Album de recuerdos

Disfraces

Disfraz de indioMañana me las tengo que ingeniar para ir a trabajar, llevar a la cuadrilla a las extraescolares y, acto seguido, acudir a la fiesta de carnaval con ella y él disfrazados de indios. No tengo materiales, y si los tuviera no sabría que hacer con ellos. Pero lo conseguiré. Los chinos siempre son un recurso fácil y rápido. Lo descubrí cuando dejé de intentar ser perfecta en todo.

Cuando los mayores eran pequeños, me compré una máquina de coser y me dejé llevar por la furia costurera de mis comadres en el colegio. No tuve en cuenta que había llegado a vivir a una pequeña ciudad con una tradición textil importante, y quien más, quien menos, había trabajado en uno de esos talleres de confección o tenía una madre, una tía o una abuela que manejaba los hilos a la perfección.  Yo ahí no daba la talla. Mientras ellas confeccionaban bellos trajes de pollo en los que el foam permanecía erguido y lustroso sobre las cabezas de sus pequeños, los míos iban con un saco que se caía por todos lados y les tapaba los ojos, haciendo que fuesen dando traspiés en los desfiles de carnaval. 

Por otra parte, tenía que sacar tiempo libre para usar esa máquina infernal en la que se me enredaban los hilos, la costura salía torcida, la aguja era una sanguinaria herramienta que bajaba y subía sobre mi dedo y nunca sabía cómo poner la tela para que no me quedase toda arrugada. Y ese tiempo era nocturno. Despertaba a todas y a todos con mis “joder”, “hostia puta”, “me cago en tó”, etc. Y los pobres niños miraban de reojo, pensando “¿me tendré que poner eso mañana?”

Dí el cerrojazo a la máquina cuando comprobé que no podía competir de ninguna manera con las supermamis. Esto coincidió con la decisión del ayuntamiento de nuestra ciudad de acabar con los carnavales y relegarlos a las fiestas de los colegios. Ya no había concurso de coles en el desfile de carnaval, y las madres también perdieron el interés por demostrar sus dotes de confección. Así que ahora, casi todos los niños y niñas van vestidos con estupendos disfraces made in china, de telilla de forro y fieltro. Todavía hay algunas que derrochan creatividad y arte, pero son las menos.

El curso pasado fue nuestra Monster Girl la que ganó el concurso disfrazada de egipcia china. Todo un bochorno, teniendo en cuenta que el concurso era en el cole de Vampi, al que venía de invitada. Tras este acontecimiento, Father pensó que lo mejor que podíamos hacer era correr cuanto antes con el regalo, ya que las madres de las niñas autóctonas empezaban a mirarnos de reojo y a murmurar. 

Si somos capaces de ganar concursos de disfraces con esos ropajes, desengañaos, ¿merece la pena estar horas y horas comprando las telas, cortándolas, volviéndolas a cortar porque nos hemos equivocado, intentando averiguar cómo unir lo que hemos recortado y luchando con el niño o la niña para que se pongan el resultado de todos nuestros desvelos? La respuesta es NO. Una vez al año, no hace daño. Disfraz del chino para salir del paso, y todas tan contentas. 

¡¡FELIZ CARNAVAL!!


Malditos decálogos

decalogoQué agobio tengo últimamente. No hago más que leer decálogos y consejos sobre cómo educar, tratar, contentar, sanar mi relación con… mis hijos y mi hija. “10 cosas que debes saber sobre…”,  “5 cosas que no debes decir a…”, “25 formas de…”. No doy a basto a leer tantas listas de buenas intenciones. Pero eso no es lo malo: lo peor es cuando intentas ponerlas en práctica. 

Ya hablé en mi entrada sobre las falsas preguntas sobre lo difícil que es llevar a la práctica estos consejos bien intencionados. No es lo mismo el ideal de interacción social que tienes en mente,  que la relación que realmente tiene lugar en el intento. Cuando te pones a aplicar alguna de esas propuestas imaginativas que alguien ha escrito haciendo un impecable brainstorming, los resultados pueden ser asombrosos. La última experiencia la tuve con el listado 25 formas de preguntar a tus hijos ¿cómo ha ido el día en el cole? 

