Cine

Rita y las listillas

Tomado de Pixabay

El otro día, mientras hacía la comida, me puse el primer capítulo de Rita, una serie Danesa que tiene como protagonista a una maestra. Esperando encontrar una visión diferente sobre la educación, lo que me encontré fue un primer capítulo que arremetía contra una niña con altas capacidades (AA.CC.). La niña en cuestión era dibujada como una repelente que necesitaba acaparar la atención de la profesora y que despreciaba a sus compañeros y compañeras por no ser tan buenos estudiantes como ella.

Los padres llaman al director, porque la niña se queja de que su profesora, Rita, no le hace caso. La profesora le dice a los padres que la niña es precoz y maleducada, y que si es madura lo tiene que ser en todo y comportarse de manera madura en cualquier circunstancia. Después, saca a relucir otro tópico: que la niña no tiene amigos, y propone a los padres que se preocupen más por eso que por la formación de su hija.

Ese tipo de versiones sobre los niños y niñas que tienen capacidades diferentes ayuda muy poco a solucionar las dificultades que afrontan en un entorno educativo en el que no encajan. La escuela está hecha para un tipo medio de estudiante que progresa adecuadamente, sin destacar y sin rezagarse. Pero en cuanto un niño o niña se sale de la vereda, se convierte en un problema. Aunque la normativa es más que clara al respecto, y los niños y niñas de los que se sospecha que tienen AA.CC. deben ser valorados y disfrutar de una adaptación curricular adecuada a su ritmo de aprendizaje, las familias que se enfrentan a esta circunstancia saben lo difícil que es conseguir esto.

Existen bastantes prejuicios sobre este tema que se convierten en importantes obstáculos para conseguir una adaptación curricular en un caso de AA.CC. En primer lugar, existe la idea de que todas las familias creen que sus hijos/as son los más listos/as. La primera vez que acuden al colegio por este motivo, encuentran las medias sonrisas y las burlas veladas de las/os maestras/os, insinuando que están sobrevalorando las capacidades de su hija/o. Para conseguir una valoración, la mayoría de las familias tienen que acudir a un centro privado, ya que los servicios de orientación de los centros públicos rara vez acceden a llevar ésta a cabo.

Por otra parte, otra creencia errónea es que una persona con AA.CC. tiene que ser muy buena en cualquier actividad, de modo que ha habido casos en los que se ha negado una valoración si no existe un rendimiento superior en alguna de las materias, Educación Física, por ejemplo.

Los niños y niñas no lo pasan bien en el colegio. Si son sufridores/as, pueden pasar su etapa escolar aburriéndose como ostras en una clase que no les resulta para nada estimulante, con la sensación de estar perdiendo el tiempo y con un sentimiento de fracaso, al no ser capaces de disfrutar con nada de lo que hacen. En el peor de los casos, estas niñas y niños desarrollan problemas de conducta y emocionales que pueden constituirse en un serio problema en la adolescencia.

Por tanto, visiones como la que ofrece la serie Rita no ayudan nada a la integración de estos niños y estas niñas. Estas personas tienen derecho a una educación adaptada a sus necesidades que de respuesta a sus inquietudes, intereses y ganas de aprender. Rita tiene que prestar tanta atención a su estudiante con AA.CC. como a los demás estudiantes, y desarrollar estrategias que hagan que todos ellos aprendan sin que nadie se quede aislado, mirando,  en un rincón.

#VDLN 106: Icona Pop/I Love It (Malas Madres)


Pues sí, he ido a verla. Y no ha decepcionado: es tan mala como me esperaba. Sobre un discurso que apoyaría hasta la muerte, que las mujeres somos capaces de sobreponernos a todos los baches y contratiempos que se ponen en nuestro camino y que hemos de querernos, amarnos, cuidarnos y seguir disfrutando de la vida (¿a pesar de ser madres?), está ese posillo machirulo insoportable. Ese planteamiento que nos dice: llegar a ser presidenta del AMPA del cole es lo máximo a lo que podéis aspirar. 

