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Hablemos de segregación


Como vivo en un lugar recóndito de la Mancha, no me había enterado de que a las familias que queremos que nuestros hijos y que nuestras hijas aprendan inglés se nos acusa de segregacionistas, por el simple hecho de hacer uso de algo que el sistema pone a nuestra disposición: colegios públicos en los que se trabajan varias asignaturas en esa segunda lengua y en los que se da una séptima hora de inglés. Desde la capital del reino, llegan mensajes de que el sistema bilingüe que implantó el PP está siendo un fracaso porque carece de los medios necesarios, los niños y las niñas no aprenden ni contenidos ni idioma y los más vulnerables son los más perjudicados. 

Escucho también que los niños y niñas que, después de haber ido a un cole bilingüe, van a un IES de secciones, son altaneras/os, clasistas y miran por encima del hombro a sus compañeras/os monolingües. Vamos, que la introducción del bilingüismo está siendo un elemento segregador en el que los pobres docentes no tienen absolutamente nada que ver. 

La segregación forma parte de nuestras vidas. Recuerdo a ese niño al que nunca dejaban ir a las excursiones del colegio porque las maestras no se querían hacer cargo de él. O ese al que ponían al fondo de la clase con tareas diferentes al resto de la clase. O esos niños y niñas a las que se hace repetir una y otra vez curso, hasta que se dan cuenta de que tienen una dificultad de aprendizaje y hay que hacer una adaptación para que aprendan. O las niñas que son leídas como niños y viceversa, que son acosados de mil formas y maneras y a los que se les niega la entrada al centro si no van vestides conforme a la ley de la buena gente. O esa niña a la que obligan a quitarse el velo. O ese niño al que llaman penoso, vago y desgraciado porque no sabe hacer las tareas. O a los chavales y las chavalas de humanidades, pobres, que no valían para ciencias. Sí. La segregación forma parte de nuestras vidas. 

Lo que está claro es que el saber se traduce en poder, y las personas que son capaces de comunicarse en lenguas dominantes tienen más poder que quienes no lo son. Pero el mundo es así, no lo he inventado yo. Otra cosa es cómo uses tu poder, pero la diferencia está establecida en estructuras muy superiores. Los saberes crean poder. En otros países, todas las personas tienen acceso relativamente igualitario al aprendizaje de una segunda lengua. Pero en España seguimos siendo unos borricos que doblan las películas, nos reímos de la gente que pronuncia bien los anglicismos y despreciamos el conocimiento de un idioma extranjero. Y además, si queremos que nuestros hijos y nuestras hijas lo aprendan, somos unos segregadores. 

Lo que eliminaría ese segregacionismo que producen los sistemas bilingües sería que todas las personas tuviésemos las mismas oportunidades para acceder al aprendizaje de una L2, no que las familias dejásemos de desear que nuestras hijas y nuestros hijos aprendiesen inglés. Dejemos de marear la perdiz y de acusar a las familias y, si realmente somos tan luchadores y queremos tanto la igualdad, luchemos por un sistema que fomente el aprendizaje de una L2 igual que el aprendizaje de las Matemáticas o de las Ciencias Sociales. Que ese aprendizaje no dependa de que tengamos pasta para viajar y mandar a nuestros hijos e hijas de intercambio, o de que tengamos unos amigos en UK, o de que tengamos la posibilidad de llevar a nuestra prole a colegios bilingües carísimos y super pijos. 

En las condiciones actuales, nos queda la educación en valores. No imagino a mis hijos ni a mi hija mirando por encima del hombro a sus compañeros y compañeras por saber más inglés. No formarían parte de mi familia si lo hiciesen. Las personas que lo hacen son gente estúpida y engreída que actúa así en todas las facetas de su vida. Siento mucho que os hayáis encontrado con gente. Yo sí me he encontrado con ese tipo de gente en mis años de lucha por aprender un inglés que no me enseñaron en el colegio y que tuve que aprender en la universidad a la fuerza. Y esas humillaciones y desprecios fueron los que me llevaron a tomar la decisión de que mis hijos no pasarían por lo mismo que había pasado yo. Llamadme segregadora si queréis. 

