Killer 2.0

YouTubers World

 

Ayer decidí adentrarme en el mundo YouTuber. Mi hijo de 11 años lleva un tiempo enganchado, y me apetecía saber qué se cocía por allí de primera mano. Creo que merece la pena adentrarse en este fenómeno que, de mano de gente de 20, está enganchando a gente de 10. La televisión hace años que solo se enciende en mi casa para ver Netflix, los canales tradicionales han muerto y ahora, para acercarnos al mundo de nuestros pequeños y pequeñas, hemos de navegar con ellos y elegir entre los numerosos y seguidísimos YouTubers.

Lo primero que hay que saber es que, cuando abres una cuenta de YouTube, puedes crear un canal propio en el que subir vídeos. Los YouTubers suelen ser chicos y chicas jóvenes. Lo que suelen hacer son GamePlays, que son vídeos en los que salen ellos mismos jugando a un videojuego, Vlogs, en los que cuelgan vídeos hablando de su vida o de distintos temas, y series animadas o de otro tipo.

Os voy a hablar de los YouTubers favoritos de mi hijo. El number one, el total pro es Folagor03, que hace GamePlays de Pokemon. Este chavalillo es simpático y la verdad es que me cae bastante bien. Mi hijo espera con impaciencia sus vídeos diarios. Aquí os dejo un vídeo de su canal.

Mi hijo era algo reticente a hablarme de los YouTubers que le gustan, porque piensa que tenemos un prejuicio contra ellos y que no entendemos nada. Le molesta que les llamemos tontos, que pensemos que pierden el tiempo y que les pidamos que les cambien por un libro. Lo cierto es que el entretenimiento que les proporcionan los YouTubers es bastante incomprensible para una generación que creció con la tele y los programas cerrados y a todo color. Nuestros hijos pueden interactuar con sus YouTubers favoritos, dejarles comentarios, aprender de sus mejores jugadas y… leer a los haters en los hilos de comentarios.

Entre otros gamers que le gustan están Gona_89, DSphony, RobleisIUTU, Sliver, MarcusPK7 y el famosísimo Willyrex. Pero lo que ahora es lo más de lo más es la serie de Edd00chan, FNAF. Esta serie animada, bastante simplona, está causando furor entre los peques de nuestra causa, que se han hecho Otakus y se han abierto cuentas monográficas en Instagram sobre la serie y sus personajes. A mí me deja bastante loca que prefieran esta serie a las elaboradísimas producciones que pueden encontrar en la televisión o en Netflix, pero creo que el secreto está en que es algo suyo, algo con lo que pueden interactuar y que está lejos del salón de casa. Su identidad digital es cada vez más fuerte, y estos productos simples pero exclusivos tienen mucho tirón.

También le pregunté por las chicas YouTubers. Me dijo que ellas también hacían GamePlays y que algunas le gustaban bastante. Pero que a él no le gustaban los Vlogs y las WeekLists. Y también descubrí los múltiples parentescos entre YouTubers.

Luna Dangelis es una gamer que hace otras muchas cosas, entre las que he podido observar un género que se llama “Video Reacciones” y que consiste en ver algo y mostrar a tus seguidores cómo reaccionas ante ello (qué narcisista, ¿no?). Tiene un novio que se llama Deiak y que a mi hijo no le gusta mucho. He visto un vídeo en el que Deiak mansplainea a Luna jugando a un videojuego pero no os lo voy a poner. Y luego está Sara Ramírez, alias Sara Pecas, hermana de Folagor03, que es casi tan maja como él, y trabaja más el género del Vlog. Aquí os dejo un vídeo con los cuatro juntos:

 

En definitiva, estamos viviendo un cambio revolucionario para el que debemos estar preparados/as. Todo cambia, y despreciar los gustos y aficciones de nuestra prole solo nos llevará a agrandar la brecha generacional. No hace falta que ahora nos hagamos superfans de los YouTubers, pero intentar comprender la cultura en la que se hallan inmersos nuestros hijos nos ayudará a conectar con ellos más y mejor. Os dejo con un Instagramer y YouTuber que me ha presentado mi hijo mayor con el que no me puedo dejar de reír. Se llama Darioemehache y me ha enganchado.

