Vístete

Lo del tema de la vestimenta de las niñas (y los niños) y el comentario del Juez Calatayud de que las niñas se hacen fotos como putas lleva dando titulares 4 días. Lo desacertado de estas declaraciones es evidente, en alguien que se llama juez y que se supone que está ahí para impartir justicia, no para decirle a las víctimas que son las culpables de lo que les pasa. Por otra parte, seas niña o seas puta, tienes derecho a que no te violen ni te agredan sexualmente, sea cual sea tu pose en una foto o tu ropa elegida.

Dicho esto, hablemos de nuestra ropa y de nuestros cuerpos. Hablemos de las niñas y de su autoestima. Hablemos de las populares, sus ropas y su maquillaje. Hablemos de la comodidad, del tanga que se mete por la raja del culo, de esos tacones que te destrozan los pies y la columna y de las 20 fotos que nos hacemos antes de colgar la buena en Instagram. ¡Qué lacra para toda la vida, ser fea y no poder recibir cientos de likes cuando cuelgo un vídeo en musical.ly! No, señor Calatayud. El problema no es que las niñas posen como putas (que, por cierto, no sé cómo es eso de posar como una puta, igual hubiese sido más acertado “como una cantante”, “como una actriz” o “como una YouTuber). El problema es que su autoestima resida en el efecto que su imagen produce en los demás. Una niña de 10, 11, 12 años posa de acuerdo a los modelos que le ofrece su entorno como exitosos, adecuados y agradables. Y esos modelos, hoy por hoy, son mujeres despampanantes que posan haciendo morritos y con ropas que les quedan fenomenal, no intelectuales listísimas que dedican su tiempo a escribir, a leer y a pensar en vez de a ir al gym y a la peluquería.

El otro día veía una serie de esas de adolescentes, Pequeñas Mentirosas, y me preguntaba cómo conseguían ir esas niñas al instituto tan perfectamente conjuntadas, con ese maquillaje profesional y ese peinado de peluquería espectacular. Las cejas, depiladas y delineadas, el lápiz de labios cuidadosamente escogido para la ocasión y un conjunto para cada momento del día. Si esos son nuestros referentes, la vida real nos debe parecer una verdadera mierda. Y una cosa curiosa: estas series pasarían el test de Bechdel estupendamente.

No, la verdad es que cuando veo a las niñas posando en Instagram, no me preocupa (solo) lo expuestas que puedan estar a desalmados y pederastas. Me preocupa (también) la forma en que se ven a sí mismas, qué es lo que valoran en ellas, cómo interactúan con su entorno, cómo están desarrollando su identidad. Y me preocupan no solo las que posan, sino también las que no posan, ese mundo oculto de niñas que no se atreven a poner su foto en Instagram, que no bailan en público y que se creen “feas”. Esas niñas, todas las niñas, merecen otros modelos para amarse y respetarse. Merecen mujeres de verdad, con sus granos, sus gafas y su inteligencia diciéndole al mundo “porque yo lo valgo“. Y a la mierda el Juez.

#VDLN 141: Te lo digo a ti. Vetusta Morla

Que llega el otoño, mujer, y se nos desarman las hormonas. A ver qué tema saco que me pueda desatar, porque no puedo con toda esta energía que me desborda. El verano me ha sabido a poco y tanto calor no me ha dejado moverme para agitar huracanes. El otoño nos ha traído una especie de primavera. La tierra ruge, las banderas se agitan, las mujeres callamos porque no damos importancia a nuestros dolores, a nuestros miedos, a nuestras penas, a nuestras verdades.

Las hay que se disfrazan para ocultar la desolación y las hay que se disfrazan de la desolación misma. A veces, la risa es sincera, pero entonces surge un dedo acusador, de aquí, de allá, y volvemos a nuestras oscuras guaridas mientras los gritos de los play movil se escuchan allá afuera. Ese allá afuera que es una pantalla grande, inmensa, en la que ellos expresan la trascendencia de sus asuntos trillados con palabras grandilocuentes. Con lo fácil que es desmontar la magestuosidad de sus corbatas y nosotras soplando la hoguera en el fondo de la cueva.

