Bienvenido, 2017


Cuando llega el fin de año, echo la vista atrás. Es increíble la de cosas que da tiempo a aprender en un año. Hace tiempo que intento no dejar cabos sueltos en mi vida, aunque, a veces, se queda más en intención y deseo que en hechos reales. Harta de romper con la vida, solo deseo tejer la madeja lentamente. Harta de excesos, me dan igual cada vez más cosas. Y solo voy hacia adelante, sin esperar a nadie que no quiera venir conmigo. 

Los dolores de la infancia y la adolescencia vuelven de vez en cuando, pero mis hijos me han sanado en gran medida. Ser capaz de establecer una relación de apoyo y cariño con ellos me ha servido para olvidar gran parte de mi historia y a verme con ojos nuevos. Renacer en la nueva generación es un must, y este año que se va ha sido muy importante. A los mayores les veo progresar con energía, con ilusión, con sensatez y con muchas ilusiones. Nunca vi en ellos esos adolescentes que solo se interesan por su pelo, su ropa y sus videojuegos de los que habla la gente. Ellos siempre han estado interesados en sus amistades, tienen aficciones interesantes, les gusta leer, dibujar. Les gusta la música y disfrutan con ella. Y ya empiezan a poner piedras en su camino de salida al mundo.

Los pequeños son felices. Se nos avecina una adolescencia 2, pero ya hemos aprendido y tenemos recursos para enfrentarnos a los cambios que se avecinan. Porque, en la vida, si no aprendes de las experiencias, es como no haber vivido. Aprender todos los días y de cada suceso. Y no rendirse: ese es el truco. Seguir con la ilusión de continuar creando y recreando tu propia vida. Nunca es demasiado tarde para aprender. 

Es verdad que hay gente que nunca aprende. Son las personas que nos enseñan a tener compasión. A veces es difícil, y solo tienes ganas de gritarles para que aprendan. Pero cada cuál tiene su propio camino, sus oportunidades perdidas, sus karmas, sus desgracias y sus miserias. Compasión y paciencia: es un gran aprendizaje. Y no siempre lo consigo, pero tengo buenos maestros. 

Y ahora, a celebrar. Que la salida del año sea genial y que tengáis muchos propósitos para el 2017. Os deseo lo mejor. A seguir aprendiendo. 

De cartas salvadoras y realidades evidentes


En los últimos días, se ha hecho viral una carta de un profesor de literatura a sus estudiantes suspensos. El discurso que se desarrolla en ella es bastante tradicionalista y lo llevamos escuchando décadas, siglos diría yo, sin que nada haya cambiado en nuestro sistema educativo y sin que los jóvenes a los que esta carta va dirigida hayan cambiado un ápice. Este profesor, que trabaja, por lo que podemos intuir a partir de sus palabras, en un medio rural, en el que la economía está basada en la agricultura, se dirige a sus estudiantes y les dice que tienen que esforzarse porque la vida es dura. 

Después de 5 minutos de vídeo, he creído entender que este profesor, cuyas intenciones no pongo en duda que son buenísimas y que lo que dice lo dice de corazón y porque se lo cree, asegura a sus estudiantes que si estudian con mucho ahínco y llevan los trabajos a tiempo, podrán salir del sistema de pobreza y explotación al que se ven sometidos gran cantidad de españoles. Puede ser que alguno de ellos le haga caso, y dentro de unos años vuelva para decirle “mira Pablo, hice lo que tú me dijiste en esa carta navideña que te publicó el Huffington Post y que me dejó impresionado. Pero han pasado los años, y por mucho que me he esforzado, por mucho que he entregado los trabajos a tiempo, por mucho que he leído a los románticos, mira, aquí estoy, con un contrato de mierda que he firmado comprendiendo perfectamente lo que ponía en el texto. Aquí estoy, con una jornada laboral interminable, currando para alguien que se lucra con mi trabajo y lejos de mi pueblo y de mi familia. Eso sí, soy un buen trabajador, me esfuerzo y entrego todas mis tareas a tiempo.”

No sé, Pablo. ¿Cuál es realmente tu visión del ascenso social? Yo creo que, si lo que quieres es que tus estudiantes tengan la mente abierta y pensamiento crítico, deberías poner manos a la obra y ponerte a trabajar en ello. ¿Les has propuesto que se vean reflejados en algún personaje literario? No sé, se me ocurren Germinal, Cañas y Barro, Los Santos Inocentes… hay tantas joyas de la literatura que te pueden servir para hacer que sus mentes se revelen contra la injusticia, que yo no dejaría escapar un momento y me pondría a trabajar ya. 