 

El WhatsApp del cole: El terror de las maestras

Cuando el WhatsApp llegó a nuestras vidas, cambió nuestras prácticas. Como cualquier otra tecnología, se introdujo en nuestra cultura interactiva y ofreció nuevas posibilidades a nuestras comunicaciones. En el caso de la vida escolar, nos ofreció la posibilidad de hablar entre nosotras/os, las madres y los padres, sin las prisas que son habituales en nuestros breves encuentros a la entrada y salida del colegio. 

Pasó un curso usando el WhatsApp, y al curso siguiente, en la reunión inicial del colegio de mi hijo, la directora introdujo en su discurso una perorata en contra de los grupos de WhatsApp de madres y padres. Ya otros cursos se había quejado de que las madres hablábamos en la puerta del colegio y difundíamos rumores y críticas infundadas sobre el centro. Pero ahora, directamente, nos estaba instando a no usar el WhatsApp. Me sentí como una niña pequeña a la que están echando una reprimenda por hacer algo prohibido y a la que están limitando las formas de comunicación con el mundo. 

Las madres somos ciudadanas libres, mayores de edad, con libertad de expresión y de reunión. Las críticas atroces que están recibiendo los grupos de WhatsApp de madres no responden a otra cosa que al miedo de los centros educativos a que haya unión entre las familias y se empiecen a denunciar las malas praxis de manera colectiva. Por lo demás, los grupos de WhatsApp del cole no son diferentes a los grupos de amigotes, familiares, antiguos alumnos, etc. Hay gran diversidad entre ellos y las dinámicas que se generan pueden ser múltiples, desde los grupos que no hacen más que compartir cadenas de niños secuestrados como los que están abonados a los vídeos humorísticos de caídas o al negro del WhatsApp. Pero son grupos de personas adultas y nadie externo tiene derecho a venir a fiscalizarlos o a pedir que no se hable de X o de Y. 

Por lo demás, personalmente no espero nada de los grupos de WhatsApp del colegio. Mi hijo rara vez tiene dudas sobre lo que hay que hacer de deberes y si tengo algo que decirle al centro o a la tutora voy personalmente a hablar con la persona en cuestión. Siempre me ha molestado la gente que se queja en la puerta del colegio porque la tutora hace esto o lo otro y espera que sea otra la que se caldee y suba a hablar con la directora. Mientras, su hijo o hija está sufriendo las consecuencias de su falta de responsabilidad, y tenemos que ser otras las que le saquemos las castañas del fuego. 

Los grupos de WhatsApp sirven para lo que sirven, pero lo que es claramente sintomático es el revuelo que han montado los maestros y profesores para desacreditarlos. Si tanto les molesta que las familias les critiquen, deberían mirarse un poco a sí mismos y a sí mismas y recordar cuando hablan de la vida privada de una familia en público, critican el aspecto de una madre o cotillean sobre la separación de los padres de uno de sus alumnos. El respeto no es unidireccional, y si se pide respeto, hay que estar dispuesto a ofrecer lo mismo a cambio. 

No va sobre crianza ni sobre respeto


Seguro que alguna vez os habéis cruzado por las redes sociales con gente que se autoproclama defensora de la Crianza con Respeto (CR). Hasta ahí, todo correcto. El respeto es algo precioso y necesario en las relaciones con nuestros hijos e hijas. Y fomentar la atención cuidadosa hacia nuestros comportamientos en la crianza es muy útil, sin duda, en una sociedad en la que el maltrato a la infancia está normalizado. 

Sin embargo, existe un grupúsculo de madres, que se dicen abanderadas de la CR, que siembran el caos y el desencuentro en las redes sociales. Atesoran bloqueos de cuenta, disputas épicas en hilos kilométricos que duran días y días, tanto en sus muros como en grupos de Facebook. Su afán parece ser la defensa a ultranza de los niños y niñas. Sin embargo, todo se tuerce cuando sus intervenciones toman un tinte mesiánico que te conmina a reconocer tus errores, a flagelarte en público como madre que calló en las garras de la sociedad enferma, a penar día tras día por todo lo que el mundo tiene de malo y de adultocéntrico y de podrido. Y mira, lo tiene. Pero hay ocasiones en que el mundo es maravilloso, las personas que te rodean son amorosas y los niños y las niñas son felices. Y vas tú, pobre de ti, y se te ocurre comentar lo maravillosa que es la vida. O decir que no es tan mala, oye tú. Ahí pierdes puntos como criandera con respeto. No te importa una mierda, pero los pierdes y además lees durante días estados del Facebook dedicados a tu disonancia cognitiva, a tu coraza de hierro y a todo el odio que encierras. 