Qué fácil es hacernos retroceder, basta un silencio, un hueco vacío, una ceja alzada. No somos capaces de reconocernos entre tanta palabrería y luego un simpre gesto nos lanza a la nada otra vez. La reina de corazones cortando cabezas o las harpías tristes cotorreando en sus guaridas. Te lo digo a ti.

 

YouTubers World

 

Ayer decidí adentrarme en el mundo YouTuber. Mi hijo de 11 años lleva un tiempo enganchado, y me apetecía saber qué se cocía por allí de primera mano. Creo que merece la pena adentrarse en este fenómeno que, de mano de gente de 20, está enganchando a gente de 10. La televisión hace años que solo se enciende en mi casa para ver Netflix, los canales tradicionales han muerto y ahora, para acercarnos al mundo de nuestros pequeños y pequeñas, hemos de navegar con ellos y elegir entre los numerosos y seguidísimos YouTubers.

Lo primero que hay que saber es que, cuando abres una cuenta de YouTube, puedes crear un canal propio en el que subir vídeos. Los YouTubers suelen ser chicos y chicas jóvenes. Lo que suelen hacer son GamePlays, que son vídeos en los que salen ellos mismos jugando a un videojuego, Vlogs, en los que cuelgan vídeos hablando de su vida o de distintos temas, y series animadas o de otro tipo.

Os voy a hablar de los YouTubers favoritos de mi hijo. El number one, el total pro es Folagor03, que hace GamePlays de Pokemon. Este chavalillo es simpático y la verdad es que me cae bastante bien. Mi hijo espera con impaciencia sus vídeos diarios. Aquí os dejo un vídeo de su canal.

Mi hijo era algo reticente a hablarme de los YouTubers que le gustan, porque piensa que tenemos un prejuicio contra ellos y que no entendemos nada. Le molesta que les llamemos tontos, que pensemos que pierden el tiempo y que les pidamos que les cambien por un libro. Lo cierto es que el entretenimiento que les proporcionan los YouTubers es bastante incomprensible para una generación que creció con la tele y los programas cerrados y a todo color. Nuestros hijos pueden interactuar con sus YouTubers favoritos, dejarles comentarios, aprender de sus mejores jugadas y… leer a los haters en los hilos de comentarios.

Entre otros gamers que le gustan están Gona_89, DSphony, RobleisIUTU, Sliver, MarcusPK7 y el famosísimo Willyrex. Pero lo que ahora es lo más de lo más es la serie de Edd00chan, FNAF. Esta serie animada, bastante simplona, está causando furor entre los peques de nuestra causa, que se han hecho Otakus y se han abierto cuentas monográficas en Instagram sobre la serie y sus personajes. A mí me deja bastante loca que prefieran esta serie a las elaboradísimas producciones que pueden encontrar en la televisión o en Netflix, pero creo que el secreto está en que es algo suyo, algo con lo que pueden interactuar y que está lejos del salón de casa. Su identidad digital es cada vez más fuerte, y estos productos simples pero exclusivos tienen mucho tirón.

También le pregunté por las chicas YouTubers. Me dijo que ellas también hacían GamePlays y que algunas le gustaban bastante. Pero que a él no le gustaban los Vlogs y las WeekLists. Y también descubrí los múltiples parentescos entre YouTubers.

Luna Dangelis es una gamer que hace otras muchas cosas, entre las que he podido observar un género que se llama “Video Reacciones” y que consiste en ver algo y mostrar a tus seguidores cómo reaccionas ante ello (qué narcisista, ¿no?). Tiene un novio que se llama Deiak y que a mi hijo no le gusta mucho. He visto un vídeo en el que Deiak mansplainea a Luna jugando a un videojuego pero no os lo voy a poner. Y luego está Sara Ramírez, alias Sara Pecas, hermana de Folagor03, que es casi tan maja como él, y trabaja más el género del Vlog. Aquí os dejo un vídeo con los cuatro juntos:

 

En definitiva, estamos viviendo un cambio revolucionario para el que debemos estar preparados/as. Todo cambia, y despreciar los gustos y aficciones de nuestra prole solo nos llevará a agrandar la brecha generacional. No hace falta que ahora nos hagamos superfans de los YouTubers, pero intentar comprender la cultura en la que se hallan inmersos nuestros hijos nos ayudará a conectar con ellos más y mejor. Os dejo con un Instagramer y YouTuber que me ha presentado mi hijo mayor con el que no me puedo dejar de reír. Se llama Darioemehache y me ha enganchado.

 

Para criar hay que mimar

 

Me sorprende que, después de una época en la que pareciera que se hubiera puesto de moda un modelo de crianza basado en el afecto y el respeto, haya vuelto a imponerse poco a poco un modelo de parentalidad autoritaria. En nuestro país, el primer bando estaba encabezado por las seguidoras y seguidores de Carlos González, pediatra autor de best sellers como Bésame Mucho, Mi Niño no me Come y Un Regalo para Toda la Vida. El segundo, por las de Supernanny (la psicóloga Rocío Ramos Paúl), experta que protagonizaba el conocido programa de televisión en el que acudía a casa de los niños y niñas díscolos para meterlos en vereda.

Con la publicación del libro de la periodista Eva Millet, hiperparentalidad, ha surgido una corriente de opinión según la cual las madres y los padres de hoy en día actúan con demasiado cuidado con su prole. De acuerdo con esta corriente, no hay que cuidar tanto a los niños, porque este exceso de atención hace que no desarrollen adecuadamente su autonomía y les deja indefensos ante un mundo que les pide que sean resolutivos, independientes y resistentes.

Pero ¿qué nos está pidiendo realmente esta moda reciente que nos llama “madres helicóptero” y que nos exhorta a dejar de prestar atención a los problemas de nuestros hijos e hijas? No me queda muy claro si, cuando nuestros hijos tienen un problema, debemos escucharles y prestarles apoyo o decirles con desparpajo que se busquen la vida. Antes, lo que nos echaban en cara a las familias, era que no nos preocupábamos de nuestros hijos. Esa falta de preocupación e interés era el origen de todos los males: fracaso escolar, acoso, embarazos no deseados, pérdida de las buenas costumbres, etc. Ahora, el problema es que nos preocupamos demasiado de ellos y que somos dulces como malvaviscos. Mano dura, imposición, órdenes y menos miramientos es lo que nos reclaman.

En realidad, hay mucho de ideología y poco de sabiduría en estos consejos lanzados desde el campo de la divulgación. Hay, al menos, dos paradigmas psicológicos sobre la influencia de la relación con los adultos en el desarrollo infantil, que contradicen los postulados de la hiperparentalidad.
En primer lugar, desde la teoría del apego, que fue formulada por Bowlby el siglo pasado, pero que sigue viva en la actualidad, la relación que se establece con los adultos clave en la infancia es crucial para lograr una adaptación personal y social adecuada. Los niños y niñas que tienen un apego seguro, porque han sido cuidados y atendidos por una persona a la que ellos consideran clave, son niños que han demostrado adquirir más rápidamente su autonomía y que tienen más facilidad para pedir ayuda en situaciones de peligro o estrés. Es decir, los niños y niñas que han sido atendidos y amados no se hacen blanditos y llorones, sino todo lo contrario: su desarrollo emocional es más adaptativo. Lo que hay que solucionar normalmente, desde la psicología y la psiquiatría, son los casos de aquellos niños y niñas en los que ha existido negligencia en los cuidados, no exceso de celo en el mismo, si es que podemos hablar de exceso de celo en el cuidado de un niño pequeño.

En segundo lugar, desde el estudio de los estilos parentales de crianza y su influencia en el desarrollo de la autonomía de adolescentes y jóvenes adultos, se ha demostrado que independizarse de la familia y desarrollar comportamientos autónomos y adaptados se favorece más desde estilos democráticos que desde estilos autoritarios. Dejar a los niños y niñas que participen en la toma de decisiones de la familia, así como ir cediéndoles responsabilidad para elegir su propio camino (sin retirarles nuestro apoyo) es la mejor forma de conseguir jóvenes independientes.

