Espiritualidad

Viernes dando la nota #3: Todo se transforma

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Para este viernes he elegido un tema que representa un trocito de mi filosofía. No creo en el perdón de los pecados. Cada acto tiene su consecuencia. Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da. La vida nos da la oportunidad de aprender y de parar la rueda del Karma. Cada persona que se cruza en nuestro camino es un aprendizaje. Cada fracaso nos enseña una lección. Nada se pierde, todo se transforma. Si somos capaces de aprender las lecciones que nos ofrece la vida, seremos capaces de llegar al centro del amor. Jorge Drexler no necesita presentación (y si la necesita, mirad en internet que yo me voy a un sitio sin cobertura y no tengo tiempo de escribir más)

MAMÁ ¿QUIÉN ES CRISTO? UNA MIRADA A TRAVÉS DEL GRECO

El otro día estábamos comiendo cuando, de repente, Vampi Killer hizo una de esas preguntas que te vuelven del revés: Mamá ¿quién es Cristo?

En un principio me quedé bastante sorprendida de que no lo supiera. Luego pensé que era lógico: nunca había ido a clases de religión y en casa rara vez ha salido el tema. Cuando los niños hacen ese tipo de preguntas atribuyes automáticamente un deseo trascendental de saber, de modo que buscas una forma transcendental de respuesta. Por tanto, empezamos a explicarle con lujo de detalles la historia de Jesucristo y el por qué de la celebración de la Semana Santa. El nos miraba muy serio y con los ojos muy abiertos. Cuando terminamos nos dijo: Pero ¿por qué dicen eso de “antes de Cristo” y “después de Cristo”?  La respuesta a esa pregunta no es nada sencilla. ¿Cómo puede un niño entender que la organización temporal de occidente depende de un nacimiento? Se lo contamos lo mejor que pudimos, y seguía serio y callado.

Al día siguiente fuimos a Toledo para visitar las exposiciones con motivo del IV centenario de la muerte del Greco. Él estaba muy interesado en el tema, porque en el colegio habían trabajado sobre ello en la semana cultural. La entrada básica incluye  ‘Toledo Contemporánea’ en el Centro Cultural San Marcos,  ‘El Griego de Toledo’ en el Museo de Santa Cruz, la visita al Convento Santo Domingo el Antiguo, la iglesia de Santo Tomé y el Hospital Tavera. Comenzamos por el Hospital de Tavera, en el que destaca la maravillosa obra “La Sagrada Familia” . 

 

La Sagrada Familia. El Greco.
La Sagrada Familia. El Greco.

El miraba y remiraba. Nada extraño: un bebé tomando teta y su madre y familia embelesados mirándole. Comentábamos lo bella que es esta obra, la belleza de la cara de la Virgen y la naturalidad con la que el Greco refleja una escena de lactancia materna. ¡VÁMONOS, QUE YA LO HEMOS VISTO! 

Vampi comenzaba a impacientarse. Seguimos nuestra visita por el Monasterio de Santo Domingo de Silos (el antiguo), lugar donde está enterrado el Greco. Allí le explicamos lo que era la pila bautismal y para qué servía el agua bendita. Puso cara de poker y seguimos la visita. Esa iglesia estaba llena de imaginería religiosa (como es lógico). En la sacristía había dolorosas, niños Jesús del siglo XVII, Vírgenes adornadas con mantos para salir de procesión, tallas del siglo XIV del la Virgen con el niño. Una maravilla. Pero él estaba cada vez más serio y molesto. Cuando salimos de allí dice: “Yo he venido a ver al Greco, no tanta tontería de iglesias y muñecos. ¡No quiero ver más muñecos!” Nos entró la risa floja, y le explicamos que muchas de las obras del Greco eran religiosas y estaban en iglesias, pero que lo próximo que íbamos a ver no estaba en una iglesia. ¡Yo quiero ir al museo! seguía gritando. 

Nuestra siguiente parada fue el Centro Cultural San Marcos, con obras contemporáneas, algunas basadas en la obra del Greco. Vampi quedó fascinado con este cuadro

Javier Díaz Guardiola. La catedral de Toledo.
Javier Díaz Guardiola. La catedral de Toledo.

Iba hacia atrás y hacia delante comprobando la perspectiva y la impresión de profundidad que daba el suelo a rombos. También quedó impresionado por el vídeo que se proyectaba en una pantalla gigante en el que un grupo de personas en blanco y negro se movían formando patrones imprevisibles. No obstante, todavía no ha desarrollado la paciencia para contemplar una obra de arte, y quería irse enseguida. 

Nuestra penúltima parada fue la iglesia de Santo Tomé, en la que se encuentra “El entierro del conde Orgaz”. Vampi señaló al niño que aparece de frente, a la izquierda del cuadro.

¡Ese es el hijo del Greco!

– Uy, ¿y tú como lo sabes

Nos lo contaron los de tercero en el cole. 