Si reconocéis todo esto, es que habéis estado cerca de uno de estos grupúsculos de Maternidad Punky, como dice una amiga mía. Y si lo estáis, sabréis que tenéis que ir con pies de plomo con lo que os atrevéis a decir en las redes, no vaya a ser que alguna Pussy Riot de la crianza se de por aludida y tergiverse lo que habéis dicho para convertirse en la mártir de la CR, una víctima maltratada por sus ideales excelsos, por la pureza de sus creencias y por todo el amor que va dejando a su paso. Si esto sucede, tendréis que aguantar falta de respeto tras falta de respeto. Porque ellas, las damas blancas (ups perdón, blancas no, mejor… ¿rosas?) de la crianza, son muy respetuosas con los niños y las niñas, pero a los demás seres humanos les pueden dar mucho por culo. Te insultarán, te difamarán, incluso se permitirán mencionar a tus hijos e hijas en un alarde de sinvergonzonería nivel superior. 

Esta es una de las cosas que mejor saben hacer estas señoras: hablar de los hijos e hijas de otras personas. Se creen con el derecho de decir quién lo hace bien y quién lo hace mal. Se erijen en jueces sumarísimas de mujeres que pasaban por ahí y tuvieron la insensatez de comentar de manera natural algo sobre su vida cotidiana o algo que les pasó en la crianza de sus hijos. Cuantas mujeres no habrán caído en esa trampa y habrán salido dañadas de esas disputas sin sentido, que solo buscan herir al adversario para conseguir la auto-afirmación del grupo. 

Ya con mis hijos mayores, la verdad es que me paso por el forro lo que me diga ese grupúsculo. Ahora andan diciendo que no me arrepentí de aplicar el método Estivill. ¿Pero quién coño son ellas para hablar de mi vida? ¿Quiénes son ellas para hablar de la vida de cualquier madre? Independientemente de que el método Estivill me parezca una basura con la que un sinvergüenza se lucró, ¿qué derecho tienen estas señoras a decirle a nadie que se arrepienta humildemente de lo que hizo? Y lo peor es que, aunque yo me lo pase por el forro, estas actitudes de secta mesiánica con su gurusa a la cabeza hacen daño a muchas mujeres que están en momentos muy vulnerables de su crianza. Eso no me da lo mismo. Eso me cabrea mucho: que en nombre del respeto, un grupo de skinheads de la maternidad se permitan ir repartiendo inquina y mala sangre a diestro y siniestro. Eso sí: las malas somos las demás, que tenemos los ojos cerrados a la verdad, nuestra herida primal sangra y no somos capaces de ver la luz que ven ellas, las salvadoras de los niños y las niñas en un mundo de adultos rapaces y crueles. 

No me da la gana callarme

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Hola chicas. Que venía por aquí para deciros que estoy un poco harta de que, cuando se monta un escándalo, me preguntéis “¿Qué has liado ahora?” Sobre todo porque yo no lío nada: a mí me la lían. Y es que estoy más que harta de no poder expresarme en mi propio muro de Facebook y en mi Twitter. Estoy harta de la Santa Inquisición, de las personas que no toleran que pienses diferente a ellas y que si lo haces te acusan de:

– No contribuir a la revolución (como si yo fuese necesaria y estuviese contraviniendo las normas de un grupo armado)

– No haber completado mi camino espiritual (como si me importase una mierda lo que pienses de mi evolución kármica)

– Regodearme en su dolor y su desesperación por una vida plagada de demonios y dificultades (como si no tuviese otra cosa que hacer)