Siempre he tenido problemas para obtener información sobre las mil canalladas que les hacen a nuestros niños y niñas en el colegio. Mi angustia materna imagina y teje mil situaciones terribles que se ocultan tras la cara de poker de mis hijos cuando salen por la puerta de esa institución demoníaca. Cuando mis ahora adolescentes mellizos eran pequeños, me tuve que repasar algún otro texto sobre memoria de testigos infantiles para recordad que los niños de 3 años son sugestionables y pueden generan falsas memorias para complacer al adulto que pregunta. 

Por eso, cuando leí el título de ese artículo, la verdad es que no abrigué mucha esperanza de su éxito, pero le eché un vistazo. Me llamó la atención la pregunta 12: “Si una nave de alienígenas llegara a tu clase y se llevara a alguien, ¿a quién querrías que fuera?” Uy, qué pregunta más sugerente y graciosa… voy a probar. Me acerco a mi Vampi, de 8 años, que estaba jugando con sus Playmovil muy concentrado y se lo pregunto. 

SORPRENDIDO

Esa fue su cara. Más o menos. 

– V.: Pues a nadie

– MK: ¿Ni siquiera a la maestra?

– V.: No

– MK: ¿Si tuvieses que elegir entre que se llevasen a la maestra o a algún niño o niña, qué elegirías?

– V.: Pues a la maestra.

Las únicas conclusiones que pude sacar de esta conversación fueron que mi hijo no cree en los alienígenas, que no quiere deshacerse de nadie de su entorno escolar en particular y que siente una solidaridad hacia sus congéneres que le hace sacrificar al adulto aunque no sienta nada malo hacia él  o ella. 

Esta experiencia me ha hecho reafirmarme en algo que he aprendido a lo largo de los años: que debo aprender a confiar en la capacidad de adaptación y supervivencia de mis hijos. No digo que no haya que estar atentos. Que las madres y los padres estén atentos a las señales que puedan lanzar las niñas y los niños es bueno y deseable. Lo que digo es que es mejor vivir sin miedo, como decía Rosana. Por eso, he decidido que, a partir de ahora, haré caso omiso de los decálogos y seguiré haciendo lo que he hecho siempre: observar, darles mucho la lata con mis sermones, defenderles con uñas y dientes cuando lo necesiten y estar siempre disponible cuando me quieran contar que la nave de alienígenas, por fin, llegó a su clase. 

Parto, lactancia, crianza

bebe_15Parto, lactancia y crianza son los tres pilares en los que se sustentaba una asociación a la que pertenecí hace un tiempo. Parto respetado, promoción de la lactancia materna y crianza respetuosa. Desde el principio tuvimos claro, al menos yo, que la implicación en estos tres temas no era sencilla. Había (y hay) muchos muros por romper, muchas batallas que ganar, muchos caminos que abrir. Y para abrir estos caminos, es necesaria una implicación abierta, una documentación constante y un trabajo de difusión e información que no siempre es un camino de rosas. Cuando hablamos de parto respetado, nos estamos enfrentando a la institución médica obsoleta que es violenta con las mujeres y los recién nacidos. Una institución que tiene la autoridad y el poder sobre nuestros cuerpos porque nosotras se lo concedemos ya sea por desconocimiento, ya sea porque no nos atrevemos a enfrentarnos con esta autoridad en uno de los momentos más cruciales de nuestras vidas: el nacimiento de nuestros hijos y nuestras hijas.

En cuanto a la lactancia, la forma natural de alimentar a nuestros bebés, inherente a la especie humana como mamíferos que somos, se ha convertido en una práctica extráñamente difícil. Las grandes multinacionales han ganado la batalla, y ahora parece que no podamos sobrevivir con la leche de fórmula. Da lo mismo que la evidencia científica muestre que los bebés humanos, así como sus madres, obtienen grandes beneficios de la lactancia materna. Las extrañas pautas de alimentación introducidas por muchos profesionales de la salud, que se empeñan en convencer a las madres de que los bebés maman 10 minutos cada 3 horas, unidas a la creencia de que la leche materna no alimenta y deja con hambre a los bebés y al desconocimiento del funcionamiento fisiológico de la mama, hacen que la lactancia no dure más de 3 meses en la mayoría de los casos. La promoción de la lactancia materna es, por tanto, una lucha constante contra personas con autoridad que desinforman a las madres y las disuaden de seguir la vía más natural, saludable y económica de alimentar a sus bebés.