Las críticas fachiprogres al bilingüismo

Ya he escrito alguna que otra entrada sobre bilingüismo. Creo que los gobiernos del PP han implantado la enseñanza bilingüe de forma chapucera causando estragos en los colegios públicos. Se obliga a los maestros y maestras a tener un B2, y con ese aprendizaje precario de una segunda lengua se convierten en docentes bilingües, sin tener mucha formación sobre lo que es el bilingüismo, cómo se debe introducir y cómo trabajar la enseñanza bilingüe con niños y niñas con diversas competencias e identidades culturales. Los colegios están haciendo esfuerzos ingentes, pero hay muchas quejas y muchos problemas. 

Lo que no me parece adecuado es que todas estas quejas y todos estos problemas se achaquen al propio hecho de introducir una enseñanza bilingüe en un colegio. No, mira: el problema no es el bilingüismo. Hay muchos niños y niñas en nuestro país y en otros países que tienen una enseñanza bilingüe en el colegio y les va bien. Pero claro, son coles privados, llenos de niños y niñas de “buenas familias”, o coles públicos con buenos sistemas de implantación del bilingüismo, como el del British Council (antes de que llegara el señor Paco con las rebajas). 

Pero lo que ya me toca mucho la moral es la crítica fachiprogre de moda: que el bilingüismo segrega, porque hay niños y niñas que no aprenden Naturales y Sociales en inglés. ¿Perdona? Este problema no se puede plantear en un sistema realmente bilingüe, en el que se trabaja con la inmersión desde los 3 años (o los 6 años, si el niño o niña empieza a ir al cole en primaria). Si en un sistema bilingüe, a un niño le cuesta aprender, lo adecuado es ofrecer apoyos que faciliten la inclusión. Hay miles, qué digo, millones de niños que aprenden en inglés, y los problemas de aprendizaje se trabajan desde las medidas de apoyo planteadas por el sistema educativo. 

Que no, que el bilingüismo no segrega. Lo que segrega es el sistema chapucero mediante el cuál se ha implantado el bilingüismo, obligando a las familias a matricular a sus hijas e hijos en academias de ingles por las tardes. Vaya despropósito. Un buen sistema bilingüe no necesita de academias. Lo que sí es segregador es argumentar que el bilingüismo segregra, instando a las familias que quieren que sus hijos e hijas tengan una buena formación en una segunda lengua a que les lleven a colegios privados de ricos, que son los únicos aptos, por lo visto, para acoger programas bilingües. 

Tenemos derecho a que nuestras hijas e hijos aprendan una L2 en la escuela pública. Tenemos derecho a un buen sistema bilingüe. También a una escuela inclusiva con unas ratios adecuadas, sí. Pero no me vengan con el rollo de que el bilingüismo segrega, y que qué egoistas somos las familias por pedir que haya bilingüismo en la escuela pública. Es el argumento más facha y clasista que he escuchado en la vida. Nada, que como los sistemas bilingües son para ricos, que nos olvidemos de ellos, que la escuela pública es diversa y ahí se aprende en español, como diosito manda. 

Los padres cuarteleros: Una tendencia en alza

Tomada de Pixabay

Los expertos lo han detectado con su radar “encuentra fenómenos”. Son los padres cuarteleros. Tratan a sus hijos a golpe de silbato, les educan en un ambiente absolutamente dictatorial y nunca les ayudan a levantarse cuando se caen. Esta forma de educación, que se puso de moda tras la adopción de las tesis de ese concepto pseudocientífico llamado “hiperparentalidad”, está acabando con la autonomía y la autoestima de niños y jóvenes, que tienen sistemas nerviosos débiles y son incapaces de enfrentarse a los retos más sencillos de la vida, como tomar decisiones por sí mismos, hacer amigos, abordar los conflictos con serenidad o mantener conversaciones distendidas. 

Los padres cuarteleros hacen oídos sordos a las quejas de sus hijos. No importa que lleguen llorando a casa del colegio con un ojo morado. Les dicen que se defiendan, que devuelvan el puñetazo y que no lloren como nenazas. Si su hijo es una hija, les dicen que algo habrán hecho, que sean tranquilitas y jueguen a la goma en el patio, así no se meterán en líos. Es así como los casos de acoso en el colegio han aumentado de forma alarmante: sin un control por parte de las familias, que son las encargadas del bienestar de los menores, no hay nadie que ponga freno a la escalada de violencia en los colegios e institutos. 