– Ser poco respetuosa con mis hijos y por extensión, con la humanidad entera (como si supiesen algo de mi vida y sus circunstancias)

– Lucrarme con la Crianza Respetuosa (esto es lo más curioso, en la vida me he dedicado a nada parecido y menos de manera lucrativa, cosa que algunas de la Santa Inquisición no pueden decir)

– Ser poco tolerante y no dejar que me lleven la contraria en mi muro (cuando no han dado un solo argumento para apoyar su postura y se limitan a despotricar y buscar apoyo en su grupo)

– Ser una pandillera que acosa a las pobres madres conscientes (cuando yo no me muevo de mi sitio, mis estados son privados y no me apoyo en un grupo que insulta y difama a la gente que no piensa como yo)

Mirad chicas, estoy harta de que el mundo de las mamás 2.0 sea un entorno desquiciado de neuróticas que están todo el día quejándose y peleándose. Y no me da la gana callarme. No me da la santa gana. Harta estoy de tener miedo a expresarme y a decir lo que pienso sin que venga alguien a agredirme. Si tienes algo que decir, lo puedes decir con respeto. Y deberías también respetar que alguien diga lo que le venga en gana en sus espacios privados. Si te sientes atacada y agredida, no tengo inconveniente en que lo hablemos y aclaremos las cosas, no suelo tener intenciones agresivas a no ser que necesite defenderme. Pero voy a decir lo que pienso cuando me venga en gana. Porque las ideas están para ser debatidas y comentadas y a veces puede que no estemos de acuerdo: es ley de vida.

Dejad de sentiros juzgadas y criticadas cada vez que leáis algo que va en contra de vuestras ideas. Y si no os gusta lo que digo, como lo hago en mis espacios privados, podéis salir de ellos cuando os venga en gana. Así contribuiremos a que la gente no vea este mundo de las mamás 2.0 como una panda de energúmenas que se dedican a pelearse de la manera más rastrera y malintencionada. Nos haremos todas un favor.

La filosofía de las madres

Intento recordar mi infancia y a las que entonces eran madres hablando de su maternidad como lo hacemos nosotras en el Facebook y no encuentro parangón en mi memoria. Por más que busco sólo recibo las ondas de tardes de café con las vecinas contando muchos chismes, pero nunca éramos nosotrxs (o al menos muy pocas veces) lxs protagonistas de estas conversaciones. Sin embargo, entro en las redes y ahí están las madres, venga darle vueltas a un hecho aislado protagonizado por un niño, una situación en el parque, en el colegio, en una tienda, en la piscina o en el autobús. Y el nivel de profundización en este hecho me hace recordar cuando estudiaba el Discurso del Método de Descartes. Parece que estemos desgranando la existencia de Dios a veces.

Esto demuestra varias cosas: la maternidad ha llegado por fin al ámbito de la filosofía. Algo que antes era ignorado en los discursos más enrevesados de los filósofos masculinos está tomando relevancia como objeto de reflexión profunda. Y no lo digo de coña. ¿Es más elevado e importante hablar de la existencia de Dios que de la crianza en el hogar? Teniendo en cuenta que lo segundo es algo que ha sido y sigue siendo considerado como cosa de mujeres, es comprensible que haya sido ignorado por los señores pensadores de antaño.

Pero siempre que a una mujer le ha dado por pensar públicamente (en privado lo hacemos todas, aunque algunos tengan serias dudas al respecto), ha hablado de la maternidad. Y no me hagáis enumerar nombres. Podría mencionar a Simone de Beauvoire, Margaret Mead, Celia Amorós, Victoria Sau e incluso nuestra querida Amelia Varcárcel. Pero me interesan mucho más nuestras reflexiones: mujeres anónimas que abordamos el tema de la maternidad desde las tripas, el corazón y la garganta, y nos lanzamos a nuestros teclados a mostrar nuestros dolores, nuestras dudas, nuestra culpa, nuestro amor, nuestra soledad.

