que no me importa que se sepan, que forman parte de mi y de mi vida. Pero por supuesto no doy TODA la información. Hay muchas cosas que quedan para mi y mi gente 1.0 y sobre las que nunca se me ocurriría escribir. Tengo penas, como todo el mundo, y grandes alegrías de las que no hablo porque no tiene sentido difundirlas. Lo que cuento, lo cuento por un motivo: dar un argumento, expresar una preocupación, plantear una duda, etc. Porque el objetivo de este blog no es difundir mi vida, sino tratar temas que me interesan y sobre los que reflexiono escribiendo. 

Por otra parte, si critico algo o a alguien no es para hacer escarnio, es para plantear un debate que me parece socialmente interesante. Criticar por criticar es tontería, pero decir que no estas de acuerdo con algo y dar argumentos es un ejercicio sano, al menos para mi. También hago post y escribo tuits celebrando la vida, pero es curioso que siempre quedan en la memoria los más críticos (y los de sexo, por supuesto y afortunadamente). 

En cuanto al Tw, para mi al menos es un espacio de esparcimiento. No lo considero un sitio en el que hablar paso a paso de lo que estoy haciendo, ni un sitio para pedir información relevante y profunda. Es un sitio para contactar, aunque últimamente una de mis cuentas se haya convertido más en un campo de batalla que otra cosa. No es un sitio para hacer amigos/as, aunque haya encontrado gente especial allí  (cosa que me parece casi milagrosa). No es un sitio para hacer tribu, aunque muchas tuiteras o tuiteros formen grupos afines que sintonizan y van al unísono en ciertos temas. Tw es un sitio tremendamente voluble, disperso y cambiante. Los 140 caracteres dan para lo que dan: transmitir un mensaje corto, certero e informativo de lo que te pasa por la cabeza. Y a mi a veces lo que me pasa por la cabeza es bastante absurdo. Quizás si dijese frente a frente lo que digo en el tuiter no caería cual bomba nuclear, pero el simbolismo que pueden encerrar 140 caracteres es inmenso y me gusta jugar con eso. Sí, me divierto en Tw, no lo puedo negar. Retuitear al @diostuitero es uno de mis placeres. Lanzar tuits al aire y ver luego las mil interpretaciones que le da la gente, otro. Es uno de mis peores vicios. 

Pero en definitiva, la forma en que usamos las redes forma parte de cómo somos y la sintonía o enemistad que forjamos a través de ellas tiene una base real. Tengo una hipótesis: la lengua escrita refleja la esencia de las personas mucho mejor que la interacción 1.0. Aunque conocer a alguien en persona es un placer sin igual, lo que escribe es la esencia descarnada de su ser. Por eso, el temido unfollow (UF) es para mi más una liberación que un castigo. Si te vas es porque ya no te aporto nada. Si me voy es porque ya no hago nada allí. Sencillo y real como la vida misma. Si me pides positividad y una eterna sonrisa, no soy tu chica. Si tienes sentido del humor y te gusta echarte unas risas, si aguantas el sarcasmo y la ironía, y no te importa que me atasque con un tema y lo agote hasta la saciedad, quizás podemos pasarlo bien en las redes. 

MOTHER KILLER CUMPLE UN AÑO

Los Killer
Los Killer

Hace un año se me ocurrió abrir este blog. No lo hice para ganar dinero. Tampoco para adquirir fama. Fue una corazonada repentina. Primero me vino el nombre a la cabeza y pensé “Tengo que hacerlo”. Luego empezó a brotar sin esfuerzo, sacando lo más Killer de mí. Que sí, que me gusta provocar, y sabía que este era un terreno fértil. Además necesitaba resolver algunos conflictos creados en el 2.0 durante el embarazo de mi tercer hijo.

