APRENDER A SER ESPECTADOR/A

(Edito para poner banda sonora al final)

Ayer fuimos al teatro. En VillaSpringfield no hay muchas oportunidades para hacerlo, sobre todo cuando se trata de obras para niños y niñas. Hay dos teatros, uno minúsculo pero muy cuco y otro más grande pero muy mal construido, porque los sítios desde los que se ve de manera óptima el escenario son un porcentaje reducido con respecto al aforo total del local. Las entradas hay que sacarlas con mucha antelación, no tanto como para ver El Rey León pero digamos que no hay lugar a la improvisación cuando se trata de ir al teatro. Por otra parte, me da a mi que muchas entradas se quedan por el camino para amigos y familiares, de modo que un porcentaje grande de la disponibilidad se queda en agua de borrajas.

 

 

Sin embargo, hace unas semanas, antes de Navidad, llevamos a nuestrxs niñxs a ver El Mago de Oz en el Teatro Maravillas de Madrid. Nos gustó a todas, y salimos con un sabor de boca excelente. No es que la obra fuese de una calidad excelsa, pero era colorida, alegre y muy bien montada para que los más pequeños disfrutasen y los mayores riésen con los guiños humorísticos. Vimos que en el cartél del teatro también estaba el musical Tarzán. Cuando vi que la representaban en nuestro teatro en dos sesiones un único día, les propuse a los Killer acercarnos a verla. Todos estuvieron de acuerdo. Los asientos no eran una maravilla, pero para haber sacado las entradas el día anterior no podíamos pedir más.

Pero una vez sentadas todas en nuestras butacas me di cuenta de que el sitio no era lo peor. No había contado con el factor “público”… Quizás yo sea muy exigente. Cuando vas al teatro, lo primero que haces es mirar las entradas para ver cuál es tu fila y número de butaca. Si te dice que entres por el Anfiteatro PAR, entras por el anfiteatro par y buscas tu fila. PUES NO. Había más de dos y más de cuatro que entraban por el par cuando su entrada decía IMPAR y hacían levantar a toda la fila para llegar a sus asientos, situados en la otra punta del teatro. En fin, un mal menor. Lo peor llegó al empezar la obra. Cuando se apagan las luces y se levanta el telón… ¿QUÉ SE HACE, NIÑOS Y NIÑAS? ESTAR CALLADITAAAAAAAAAS Y ABRIR MUCHO LOS OJOS Y LAS OREJAS. ¿A que sí? Pues no.

 

El sonido era excelente, tanto que podíamos escuchar las canciones por encima del continuo parloteo de los asistentes. Era como estar viendo la tele: los niños y niñas, no tan pequeñas algunas, se levantaban de sus butacas, salían al pasillo, iban al servicio dos y tres veces, se agitaban en sus asientos. Lo peor era cuando llegaban los diálogos, que requerían más atención por parte del público. Entonces el murmullo crecía y los asientos se agitaban. Los Killer estaban inmóviles y con la boca abierta disfrutando de la función (me hicieron sentir muy orgullosa, sobre todo Vampi, que a su edad podría haberse unido al murmullo y continuo traqueteo de sus compañeros). El niño que se sentaba a mi lado, un par de años mayor que Vampi, empezó a golpear su asiento de forma rítmica y repetitiva con la cabeza. Uno, dos, tres, cuatro… veinte… treinta… BASTAAAAAAA. Con una de mis mejores Killermiradas le dije ESTATE QUIETECITO. Paró.

 

La prueba de fuego fue cuando el personaje malo de la obra preguntó a los niños y niñas cuál era su nombre con las manos llenas de caramelos. Hasta la tercera vez que lo preguntó los niños no acertaron a dar la respuesta correcta: CARLTOOOOON. Pero a ver, ¿Cómo lo iban a saber si no estaban escuchando? Yo me hubiese quedado con los caramelos, así de claro.

 

Papás y mamás: a los niños y a las niñas hay que enseñarles a ser expectadores. Ir al teatro no es lo mismo que ver la tele. El teatro requiere atención, silencio, espera, escucha… y participación si así lo requieren los actores y actrices. Pero hay que tener cierto entrenamiento para disfrutar de una obra. Hay que ser conscientes de que las personas que están actuando para nosotras y nosotros lo están haciendo EN VIVO, y esperan de nosotros cierta actitud. En el cine te puedes permitir ciertas licencias, ya que la actuación sigue hagan lo que hagan los espectadores. Pero en el teatro las personas son de carne y hueso y hay que ser un espectador mucho más respetuoso (si cabe). Cuando ves la tele, por otra parte, puedes apagarla cuando quieras y levantarte al servicio sin molestar a nadie.

 

A pesar de todo, mereció la pena. Vampi salió encantado (es un espectador excelente). Phanton se quejó de que las canciones eran muy largas a veces, no es un gran amante de los musicales; por último, Brigitte puso la nota crítica: QUÉ OBRA TAN MACHISTA. Incluso la versión de Disney es más políticamente correcta. Jane era dibujada como una chiquilla guapa y tonta que no hacía más que decir que Tarzán era un “buenorro”. Pero tampoco él era una eminencia: total, para estar en la selva, con tener habilidades de mono basta… ¿no?

 

 

2 Responses

  1. La actitud de los niños influye mucho si no se les lleva de normal al teatro o espectáculos semejantes, que en este caso, si dices que no suelen ofrecer en el pueblo, con más motivo. Y, por supuesto, el ejemplo de los padres, que muchas veces dista mucho de ser “correcto”. Nosotros solemos ir bastante a menudo, y los peores comportamientos los he visto en adultos.
    ¡¡Feliz Año!!
    P.D. He de decir con orgullo que mi hijo, a sus 6 años, es un espectador ejemplar.

  2. Totalmente de acuerdo: la actitud de los niños ante un espectáculo depende de lo que les trasmiten sus mayores. Por eso es importante ser conscientes de que ir al teatro requiere de cierto entrenamiento. Hablar con los niños y niñas antes de entrar es importante si son pequeños o nunca han acudido a eventos de ese tipo. Educarles para respetar el teatro forma parte de nuestra responsabilidad.
    Feliz año!!!!

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