Además, este tipo de padres no atienden a sus hijos cuando sufren accidentes o tienen dolores. Son de la idea de que, cuando un niño se cae al suelo, hay que dejar que se levante solo para forjar su fortaleza y valentía. De este modo, están llegando a los hospitales niños con fracturas antiguas mal soldadas que no fueron atendidas debidamente en su momento. Además, los niños crecen con la idea de que no hay que ayudar al otro cuando tropieza y estamos asistiendo al surgimiento de una generación de adolescentes insensibles ante los infortunios de sus semejantes, que pasan sin mirar a las viejecitas que encuentran tiradas en el suelo y que no ceden el asiento en el metro a las embarazadas. 

Marilita Jiménez, experta en ingeniería genética en la Universidad de Gayamil, afirma que estos padres crían a sus hijos como si fuesen infantes de la marina. Las maneras espartanas en la educación están dando lugar a gran cantidad de casos de estrés postraumático en niños y adolescentes, que llegan gritando “SEÑOR, SÍ SEÑOR” a las consultas de psiquiatría. “Como sigamos así, en unos años vamos a tener zombis en vez de personas paseando por las calles” afirma la experta. 

Quedaron atrás los tiempos en los que se daba crédito a las teorías que afirmaban que una crianza respetuosa y con amor generaba individuos respetuosos consigo mismo y con sus semejantes. En la actualidad, parece que estamos educando a soldados que van a ir a la guerra a combatir por su patria, más que a ciudadanos conscientes y resilientes, preocupados por contribuir al bien común. Y es que necesitamos personas que se construyan sobre una base sólida de apoyo, respeto y amor por parte de sus progenitores, y no de individuos obedientes sin autoestima que no sepan relacionarse con los demás porque nunca les han cuidado. 

Rita y las listillas

Tomado de Pixabay

El otro día, mientras hacía la comida, me puse el primer capítulo de Rita, una serie Danesa que tiene como protagonista a una maestra. Esperando encontrar una visión diferente sobre la educación, lo que me encontré fue un primer capítulo que arremetía contra una niña con altas capacidades (AA.CC.). La niña en cuestión era dibujada como una repelente que necesitaba acaparar la atención de la profesora y que despreciaba a sus compañeros y compañeras por no ser tan buenos estudiantes como ella.

Los padres llaman al director, porque la niña se queja de que su profesora, Rita, no le hace caso. La profesora le dice a los padres que la niña es precoz y maleducada, y que si es madura lo tiene que ser en todo y comportarse de manera madura en cualquier circunstancia. Después, saca a relucir otro tópico: que la niña no tiene amigos, y propone a los padres que se preocupen más por eso que por la formación de su hija.

Ese tipo de versiones sobre los niños y niñas que tienen capacidades diferentes ayuda muy poco a solucionar las dificultades que afrontan en un entorno educativo en el que no encajan. La escuela está hecha para un tipo medio de estudiante que progresa adecuadamente, sin destacar y sin rezagarse. Pero en cuanto un niño o niña se sale de la vereda, se convierte en un problema. Aunque la normativa es más que clara al respecto, y los niños y niñas de los que se sospecha que tienen AA.CC. deben ser valorados y disfrutar de una adaptación curricular adecuada a su ritmo de aprendizaje, las familias que se enfrentan a esta circunstancia saben lo difícil que es conseguir esto.

Existen bastantes prejuicios sobre este tema que se convierten en importantes obstáculos para conseguir una adaptación curricular en un caso de AA.CC. En primer lugar, existe la idea de que todas las familias creen que sus hijos/as son los más listos/as. La primera vez que acuden al colegio por este motivo, encuentran las medias sonrisas y las burlas veladas de las/os maestras/os, insinuando que están sobrevalorando las capacidades de su hija/o. Para conseguir una valoración, la mayoría de las familias tienen que acudir a un centro privado, ya que los servicios de orientación de los centros públicos rara vez acceden a llevar ésta a cabo.

Por otra parte, otra creencia errónea es que una persona con AA.CC. tiene que ser muy buena en cualquier actividad, de modo que ha habido casos en los que se ha negado una valoración si no existe un rendimiento superior en alguna de las materias, Educación Física, por ejemplo.

Los niños y niñas no lo pasan bien en el colegio. Si son sufridores/as, pueden pasar su etapa escolar aburriéndose como ostras en una clase que no les resulta para nada estimulante, con la sensación de estar perdiendo el tiempo y con un sentimiento de fracaso, al no ser capaces de disfrutar con nada de lo que hacen. En el peor de los casos, estas niñas y niños desarrollan problemas de conducta y emocionales que pueden constituirse en un serio problema en la adolescencia.