Hacía mucho tiempo que no entraba en contacto con el mundo de la maternidad 2.0; durante el embarazo de Vampi Killer estuve enganchada al foro de Crianza Natural y tuve mis más y mis menos con el tema Carlos González (si habéis leído esto y esto sabréis por qué). No me convencía el discurso culpabilizador de las mujeres que apoyaban a capa y espada la crianza natural, y sin embargo me sedujo ese planteamiento. Crié a Vampi con teta, colecho y con todo el amor que he sido capaz de darle. Y la verdad es que estoy muy agradecida a esas mujeres de las que aprendí a desear una lactancia prolongada y a entender el colecho como una forma de sobrellevar los inevitables despertares nocturnos de un bebé.

Pero la maternidad, se mire por donde se mire, es un terreno espinoso. Mi maternidad no es convencional, mi familia no es convencional, YO no soy convencional. Por eso, tengo que enfrentarme todos los días a miradas de reojo, conversaciones a mis espaldas especulando sobre mi vida privada, comentarios incrédulos y mal intencionados. Tengo que aguantar en muchas ocasiones que la gente me arroje a la cara su estabilidad familiar, como si eso fuese un valor en si mismo. Tengo que tolerar (y lo hago con mucho humor) que haya listillas y listillos que hablen de “la falta de aguante que tienen las parejas de hoy en día, que se separan a la primera de cambio sin pensar en sus hijos”. En fin, qué sabrán ellos y ellas. Sumidos en sus prejuicios de lo que es la mujer, el hombre, la maternidad y la familia se creen con el derecho de dar lecciones y consejos nunca solicitados. Por supuesto que no estoy en posesión de la verdad absoluta, pero sí de mi verdad.

Mi maternidad es mía, es única, es peculiar (como la de todas y la paternidad de cualquier hombre). Por eso quise matar todos los roles impuestos, todas las máscaras que nos imponen: madre natural, madre maestra, mala madre, buena madre… todas. Yo soy madre, qué se le va a hacer. Fue por decisión propia. Tenía que hacerlo, mis deseos me empujaban a ello. Lo hice. No voy a decir que no me haya arrepentido en algún momento, aunque por supuesto quiera a mis hijos e hija con todo mi corazón. Pero imagino ser libre, haber tenido tiempo para dedicarme a mi carrera, a mis proyectos, a mis locuras en cuerpo y alma. Y eso es algo que pensamos muchas aunque pocas se atrevan a decirlo y algunas no toleren escucharlo (véase la polémica creada por el artículo de Beatriz Gimeno).

Un año después, me alegro mucho de haber comenzado este proyecto que me ha permitido expresarme y me ha aportado tantas cosas. Nunca pensé que conocería a tanta gente gracias a este blog, que nació para romper y construir sobre las cenizas. Para mí es un placer y un honor pertenecer al selecto Club de la Mazorca, lleno de luces, sombras y cariño (os quiero, chicas). Cierto es que la gente viene y va, pero toda persona que encuentras en tu camino te aporta algo, en un ciclo de aprendizaje constante.

No siento haber molestado. En el desacuerdo están los puntos de inflexión. El acuerdo ya lo tenemos, pero en el desacuerdo es donde se produce el progreso. Ya sé que el bando del positivismo a raudales no estará de acuerdo con esto: buen punto de inflexión. Me encanta ser positiva, pero nunca si eso supone asumir cosas con las que no estoy de acuerdo. ¿Y para qué están las redes sociales si no es para expresar puntos de vista, conocer los de las demás y entrar en debate? Para mí al menos.

Termino con estas dos canciones. La primera refleja la parte masculina de mi blog, que sé que algunas adoráis y otras muchas odiáis. La segunda refleja la parte femenina, las ganas de correr, de gritar y de encontrar mi sitio. Las dos están dedicadas a este sitio de mi recreo con todo el cariño. Y de regalo, un nuevo tipo de letra.

EL APOCALIPSIS ZOMBI

Princesa zombiCada vez que veo una película o serie de zombis pienso: ¿qué tenía en la cabeza el que los inventó?. Muertos vivientes con ansias de carne y vísceras. Difuntos que, aun siendo llorados, hay que matar por segunda vez. Carecen de malicia, aunque su único objetivo sea comerte y no sienten dolor ya les golpees o les arranques un brazo. Son zombis.