¿Y qué decir del dadaísmo, de los Provo, de los movimientos de vanguardia que intentaron romper con el status quo establecido, o el más contemporáneo movimiento grafitero, con artistas como Bansky, Obey, Blu y tantos otros? ¿Has pensado alguna vez trabajar por proyectos y dejar que ellos y ellas experimenten el impulso creativo y el intento de romper con el orden establecido en la vida de mierda que dices les espera? 

Te animo a que liberes tu mente y, en vez de insistir con datos, apuntes, libro de texto y clases magistrales, cuya única propuesta es la de hincar los codos y leer por leer sin entender, les hagas vivir el lenguaje y la literatura. Haz que escriban para conseguir cosas, que noten el poder de la escritura en sus carnes. Que escriban sobre los problemas que les rodean adoptando las técnicas literarias de esos movimientos que ahora les suenan a chino. Que vean sus textos publicados. Que elaboren un periódico de aula. No hace falta que sus textos sean perfectos, lo que es necesario es que los sientan como suyos y aprendan a amar el lenguaje escrito. Que lean para disfrutar y para comprender su entorno. 

¿Te imaginas lo que podrías conseguir?

#VDLN 121: The mamas & The papas (California Dreaming/Dream a little dream of me)


La Navidad para mí es como una canción de The mamas & The papas. Casual, como hecha en el momento, sin grandes ínfulas, con ropa de andar por casa y con instrumentos “menores” (esto es una coña personal, permitidme la licencia). Ni sintetizadores, ni rollos de identidades robóticas, ni grandes ínfulas de divos y divas. Dos chicas y dos chicos, con bastantes líos de celos entre ellos, que disfrutaban de la música y que les gustaba cantar juntos. Con eso se hacía un grupo en aquellos tiempos. Y así pervive esta canción, que nos lleva a California en esos tiempos de guerra, en que los jóvenes se revelaron en contra del poder establecido poniéndose flores en el pelo y les reventaron a base de LSD. 

Pero sin duda, el alma del grupo era Mama Cass. Verla y oírla cantar debía ser un placer. Y finalmente decidió cantar en solitario, seguramente harta de los líos amorosos de sus tres compis. Pero el corazón no le aguantó la marcha, y murió en 1974 de un ataque al corazón, aunque la prensa malintencionada quiso hacer creer que había muerto atragantada comiendo un bocadillo de jamón. Si Mama Cass hubiese seguido cantando ¿con qué nos hubiese deleitado todos estos años? A mí me encanta esta versión del clásico “Dream a little dream of me”

Y esta otra muestra los peligrosos mensajes que Cass Eliot transmitía y por los que se sospecha que su muerte fue planificada por el FBI. 




La mala educación en la escuela

Cuando mi hijo y mi hija eran pequeños, tenía mucho cuidado con las cosas que veían en televisión, bajo el convencimiento de que la desensibilización a la violencia cumple un papel fundamental a la hora de diseñar ciudadanos insensibles y poco reactivos. No quería que diesen por normal los disparos, las peleas, los insultos y los golpes tan comunes en series, películas y dibujos animados. Así que crecieron con un control bastante cuidadoso de lo que veían, y usando muy poco la tele. 

Sin embargo, la escuela no me lo puso fácil. En las aulas no había pizarras digitales, y si había ordenador lo usaban para tener entretenidos a los niños y niñas los días de lluvia y en esas horas en las que no sabían que hacer. Y les ponían películas. Un día, mi hijo de 4 años me dijo que no podía dormir. Que había visto una película muy fea en el colegio. Indagando, me enteré de que les habían puesto Spiderman, una película no autorizada para menores de 12 años. Fui al colegio a protestar. No es normal que yo esté cuidando la educación de mis hijos en casa y me echen a perder el trabajo hecho en la escuela. 