Por tanto, visiones como la que ofrece la serie Rita no ayudan nada a la integración de estos niños y estas niñas. Estas personas tienen derecho a una educación adaptada a sus necesidades que de respuesta a sus inquietudes, intereses y ganas de aprender. Rita tiene que prestar tanta atención a su estudiante con AA.CC. como a los demás estudiantes, y desarrollar estrategias que hagan que todos ellos aprendan sin que nadie se quede aislado, mirando,  en un rincón.

“Eso no es científico”: Las creencias populares sobre la construcción del conocimiento 

La cultura popular está desarrollando mecanismos súmamente perniciosos de control. Poco podemos decir fuera de los límites de lo revestido por la autoridad suprema: la ciencia. La ciencia entendida, por supuesto, como un proceso de búsqueda de la verdad, nunca como un proceso de construcción del conocimiento a partir de métodos sentenciados como científicos. 

Porque la ciencia no es nada más y nada menos que eso: construir conocimiento usando procedimientos determinados. Se parte de una hipótesis y trata de averiguarse si es falsa a partir de un experimento. Los experimentos consisten en diseñar situaciones controladas que simulen lo mejor posible las condiciones naturales en las que se produce un fenómeno y hacer mediciones de ciertas variables en estas circunstancias, para contrastar la hipótesis formulada. Si la hipótesis se confirma, esto nunca quiere decir que esta sea la verdad, ya que lo único que podemos comprobar a ciencia cierta (valga la redundancia) es que la hipótesis es falsa. Solo en este caso podemos estar seguras de que eso no es lo que estamos buscando. 

Popper siempre me ha producido un gran desasosiego. Saber que lo único que podemos tener por cierto es lo que es falso y que la experiencia solo nos puede llevar a corroborar, pero nunca a verificar, me dejó a las puertas del relativismo. Sin embargo, la dureza de la ciencia persistió en mi cabeza hasta que empecé a viajar a lugares recónditos del microanálisis. Las hipótesis que siempre rondan nuestra cabeza son las que explican un todo universal e inmanente. La física y la química son las ciencias duras por antonomasia. Estudiar el mundo no orgánico se nos antoja totalmente accesible y explorable en profundidad, sin necesidad de protocolos de ética científica que se ponen en el camino de las científica de lo orgánico (excepto si formas parte del equipo del Dr. Menguele et al). Sin embargo, ¿tenemos claro cómo se realizan las investigaciones en estas ciencias durísimas y exactísimas?  Son muy interesantes a este respecto los trabajos de etnografía de la ciencia, que observan de cerca el trabajo de las científicas y de los científicos en los laboratorios. 

Las ciencias de la vida y las ciencias humanas y sociales trataron de adoptar el método hipotético-deductivo (llamado científico) en el desarrollo de su conocimiento. Esto implica, intevitablemente pero de manera tácita, construir un modelo de ser humano-máquina, que es estudiable ignorando su historia de significados y su entorno social, en el que funciona como una pequeña célula de un organismo complejo. Esto no quiere decir, desde mi punto de vista al menos, que el estudio del ser humano como individuo sea inadecuado o inutil, ni que no existan métodos adecuados para estudiar los procesos y prácticas humanas. Los métodos cualitativos de investigación son poderosas herramientas para adentrarnos en el mundo social, lingüístico y cultural de los entornos de interacción humana, pero son poco populares y denostados por los legos como no científicos, inexactos o poco creíbles

El quid de la cuestión es cuál es el objetivo cuando investigamos los procesos humanos. ¿Es encontrar una verdad inmanente sobre lo que somos, cómo actuamos, cómo nos desarrollamos, cómo vivimos, cómo interactuamos? Entonces, quizás, el objetivo está reflejando una idea del ser humano más que una realidad universal. Uno de los dilemas principales en el estudio de los procesos de pensamiento del ser humano han sido las diferencias culturales en las formas de razonar sobre el mundo. De este modo, el hecho de que un investigador occidental investigue la mente humana determina decisivamente lo que busca y lo que encuentra. Por eso, algunas ramas de la Psicología proponen métodos inductivos en vez de hipotético-deductivos para estudiar el funcionamiento de la mente en su contexto, aunque ni siquiera esto nos libra de la mente del que investiga. 