La canción de Icona Pop acompaña uno de los momentos cumbre de la película, el desmadre de las tres simpáticas protagonistas en el supermercado. Tres mujeres perfectas y que no tienen ningún problema para ponerse tibias a whisky con hielo en el pub del barrio y asaltar el ultramarinos bebiendo ginebra a morro. Los hijos en casa seguramente solos, ya que una es madre soltera, la otra acaba de echar a su marido de casa y el de la tercera es un padre ausente. 

I got this feeling on the summer day when you were gone

I crashed my car into the bridge, I watched, I let it burn

I threw your shit into a bag and pushed it down the stairs

I crashed my car into the bridge

El mensaje es… ¿claro? No tienes por qué ser una madre perfecta. Bebe y desmádrate con tus amigas siempre que quieras, ves conduciendo como una loca cantando y bailando en el coche cuando llevas a tus hijos al colegio, búscate un tío buenorro que te cuide como a una reina y ponle las cosas claras a tu jefe. A poder ser, que el tío buenorro sea viudo y lleve a los niños al mismo cole que tú: eso facilitará mucho las cosas. 

En fin. Lo de siempre: al final todo sigue siendo igual. Todo esto está muy bien si lo que estamos proponiendo es una sociedad de amazonas en las que los hombres solo hacen de sementales. O una situación de fantasía en la que, de la noche a la mañana, los padres empiezan a ocuparse de sus hijos porque de repente les has gritado por el móvil que lo hagan. 

Lo que apoyo con entusiasmo es la desaparición de las AMPAS tal y cómo las conocemos. Y de las presidentas del AMPA que se convierten en policías de la bondad materna. Ser del AMPA está sobrevalorado. El curso pasado hice una maldad: no me apunté al AMPA del cole por primera vez en 13 años que llevamos ahí. ¿Y sabéis qué pasó? Nada. No noté ninguna diferencia. Así de simple. 

Culpa materna

imageAhora que está de moda hablar de las emociones, me gustaría abordar el tema de la culpabilidad materna. Pixar nos ha dejado claro para qué sirve la tristeza y por qué es una emoción que no hay que evitar sino acoger y gestionar de manera adecuada. Pero ¿para qué nos sirve a las madres sentirnos culpables y cuál es el origen de esta culpabilidad? 

Para responder esta pregunta, podemos acudir a otra película, esta vez de TriStar Pictures. Ricky, protagonizada por Meryl Streep, nos cuenta la historia de una mujer que deja a su familia para convertirse en estrella del Rock. Comienza la película con Ricky tocando en un antro de mala muerte, ya mayor, con una banda de viejas glorias tocando para un público anciano. Para sobrevivir, trabaja de cajera en un supermercado. Suena el móvil. Es su ex-marido que le pide que vaya. Su hija se ha intentado suicidar porque su marido le ha dejado por otra. Ricky viaja en avión para reencontrarse con su antigua familia que vive en una mansión increible. Dos hijos y una hija ya en la treintena. El padre se casó hace tiempo con Maureen, una mujer que asumió las tareas de madre y ama de casa de manera perfecta. image

A partir de aquí, la película trabaja a fondo los sentimientos de culpa de Ricky por haber abandonado a su familia, lo que sus hijos e hija se ocupan de reprochar infinitas veces. Todo ello a pesar de que le recuerdan, también hasta el infinito, que Maureen ha sido la madre perfecta para ellos.  No voy a meter más spoilers de la película, porque a estas alturas intuyo que estaréis deseando verla (guiño-guiño), pero os puedo decir que pasé la película con un nudo en la garganta.

Lo que parecen querer transmitir los autores del film es que, pase lo que pase, haga lo que haga, la madre biológica tiene el poder de destrozar la vida de sus hijos si no es un ama de casa y esposa ejemplar. Y eso hará que la odien. Pero ella les querrá por siempre, porque son sus hijos y no hay forma de deshacerse de eso. Y fin. Les regala una canción y todos contentos. Y tú pensando “qué horror, toda su vida a la basura por querer cumplir sus sueños absurdos, ser estrella de rock en vez de conseguir hacer el mejor café y las mejores tostadas del mundo (y que te lo digan)”.