Como esta, podría contar otras tantas anécdotas. Un día, la maestra de tercero de primaria le pidió a mi hija que escribiese una lista de 5 palabras (no recuerdo el objetivo). Mi hija escribió, entre otras, ipso facto (lo escribió todo junto, ipsofacto). Era una palabra que le oía mucho a su padre (podéis reíros, sí, yo también lo hacía) y para ella era una palabra habitual. Pues bien, la maestra se la tachó sin mediar palabra, y ella llegó muy enfadada y frustrada con ese asunto. ¿No hubiese sido mejor hablar sobre esa palabra (que por otra parte, es una expresión bastante culta) que tachar sin más la producción de la niña? En fin, cosas de maestras… 

Otra cosa que me ha costado mucho erradicar de los hábitos adquiridos en la escuela por mis hijos ha sido el de la copia y el resumen. Trabajaban la poesía copiando poesías, trabajaban la narración resumiendo cuentos del libro de texto, y así sucesivamente. Y luego nos extrañamos de que el plagio esté a la orden del día entre los estudiantes universitarios, que los de secundaria no sepan escribir y que incluso los rectores españoles usen el copy-paste para elaborar sus textos. Para aprender a escribir hay que crear textos propios, no copiar los ajenos. Y para estudiar no hace falta resumir copiando párrafos: los esquemas y los mapas conceptuales han probado ser mucho más eficaces para almacenar conjuntos de información compleja. 

En cuanto al acoso escolar, tema que está produciendo una gran alarma social en los últimos tiempos, he de decir que ha habido profesores y profesoras de mis hijos, tanto de primaria como de secundaria, que no han contribuido de la manera más eficaz posible a su erradicación. No han sido ni uno, ni dos ni tres los que han insultado a sus estudiantes menos aventajados en clase, diciéndoles cosas del tipo “eres penoso”, “nunca llegarás a nada en la vida” y cosas por el estilo. Por eso, cuando me hablan del método ese que usan en Finlandia para erradicar el acoso escolar, que consiste en centrarse en los testigos del acoso, pienso que nuestro sistema, una vez más, está a años luz del de Finlandia (sí, aunque os fastidie que lo digamos y lo repitamos hasta la saciedad). Aquí deberíamos empezar por que los profesores tratasen con respeto a sus estudiantes, que no es poco. 

En definitiva, cuando Elvira Lindo dice que los deberes los tenemos que hacer todos, la sociedad y el sistema educativo, discrepo. Sí, señora periodista. Discrepo porque el sistema educativo debe mejorar la sociedad, no compararse con ella. No es lo mismo exigir a las familias que mejoren la educación de sus hijos e hijas que exigírselo al sistema educativo, un sistema que se supone está compuesto por profesionales al servicio del estado. Por último, le rogaría que cuando escriba sobre educación, como periodista y profesional que es, además de esmerarse por dotar de estructura y legibilidad a sus artículos, piense en las consecuencias y efectos de lo que escribe. Sus lectores y lectoras se lo agradecerán. 

Maestras cuñadas


(Advertencia: en este post uso el femenino genérico. Donde dice maestra se debe entender también maestro. Donde dice alumna, dice alumno también. Además, no excluyo a las profesoras y profesores de los IES)

El cuñadismo dentro de la profesión docente está en alza. Antes permanecía encerrado en las sesiones de evaluación, esos conciliábulos secretos que nos ilustraron tan bien los estudiantes del IES Berengüer Dalmau. Pero ahora ha saltado a las redes, y todas podemos ser testigos de él. Si una maestra se queja en las redes sobre una alumna, saltan 10 compañeras con el “bien, coño, bien, compañera” haciendo sugerencias de lo más variopinto. 

De esta forma, en el imaginario de la maestra media, las familias son, por definición, dejadas e ignorantes. No saben qué hacer con sus hijas, que les engañan y se encierran en sus cuartos a navegar por internet mientras ellas toman cafés con las amigas creyendo que están estudiando. 

Para la maestra cuñada, la sociedad se divide en dos grupos bien definidos: maestras y todo el resto de la población. Las familias, que por supuesto no tienen maestras entre sus miembros, no se preocupan por sus hijas y hay que forzar su asistencia a las necesarias tutorías. A pesar de tener tiempo libre a raudales, prefieren irse a hacer yoga o a merendar al centro comercial que escuchar atentamente los sabios consejos de la maestra de su hija, que es la única persona que se preocupa por su futuro. 

Las maestras cuñadas suelen dar respuestas muy parecidas cuando las familias critican el sistema educativo: 

– Señora, siento que haya tenido tan mala experiencia. 

– Seguro que eres de esas madres que superprotegen a sus hijos y les conviertes en unos inútiles.