Por otra parte, pareciera que el único conocimiento válido fuese el universal y el que revela lo genético y natural. En este sentido, estoy encontrando últimamente un rechazo absurdo al estudio científico de las prácticas educativas y su optimización, que son prácticas culturales e históricas. La gente que no ha tenido contacto con una investigación educativa en su vida, desprecia como no científico y poco creíble el extenso campo de estudio que existe sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje. Desde mi punto de vista, y volviendo al principio de esta entrada, el concepto de ciencia dura está haciendo mucho daño al progreso social que podría aportar la investigación en humanidades y ciencias sociales. Los legos tienen su folk-psychology bien asentada en sus neuronas y no van más allá. Mientras, en otros sitios, se reflexiona sobre la práctica educativa, se ponen a prueba distintos métodos de enseñanza, se hace microanálisis de la interacción en el aula, se reflexiona sobre el discurso educativo, etcétera etcétera. 

El reto es convertir los resultados de todas estas reflexiones y estudios, denostados por no producirse en un laboratorio, en conocimiento transferible y divulgable. Pero esto también es un peligro: en un mundo inundado de artículos periodísticos sobre cualquier tema, lo que se hace urgente es enseñar a distinguir entre conocimiento construido siguiendo los métodos adecuados de indagación y razonamiento y el conocimiento que proviene de las creencias o posturas políticas del momento, que interesa difundir y asentar en el ideario de la población. Eso nos haría menos manipulables y más rebeldes. Un peligro en potencia. 

Bienvenido, 2017


Cuando llega el fin de año, echo la vista atrás. Es increíble la de cosas que da tiempo a aprender en un año. Hace tiempo que intento no dejar cabos sueltos en mi vida, aunque, a veces, se queda más en intención y deseo que en hechos reales. Harta de romper con la vida, solo deseo tejer la madeja lentamente. Harta de excesos, me dan igual cada vez más cosas. Y solo voy hacia adelante, sin esperar a nadie que no quiera venir conmigo. 

Los dolores de la infancia y la adolescencia vuelven de vez en cuando, pero mis hijos me han sanado en gran medida. Ser capaz de establecer una relación de apoyo y cariño con ellos me ha servido para olvidar gran parte de mi historia y a verme con ojos nuevos. Renacer en la nueva generación es un must, y este año que se va ha sido muy importante. A los mayores les veo progresar con energía, con ilusión, con sensatez y con muchas ilusiones. Nunca vi en ellos esos adolescentes que solo se interesan por su pelo, su ropa y sus videojuegos de los que habla la gente. Ellos siempre han estado interesados en sus amistades, tienen aficciones interesantes, les gusta leer, dibujar. Les gusta la música y disfrutan con ella. Y ya empiezan a poner piedras en su camino de salida al mundo.

Los pequeños son felices. Se nos avecina una adolescencia 2, pero ya hemos aprendido y tenemos recursos para enfrentarnos a los cambios que se avecinan. Porque, en la vida, si no aprendes de las experiencias, es como no haber vivido. Aprender todos los días y de cada suceso. Y no rendirse: ese es el truco. Seguir con la ilusión de continuar creando y recreando tu propia vida. Nunca es demasiado tarde para aprender. 

Es verdad que hay gente que nunca aprende. Son las personas que nos enseñan a tener compasión. A veces es difícil, y solo tienes ganas de gritarles para que aprendan. Pero cada cuál tiene su propio camino, sus oportunidades perdidas, sus karmas, sus desgracias y sus miserias. Compasión y paciencia: es un gran aprendizaje. Y no siempre lo consigo, pero tengo buenos maestros. 

Y ahora, a celebrar. Que la salida del año sea genial y que tengáis muchos propósitos para el 2017. Os deseo lo mejor. A seguir aprendiendo. 

De cartas salvadoras y realidades evidentes


En los últimos días, se ha hecho viral una carta de un profesor de literatura a sus estudiantes suspensos. El discurso que se desarrolla en ella es bastante tradicionalista y lo llevamos escuchando décadas, siglos diría yo, sin que nada haya cambiado en nuestro sistema educativo y sin que los jóvenes a los que esta carta va dirigida hayan cambiado un ápice. Este profesor, que trabaja, por lo que podemos intuir a partir de sus palabras, en un medio rural, en el que la economía está basada en la agricultura, se dirige a sus estudiantes y les dice que tienen que esforzarse porque la vida es dura. 