Cuando aprendes a manejarlos pueden llegar a ser dóciles como corderos. Te camuflas entre ellos restregándote olor a muerto, o les cortas los brazos y les rompes la mandíbula inferior para que no puedan morder ni agarrar. Se convierten en tus siervos. Pero si bajas la guardia, si dudas, si sientes compasión, o simplemente son demasiados, te conviertes en uno de ellos o ellas (¿tienen género los zombis?).

Son una metáfora de la raza humana devorándose a si misma. Lo peor de la apocalipsis zombi es comprobar que los que no lo son, son infinitamente más peligrosos que ellos. Los zombis, cuando pasas el primer momento de terror, son fácilmente controlables y eludibles. Sin embargo, los humanos son seres despreciables que te roban, te torturan o te meten un tiro entre ceja y ceja a la primera de cambio. Hay incluso quienes usan a los zombis como arma: los agrupan en manada y los lanzan contra sus víctimas para que huyan asustados o simplemente para que perezcan devorados.

Aunque su origen esté en la cultura haitiana y el vudú, los zombis no dejan de ser un concepto difundido por los EE.UU.: su forma de ver la sociedad está presente en cada escena de una película de zombis. Siempre tiene que haber una jerarquía y solo sobrevive el más fuerte: es la selección natural. Nada de una sociedad horizontal e igualitaria, eso es un despropósito. Para que la cosa funcione, tiene que haber un jefe. Los yankis, que son como son, lo hacen verbalmente explícito y se preguntan “¿Quíén es el jefe?” Y los aspirantes y su séquito entran en una especie de contienda que se resuelve atendiendo al que tenga más poder. El que tiene más seguidores o más recursos, “gana las elecciones“. En nuestro país seguramente eso se resolvería de manera no verbal y usando estrategias de machaque psicológico hasta que uno de los dos contendientes ceda y deje el poder al otro. Una “divinización” en toda regla. 

El objetivo final en una apocalipsis zombi es la supervivencia. El problema es que el ser humano se ha empeñado en que para que sobrevivan unos tienen que morir otros. Y, por supuesto, que los buenos, los tontos y los débiles mueren siempre. Y se convierten en zombis, claro. Hay humanos que, para no ser pasto de los zombis o porque tienen intereses ocultos, se unen a los domadores de zombis y hacen pandilla. Usan a los zombis para masacrar a los humanos que van en contra de sus intereses.

Los humanos que manejan a los zombis rara vez dan la cara. Dejan que esos seres sin alma hagan su trabajo. Mientras, los humanos que solo luchan por sobrevivir y que son del bando de “los buenos” van haciéndose cada vez más desconfiados, van aprendiendo técnicas nuevas para salir adelante, van cambiando de estrategias y cada vez llegan más lejos. Puede ser que un día, estos humanos buenos se unan. Entonces, su misión más difícil no será acabar con los zombis: la inteligencia es la mejor arma de los humanos contra ellos. Lo más complicado será acabar con los humanos que inocularon el virus para generar la zombificación por primera vez, con la esperanza de tomar el poder sobre la especie y hacerse dueños únicos de sus riquezas.

Una simple metáfora del mundo tal y como lo conocemos.

LOS PODERES DE LA ESCRITURA

Escritura
Me gusta escribir, siempre me ha gustado. Creo que la palabra escrita tiene un poder especial, que no tiene el habla. El primero, la permanencia. Lo que se escribe queda ahí para que todo el que tenga acceso (y a veces, quien no lo tiene) . En el mundo digital, hay que tener muy en cuenta este aspecto:aunque borres, hay distintas formas en las que lo escrito puede permanecer: memoria caché, servidores externos,  disco duro del ordenador, una fotito que le eche una mente mal intencionada… Por lo tanto, como dice  Roberto Ruz (@robertoruz), eres lo que publicas. Eso lo debemos tener claro siempre que le demos al botón de publicar o de tuitear.

