Consultorio

ESCUELAS INFANTILES 0-3 Y LACTANCIA

Ayer comentaba una mamá en el twitter que en la escuela infantil a la que acude su bebé de 7 meses han convocado  a las madres que dan el pecho a una reunión con la Psicóloga porque, según el centro, los niños de teta son “problemáticos”. Me imagino que en dicha escuela infantil están preocupados por una serie de ideas previas infundadas y poco fundamentadas en la experiencia o en la evidencia científica sobre cómo son los niños “de teta”. En todo caso, recordemos que la OMS recomienda la lactancia en exclusiva hasta los 6 meses, y con alimentación complementaria hasta los dos años, de modo que las escuelas infantiles tienen el deber moral de apoyar a las madres lactantes si es su deseo prolongar la lactancia en este periodo.

Por otra parte, no debemos confundir el apego con la sobreprotección. El vínculo de apego (concepto introducido por Bolwy en los años 50) se refiere a la estrecha relación que se establece entre el bebé y su cuidadora o cuidador principal. TODOS los bebés desarrollan vínculo de apego, da igual que se alimenten con leche materna o de fórmula, que sean criados por su madre, por su abuela o por su tía. Todos los bebés experimentan la llamada “Ansiedad de la separación” cuando su figura de apego les deja al cuidado de un adulto extraño para ellos. No hay ningún indicio de que los bebés de teta lloren más al separarse de sus madres que los demás bebés, o de que sean más “problemáticos” cuando acuden a una escuela infantil. Lo que sí es posible es que las madres lactantes tengamos más ansiedad al separarnos de nuestros bebés y demos más “la lata” preguntando e indagando sobre las prácticas del centro, pero eso es algo a lo que tenemos derecho: esa información no nos puede ser negada.

Una vez hemos aclarado esto, hemos de decir que las escuelas infantiles SI necesitan cierta formación sobre qué implica que los niños que llegan a sus instalaciones sean “niños de teta”. A partir de los 6 meses, los bebés que se alimentan de leche materna pueden empezar a introducir en su dieta alimentos de otro tipo. Creo que es sumamente importante que el centro tenga prácticas respetuosas de alimentación, y esto vale para todos los niños y niñas, tanto  los de “teta” como los de “fórmula”: obligar a comer a los niños no es la mejor forma de conseguir que su alimentación sea una actividad placentera y nutritiva. Damos por descontado que en las escuelas infantiles ofrecen alimentos adecuados a la edad de los pequeños y en la cantidad apropiada. Pero además, si la hora de la comida no se convierte en un infierno de llantos y cuidadoras intentando embutir la cuchara en la boquita del pequeño o la pequeña, mejor que mejor. Muchos niños y niñas de teta se resisten a comer otro tipo de comida incluso hasta el año. Ofrecerles comida es una práctica adecuada, pero obligarles a comer es una tortura innecesaria.

En cuanto a la hora del sueño, es importante que las cuidadoras del centro se informen de los hábitos de sueño de los bebés que tienen a su cargo y usen esta información para hacer más fácil la hora de la siesta. Como madres, tenemos derecho a exigir que no se deje a nuestros hijos e hijas llorando en un cuarto oscuro a horas puntuales del día. Si los niños lloran y no se duermen, no es problema de la madre o de la criatura, sea lactante o no. La política del centro debe estar clara a este respecto, ya que las familias, que somos las que pagamos, tenemos derecho a decidir cómo son atendidos nuestros hijos en estos centros. Los niños y las niñas “de teta” suelen dormirse mientras maman. En el centro no dispondrán de este elemento, por lo que probablemente necesitarán un tiempo para adaptarse a esta nueva circunstancia. Sin embargo, no creo que presenten mucha diferencia frente a los bebés de fórmula: dudo que los llantos que oía cuando iba a recoger a mi niño a su guardería fuesen solo de los de teta.

Como conclusión: no sé qué irá a decirles esta psicóloga al grupo de madres lactantes, pero yo os diría que no os dejéis amedrentar: estáis en vuestro derecho de amamantar, y vuestro hijo o hija tiene derecho a ser amamantado. El problema es del centro, no vuestro: si plantean problemas, pedidles que aporten soluciones, ya que vosotras estáis haciendo lo que tenéis que hacer.

CONSULTORIO SENTIMENTAL

Hoy he recibido en mi página un mensaje que dice así:

Querida Mother Killer o Killer Mother,  me gustaría me ayudarás con una duda: hoy a las puertas de las vacaciónes escolares,  que no son de tres meses pero si aproximadamente 2 meses y 19 días ¿Como coño hago para que me respete mi hijo de 4 años y su hermano mayor escorpio, a los cuales he criado y crió con apego y amor ( traducción ” hacer lo queráis conmigo” que si eso ya me sacrifico yo”) gracias tronka!!

Respuesta: 
Querida amiga: 
Para que nos respeten, lo primero que hay que hacer es respetarse una misma. O al menos, si nos respetamos nosotras, nos dará igual que no nos respeten los que tenemos a nuestro alrededor. Poco a poco se irán dando cuenta que sus fechorías no calan hondo en nuestros huesos y no nos minan la voluntad. 
He leído en algunos sitios que si los niños te pegan, hay que darles un abrazo y mucho cariño. A mí personalmente eso me parece una soberana tontería. Si a una persona a la que pegas, te da un abrazo y un beso, al principio te desconcertará, pues no es la conducta habitual: si tú pegas a alguien, lo más normal es que te la devuelvan. Pero si te sigue pegando y sigues haciendo lo mismo, lo que vas a conseguir es que te pegue más fuerte, para que se quite de encima esa pesada que, encima de que estoy cabreado y la estoy intentando hacer daño, se me pega como una lapa. 
Además, si tu hijo o hija te pega y tú te pones amorosa, aprenderá que para conseguir cariño da lo mismo que pegues a alguien o que le llames amor mío. Eso, ya sabes, le producirá grandes traumas en su vida cotidiana, y tú acabarás con yernos o nueras sadomasoquistas en tu haber. 
Así que, cuando tu hijo  te pegue, no reacciones de forma desmedida, no le sueltes una hostia (bien dá), no le zarandees ni le tires a la piscina, pero tampoco des saltos de alegría. Enfádate y huye despavorida, déjale ahí solo, donde esté, y que te eche de menos. Si estás en unos grandes almacenes, espera a que los guardias de seguridad le encuentren, llorando y moqueando, y le lleven a megafonía. Cuando escuches tu nombre (sabe cómo te llamas ¿verdad? Se lo habrás enseñado… ¿no?… vaya madre), remolonea un poco entre los estantes del perfume y el maquillaje: seguro que encuentras algo que te guste. Pasado un rato, ves a por él (no esperes a que le lleven al centro de acogida, tampoco es para tanto), y cuando le veas dale un beso y un abrazo. Ahora sí que lo necesita. 
Eso es criar con amor y con apego: dar a nuestras hijas e hijos lo que necesitan en cada momento, sin excusas, sin melindres, a pecho descubierto. Nunca dejes de respetarte, querida. Si no te quieres tú misma ¿quién te va a querer?