Después de 5 minutos de vídeo, he creído entender que este profesor, cuyas intenciones no pongo en duda que son buenísimas y que lo que dice lo dice de corazón y porque se lo cree, asegura a sus estudiantes que si estudian con mucho ahínco y llevan los trabajos a tiempo, podrán salir del sistema de pobreza y explotación al que se ven sometidos gran cantidad de españoles. Puede ser que alguno de ellos le haga caso, y dentro de unos años vuelva para decirle “mira Pablo, hice lo que tú me dijiste en esa carta navideña que te publicó el Huffington Post y que me dejó impresionado. Pero han pasado los años, y por mucho que me he esforzado, por mucho que he entregado los trabajos a tiempo, por mucho que he leído a los románticos, mira, aquí estoy, con un contrato de mierda que he firmado comprendiendo perfectamente lo que ponía en el texto. Aquí estoy, con una jornada laboral interminable, currando para alguien que se lucra con mi trabajo y lejos de mi pueblo y de mi familia. Eso sí, soy un buen trabajador, me esfuerzo y entrego todas mis tareas a tiempo.”

No sé, Pablo. ¿Cuál es realmente tu visión del ascenso social? Yo creo que, si lo que quieres es que tus estudiantes tengan la mente abierta y pensamiento crítico, deberías poner manos a la obra y ponerte a trabajar en ello. ¿Les has propuesto que se vean reflejados en algún personaje literario? No sé, se me ocurren Germinal, Cañas y Barro, Los Santos Inocentes… hay tantas joyas de la literatura que te pueden servir para hacer que sus mentes se revelen contra la injusticia, que yo no dejaría escapar un momento y me pondría a trabajar ya. 

¿Y qué decir del dadaísmo, de los Provo, de los movimientos de vanguardia que intentaron romper con el status quo establecido, o el más contemporáneo movimiento grafitero, con artistas como Bansky, Obey, Blu y tantos otros? ¿Has pensado alguna vez trabajar por proyectos y dejar que ellos y ellas experimenten el impulso creativo y el intento de romper con el orden establecido en la vida de mierda que dices les espera? 

Te animo a que liberes tu mente y, en vez de insistir con datos, apuntes, libro de texto y clases magistrales, cuya única propuesta es la de hincar los codos y leer por leer sin entender, les hagas vivir el lenguaje y la literatura. Haz que escriban para conseguir cosas, que noten el poder de la escritura en sus carnes. Que escriban sobre los problemas que les rodean adoptando las técnicas literarias de esos movimientos que ahora les suenan a chino. Que vean sus textos publicados. Que elaboren un periódico de aula. No hace falta que sus textos sean perfectos, lo que es necesario es que los sientan como suyos y aprendan a amar el lenguaje escrito. Que lean para disfrutar y para comprender su entorno. 

¿Te imaginas lo que podrías conseguir?

La mala educación en la escuela

Cuando mi hijo y mi hija eran pequeños, tenía mucho cuidado con las cosas que veían en televisión, bajo el convencimiento de que la desensibilización a la violencia cumple un papel fundamental a la hora de diseñar ciudadanos insensibles y poco reactivos. No quería que diesen por normal los disparos, las peleas, los insultos y los golpes tan comunes en series, películas y dibujos animados. Así que crecieron con un control bastante cuidadoso de lo que veían, y usando muy poco la tele. 

Sin embargo, la escuela no me lo puso fácil. En las aulas no había pizarras digitales, y si había ordenador lo usaban para tener entretenidos a los niños y niñas los días de lluvia y en esas horas en las que no sabían que hacer. Y les ponían películas. Un día, mi hijo de 4 años me dijo que no podía dormir. Que había visto una película muy fea en el colegio. Indagando, me enteré de que les habían puesto Spiderman, una película no autorizada para menores de 12 años. Fui al colegio a protestar. No es normal que yo esté cuidando la educación de mis hijos en casa y me echen a perder el trabajo hecho en la escuela. 

Como esta, podría contar otras tantas anécdotas. Un día, la maestra de tercero de primaria le pidió a mi hija que escribiese una lista de 5 palabras (no recuerdo el objetivo). Mi hija escribió, entre otras, ipso facto (lo escribió todo junto, ipsofacto). Era una palabra que le oía mucho a su padre (podéis reíros, sí, yo también lo hacía) y para ella era una palabra habitual. Pues bien, la maestra se la tachó sin mediar palabra, y ella llegó muy enfadada y frustrada con ese asunto. ¿No hubiese sido mejor hablar sobre esa palabra (que por otra parte, es una expresión bastante culta) que tachar sin más la producción de la niña? En fin, cosas de maestras… 