– Señora, si su hijo es un vago en clase tendrá que llevar lo que no ha terminado para casa. 

– Las mamis meten a sus hijas a extraescolares mientras que vuelven del curro. Qué desfachatez. 

– El Whatsapp es la agenda de los niñas, y las mamás solo lo usan para criticar a la maestra. Hay que prohibirlos. 

– Finlandia bla bla bla

– Pisa bla bla bla 

– Se ha perdido el respeto y la confianza en las maestras. ¿A los médicos acaso les pides pruebas de que la prescripción va a funcionar?

– Hay que dar siempre la razón a la maestra delante de la niña, aunque no estés de acuerdo con ella (señora, sí señora)

Y así hasta el infinito. Planteamientos muy cuñados que parte de las premisas de que todas las familias son iguales, no poseen ni la más mínima noción de educación, deben estar bajo la supervisión de las maestras  y deben respetar incondicional y ciegamente al cuerpo docente. 

Cuidado, que yo no digo que no vivamos en una sociedad consumidora de televisión y comida basura que habla a los hijos y a las hijas como el del vídeo de la cabra. Que hay familias bastante cuñadas, eso es indiscutible. Y familias pobres, familias con trabajos agotadores y mal pagados, familias monoparentales, familias reconstituidas, familias intelectuales, familias de empresarias con dinero, niños y niñas sin familia. Nuestra sociedad es múltiple, y que las maestras nos trate a todas las familias siguiendo el mismo ideario no funciona nada bien. No puedes exigir a una familia que su hija lleve los materiales escolares si antes no te has informado sobre su situación económica. Ni decirle a una madre lo que tiene que hacer en casa para que su hija mejore su rendimiento si no sabes cuáles son sus circunstancias. Quizás esa madre tenga un turno de tarde y no vea a su hija hasta las 10 de la noche, cuando vuelve agotada de trabajar. O tiene una familia numerosa de la que ocuparse sin ninguna ayuda. 

Pero bueno, menos mal que todas estas cosas solo las hacen las maestras cuñadas. Lo normal es que se preocupen por conocer las circunstancias de sus alumnos y alumnas, atiendan con empatía las preocupaciones de sus familias y adapten sus prácticas docentes a las peculiaridades de cada estudiante. Como debe ser. 

#VDLN 120: Siloé (La verdad)


Hasta que me di cuenta de que estabas tan perdido como yo, pasó mucho tiempo. Todas esas palabras, tu alo de angustia al pensar en la verdad, la realidad, los muebles, la muerte… y solo en la mirada de tu alter ego encontrabas el alivio de la comprensión. No era una pose, lo sé. Era verdad que necesitabas que alguien asintiese contigo. Pero era tan inconmensurable tu necesidad de medir el mundo pretendiendo convertirlo en agua que no había nadie capaz de darte el metro adecuado. Sólo tu alter ego, aquel chico que sigue mirándote desde su foto en blanco y negro y al que vitorean todas las chicas perdidas. Siloé, La verdad.



La hiperparentalidad según Eva Miller


El siglo XXI ha sido el escenario en el que han cobrado auge los discursos sobre las prácticas de crianza. Antes, se criaba y ya. Pero ahora, la conciencia ha dado una vuelta de tuerca y, además de reflexionar más sobre la forma en que educamos a nuestros hijos e hijas, hay una desvinculación de la familia extensa. Ya no aprendemos a criar entre primas, vecinas y amigas que amamantan en corro a sus criaturas. Ahora tenemos que prestar voz a los expertos y a los gurúes de la crianza. Son personas que salen en reportajes de prensa con cara de ser muy listas y campechanas y que parece que te van a dar la formula magistral para educar y criar. 

Este es el caso de Eva Miller, una mujer, una madre, una periodista que ha decidido escribir un libro para decirnos que lo hacemos mal. Que estamos estresadas sin ningún motivo, ya que los niños y niñas no necesitan tanta atención como la que les prestamos hoy en día. Que lo que pasa es que tenemos pocos y tarde, y entonces les cuidamos como un tesoro. ¡Ay, si me conociese a mí, que tengo 3 propios y una ajena y les cuido a los tres como si fuesen un potosí!