De ahí se deriva el segundo poder de la escritura: lleva encerrada una parte de nuestro yo. Por eso es tan importante escribir correctamente. La corrección en la escritura no se circunscribe a la ortografía. Hay otros aspectos que hacen que un texto esté mal o bien escrito. Es clave, sobre todo en los textos expositivos, que la informacion esté organizada en una secuencia lógica para el pensamiento de la audiencia, por lo que hay que hacer un ejercicio de empatía y leer lo que se ha escrito con la mente puesta en las personas que nos van a leer. No vale escribir posts, por ejemplo, haciendo un “volcado” espontáneo de ideas sobre un tema. Sin duda tenemos mucho que decir, pero el lector o lectora busca un producto de ideas ordenadas que pueda leer sin bucear en el intrincado discurso interno del escritor o escritora.

Por otra parte, hay que ser honestos/as: cuando escribimos, producimos algo propio y original, y si tomamos algo escrito por otra persona, referenciamos la fuente  para que nuestros lectores sepan de dónde viene la información que estamos aportando. Esta mañana, por ejemplo, buscando información sobre la cría de hámsters (para saber por qué nos interesa esa información mirar aquí), encontrábamos posts que copiaban de forma parcial o íntegra el texto ofrecido por la Wikipedia, sin decir en ningún momento que lo estaban haciendo. Esto, unido a que algunas de las cosas que se decían en estos textos no coincide con nuestra experiencia real con nuestros 15 hámsters, hace que estos informadores digitales no nos merezcan mucha confianza. Por tanto, trata a tu texto como si fueses tú misma: esa parte de tí debe estar bien escrita, organizada y documentada. La imagen que darás será mucho mejor.

La importancia de documentarse para escribir ciertos tipos de textos  nos lleva al tercer poder de la escritura: la difusión del conocimiento. En la era digital, la informacion viaja a gran velocidad y se difunde de una a otra parte del mundo en cuestión de segundos. Esto tiene una contrapartida: hay mucha morralla escrita por internet. Mucha información escrita para rellenar posts del día, o escrita desde la creencia, el prejuicio y la suposición, ofreciendo grandes sentencias sobre cosas tan importantes como la educación de nuestros hijos, recomendaciones sobre salud, dietas alimenticias, etc. Por ello, tanto como cuando lees como cuando escribes, debes desarrollar ciertas estrategias para detectar la calidad de las fuentes. Algunos de los criterios que yo uso son los siguientes:

– Si busco la información en el google académico, obtendré resultados de más calidad científica que si uso el google normal. Lo de las bases de datos científicas no está a la alcance de todo el mundo, pero este recurso sí lo está.

– Hay muchos temas que en el mundo anglosajón pueden están mejor desarrollados que en nuestro país, por lo que una búsqueda en inglés nunca viene mal.

– Es importante tener en cuenta quién escribe lo que asumimos como fuente fidedigna. Hay bloggers que se han ganado esta etiqueta a fuerza de ejercer buenas prácticas en su blog, pero no todos los blogs cuentan como fuente. Por ejemplo, para hablar sobre educación sexual, prefiero recurrir a fuentes primarias académicas y profesionales que a blogs que hablen sobre el tema, que no dejan de ser una fuente secundaria.

– Para ofrecer datos numéricos, hay que decirle al lector la fuente exacta y primaria de estos datos. Este es un fallo en el que caemos con frecuencia. Para citar el porcentaje, es un suponer, de mujeres maltratadas, acudimos a una fuente periodística, sin preguntarnos de dónde ha sacado el periodista este dato. Esta es una pregunta importante que todo lector debería de hacerse y todo escritor tener en cuenta.

En conclusión, la escritura es una herramienta poderosa que debemos utilizar con respeto, habilidad y creatividad. Es una suerte que un medio que antes estaba restringido a las clases privilegiadas y poderosas haya caído en manos de la ciudadanía. Como contrapartida, cuidemos la escritura. Para escribir bien, recuerda que la palabra escrita tiene propiedades especiales. No olvides las tres reglas de oro: PLANIFICAR-REVISAR-EDITAR (y vuelta a empezar).