¡¡Oh Wait!! ¿Que una madre no puede ser estrella de rock sin abandonar a su familia? La verdad es que, si hacemos un repaso a la filmografía americana, tenemos algunos ejemplos de que no. La mamá de Candace, Phineas y madrastra de Ferb, por ejemplo, tuvo una incipiente carrera e incluso grabó un disco. Pero lo dejó todo por su bonita familia.

Y luego está la propia Meryl Streep en Mamma Mia, una trouper que se queda embarazada y deja la música para cuidar a su hija. Pero mi preferida, aunque no tenga dotes musicales, es la abuela de Bart Simpson, Mona, activista hippie que abandonó a Hommer y a su padre para vivir el flower power, dejando a Homer un precioso mural psicodélico en el que le recordaba ser un espíritu libre.

En fin, que la película pone las cosas en su lugar. Si quieres ser madre, no esperes nada más de la vida. Especialízate, hazte una profesional de tus labores, una experta del cuidado, y conquistarás tu reino. Por el contrario, serás una fracasada que lo único que habrás conseguido será el odio de tus hijos.

El caso es que al final sales con un sentimiento de culpabilidad que no sabes muy bien de dónde sale. Porque, aunque no hayas abandonado a tus hijos e hija y te hayas ocupado puntualmente de comprarles el material para el colegio, hayas acudido a sus actuaciones, les hayas consolado cuando se cayeron al suelo y hayas escuchado sus confidencias adolescentes, resulta que nunca has sabido cocinar, que siempre has llevado fatal no poder dormir las horas suficientes y no has sido paciente cuando te despertaban a las 5 de la mañana. Que no has pasado mínimo 2 horas al día leyéndoles cuentos y empujando el columpio en el parque. En fin, que no has sido ni de lejos la madre perfecta que todo niño y niña desea, porque lo ve en las películas.

Me pregunto si estas graves máculas en el currículum de madre les causará un trauma irreversible. Pero a mi desde luego me dejan agotada. Estas culpas impuestas y autoimpuestas que las mamás llevamos encima como si nos las cosieran a la chepa nada más parir son insufribles. Si supiera hacer películas, haría la peli anticulpa. Una película que nos quitase transcendencia a las madres y se lo diese a todo lo demás. Que hablase de libertad, resiliencia y responsabilidad.

INSIDE-OUT NO ME REPRESENTA

  
Me encanta que disney-Pixar haga películas de animación cada vez más curradas, coloristas y emocionalmente desafiantes. Y me gusta verlas y desmontarlas después poco a poco, desgranarlas y desmembrarlas. Cualquier artista desea tener un lector o una lectora que desentrañe su obra y descubra en su interior los tesoros escondidos que depositó en ella. Sin embargo, no estoy segura de que Disney lo desee y por eso se dirige al público más vulnerable, al que se entusiasma con sus entrañables personajes. 

Mi familia reconstituida, una familia que ni por asomo Disney incluirá en su repertorio de arquetipos, ha hecho que vea la película 2 veces: la primera para disfrutarla, la segunda para deconstruirla. Y es que si te gusta el cine y eres madre, pasarás muchos años consumiendo películas infantiles y tendrás la oportunidad de pensar lo que les están vendiendo a tus hijas e hijos.  Y la verdad es que, lo que “del revés” (pésima traducción del título en inglés) quiere venderles, no me gusta. 

El mensaje oficial es que la tristeza tiene su utilidad, lo pillas a la primera y gusta porque te permite desmentir de un plumazo el acoso de los partidarios del positivismo a toda costa. Pero detrás de este mensaje oficial hay otros muchos, que se van desentrañando a medida que piensas en las cosas que la película te plantea como dogmas inamovibles. 