Con respecto a la crianza respetuosa, el apellido en cuestión levanta tales pasiones que parece más una práctica clandestina que algo guiado por el más común de los sentidos. No obligar a comer, atender al llanto del bebé, respetar sus ritmos de desarrollo, no dejarle llorar, mantener el contacto necesario con la cria humana, en definitiva, criar con apego y, cuando el niño o la niña crecen, seguir ofreciéndoles el cariño y afecto necesarios para un buen desarrollo psicosocial. No parece tan extraño, pero en seguida nos empiezan a ofrecer métodos de adiestramiento del sueño, nos recomiendan a Super Nany y nos dicen que un buen cachete a tiempo cura todos los males de los niños consentidos y malcriados. De esta forma, vemos crecer a nuestros hijos entre consejos contradictorios de una y otra parte, y la sensación permanente de que lo estamos haciendo mal. La llegada al sistema educativo empeora las cosas, cuando vemos que nuestros hijos son sometidos (qué gran exageración) a rutinas y ritmos a los que, unos más, otros menos, se resisten y a los que acaban sucumbiendo. “Dejadles llorar, no les miméis, que no os vean nerviosas” son algunos de los consejos que dan las maestras de infantil los primeros días de cole, cerrando las puertas de la institución tras las espaldas de niños aterrados que no saben qué está pasando.

No es una tarea sencilla la de una asociación de este tipo. Quizás por eso, hay que tener las ideas claras y objetivos comunes. Una asociación de este tipo no es un grupo de amigas que se reunen con sus bebés para sacar la teta juntas y contarse lo mal que duermen, lo mal que lo pasan cuando dejan a su bebé en la guardería y lo que les reconforta juntarse para hablar de sus cosas. Eso también, pero no solo eso. Hay mujeres que no forman parte de ese grupo de amigas y que buscan apoyo. Otras mujeres, sin buscarlo, se podrían beneficiar de campañas de información concretas sobre parto, lactancia o crianza. Otras veces, es necesario que una asociación de este tipo exija a la administración ciertos ajustes en los servicios que se prestan en relación a la maternidad. Y, por supuesto, una asociación de este tipo tiene claro que existe una lealtad entre sus miembros. Si una de las personas que pertenece a la asociación plantea un problema relacionado con parto, lactancia o crianza, se tratará de buscar soluciones como asociación, si así se solicita.
Nosotras hicimos cosas como asociación, hasta que se perdió el sentido de lo que esto significaba. A partir de entonces, cada una buscó su camino. Las amistades permanecieron en la medida en que existían. Para mí estaba claro que algunas cosas eran imperdonables, como que alguien enseñase las conversaciones privadas por correo electrónico de nuestra asociación a instituciones educativas que investigaban (sin mucho afán) malos tratos en alguna guardería de Villa Springfield, y luego acusase a una antigua socia de haberlo hecho en su lugar. Acabada la asociación, acabada la amistad con quien lleva a cabo y permite ese tipo de conductas. Pero lo que es cierto es que una asociación como esa, con los tres pilares originales, parto, lactancia y crianza, sigue siendo necesaria en una ciudad como Villa Springfield.

¿Vamos al médico?

Doctor HandA medida que pasan los años, cada vez vamos menos al médico. Solo cuando surgen cosas poco comunes, como granos dolorosos en lugares recónditos del cuerpo o dolor de brazos acompañado de vómitos y giros a la izquierda del ojo derecho, me decido a acudir para pedir opinión de alguien experimentado en ese tipo de vicisitudes. Me imagino que, en el caso de que el dolor de brazos asociado con los vómitos, formen parte de un desconocido síndrome, el galeno estará informado de este dato (o no), pero yo al menos lo habré intentado. 

Por supuesto, tengo mis médicos favoritos para llevar a la tropa. Un pediatra muy mayor que siempre está al día pero sigue teniendo la mentalidad de antaño, lo cual está muy bien, ya que no receta antibióticos a diestro y siniestro ni dramatiza con el hecho de que no quiera medicar a mis hijos hasta la saciedad, y una amiga médico en la que confío y que me viene muy bien para los temas de pubertad. Pero cuando ninguno de los dos están disponibles (las que vivís en una capital grande no entendéis esta precariedad sanitaria en la que vivimos los de provincias), hay que ir al médico que toque. Y eso, señoras y señores, es cuestión de suerte. 