Y efectivamente, el Greco retrató a su hijo en varias ocasiones, y esa fue una de ellas. Muy bien Vampi, muy bien, cole. 

Lo único que captó la atención de Vampi dentro de la iglesia fue una bella virgen negra, la Virgen de Guadalupe. Le expliqué el por qué de las velas frente a las vírgenes, santos y cristos y le dejé que encendiese una. 

– ¿Qué has pedido?

Ahhhh? Eso no se dice

Acabamos nuestro itinerario en la maravillosa exposición del Greco del Museo de Santa Cruz. La paciencia de Vampi estaba llegando a su fin. Había tenido cristos y vírgenes para rato. Miraba con seriedad los cristos crucificados, sin entender muy bien el por qué de ese empeño por representar la muerte de un hombre torturado y ensangrentado.

– ¿Cuál es el cuadro que más te ha gustado, hijo? 

El de la mujer del Greco.

Vaya, el de la Dama del Armiño, el único cuadro cuya autoría es dudosa. Tanto Greco para eso…

Dama del armiño. El Greco.
Dama del armiño. El Greco.

Este día Vampi aprendió muchas cosas. Su mente esponjosa absorbió gran cantidad de información, aunque todavía no sé como ha encajado toda la historia de Cristo, la Virgen y la Semana Santa. Me quedo con su cara de estupefacción cuando le explicamos lo que hacía una paloma en el cuadro de la Anunciación. 

La Anunciación. El Greco.
La Anunciación. El Greco.

 

FELIZ NAVIDAD

No sé como será la Navidad en los países en los que ahora es verano, pero de seguro que no hay tantas personas quejándose del malestar que les provocan estas fiestas.
Desde niña he amado la Navidad. Sobre todo por los regalos, para qué negarlo. Pero también por la tormenta de sentimientos que genera, ligada sin duda a la llegada del invierno. El solsticio de invierno es época de recapitulación y examen. El frío nos obliga a meternos en nuestra cueva oscura, en solitario, y hacemos repaso de las situaciones vividas.

EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

La noche del día 21 al 22 de diciembre vuelve a ocurrir: el solsticio de invierno, el día que la tierra está más alejada del sol. Se cierra de nuevo un ciclo para dar paso otra vez a la luz de un nuevo año. Nuestra tierra sigue girando y ofreciéndonos su cobijo. Es el Yule, la rueda. Es entonces cuando desciende el Espíritu de la Navidad. Desde hace algunos años me reúno con un grupo de amigas para celebrar este mágico momento y preparar el nuevo giro de nuestras vidas.
El ritual es sencillo, pero requiere de nuestra concentración, de nuestra fe y de un compromiso con nosotras mismas. Todos los años, a lo largo del día 21, escribimos una carta con nuestros deseos para el ciclo que comienza. Estos deseos deben estar centrados en nosotras (no vale pedir para otros). Se puede pedir cualquier cosa que se desee, pero el tiempo te va enseñando qué pedir y cómo pedirlo. Nuestro ritual empieza leyendo la carta del año anterior y dando las gracias por los deseos concedidos. Es impresionante a veces enfrentarnos a nuestros deseos del año anterior y comprobar cómo el destino ha confabulado para ofrecerte cosas que hace un año parecían imposibles. ¿El Espíritu de la Navidad? Puede ser… ¿El poder de la intención? Seguro. Por cierto, nuestra carta siempre acaba con la frase “que ninguno de estos deseos modifique mi Karma”.
Nos reunimos con nuestra carta ya escrita o la escribimos todas juntas, depende del tiempo que tengamos o de cómo se nos haya dado la semana. Algunas escriben folios y folios, otras una simple cuartilla. Pero ahí estamos, con la ilusión de estar juntas una vez más invocando a ese espíritu que nunca nos decepciona. Comenzamos quemando la carta antigua. CUIDADO, esta parte es la que siempre hace temblar a la anfitriona. Un cuenco de metal puede ser un buen recurso para evitar altercados. Elementos que siempre tienen que estar presentes: un vaso de agua, incienso puro en grano, una vela, normalmente blanca, y elementos de la naturaleza (pétalos de flor o alguna piedra de un color determinado que simboliza los sucesos que marcan al mundo en ese momento). También llevamos un cordel para atar la nueva carta y una caja para guardarla. 
Una vez quemada la carta antigua y escrita la nueva, esta última debe permanecer toda la noche bajo el vaso de agua y junto a la vela blanca encendida. A la mañana siguiente, juntaremos las cenizas de la carta vieja, las mezclaremos con el agua y con los restos de la vela y lo enteraremos todo bajo tierra, lo tiraremos a un río o bien, si no tenemos la suerte de tener estos recursos a nuestro alcance, lo tiraremos todo por el retrete y tiraremos de la cadena (es solo una vez al año, no me miréis así.)  Cogeremos la carta nueva y la guardaremos en la caja con los elementos de la naturaleza, atada con un cordel o doblada, hasta el próximo solsticio de invierno. 
A lo largo del año podemos leer la carta e ir comprobando que las cosas que hemos pedido se adaptan a los eventos que se van sucediendo en nuestra vida durante este nuevo ciclo. Yo no lo suelo hacer, prefiero leerla al final y llevarme la sorpresa maravillosa de que, de nuevo, el universo ha confabulado para hacer mis sueños realidad. 