Muchas veces no estamos de acuerdo y defendemos con uñas y dientes nuestras posturas. Va nuestra identidad en ello, y quién sabe si algo más. Seguramente, cuando dejamos el teclado y nos encontramos de nuevo con nuestros hijos e hijas lo hagamos con una pizca más de sabiduría, o con unas cuantas dudas azotando nuestros pensamientos. Pero ningún debate es en vano. Cada debate lleva un poco de nuestras vidas y de nuestros desvelos. Quizás por eso, la contraparte de estos salones de café virtuales sea la creación de facciones enfrentadas que se baten en duelo en los grupos. Las de la Herida Primal vs. las de la Pedagogía Blanca. O las Malas Madres vs. las Madres Reales. O las blogueras comerciales vs. las blogueras independientes.

No creo que estas disputas sean muy diferentes a las que tienen los académicos y académicas en sus reuniones científicas. Una disputa siempre está investida de ego. Hay una parte de nosotras mismas que está en riesgo. Negar la herida primal y los efectos nocivos de la represión del alma infantil puede ser tan amenazante como negar la existencia de Dios. Sostener que la conciliación pasa por los permisos iguales e intransferibles tan drástico como decir que el lenguaje da forma a la realidad. Y cada cuál tiene sus argumentos bien aprendidos y ensayados. Alcanza la gloria la que construye el argumento más novedoso y contundente.

Bueno, y ahora os dejo que voy a ver cómo sigue la última discusión. Promete mucho. Creo que resolveremos, de una vez por todas, la cuadratura del círculo.

 

Mis hijxs tienen tablet ¿Y qué?

Hay niñxs… y niñxs. Hay usos y usos. Demonizar el uso de las tablets/dispositivos móviles/ordenadores por parte de lxs niñxs es como si en el siglo pasado no nos hubiesen dejado usar libros hasta los 18. ¿Controláis lo que leen vuestrxs hijxs? Porque os aseguro que hay literatura infantil y juvenil que pone los pelos de punta. Hay que amueblarles la cabeza para que la procesen de la debida forma. ¿Y las películas? ¿Y los dibujos animados? No sé si os habéis fijado en las referencias que hacen a las drogas, por ejemplo.

Una mente crítica y sagaz, que sabe interpretar imágenes, que sabe un poquito de género, de política, que sabe lo que es el racismo, el machismo, el clasismo, y un buen programa de control parental (sí, hay que pagar un poquito, pero merece la pena) hace que una tablet en manos de un niño o una niña de 10 años sea una herramienta inigualable. La puerta del conocimiento. El sitio donde todas sus preguntas pueden tener respuesta… si les enseñamos a discernir qué respuestas son de calidad y cuáles no lo son.

Cerrar la puerta de internet a los niños y niñas de hoy en día no me parece una buena decisión. Al menos no es la que yo elegiría. ¿Por qué nos parece tan terrible que nuestras hijas y nuestros hijos chateen con sus amigas/os? Siempre que supervisemos esa actividad y les demos pautas sobre lo que se puede y no se puede hacer en ese espacio de interacción (como sucede en el 1.0, por otra parte), veo una puerta abierta, no una aberración. Otra cosa es que los niños/as sustituyan la interacción digital por la presencial. Eso sí es preocupante, pero depende de los espacios y las relaciones que nos brinda nuestro entorno social que eso no suceda.

Y bueno, a veces la gente de tu entorno presencial no es tan interesante como la que conoces en el 2.0. Es triste, pero a veces pasa. Y tenemos adolescentes que sobreviven gracias a ese vínculo en la distancia que no se habría creado de otra forma. Adolescentes que conocen gente con sus mismos intereses e inquietudes, y que sin las herramientas que les brinda el mundo digital nunca tendrían esa posibilidad. Adolescentes con la cabeza muy bien amueblada, ojo. Adolescentes que se ríen de las peleas 2.0 que tenemos las mamás y que nos dan instrucciones sobre seguridad en la red.