Cada vez que voy al médico, me he de convencer a mi misma de que la persona con la que me voy a encontrar ha estudiado una carrera. Sin embargo, eso no me consuela demasiado. Yo misma estudié una y sé que, cuando sales de ella, sabes mucho sobre cómo estudiar y poco sobre cómo aplicar los conocimientos adquiridos. Además, sabes que el conocimiento sin la experiencia lleva a ejecuciones poco brillante en los campos profesionales. Entonces es cuando empiezo a auto-convencerme de que la persona que va a ver a mi hijo/a tiene experiencia. Habrá visto a muchos pacientes y se habrá documentado… Ahí empiezan de nuevo mis dudas. Recuerdo que cuando diagnosticaron a uno de mis hijos de una dolencia relacionada con reacciones alérgicas, le comenté a la médico de familia que ejercía como pediatra (las personas con título de pediatra son más raras que los tréboles de cuatro hojas en Villa Springfield) esta característica. Me aseguró muy muy convencida que esto no era así, que la alergia no tenía nada que ver con la dolencia. A los dos días recibí un e-mail suyo diciendo que había consultado en Google y que, efectivamente, yo tenía razón. Yo no tenía la menor duda: me lo había dicho el médico especialista que había diagnosticado a mi hijo. 

Cuando ya estamos en el médico me digo: pase lo que pase, lo más grave que puede pasar es que no de con el diagnóstico de una enfermedad rarísima que, tarde o temprano, acabará dando la cara. Pero lo más probable es que sea una gastroenteritis común asociada a una contractura por estar leyendo durante un día entero en una postura imposible. Así que allá vamos: auscultación, palpación, exploración, analítica y conclusión. Las conclusiones suelen ser de lo más común, pero a veces te dejan perpleja. 

“Peque” _Le dice el médico a mi hija, que le mira con respeto_ “Lo que te voy a decir quizás pueda sonar machista, pero no lo es”

El aire se puede cortar. Me agarro a la silla con las dos manos y contengo la respiración. Mi hija sigue mirando con atención. El médico no tiene ni idea de que está hablando con la reencarnación de Simone de Beauvoir. 

“Lo que necesitan las chicas de tu edad que están flojitas es un novio”

De mi boca se escapa un suspiro _”Ay”_ Y sigo conteniendo la respiración. 

Ella sigue mirándole con esa dulce sonrisa suya de “di lo que quieras que yo haré lo que me de la gana”. Al menos no saltó sobre él, como hubiese saltado sobre Father si se le hubiese ocurrido decir algo remotamente parecido. 

Cuando salimos, la felicito por haber sido tan diplomática y comento lo desafortunado del comentario del médico. Sin duda yo, a su edad, le hubiese contestado.

_”Para qué le ibas a responder, si va a seguir pensando lo mismo.
“No te creas mamá, a veces dar discursos molestos a gente molesta les ayuda a ser menos molestos en el futuro. Pero estaba cansada y no me salieron las palabras.”

(Lo que le hubiese dicho queda entre ella y yo)
MORALEJA: cuando los médicos no saben qué hacer ni que decir, se meten a psicólogos, y es entonces cuando la cagan. ¿Quién le pidió un consejo sobre la sexualidad de una niña de 14 años? ¿Qué repercusiones cree ese señor que sus opiniones pueden tener en ella y en su entorno? No tiene ni idea, pero él ha hecho su aseveración de vieja desde una poltrona de autoridad. Estudia una carrera para eso: para soltar chorradas cargadas de autoridad sobre temas que no son de tu competencia. Señores médicos, por favor, un poquito de seriedad. 

FIESTA

No hay nada como una fiesta con amigas (y amigos). No hay nada como vuestras risas y vuestros besos. Nuestros niños juntos (por fin), y ese pequeño de ojos claros que me abraza y me dice “gracias, MK”. Ese chico que va a ser un gran activista de Green Peace y va a salvar nuestra tierra en el Rainbow Warrior. Y no olvidemos al rubio risueño que nos ha conquistado a todos.

Piscina, salmorejo asqueroso, regalos chulísimos y entrañables, y dos amigas ausentes pero presentes todo el rato. Esas son las fiestas que me molan. Las que nos dejan recuerdos y ganas de volver a vernos.

¡¡Gracias chicas!!