Por tanto, si recoges a tu hijo del suelo cuando se cae y le consuelas abrazándole y besándole, si te demoras en la puerta del cole en su primer día y le aseguras que vas a volver a por él en seguida, si le ayudas con sus dificultades en los estudios, haces de mediador o mediadora entre él y el profesorado si surge algún conflicto, no te preocupes: lo estás haciendo bien. Para que una persona sea autónoma un día debe de haber sido apoyada y ayudada cientos de veces. La autonomía nace del apoyo de tus seres queridos desde el momento en el que naces. El problema es carecer de este apoyo y no, como nos están haciendo creer, recibirlo en exceso. El problema es imponer, exigir, negar y ser inflexible. Nunca supone un problema guiar y mostrar las posibilidades para llegar con éxito al final del camino. Y, sin duda, si la tuya es una familia democrática, esa es la mejor forma de educar a tus hijos e hijas para vivir en una democracia.

Señoras, sí señoras

Imaginemos una escena. Un grupo de mujeres en pleno climaterio admiran la belleza de un hombre de 30, mientras hablan entre ellas, ríen y pasan un buen rato. La cosa no llega a más: ni le tocan el culo, ni le lanzan piropos, ni dificultan su trabajo con sus insistentes embites. Sin embargo, sufren de cierta censura, la gente las mira con sorna, hablan sobre sus ciclos menstruales y su ovulación y, finalmente, quedan como unas trasnochadas locas y poco preocupadas por su imagen social.

Ser mujer de 50 es una actividad de riesgo. Si te ríes demasiado fuerte, si hablas de sexo con demasiada codicia, si tienes ganas de aprender, si tienes competencias inusuales, si eres mejor en lo tuyo que los/as jóvenes sobradamente preparados/as, si manejas las redes sociales con soltura y gracia, si te gusta seguir vistiendo y peinándote como siempre, si estás al día, siempre habrá alguien que te recuerde que ese no es tu lugar y que intente desplazarte de un culetazo a tu zona de comportamientos esperados en una señora de 50.

La censura se siente por doquier. Es casi imposible seguir comunicándote con la peña como lo has hecho siempre, porque en cuanto el gesto se interpreta como un intento de hablar de igual a igual, de entablar una simple conversación, todo son caras de extrañeza. ¿Qué hace una señora de 50 intentando hablar conmigo como si tal cosa? ¿Se creerá que tiene 20? ¿Se creerá que sabe lo que yo sé, si la pobre no sabe ni usar el WhatsApp?

Eso es misoginia, me dicen por aquí. Pero una misoginia muy focalizada en un grupo de edad muy concreto. Existimos como grupo definido y con una función social: ser el admereir, prototipo de la ignorancia y de la estulticia. Somos las que restauramos al Ecce Homo, las que miramos por encima del hombro a las jóvenes emancipadas, las que llamamos piojosos a los chavales que llevan rastas, las que comemos chorizo y jamón a dos carrillos en las bodas de las sobrinas, las que votamos al PP y las que estamos en contra de la democracia y el amor libre.

Pero os voy a contar un secreto: con suerte, llegaréis a los 50. Os va a pasar. Y os creeréis que vosotras y vosotros (lo vuestro también tiene tela) sois diferentes, sois adalides del cambio social, sois lo más enrollado de la vida y nada os cambia, ni los prejuicios, ni la edad ni la hostia. Que no sois como vuestras madres, las pobres, que eran un poco lerdas y no sabían cómo funcionaba eso del mundo. Y de repente ZAS, un niñato os va a mirar con condescendencia y se os van a caer todos los palos del sombrajo. Pero no os preocupéis, nos tendréis aquí a las de 70 y 80 para descargar vuestras frustraciones.