No voy a hablar de los aspectos de género, elementos que ya se han debatido en otros sitios y con los que estoy de acuerdo. Pero he de decir que la madre de Riley, sensata, cuidadora, sin trabajo y con la tristeza como jefa de las emociones, no me representa. ¿Os imagináis estar toda la vida guardando el recuerdo del tío bueno y erudito para salir adelante en una realidad en la que vuestra pareja os parece mediocre? Quizás ese sea el secreto para mantener una impecable familia nuclear que hace que la personalidad de Riley tenga una flamante isla de la familia. Es verdad que la isla de la familia se podría constituir de otras muchas formas, pero Inside-Out ha decidido que sea la tradicional familia nuclear la que presida esta metáfora. Seguro que no soy la única persona con familia no tradicional que se ha preocupado por el efecto de esta reificación en sus hijos e hijas. Yo me he visto impulsada a decirles que ellos tienen un pedazo de isla de la familia como la copa de un pino, con muchas personas adultas ocupándose por su felicidad y su bienestar. Y se sintieron reconfortados con la aclaración, se lo noté en la cara. 

Las películas de Disney está diseñadas desde un supuesto de normalidad. Y los espectadores se ven impulsado a juzgarse de acuerdo a este canon. En este sentido, el concepto de mente que propone la película no es en absoluto inocente. Tampoco coincide con los avances científicos sobre el funcionamiento de la memoria, las emociones y el pensamiento. Por eso me parece sorprendente escuchar a la gente decir “todo lo que ha aprendido sobre la mente” viendo la película. No es este el lugar para hacer un análisis minucioso sobre el modelo de memoria que plantea, en qué momento de la historia de la Psicología quedó descartado ese modelo y cuál es el modelo que se promulga actualmente. Pero sí me gustaría señalar dos consecuencias que se desprenden de la forma que tiene Inside-Out de dibujar la mente humana. 

En primer lugar, el modelo que plantea la película es radicalmente realista. La memoria refleja lo que realmente ha pasado, de forma fidedigna, y solamente matizado por la emoción que tiñe el recuerdo. Este modelo se contrapone a los modelos reconstructivos de la memoria, en los que la mente no guarda el conocimiento sino que lo reconstruye a partir de indicios y de memorias compartidas con nuestros congéneres. En los trabajos sobre memoria de testigos es evidente que esta capacidad humana no funciona como un espejo, y que el ser humano no aprehende la realidad sino interpretándola y haciéndola suya. Varias personas que sean testigos de un mismo hecho pueden rememorarlo de maneras muy diferentes dependiendo de distintas variables personales y situacionales. Por tanto, la verdad absoluta no está ahí fuera para ser reflejada. Pero ya se sabe: el relativismo es uno de los mayores enemigos del pensamiento único. 

En sengundo lugar ¿os imagináis una mente únicamente dirigida por las emociones? El hecho de que una niña decida escaparse porque ha sufrido una mudanza, un cambio de contexto, un trauma en el que no ha sido acompañada debidamente, una pérdida de un círculo de iguales bien establecido, un conjunto de situaciones que afianzaban su personalidad y le daban seguridad y autoestiva, se explica porque alegría y tristeza se han caído de la torre de mando. Vaya. Es una explicacion descontextualizada, individualista, que no nos permite buscar soluciones externas a nuestros problemas y nos impele a culpar al desequilibrio emocional de nuestros actos impulsivos y aparentemente disfuncionales. Así que, si alguien hace algo fuera de lugar, lo más probable es que sufra un trastorno, esté loco, necesite tratamiento, etcétera etcétera. Es una manera estupenda de mantener controlada a la población: establecer el locus de control de los problemas siempre dentro de uno mismo y que la gente no se plantee que quizás lo que haya que cambiar sea el sistema. 

Para los que piensen que esto es “rizar el rizo”, les deseo que sigan disfrutando de las películas infantiles tanto como lo hago yo. Para los que prefieran ir un poquito más allá, solo decir que este es un análisis precipitado y que la película invita a otras muchas interpretaciones que me encantará leer en los comentarios y en otros post.