Pero en fin. Eva dice que sufrimos de hiperparentalidad. Que somos demasiado madres/padres, debe significar eso. Que estamos obsesionados por la precocidad. Que llevamos a nuestros retoños a cientos de extraescolares incluso los fines de semana y queremos que sean los más listos y los más guapos. Y que elegimos el mejor colegio posible, qué desfachatez. Con lo fácil que sería hacer las cosas con desidia desde el momento que asoman la cabeza. Llevarles al primer colegio que se cruce por nuestro camino y tirarles la comida a la cuna a ver si la cogen al vuelo. 

Me veo muy reflejada en eso de las extraescolares. Cuando mis mellizos eran pequeños, se querían apuntar cada año a una extraescolar diferente. Y yo a llevarles. Kunfú, Taekwondo, pintura, baile, Judo, fútbol, natación, patinaje, ténis…y por fin música. Ahí acabó la búsqueda. Todos se quedaron enganchados a la música y compaginan con algo de deporte. ¿Por qué les voy a decir que no a algo que les gusta, y que incluso se puede convertir en su profesión el día de mañana?

Eva, lo que me ha dejado algo boquiabierta es eso de que la hiperparentalidad es una corriente, y que es nada menos que la continuación de la crianza con apego. Me deja como perpleja, porque sobre la crianza con apego hay muchas cosas escritas, y las personas que la practican son conscientes de hacerlo. Sin embargo, eso de la hiperparentalidad sólo te lo he oído a ti, y me parece más un insulto que una corriente. Te llaman hiperparental cada vez que quieres defender a tus hijas e hijos de los excesivos deberes escolares, cuando no les obligas a comer, cuando les obligas a comer el bocadillo, cuando les das teta, cuando les llevas descalzos, cuando les buscas unas zapatillas ergonómicas, cuando les haces fotos, cuando no quieres que otras personas les hagan fotos….

Hiperparentalidad sirve para todo. Para decir a las familias que lo están haciendo mal, que están malcriando a sus hijas e hijos y deben dejar en manos de expertos y docentes todas las decisiones que tengas que tomar. Sirve incluso para meterse con los estudiantes universitarios, que son como son por culpa de sus hipermadres e hiperpadres que se ocuparon de cuidarles con esmero. Son mucho mejores aquellos a los que sus padres desatendieron e hicieron pocas fotos. Con lo fácil que es educar, Eva, no sé que hacemos invirtiendo nuestras vidas en la crianza. 

Al final, el problema es que queremos enseñar a nuestros hijos cómo se convive en democracia, cuando en realidad, dice Eva, la familia es una institución jerárquica. Craso error. Si les preguntamos y les dejamos que tomen decisiones, estamos dándoles una visión errónea de la vida, en la que nadie les preguntará lo que quieren hacer, tendrán que obedecer a otros sin rechistar y no podrán escoger por si mismos cosas como someterse a un tratamiento o seguir trabajando por un mísero sueldo. Es mejor que crezcan sometidos a la jerarquía para que luego no se lleven decepciones. 

Pues bien, yo prefiero preguntar a mis hijos e hijas, pedir su opinión y darles pie a que reflexionen sobre sus deseos y sobre formas alternativas de ver el mundo. Seguramente les estaré convirtiendo en unos seres incorregibles y contestatarios, pero la forma de crianza lleva implícita una clara ideología de cómo debería ser el mundo. Y si algo tengo claro, Eva, es que nuestras ideologías son diferentes. 

Venga, voy a responder a la encuesta

Tomada de Pixabay.com
Tomada de Pixabay.com

Los de Gestionando Hijos, en colaboración con la Fundación SM, del Grupo SM, sí, los que, entre otras cosas, venden libros de texto, hacen dos encuestas para conocer la relación familia-escuela. Y la hacen, cómo os diría yo… imaginaos que yo hago una encuesta sobre feminismo y hago preguntas en esta línea:

¿Crees que el feminismo es necesario o prefieres la igualdad?

¿Responderíais a esa encuesta? Un poco sesgada ¿verdad?

Bueno, vamos a ver las preguntas, porque creo que merece la pena.

1. En general, veo a los profesores como socios con quien (sic) colaborar para mejorar la educación de mi hijo.
Pues no. Los/as profesores/as no son mis socios, son personas encargadas de la educación escolar. Y según la ley, son ellos los que deben colaborar con las familias. Lo dice la LOMCE en su preámbulo, no lo digo yo. Partiendo de ahí, la colaboración no es mala nunca. Pero me importa la horizontalidad y la firme convicción en que , quien decide sobre la educación de mis hijxs, soy yo.