El arte y la escuela

¿Arte? ¿Has dicho arte? El arte es la expresión libre de emociones, pensamientos, sentimientos, intuiciones, percepciones estéticas, emulación de situaciones imaginarias, invención de situaciones que reflejan problemas de la vida. Las pocas veces que esto se hace en la escuela, sale en los periódicos, porque debe ser muy difícil dar rienda suelta a la creatividad de niñas y niños.

En la escuela, el arte ni está ni se le espera. Comenzamos la educación infantil cumplimentando cientos de fichas, pegando palillos y lana en el papel, coloreando sin salirse de la figura, recitando de memoria poesías de autores desconocidos, etc. El corta, pega y colorea se convierte en la regla de oro de la formación “artística” en la escuela española, y de ahí pasamos al “aprende de memoria y reproduce con tonillo escolar” o el “lee esta birria de cuento adaptado y haz un resumen”.

Quiero detenerme especialmente en el tema del tonillo escolar. En la actualidad, hay muchos ejemplos de este problema, ya que YouTube está lleno de vídeos dirigidos por maestras/os en los que niñas y niños reproducen lo que les han dicho que tienen que decir. No estoy hablando de teatro, que ese es otro tema. Estoy hablando de reportajes en los que los niños y niñas presentan su colegio, por ejemplo. ¿Sabéis de qué hablo cuando digo lo del tonillo escolar? Es ese tonillo con el que hablas cuando estás reproduciendo frases de memoria. Esa cadencia, ese ritmo que comienza con cierto énfasis y tiene una duración aproximada de 12 palabras. Se me ponen los pelos de punta cada vez que lo oigo. También lo usan cuando hacen teatro, pero aquí añaden esos movimientos de las manos que alguien les ha dicho que tienen que hacer, de adentro a afuera, con las manos abiertas y los brazos primero semiflexionados y después extendidos.

Que no digo que haya que dar clases de interpretación en los colegios (o sí), pero sería importante enseñarles la diferencia entre una buena interpretación y una interpretación sobreactuada y recargada, una interpretación natural y otra recitada de memorieta. Apreciar el séptimo arte no es un tema baladí, y quizás así no tendríamos las salas de cine llenas de borregos que solo van a dar grititos y a hacerse los chulitos delante de sus novias, dejando todo perdido de palomitas y las marcas de sus pies en los asientos de delante.

¿Y qué me decís de esa obsesión de la escuela por la copia y el resumen? Los niños y niñas leen un libro maravilloso ¿y tienen que resumirlo? Esa es una actividad absolutamente artificial y restringida al entorno escolar. De los libros no se hacen resúmenes, en todo caso se hacen reseñas, un género publicable y socialmente reconocido. Escribir una reseña supone tomar una postura como lector/a sobre el libro que has leído. Supone ir más allá de la reproducción memorística de lo leído y da voz al lector. Los niños y las niñas tienen que aprender a tomar postura ante las producciones de su cultura, no a reproducirlas acríticamente.

Lo mismo ocurre con el arte pictórico: hay cientos de láminas de pintores famosos rulando por ahí para imprimir y que los niños y niñas las coloreen. Ya estamos de nuevo con las restricciones creativas. ¿Es tan difícil mostrar a los niños el arte, enseñarles a apreciarlo y darles materiales para que se expresen libremente y enseñarles a usarlos? Quizás el problema de base es que no toleramos la supuesta imperfección de sus obras, pero hemos de saber que ningún artista nació pintando las Meninas de una sentada. El arte es un proceso y las producciones son todas igualmente válidas. Lo importante del arte es la posibilidad de expresar cosas con distintos lenguajes y recursos, no acabar exponiendo en el MoMA, publicando en Anagrama o actuando en Brodway.

Dejemos de deforestar los bosques imprimiendo láminas para colorear, dejemos de torturar a las familias con esos festivales de fin de curso interminables, en los que niñas y niños hacen lo que les dice la maestra. Dejemos de imponer plantillas a sus mentes y dejémosles que se expresen y que aprecien con sus sentidos las expresiones de otras personas. Igual no llenamos los museos, pero los niños y niñas habrán andado un camino que, en la actualidad, se comienza a andar al salir del sistema.