Discursos de crianza en las redes sociales: La guerra servida

   
Leo un estado de Facebook “Me angustia y amarga la vida leer en casi todos los grupos de maternidad o páginas similares cuando se defienden prácticas o situaciones que desfavorecen al niño y hasta violan sus derechos básicos“. Y pienso “ostras, ya les vale a las madres, defendiendo el maltrato infantil”. Pero sigues leyendo (transcribo textualmente): “Queres destetar a un bebé de 8 meses? Queres q tu hijo de 6 meses duerma toda la noche en otra habitación? Crees que un chirlo a tiempo es una manera de educar? Queres darle de comer yogur a los 3 meses?“A ver… Me he perdido. Vale que eso de dar un chirlo (cachete) a tiempo es un maltrato, ahí estamos de acuerdo. Pero unir esto con temas de destete y sueño, con todo lo que eso conlleva, y decir que esta son prácticas que violan los derechos básicos del niño es poner a la audiencia en una situación un poco comprometida. Empezando por que la mayoría de la población se desteta no ya a los 8, sino entre los 3 y los 4 meses y vive el sueño infantil nocturno como una tortura incomprensible. Así que, de momento, la mujer que ha escrito el estado de Facebook se ha echado encima a un porcentaje elevado de la población materna. Con respecto a lo del yogur, el sistema sanitario no contribuye mucho a la educación para la salud de la población en general, teniendo en cuenta que hay pediatras que recomiendan dar la teta cada 3 horas e introducir la papilla de frutas y los cereales a los 4 meses, así que lo del yogur se hará seguramente pensando que le va a ir estupendamente al bebé, no con la intención de fastidiar su salud.

Sin negar que la lactancia materna es lo más de lo más y el colecho una práctica mágica para dormir cuando tienes un bebé y le amamantas, no podemos ignorar que son prácticas poco habituales en nuestra sociedad. Sin entrar en juicios morales: son poco frecuentes. De modo que llegar al Facebook y hablar de prácticas que violan los derechos del niño refiriéndose a prácticas comunes, aceptadas y habituales en nuestra sociedad es entrar pidiendo guerra. No me digáis que no os habíais dado cuenta. 

Pero todavía hay más. Sigues leyendo y encuentras esto: “…y pretendes encima que nadie te diga nada? Que se responda tu inquietud y ya? Pedís que se apruebe tu decisión y punto? No! Y sabes por qué no? Porque vos no importas… Y de verdad importa poco lo mala madre que te sientas, lo que importa es tu hijo.! 

En esta frase, hay tres cosas que hacen saltar todas las alarmas: 1) Le dice a una persona (una mujer, una madre) que ella no importa. A una madre que ha entrado a un grupo, quizás preocupada, a plantear una duda sobre crianza porque no tiene a nadie a quien preguntar. O sí, pero ha confiado en un grupo de madres virtual. ¿Y le dices que ella no importa? Bastante tenemos las mujeres para que hasta entre nosotras mismas decirnos que no importamos. Ya nos lo dice toda la sociedad al unísono. 2) Está reconociendo que esa persona se va a sentir mala madre al oír lo que le tienes que decir. Y que ese sentimiento no debe ser tenido en cuenta. Quizás porque solo es importante ser empático con las personas pequeñas, pero cuando llegan a cierta edad ya da igual ser o no empáticos: que gestionen sus sentimientos como puedan. Y 3) Le estás diciendo a esa persona que eres tú quien realmente te preocupas por SU hijo, y no ella, que es una egoísta que solo se preocupa porque se siente una mala madre y no quiere escuchar los sabios consejos que vienes a darle. 

Muy pedagógico todo ¿verdad? Es irónico, claro. A mí me parece paternalista, arrogante y muy mal educada esta forma de dirigirse a la gente. Aunque tuviese razón. Si lo que pretende es adoctrinar, está produciendo el efecto contrario: aborrecer a las talibanas de la teta y arremeter contra ellas. Así que luego entras inocentemente en cualquier sitio y dices que tú diste la teta y dormiste con tu bebé y la gente se pone a la defensiva. 

Termina el texto en cuestión diciendo: “Pero no se puede pretender que nos den palmaditas en la espalda y nos tranquilicen a nosotras, adultas, cuando quien queda en desventaja es el menor, y encima bajo el lema “lo que importa es criarlos con amor”… Hay que reveer este concepto de amor que da hasta donde me conviene o me alcanza o puedo y que cuando “el otro”, que además es MI hijo, me molesta enseguida busco la manera de hacerlo funcional a mi vida adulta cagándose en sus necesidades reales. Corran el culo y el ego de ese trono adultocéntrico, por favor.” 