Otra cosa que me ha costado mucho erradicar de los hábitos adquiridos en la escuela por mis hijos ha sido el de la copia y el resumen. Trabajaban la poesía copiando poesías, trabajaban la narración resumiendo cuentos del libro de texto, y así sucesivamente. Y luego nos extrañamos de que el plagio esté a la orden del día entre los estudiantes universitarios, que los de secundaria no sepan escribir y que incluso los rectores españoles usen el copy-paste para elaborar sus textos. Para aprender a escribir hay que crear textos propios, no copiar los ajenos. Y para estudiar no hace falta resumir copiando párrafos: los esquemas y los mapas conceptuales han probado ser mucho más eficaces para almacenar conjuntos de información compleja. 

En cuanto al acoso escolar, tema que está produciendo una gran alarma social en los últimos tiempos, he de decir que ha habido profesores y profesoras de mis hijos, tanto de primaria como de secundaria, que no han contribuido de la manera más eficaz posible a su erradicación. No han sido ni uno, ni dos ni tres los que han insultado a sus estudiantes menos aventajados en clase, diciéndoles cosas del tipo “eres penoso”, “nunca llegarás a nada en la vida” y cosas por el estilo. Por eso, cuando me hablan del método ese que usan en Finlandia para erradicar el acoso escolar, que consiste en centrarse en los testigos del acoso, pienso que nuestro sistema, una vez más, está a años luz del de Finlandia (sí, aunque os fastidie que lo digamos y lo repitamos hasta la saciedad). Aquí deberíamos empezar por que los profesores tratasen con respeto a sus estudiantes, que no es poco. 

En definitiva, cuando Elvira Lindo dice que los deberes los tenemos que hacer todos, la sociedad y el sistema educativo, discrepo. Sí, señora periodista. Discrepo porque el sistema educativo debe mejorar la sociedad, no compararse con ella. No es lo mismo exigir a las familias que mejoren la educación de sus hijos e hijas que exigírselo al sistema educativo, un sistema que se supone está compuesto por profesionales al servicio del estado. Por último, le rogaría que cuando escriba sobre educación, como periodista y profesional que es, además de esmerarse por dotar de estructura y legibilidad a sus artículos, piense en las consecuencias y efectos de lo que escribe. Sus lectores y lectoras se lo agradecerán. 

Venga, voy a responder a la encuesta

Tomada de Pixabay.com
Tomada de Pixabay.com

Los de Gestionando Hijos, en colaboración con la Fundación SM, del Grupo SM, sí, los que, entre otras cosas, venden libros de texto, hacen dos encuestas para conocer la relación familia-escuela. Y la hacen, cómo os diría yo… imaginaos que yo hago una encuesta sobre feminismo y hago preguntas en esta línea:

¿Crees que el feminismo es necesario o prefieres la igualdad?

¿Responderíais a esa encuesta? Un poco sesgada ¿verdad?

Bueno, vamos a ver las preguntas, porque creo que merece la pena.

1. En general, veo a los profesores como socios con quien (sic) colaborar para mejorar la educación de mi hijo.
Pues no. Los/as profesores/as no son mis socios, son personas encargadas de la educación escolar. Y según la ley, son ellos los que deben colaborar con las familias. Lo dice la LOMCE en su preámbulo, no lo digo yo. Partiendo de ahí, la colaboración no es mala nunca. Pero me importa la horizontalidad y la firme convicción en que , quien decide sobre la educación de mis hijxs, soy yo.

2. Acepto las decisiones y formas de actuar de los profesores aunque no las comparta.

Pues depende de la decisión. Si esa decisión perjudica a mi hijx y no está basada en criterios pedagógicos, ni la compartiré ni la aceptaré, sino que iré al colegio a que me expliquen por qué se ha tomado, y si tengo argumentos contundentes haré que se retracten. Es mi obligación velar por el bienestar de mis hijxs.

3. Los grupos de padres de WhatsApp son un medio para criticar al colegio, los profesores y cuestionar sus decisiones.

Pues depende. ¿Los grupos de amigotes son un medio para compartir fotos de la novia desnuda y contar las proezas del fin de semana? Pues eso… Además, no puedo hablar con propiedad de los grupos de padres, solo conozco grupos de madres.