(Este post, escrito con medios precarios y sin cobertura, será actualizado para ponerlo bonito)

PIOJOS

Pediculus humanus capitis
Pediculus humanus capitis

Hace mucho tiempo que dejé de buscar una solución milagrosa para eliminar los piojos de la cabeza de mis hijos. Hace 11 años que conocí de primera mano a esos pequeños parásitos. Mis pequeños mellizos, los dos rubiazos, llegaron del colegio con una nota colectiva para que las familias mirásemos las cabezas de nuestros hijos. Yo en mi vida había visto un piojo o una liendre, así que no sabía muy bien lo que tenía que ver o que mirar, de modo que, cuando me quise dar cuenta, mis pequeños tenían varios huevos en cada pelo y su cabeza estaba plagada de bichos que se veían a simple vista al separar los cabellos. En esta entrada no voy a hablar de los método que he usado y uso para erradicar a estos molestos animalitos (que han sido muchos y muy variados), sino sobre la ignominia social que supone tenerlos y los consejos sorprendentes que me dieron algunas madres para exterminarlos. 

Cuando supe que había aterrizado en el maravilloso mundo del despioje no sabía todavía las implicaciones sociales que eso tenía. Solamente caí del guindo una mañana en la fila del colegio, cuando una abuela airada se acercó a mí y me dijo en voz muy alta “LOS PIOJOS ESTÁN EN LA SOCIEDAD”. Yo no sabía muy bien a qué se refería, y le dije “Claro, se contagian muy rapidamente de una cabeza a otra”. Pero parece ser que la señora venía con ganas de guerra, de eso me di cuenta cuando dijo “NO, ESTÁN EN LA CABEZA DE LA GENTE QUE NO LIMPIA A SUS HIJOS”. La señora se llevó su corte bien dado ese día, claro, pero a partir de ahí me di cuenta de los esfuerzos que hacían las madres para ocultar que sus hijos tenían o habían tenido los parásitos en su cabeza. 

Incluso los propios niños desarrollaban estrategias elaboradas para ocultar a sus compañeros y compañeras de clase que han tenido piojos. Es tal la ignominia que supone que se sepa públicamente que alguien los ha tenido, que hay que ocultarlo con uñas y dientes, aunque sepamos que prácticamente TODOS/AS los niños/as de la clase los han contraído. Yo al principio trataba el tema de tener piojos como algo común, lo comentaba en la fila, pedía consejo sobre qué métodos de exterminio usar, lo difícil que me era acabar con ellos, etc. Hasta que me di cuenta que esto afectaba a las relaciones de mis hijos en el colegio.  Las niñas de la clase de mis mellizos se ofrecían a mirar la cabeza a mi hija (mucho más propensa que su hermano), que volvía a casa llorando porque sus amigas la habían hecho una revisión capilar en el recreo. Esto hasta que fui al colegio y di un puñetazo en la mesa. Todas las niñas tenían piojos, pero como la única que los tenía “públicamente” era la mía, sobre ella recaían todas las burlas. 

Eso fue hasta que un día, su mejor amiga llegó con el pelo rapado al 0. El silencio en la fila fue sobrecogedor. Todas miramos a la madre con una interrogación en los ojos: “¿Por qué lo has hecho?” La madre venía bastante enfadada a traer a su hija llorosa. Con el baby que llevaban todavía en infantil, parecía salida de un campo de concentración. Cuando los niños entraron en clase me acerqué a hablar con ella. 

– ¿Qué ha pasado? ¿Por qué le has rapado el pelo?

– Porque ya estaba harta de que me llamasen del colegio para decirme que tenía piojos. La he echado todo lo que ha caído en mis manos y no conseguía quitárselos, hasta que su cuero cabelludo se ha irritado y se ha llenado de heridas. Y ellas, cada vez que me llamaban, me acusaban de no limpiar a mi hija. Así que al final he decidido raparla al cero y acabar con ellos. 

La larga y rizada melena de la amiguita de mi hija había desaparecido. La niña tuvo que sufrir burlas y desprecios durante un tiempo, aunque su amiga la acompañó en el destierro y la ayudó todo lo que estuvo en su mano. 