Dicen que no existe la guerra de las madres. Que esta forma de dirigirse a madres/mujeres no es bélica. Que decirle a otra mujer, sean cuales sean sus circunstancias, que es una cómoda que busca su bienestar y que no hace todo lo necesario por él bienestar de su hijo es hacerle un gran favor, abrirle los ojos, traer la conciencia a su vida. Perdonad, chicas, pero no. Esta es una actitud que busca conflicto y guerra, y que no le está haciendo ningún favor a las madres a las que os dirigís, y mucho menos a sus hijos. En una sociedad en la que las pautas las da un especialista, un pediatra, en la revisión del niño sano y las mujeres se limitan a seguir sus indicaciones, creo que estamos errando nuestro objetivo. En una sociedad en la que hay mucha información pero una distribución desigual de recursos culturales y económicos, estamos apuntando al blanco equivocado. 

No me cansaré de decirlo: hacen falta más modelos de maternidades que encuentran soluciones exitosas. Y hace falta que las mujeres dejen de estar tan solas en la crianza. Estas guerras solo generan más distancia y más soledad de la que ya existe. ¿O creéis que los hijos e hijas de las mujeres a las que os dirigís en ese tono están mejor desde que vosotras hablásteis con su madre de sus derechos?

Si sospechas que está loca ¿para qué le das al click?

  

Hace ya un año publicaba una entrada sobre la seguridad en las redes sociales dirigido especialmente a las personas adultas. A día de hoy, los hechos me siguen dando la razón: actuamos irreflexivamente cuando damos acceso a gente que no conocemos a nuestras cuentas en las redes sociales. Y lo hacemos aún a sabiendas de que la persona a la que estamos dando acceso ha dado ya señales de ser una zumbada de tomo y lomo. 

Los secretos no existen en la blogosfera maternal: pon las palabras de búsqueda adecuadas en Twitter y tendrás acceso a información abundante sobre las trifulcas periódicas que tienen las mamás sobre temas diversos. Hoy puede ser una plagiadora, mañana una impostora que roba fotos de otra para hacerse pasar por ella, pasado mañana una que ha ido criticando a otra en el Facebook y la una lo hace público muy indignada para que todas sepan “la personas con la que se juntan”. 

Pero al tema. Hay personas a las que se las ve venir. Y 3 años dan para aprender mucho sobre los distintos perfiles, blogs y modus operandi. Por lo tanto, no entiendo cómo, después de saber todo lo que sabemos, el día que encontramos que esa persona nos solicita amistad en Facebook aceptamos esta solicitud alegremente. 

¡¡¡Sopesemos, mujeres, sopesemos!!! Fotos de nuestras actividades diarias durante años y años, de vuestra boda, de vuestras hijas e hijos, estados que dicen quienes somos, qué somos,  cuáles son nuestros puntos débiles. ¿¿Y damos paso a una persona que ha demostrado año tras año que es poco lúcida, un poco ruín, muy ducha con los entresijos de las redes sociales, bastante envidiosa, un pelín inculta, algo malintencionada, con la autoestima algo deteriorada pero con delirios de grandeza y bastante reaccionaria??

No lo entiendo. En el fondo me gusta, porque veo que todavía hay gente que mantiene la confianza en la bondad del ser humano. Pero una vez llegadas a este punto, chicas, de verdad, protegeos. Porque, afortunadamente, esta persona es bastante torpe y realmente no va con la intención plena de hacer daño. Pero puede llegar un día que aparezca alguien que sí vaya con esta intención, y os la clava doblada. Y tener esto en mente es muy útil para educar a nuestros hijos: NUNCA SABEMOS QUIÉN HAY AL OTRO LADO. Y si lo sabemos, con más razón no debemos abrir el paso. Seguid vuestra intuición: nunca falla. 

¿Lo habrá dicho por mí?