4. Delante de mis hijos siempre muestro mi apoyo a sus profesores.

Siempre no, por supuesto. Ni nunca. Cuando alguien tiene razón, se le da. Pero estoy en contra de esa idea de que el adulto siempre tiene razón, aunque no la tenga, y al niño/a hay que enseñarle a obedecer sin cuestionar las órdenes. Esa es la mejor forma de dejar a niños y niñas expuestos a los abusos sin saber defenderse. Total ¿para qué se lo van a contar a su madre y/o a su padre, si van a apoyar incondicionalmente al profesor? Gran fail

5. La profesión docente es una de las más importantes para la sociedad.

A ver. Importantes son muchas. ¿Qué haríamos sin las personas que recogen las basuras, sin las que nos cobran en el supermercado, sin las que gestionan nuestras multas?

Si lo que me preguntas es que si considero que un profesor/a o maestro/a deben estar bien formados y tener unos valores sólidos para ejercer su profesión, la respuesta es sí. Más considerando que nuestras hijas e hijos están en sus manos durante 5 horas al día, 5 días de la semana.

6. Siempre estoy dispuesto a colaborar con los profesores de mi hijo para buscar soluciones conjuntas.

Pues depende de cuál sea el caso, obviamente. La casuística es enorme. Si me piden que mi hijx no hable en clase, yo lo único que puedo hacer es decirle que no lo haga, pero no estoy en la clase para ver qué pasa allí y buscar soluciones conjuntas. Aunque estaría dispuesta a hacerlo: iría al aula y buscaría soluciones conjuntas con la maestra para que sus estudiantes la escuchen y dejen hablar. Por lo tanto, mi respuesta es SÍ.

7. Es importante que los padres colaboremos con los profesores y la escuela para erradicar el acoso escolar, aunque nuestros hijo/s no se vean afectados.

Con esta pregunta, otra vez me cuesta entender a qué se refiere. Si se refiere a que eduquemos a nuestras hijas/os en el respeto a los demás y a afrontar los conflictos de manera cordial y civilizada, estoy totalmente de acuerdo. Pero eso no es colaborar con la escuela o con el profesor, es educación pura y dura, lo que debemos hacer las familias, nuestra obligación, vaya. Y la escuela debe asegurar que el acoso escolar no se de entre sus muros: cuando los niños y niñas están dentro, esa es labor suya con la que no podemos colaborar porque no estamos allí. Decir que a un niño/a le han acosado porque los padres del otro le tenían mal educado es echar balones fuera. Si yo dejo a mis hijxs en el colegio, el colegio se responabiliza de su bienestar y seguridad. Y punto. No hay excusas.

8. Los padres debemos hacer los deberes con nuestros hijos.

No. Los padres (y las madres) debemos cuidar y educar a nuestros hijos e hijas, y hay miles de actividades interesantes que hacer en nuestro tiempo libre. No hace falta que la escuela nos indique lo que tenemos que hacer en ese tiempo, muchas gracias. Y os aseguro una cosa: cuando tienen que estudiar, estudian. Es increible. Aunque tengan una madre como yo, constructivista, antideberes y casi libertaria (o libertina) al respecto.

9. Es importante transmitir emociones positivas a mi hijo en relación a los profesores, el aprendizaje y la escuela

Sí. Yo lo intento, pero no se lo creen. Yo les digo lo importante que es estudiar y, según la edad que tengan, me dicen que el colegio es aburrido, que quieren que lleguen las vacaciones, o bien que el sistema escolar está hecho para mediocres. No obstante, han aprendido a tener éxito sin entusiasmarse demasiado, sabiendo que es un peaje que tiene que pasar.

10. Es necesario que los padres colaboren activamente en la vida escolar (actividades en el aula, participación en tutorías, extraescolares, AMPA, Consejo Escolar…).

Bueno, hemos llegado a la pregunta número 10. ¿Qué nota habré sacado? Vamos por partes:
A. Me encantaría participar en actividades en el aula, pero nunca me han llamado para hacerlo.
B. En las tutorías no se participa, se va a que te cuenten si tu hijo/a es bueno/a o malo/a y si necesita refuerzo o reprimendas. Por lo tanto, pocas veces he ido a una tutoría. Y las veces que he ido ha sido porque las he pedido yo.
C. Las extraescolares, como su propio nombre indica, no forman parte de la vida escolar. Hay vida más allá de la escuela.
D. El AMPA…. hubo un tiempo en que caí en la trampa. No gracias, no me interesa organizar festivales.
E. Consejo Escolar: lo mismo que D

Espero haber respondido bien. Soy una estudiante muy aplicada.