Hoy leía una entrada de blog que decía que la ciencia ha perdido la batalla contra los piojos por la falta de adherencia al tratamiento. Es muy fácil hablar de esto sin haber pasado por lo que supone despiojar a un niño. Por supuesto que una simple aplicación del champú antipiojos no elimina a los parásitos de la cabeza. Pero la eliminación no solo depende de la aplicación de venenos, que por otra parte pueden tener efectos nocivos en nuestros hijos. De todos es sabido que el uso continuado de la lendrera es el único que asegura la eliminación total de las liendres y que evita que sigan naciendo piojos que continúen con el ciclo vital del insecto. Y también es sabido por las personas que tenemos que pasar la lendrera por el cabello de nuestros hijos, que no todos son dóciles ovejitas que se dejan manipular. Los niños lloran, huyen corriendo, te dejan plantada con el instrumento diabólico en la mano, ya sea este de púas largas, cortas o incluso eléctrico. Si después de este suplicio, que no queda otro remedio que sufrir, encuentran marginación, burlas, menosprecio y malos tratos en el colegio, el tema de los piojos pasa de ser un molesto contratiempo a convertirse en una pesadilla. 

Por eso os recomiendo luchar contra los piojos con todos los métodos posibles (he usado de todo, aceite de árbol de té, suavizante, aceite siliconado, vinagre y un largo etcétera), pero quitaos de encima toda esa tontería y educar a vuestros hijos para que traten con respeto a los demás. Los niños ya sufren bastante con las manipulaciones que tenemos que hacer en sus cabezas como para encima tener que aguantar comentarios despectivos, burlas y estupideces. 

Qué hace una chica como tú…

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Un año de mi vida me ha llevado darme cuenta de que no estaba en mi sitio (si es que algo así existe). Me hice una cuenta de tuiter a base de seguir a madres tuiteras. Pepito Grillo me lo decía una y otra vez: ¿Qué haces aquí? Pues a ver, si abres un blog que se llama como éste y hay tuiteras que dicen “ay qué miedo, una madre asesina” es que algo falla-falta, de algo se carece, vamos. Bueno, me imagino que a @diostuitero le habrá pasado esto mucho más que a mí. “Oh, Dios tiene tuiter”. Así que mira, Mother Killer ha cerrado su cuenta de tuiter, porque ya estaba harta de los grititos histéricos de las mamás tuiteras.

La verdad es que ya había llegado a la saturación del conocimiento, ese estado que te dice que ya sabes todo lo que tenías que saber. Los códigos para hacerse con una tribu, los patrones de #FF para mantener la cohesión de grupo, el significado de los Fav y RT, los Fav sin RT y los RT sin Fav. Los “Ohhhh” y los “Ainssss”. Los UF y los F repentinos y sin avisar. Los temas que no se pueden tocar, los que se pueden tocar a dos manos y a manos llenas. Todo eso y mucho más.

La gente de carne y hueso me miraba con cara de poker cuando les hablaba del mundo tuitero maternal. Era tan ajeno a la realidad cotidiana que alguien se levantase por la mañana y escribiese a los cuatro vientos que fulanita le había dado un unfolou y estaba mosqueada que daba hasta risa. Y me miraban con cara de “¿Qué haces tú ahí?”, y reafirmaban mi sensación de que estaba haciendo el gilipollas. Pero oye, todo el mundo tiene derecho a hacer el gilipollas de vez en cuando, y si de ello saca una moraleja vital, pues mejor que mejor.

Lo de tener fologuers me la pela. Ya sé que esto no se debe escribir en un blog, pero es la expresión que mejor transmite mi sentimiento. Ya me la pelaba antes, pero ahora que no tengo cuenta de tuiter es algo definitivo. Ya he tenido suficiente. Mujeres tuiteando su parto en directo, mujeres peleando porque una plagiadora es atacada por una manada de seguidoras de una bloguera italiana, que a su vez tiene un blog que no dice gran cosa. Mujeres discutiendo, insultándose y linchándose porque fulanita supuestamente se ha quedado con un negocio inmaterial y ha echado a sus socios inmateriales quedándose con la pasta inmaterial (y yo ahí metiendo baza cual lerda que no se entera de la misa la media). Mujeres diciendo que son malas madres, otras diciendo que son buenas, otras que son reales y otras que son artistas. Y mientras el mundo siguiendo su curso y llamando al orden: Shhh Shhh, que estoy aquí, que soy el mundo, la gente, los niños, las niñas, la explotación, el capitalismo y la madre que me parió.

Pero ellas nada, a lo suyo (que ya es bastante). Pero vamos, que ya he entrado en razón. Que vuelvo a ser yo. Se acabó secundar grititos histéricos de una vez por todas. Que mira, no es de mi incumbencia si has dormido esta noche, si te has emparanoiado con el tuit de pepita, si te han dado un UF como una catedral o si se lo vas a dar a la falsa de tu supuesta amiga. Pero a ver, ¿en qué estado de enajenación mental entré cuando me metí de lleno en todo esto? Si nunca lo he hecho en la vida real ¿Por qué ahora?