  

Ya creo que queda muy poca gente que no esté de acuerdo con que las relaciones que se entablan en las redes sociales SON relaciones reales. Y si no, pensad en las posibilidades que nos han abierto Facebook, Twitter, Tumblr, Whatsapp, Tuenti, etcétera, para conocer gente nueva y establecer desde relaciones ligeras de buenos días y buenas noches, me gusta lo que publicaste, qué guapa estás en esa foto, hasta relaciones de amistad más profundas e incluso relaciones amorosas. 

Pero lo más interesante de las relaciones en las redes sociales (RRSS) es que estamos gestando las normas implícitas que las regulan partiendo de cero. Mientras que la interacción cara a cara ya es una vieja conocida y aprendemos sus normas desde pequeños, inmersos en nuestro grupo social, las RRSS no llevan más de 10 años en nuestras vidas y la de toda la humanidad como fenómeno de masas. Por tanto, vivimos una época histórica en la que estamos gestando las normas de la interacción en redes a partir de un proceso de ensayo y error. 

La red social que más uso es el Facebook. Aunque no soy tan ingenua para creer que mi intimidad está a salvo en mi muro restringido a mi grupo selecto de contactos, sí tengo una percepción mayor de control sobre quién ve mis publicaciones. Hace tiempo decía que Facebook es como un paseo en bicicleta y Twitter como un viaje en metro en hora punta. Poco a poco he ido aprendiendo que eso no es así del todo. Yo que me creo que todo el mundo es bueno, no había pensado que las publicaciones de mi muro podían viajar convertidas en capturas de pantalla hasta el fin de la galaxia. Pero sí: la captura de pantalla existe para algo. Los rumores, en el mundo de las RRSS, van avalados por pruebas físicas y escritas del propio puño y letra. Así que aprendí la máxima: nunca publiques nada que no quieras que se lea. 

Otra cosa que he tenido que aprender en Facebook es que nuestros muros, de vez en cuando, se convierten  en un sugerente test de Rorschach. Si una de tus amigas publicó el día anterior sobre la caza del cangrejo rojo y tú, sin haber visto esa publicación, publicas algo en contra de la caza del cangrejo rojo, ten por seguro que ella va a pensar que esa publicación va por ella. Aunque tú normalmente tengas la costumbre de ir de cara y decir lo que piensas aquí y alla: da lo mismo. Tu publicación se convierte, automáticamente, en una pseudomención. Y ya no te digo nada si esa misma publicación, la del cangrejo rojo, la ve la amiga de una famosa cazadora de cangrejos rojos a la que tú conoces de oídas pero que no tienes entre tus contactos. ¡¡Una pseudomención en diferido!! Albricias. La cosa se complica. Y puede ser mucho peor si entre tus contactos hay personas que no sintonizan mucho con la cazadora de cangrejos y se lían a dar al me gusta a tu publicación. En fin: la complejidad de las redes sociales. 

Esa inocente publicación contra la caza del cangrejo rojo, que era sincera, que surgió de tu más hondo sentimiento ecologista, se convierte en una fuente de conflictos. Pueden pasar días en los que el ambiente de tus noticias se enrarece y tus contactos no dejan de compartir carteles alusivos de El Circo (Boom) y mensajes breves y crípcicos que no logras descifrar del todo pero que contienen, casualmente, las palabras cangrejo, rojo o caza. Solo queda dejar pasar la tormenta. No puedes compartir esa sensación extraña que te queda con todo esto, porque posiblemente sea todo una paranoia. Y de hecho, lo es. 

Digamos que así funciona un poco la profecía autocumplida: tú no sabes muy bien de qué va el rollo y por qué a toda la peña le ha sentado tan mal la publicación sobre el cangrejo rojo, pero después de tanta inquina, te quedan ganas de seguir publicando sobre el cangrejo rojo aunque solo sea para joder. Y además, si tienes gracia y sentido del humor, lo harás de tal forma que provoque la risa de las enemigas de la cazadora y la ira en sus amigas. 

Ahora, para rizar el rizo, tendría que decir algo sobre la disonancia cognitiva y sobre la indefensión aprendida o sobre la psiquiatría como control social, todo ello ligado a la hermeneútica, pero creo que con lo que he dicho, queda claro mi argumento: la dinámica relacional de las redes sociales está por construir, y podemos decir que somos pioneras en establecer sus normas tácitas y ponerlas a prueba.