#VDLN 140: Loca por incordiar

Bueno, ya estoy aquí otra vez. Es que he estado un poco de sequía. Todavía no estoy del todo repuesta, pero mis ganas de incordiar se van reanimando y parece que ya va habiedo alguna chispilla por aquí y por allá.

Os quería hablar de una cosilla. Yo sé que, a lo mejor, no lo vais a entender, porque no estáis en este mundillo de la Psicología en el que me muevo yo, pero voy a intentar explicarlo: no puedo con la gente que habla de las emociones como un ente separado del universo mental humano. “Hay que tener cuidado con las emociones”, “los niños son muy delicados emocionalmente hablando”, las emociones por aquí y las emociones por allá. En fin. Que el ser humano es un TODO, no van las emociones por un lado, la razón por la otra, la personalidad por arriba y los instintos por debajo. Un todo que se regula socialmente, que funciona en un entorno mediado desde el nacimiento. Y las emociones TAMBIÉN están mediadas culturalmente. No son un monstruo independiente que espera a ser desatado.

La enfermedad mental también está mediada culturalmente. Estamos locos y locas de acuerdo a los cánones que marca nuestra cultura. La locura no va más allá de lo que esperamos de nuestras locas y locos. El sentir está acotado: no se debe reír con frenesí en determinados lugares, ni llorar a moco tendido en otros. No debemos mostrar nuestro asco en presencia de las personas que nos lo producen, ni expresar nuestra ira de manera demasiado evidente. Y eso modela todo nuestro ego, nuestra forma de pensar y razonar, nuestra forma de relacionarnos y de ser en el mundo. Y todo es todo.

Esto es como dividir el conocimiento en asignaturas. Yo me pasé toda la EGB, el Bachillerato y el COU preguntándome para qué coño serviría eso de las matemáticas. Lo preguntaba una y otra vez en clase, y los maestros y profesores nunca me dieron una respuesta satisfactoria. ¿Es que ellos mismos no sabían para qué servían las putas matemáticas? Parece que no. No me parecía tan grave no saber para qué servía la filosofía. Me gustaba el parloteo de esos señores antiguos hablando sobre el mundo y sus asuntos de una manera desatada. Al menos dabas rienda suelta al intelecto. Si me hubiesen dicho que las matemáticas eran el lenguaje de Dios, me las hubiese tomado de otra manera… o hubiese enloquecido.

Bueno, todo esto venía a que estoy loca por incordiar este curso. Y por ello, os dejo esta canción. Sé que pocos lo entenderán…



Controlar esfínteres no es lo mismo que aprender a ir al servicio

El tema de la retirada del pañal es uno de los asuntos más escabrosos en la crianza. Pero lo es por el contexto en el que nuestros niños y niñas se desarrollan: una sociedad en la que su cuidado depende desde edades tempranas de personas ajenas a su familia. Si, aún así, nuestro clima permitiese ir en cueros todo el día, el problema no sería tan grave, ya que esa circunstancia disminuiría la dependencia para el mantenimiento de la higiene. Por tanto, el tema de la retirada del pañal mezcla dos asuntos importantes: 1) la maduración neurológica para el adecuado control de esfínteres (debemos tener en cuenta que no es lo mismo controlar el esfínter anal y el urinario) y 2) los condicionantes sociales sobre cuándo se debe controlar esfínteres, quién y cómo lo debe enseñar y cuáles son los protocolos sociales a seguir para ir al servicio.