Bueno, a lo hecho pecho y a otra cosa mariposa. Era algo que me picaba la curiosidad. Una vez satisfecha, aquí paz y después, gloria.

8 es un número redondo

la foto

Mi niño crece. Alguna vez me ha dicho que quiere tener un hermano, pero le he dicho que tiene ya muchos, que a alguien le toca ser el pequeño y le ha tocado a él. Le he intentado convencer de todas las ventajas que tiene ser el pequeño:  Siempre será “nuestro niño”, tanto para sus hermanos como para mi; es el mimado de la familia, así que perdonaremos todas las picias y travesuras; cuando sus hermanos tengan 30, el todavía tendrá 22 y les podrá sacar la lengua chuleando de juventud. Y un largo etcétera de ventajas. 

Sin embargo, él me mira con cara de poker. No es mucho de travesuras, es un niño más bien responsable, aunque sea tozudo como buen Tauro. Hace sus deberes sin que le tengamos que decir nada. Me trae las autorizaciones del colegio junto con un bolígrafo para que se las firme puntualmente. Me recuerda lo que le tengo que comprar para el colegio y si tenemos que preparar algo especial para el día siguiente. Me azuza por las mañanas para que no lleguemos tarde (¡MAMÁ, DEJA EL MÓVIL!). Y ya el colmo fue cuando se ofreció voluntario para cuidarme cuando fuese viejecita. Yo hice la típica pregunta de madre cabrona (¿Quién me va a cuidar cuando sea vieja?) y mientras sus hermanos miraron para otro lado, él levantó la mano como un poseso (¡YO, YO!). 

Yo le trato como si tuviese 4 años, pero ya tiene 8. Le hablo con voz de tonta, le achucho y le doy besos sonoros delante de sus amigos. Le intento vestir y peinar. Pero él ya es consciente de su autonomía, y aunque no me rechaza bruscamente, ya se zafa de mi y me deja claro que es mayor. No muy muy mayor, pero sí lo suficiente para hacer las cosas solo. No lo suficiente para no necesitar mi cariño de mamá pesada, pero sí para darme el beso a 200 metros de la fila del cole y no a 20. 

Nuestra relación es especial. Nos reímos mucho juntos y  tenemos confianza y complicidad. Este año, como todos los años, vimos el vídeo de su nacimiento, ese nacimiento tan especial. Le encanta ver como surge su cabecita,con los ojos cerrados (Mamá, ¿Estaba dormido?), y se queda muy callado cuando todo su cuerpo surge del mío y todos los presenten aplauden y hablan emocionados. Siente la emoción y se maravilla de su primer llanto y del cordón y la placenta que le alimentaron. Me pregunto cuál será el efecto que tendrá en él a la larga ser una persona que ha visto su nacimiento tantas veces en la vida. 

Hoy cumple 8 años, un número redondo. Mi niño se me hace mayor. Yo le veo crecer con orgullo y doy gracias por tenerle a mi lado y por todo lo que me ha enseñado hasta hoy. 

MAMÁ ¿QUIÉN ES CRISTO? UNA MIRADA A TRAVÉS DEL GRECO

El otro día estábamos comiendo cuando, de repente, Vampi Killer hizo una de esas preguntas que te vuelven del revés: Mamá ¿quién es Cristo?

En un principio me quedé bastante sorprendida de que no lo supiera. Luego pensé que era lógico: nunca había ido a clases de religión y en casa rara vez ha salido el tema. Cuando los niños hacen ese tipo de preguntas atribuyes automáticamente un deseo trascendental de saber, de modo que buscas una forma transcendental de respuesta. Por tanto, empezamos a explicarle con lujo de detalles la historia de Jesucristo y el por qué de la celebración de la Semana Santa. El nos miraba muy serio y con los ojos muy abiertos. Cuando terminamos nos dijo: Pero ¿por qué dicen eso de “antes de Cristo” y “después de Cristo”?  La respuesta a esa pregunta no es nada sencilla. ¿Cómo puede un niño entender que la organización temporal de occidente depende de un nacimiento? Se lo contamos lo mejor que pudimos, y seguía serio y callado.