KARMA

La primera vez que oí hablar del Karma creí que era una marca de ropa deportiva. Más adelante, cuando me enteré de la parte evolutiva del concepto, pensé que algo había avanzado en estos milenios para no ser una hormiga. Después, me enganché a la parte moralizante del concepto y lamenté haber sido tan perversa o perverso en mis vidas anteriores. Ahora, disfruto de todo lo aprendido y me maravillo de como la vida va poniendo la prueba exacta en el momento exacto.

No, no hay pruebas científicas de su existencia. Cuanto más complejos son los fenómenos, más difícil es someterlos a ese divertido juego humano llamado Ciencia. Tampoco es necesario, el observar la vida desde un punto de vista kármico es opcional, nadie te obliga a hacerlo y nunca va a existir una directiva europea al respecto que diga “Se recomienda a los estados miembros que insten a sus ciudadanos a adoptar una perspectiva kármica de la vida.” 
Para ser un verdadero aprendiz kármico hay que pasar por varias etapas. La primera es la dearrieritos somos y en el camino nos encontraremos.” En esta fase creemos que el concepto de reciprocidad kármica se aplica en el mismo lugar en el que se produce el daño. Así, podemos estar esperando durante años agazapadas esperando a poner la zancadilla a la persona odiada. Sin embargo, cuando llega la oportunidad, nos damos cuenta de que el evento ha perdido todo su atractivo. De alguna forma, el tiempo ha puesto las cosas en su lugar. Esa sería la segunda fase: aprendemos que el poder del Karma no reside en la oportunidad de venganza, sino en la justicia divina. Pero claro, hemos de tener en cuenta que no siempre nos enteraremos de si la justicia ha caído sobre la cabeza de esa persona a la que estamos deseando decir “Te lo dije.” Y por otra parte, cuando nos enteramos, quizás no nos produzca el regocijo esperado. Hay veces que sentimos compasión y solidaridad, metidos todos como estamos en una rueda kármica sin fin. 
En esa fase, que no sé si será la última, comprendemos que las cosas no están nítidamente clasificadas en buenas y malas. Es entonces cuando empezamos a comprender la importancia de poner atención y conciencia en cada paso que damos, a estar atentas a las señales que nos lanza la vida y a quedarnos en el momento presente. Recordar nos sirve para comprender el presente. No sabemos qué vendrá. Lo único importante es el aquí y el ahora.

CICLOS

Hace algunos años vino a VillaSpringfield una mujer hermosa. Venía cargada de telas de colores, objetos mágicos y sabiduría. Nos reunimos con ella en una casa que había sido preparada con amor para la ocasión y no me equivoco si digo que ese fin de semana, en el que un grupo de mujeres comimos, reímos, lloramos y dormimos juntas supuso un antes y un después en nuestras vidas.

Muchas de nosotras ya habíamos leído Luna Roja, de Miranda Gray, un libro que habla del ciclo menstrual femenino como un don que nos vincula a la naturaleza y nos hace fluir con ella, que nos otorga diferentes formas de relacionarnos con nuestro entorno dependiendo del momento en el que nos encontramos. La autora nos propone volver a ser conscientes de nuestra naturaleza cíclica y fluir con ella, adaptándonos a las necesidades de nuestro cuerpo-mente-espíritu en cada momento. Pero la lectura del libro no fue ni de lejos tan trascendente como el hecho de compartir con otras mujeres sentimientos, deseos, emociones, pensamientos que habían permanecido adormecidos durante décadas. 
En ese círculo de mujeres me sentí escuchada, escuché a otras mujeres, comprendí sus penas, comprendieron las mías, nos miramos por dentro sin juzgarnos. Toda experiencia femenina es un hito que se respeta, se escucha, se venera, enseña e instruye y después se deja ir, suavemente, para dejar paso a otro hito. Sentarse y quitarse la máscara para entablar una relación sincera con mujeres a las que, o bien conoces desde hace mucho tiempo, o bien acabas de conocer, hace que de repente surja toda esa energía que estaba contenida y empiecen a pasar cosas. Pueden ser cosas que tú misma construyes a partir de tus dotes creativas, o pueden ser acontecimientos largamente esperados, a los que por fin permites el paso. 
Es verdad que nuestras arraigadas creencias ilustradas nos mantienen ignorantes de secretos que tenemos en la palma de nuestra mano. Secretos a los que podemos llegar sin hacer grandes excavaciones, complicados experimentos o ecuaciones kilométricas. Solo basta sentarnos en un círculo con un grupo de mujeres, abrir nuestro corazón, arrojar lejos nuestras máscaras y dejar que fluya la sabiduría.