La maduración neurológica para el control de esfínteres, en condiciones normales, se produce de los 18 a los 54 meses (del año y medio a los cuatro años y medio, para los/as que odien que se hable en meses). Según un estudio clásico en el se hizo un seguimiento de 671 niños y niñas en el condado de Lancashire (UK), los niños controlaron el intestino entre los 18 y los 24 meses, de la vejiga, durante el día, antes de los 4 años, y de noche, antes de los 4 años y medio. Las niñas controlaban esfínteres antes que los niños El control del intestino se conseguía antes por la noche que durante el día, mientras que pasaba lo contrario con la vejiga: el control era antes diurno que nocturno. Sin embargo, al comparar a los niños ingleses con una muestra americana, se comprobó que existían grandes variaciones en la edad de adquisición así como en la secuencia. También parecía que los niños y niñas que iban a guardería, adquirían antes el control de esfínteres, pero esta diferencia no parecía estar relacionada con las formas en las que se producía el entrenamiento, sino más bien de las expectativas que tenía el medio social sobre cuándo debería producirse este hecho. (ver Stein, Z., & Susser, M. (1967). Social factors in the development of sphincter control. Developmental Medicine & Child Neurology9(6), 692-706.)

En conclusión: todos tenemos una buena intuición de cuándo se produce la maduración neurológica y podemos pedir a los niños y niñas que empiecen a pensar en desechar su pañal. Sin embargo, además de existir diferencias individuales relacionadas con el desarrollo neurológico, existen grandes diferencias vinculadas a factores sociales y relacionales que no debemos pasar por alto. Un fallo en el control de esfínteres siempre va ligado a un entorno que no tiene recursos para atender a la persona que no controla. Que un bebé no controle esfínteres, no es un problema. El problema comienza cuando el bebé crece y entra en un centro educativo en el que no le permiten llevar pañales. Es entonces cuando empiezan los intentos de entrenamiento forzado, rodeados en algunas ocasiones de ansiedad, nerviosismo y angustia por parte de las familias, que ven que el momento se acerca y el niño todavía se hace pis encima.

Lo que antes era un suceso común y placentero en su vida, miccionar y defecar, hablando finamente, se convierte en un infierno. Y esto le suele pasar con más frecuencia a aquellos niños y niñas cuyo sistema neurológico es más inmaduro, lo cual hace que la familia se desespere más y más. La maduración neurológica sigue su curso, pero los niños dan significado a esos eventos desagradables que se suceden ante sus meadillas inocentes, y el hecho de hacer pis y caca se convierte en un problema, algo que deja de ser natural para convertirse en un suceso social cargado de contenido. Y esto es lo peor que puede pasar: que un hecho que hasta ahora era fisiológico adquiera un significado relacional y se conecte con una situación estresante. La cosa se descontrola y podemos provocar una eneuresis… o no.  Ya nos explicó Pavlov cómo las respuestas fisiológicas, como la salivación, se pueden condicionar a estímulos con los que antes no estaban relacionadas, como los pasos del investigador que lleva la comida al perro (ver Condicionamiento Clásico). Pero no preocuparse: todo pasa. Eso no dura toda la vida. Los niños acaban controlando esfínteres tarde o temprano.

Todo esto no quiere decir que no deba haber una actitud educativa en torno al control de esfínteres. No está mal que los niñas y los niños, alrededor de los 2 años, vayan sabiendo que habrá un día no muy lejano en el que tendrán que decir adiós a su pañal. Los 2 años es una buena época, en tanto en cuanto las niñas y los niños ya van adquiriendo el lenguaje y comprenden situaciones cada vez más complejas. La decisión de abandonar el pañal debe ser, en la medida de lo posible, tomada por ellos y ellas, dándoles apoyo, pistas, consejos y comprensión, mucha comprensión. . Y esa comprensión debería ser por parte no solo de la familia, sino también de la escuela. Los niños y niñas de 3 años, cuando llegan al colegio, están en proceso de desarrollo de control de esfínteres. Eso debería ser tenido en cuenta por la administración y dotar de recursos a las escuelas para que los niños y niñas no se vean sometidos a un control forzado de esfínteres que puede provocar mucho estrés innecesario y alguna que otra eneuresis.