Al día siguiente fuimos a Toledo para visitar las exposiciones con motivo del IV centenario de la muerte del Greco. Él estaba muy interesado en el tema, porque en el colegio habían trabajado sobre ello en la semana cultural. La entrada básica incluye  ‘Toledo Contemporánea’ en el Centro Cultural San Marcos,  ‘El Griego de Toledo’ en el Museo de Santa Cruz, la visita al Convento Santo Domingo el Antiguo, la iglesia de Santo Tomé y el Hospital Tavera. Comenzamos por el Hospital de Tavera, en el que destaca la maravillosa obra “La Sagrada Familia” . 

 

La Sagrada Familia. El Greco.
La Sagrada Familia. El Greco.

El miraba y remiraba. Nada extraño: un bebé tomando teta y su madre y familia embelesados mirándole. Comentábamos lo bella que es esta obra, la belleza de la cara de la Virgen y la naturalidad con la que el Greco refleja una escena de lactancia materna. ¡VÁMONOS, QUE YA LO HEMOS VISTO! 

Vampi comenzaba a impacientarse. Seguimos nuestra visita por el Monasterio de Santo Domingo de Silos (el antiguo), lugar donde está enterrado el Greco. Allí le explicamos lo que era la pila bautismal y para qué servía el agua bendita. Puso cara de poker y seguimos la visita. Esa iglesia estaba llena de imaginería religiosa (como es lógico). En la sacristía había dolorosas, niños Jesús del siglo XVII, Vírgenes adornadas con mantos para salir de procesión, tallas del siglo XIV del la Virgen con el niño. Una maravilla. Pero él estaba cada vez más serio y molesto. Cuando salimos de allí dice: “Yo he venido a ver al Greco, no tanta tontería de iglesias y muñecos. ¡No quiero ver más muñecos!” Nos entró la risa floja, y le explicamos que muchas de las obras del Greco eran religiosas y estaban en iglesias, pero que lo próximo que íbamos a ver no estaba en una iglesia. ¡Yo quiero ir al museo! seguía gritando. 

Nuestra siguiente parada fue el Centro Cultural San Marcos, con obras contemporáneas, algunas basadas en la obra del Greco. Vampi quedó fascinado con este cuadro

Javier Díaz Guardiola. La catedral de Toledo.
Javier Díaz Guardiola. La catedral de Toledo.

Iba hacia atrás y hacia delante comprobando la perspectiva y la impresión de profundidad que daba el suelo a rombos. También quedó impresionado por el vídeo que se proyectaba en una pantalla gigante en el que un grupo de personas en blanco y negro se movían formando patrones imprevisibles. No obstante, todavía no ha desarrollado la paciencia para contemplar una obra de arte, y quería irse enseguida. 

Nuestra penúltima parada fue la iglesia de Santo Tomé, en la que se encuentra “El entierro del conde Orgaz”. Vampi señaló al niño que aparece de frente, a la izquierda del cuadro.

¡Ese es el hijo del Greco!

– Uy, ¿y tú como lo sabes

Nos lo contaron los de tercero en el cole. 

Y efectivamente, el Greco retrató a su hijo en varias ocasiones, y esa fue una de ellas. Muy bien Vampi, muy bien, cole. 

Lo único que captó la atención de Vampi dentro de la iglesia fue una bella virgen negra, la Virgen de Guadalupe. Le expliqué el por qué de las velas frente a las vírgenes, santos y cristos y le dejé que encendiese una. 

– ¿Qué has pedido?

Ahhhh? Eso no se dice

Acabamos nuestro itinerario en la maravillosa exposición del Greco del Museo de Santa Cruz. La paciencia de Vampi estaba llegando a su fin. Había tenido cristos y vírgenes para rato. Miraba con seriedad los cristos crucificados, sin entender muy bien el por qué de ese empeño por representar la muerte de un hombre torturado y ensangrentado.

– ¿Cuál es el cuadro que más te ha gustado, hijo? 

El de la mujer del Greco.

Vaya, el de la Dama del Armiño, el único cuadro cuya autoría es dudosa. Tanto Greco para eso…

Dama del armiño. El Greco.
Dama del armiño. El Greco.

Este día Vampi aprendió muchas cosas. Su mente esponjosa absorbió gran cantidad de información, aunque todavía no sé como ha encajado toda la historia de Cristo, la Virgen y la Semana Santa. Me quedo con su cara de estupefacción cuando le explicamos lo que hacía una paloma en el cuadro de la Anunciación. 

La Anunciación. El Greco.
La Anunciación. El Greco.