Pediatras tuiteras

Si no teníamos bastante con la supuesta política sanitaria de la “revisión del niño sano”, ahí tenemos a la policía sanitaria de twitter. Las pediatras en la red están para aconsejarte, para reconducirte al rebaño, para que no te creas que existe eso de la autonomía sobre la salud propia y la salud de nuestros hijos e hijas. Es maravilloso que, en la época y el país en el que vivimos, podamos acudir a una persona a la que le suponemos sabiduría sobre los procesos biológicos que se producen en nuestro cuerpo que nos de consejos sobre la manera más adecuada de sanarlo. Está bien que se establezcan políticas de prevención de enfermedades y que se fomente entre la población el ejercicio y la alimentación sana, entre otras cosas. ¿Pero de verdad es necesario que haya alguien permanentemente diciéndonos cómo alimentar a nuestros hijos e hijas, cómo dormirles, cómo tratarles, qué objetos ofrecerles, etcétera?

No hace falta estudiar medicina ni enfermería, ni siquiera hacer un ciclo de puericultura, para criar a un bebé. Ni siquiera hace falta que haya cerca ninguno de estos profesionales. Empiezo a percibir vuestros aspavientos. Ya, ya sé que creéis que es, no necesario, sino imprescindible, que existan a nuestra disposición ciertos compuestos inyectables y gente que los pueda subministrar por un módico precio. Pero hoy no voy a hablar de esos compuestos que se empeñan en inocularnos a toda costa y que, si osamos poner en duda su utilidad e inocuidad, nos acosarán por tierra, red y aire. No. Ya hablan bastante de esos productos las pediatras tuiteras. De hecho, yo diría que el principal objetivo de la presencia de estas pediatras tuiteras en la red es la defensa a ultranza de estos compuestos.

Pero lo cierto es que los niños y niñas pueden crecer sanos y fuertes sin visitar al pediatra en ausencia de enfermedad y sin consultar a una o uno de ellos día sí día también. El control sobre nuestra salud y la de nuestros hijos e hijas está en nuestras manos. ¿Alguien lo duda? ¿Alguien ha creído por un momento que tengo que perdirle permiso a un pediatra para alimentar a mis hijos e hijas de una forma o de otra? ¿Alguien ha pensado alguna vez que la revisión del niño sano es obligatoria? ¿Alguien cree que para alimentarse correctamente hay que acudir a un nutricionista o que hay especialistas que saben más de la lactancia materna que las madres que han dado de mamar a sus hijas/os durante años? Pues pareciera que sí. Hablar de temas de alimentación infantil en la red se está empezando a convertir en un deporte de riesgo, sobre todo si tienes opiniones sobre nutrición diferentes a las de las pediatras tuiteras. Ellas suelen ser abanderadas de la alimentación mainstream, y enarbolan con furia los casos de niños muertos porque sus padres les alimentaban con leche de soja.

A mí la verdad es que me importa un huevo y parte del otro la opinión de las pediatras tuiteras. Cuando llevo a mi hijo al pediatra es por voluntad propia y a pedir consejo, nunca a recibir órdenes. Y agradezco mucho tener ese recurso a mi disposición, además de agradecer no necesitarlo con frecuencia. Pero las pediatras tuiteras, así como las boticarias tuiteras, me son bastante indiferentes. En primer lugar, porque no me interesan sus opiniones médicas. Si las pongo en cuestión, rara vez argumentan o me ofrecen evidencias contundentes sobre lo que están diciendo. Ignoran mis argumentos. En segundo lugar, porque sus intervenciones en la red dan la impresión de ser publicidad encubierta. Cuando se ponen a hablar de productos antipiojos todas a la vez y, casualmente, del mismo producto, suena raro ¿verdad? Así que prefiero seguir con mis métodos particulares de toda la vida, que siempre han funcionado.

En Twitter me gusta informarme, divertirme y odiar, odiar mucho, pero no recibir consejos no solicitados ni ponerme a las órdenes de sargentos no nombrados por mi regimiento. Así que, de momento, solo veo a las pediatras tuiteras cuando son retuiteadas por alguien a quien sigo. Bueno, no pasa nada, con ignorar las soflamas médicas y seguir con mi vida es suficiente.