2. Acepto las decisiones y formas de actuar de los profesores aunque no las comparta.

Pues depende de la decisión. Si esa decisión perjudica a mi hijx y no está basada en criterios pedagógicos, ni la compartiré ni la aceptaré, sino que iré al colegio a que me expliquen por qué se ha tomado, y si tengo argumentos contundentes haré que se retracten. Es mi obligación velar por el bienestar de mis hijxs.

3. Los grupos de padres de WhatsApp son un medio para criticar al colegio, los profesores y cuestionar sus decisiones.

Pues depende. ¿Los grupos de amigotes son un medio para compartir fotos de la novia desnuda y contar las proezas del fin de semana? Pues eso… Además, no puedo hablar con propiedad de los grupos de padres, solo conozco grupos de madres.

4. Delante de mis hijos siempre muestro mi apoyo a sus profesores.

Siempre no, por supuesto. Ni nunca. Cuando alguien tiene razón, se le da. Pero estoy en contra de esa idea de que el adulto siempre tiene razón, aunque no la tenga, y al niño/a hay que enseñarle a obedecer sin cuestionar las órdenes. Esa es la mejor forma de dejar a niños y niñas expuestos a los abusos sin saber defenderse. Total ¿para qué se lo van a contar a su madre y/o a su padre, si van a apoyar incondicionalmente al profesor? Gran fail

5. La profesión docente es una de las más importantes para la sociedad.

A ver. Importantes son muchas. ¿Qué haríamos sin las personas que recogen las basuras, sin las que nos cobran en el supermercado, sin las que gestionan nuestras multas?

Si lo que me preguntas es que si considero que un profesor/a o maestro/a deben estar bien formados y tener unos valores sólidos para ejercer su profesión, la respuesta es sí. Más considerando que nuestras hijas e hijos están en sus manos durante 5 horas al día, 5 días de la semana.

6. Siempre estoy dispuesto a colaborar con los profesores de mi hijo para buscar soluciones conjuntas.

Pues depende de cuál sea el caso, obviamente. La casuística es enorme. Si me piden que mi hijx no hable en clase, yo lo único que puedo hacer es decirle que no lo haga, pero no estoy en la clase para ver qué pasa allí y buscar soluciones conjuntas. Aunque estaría dispuesta a hacerlo: iría al aula y buscaría soluciones conjuntas con la maestra para que sus estudiantes la escuchen y dejen hablar. Por lo tanto, mi respuesta es SÍ.

7. Es importante que los padres colaboremos con los profesores y la escuela para erradicar el acoso escolar, aunque nuestros hijo/s no se vean afectados.

Con esta pregunta, otra vez me cuesta entender a qué se refiere. Si se refiere a que eduquemos a nuestras hijas/os en el respeto a los demás y a afrontar los conflictos de manera cordial y civilizada, estoy totalmente de acuerdo. Pero eso no es colaborar con la escuela o con el profesor, es educación pura y dura, lo que debemos hacer las familias, nuestra obligación, vaya. Y la escuela debe asegurar que el acoso escolar no se de entre sus muros: cuando los niños y niñas están dentro, esa es labor suya con la que no podemos colaborar porque no estamos allí. Decir que a un niño/a le han acosado porque los padres del otro le tenían mal educado es echar balones fuera. Si yo dejo a mis hijxs en el colegio, el colegio se responabiliza de su bienestar y seguridad. Y punto. No hay excusas.

8. Los padres debemos hacer los deberes con nuestros hijos.

No. Los padres (y las madres) debemos cuidar y educar a nuestros hijos e hijas, y hay miles de actividades interesantes que hacer en nuestro tiempo libre. No hace falta que la escuela nos indique lo que tenemos que hacer en ese tiempo, muchas gracias. Y os aseguro una cosa: cuando tienen que estudiar, estudian. Es increible. Aunque tengan una madre como yo, constructivista, antideberes y casi libertaria (o libertina) al respecto.

9. Es importante transmitir emociones positivas a mi hijo en relación a los profesores, el aprendizaje y la escuela

Sí. Yo lo intento, pero no se lo creen. Yo les digo lo importante que es estudiar y, según la edad que tengan, me dicen que el colegio es aburrido, que quieren que lleguen las vacaciones, o bien que el sistema escolar está hecho para mediocres. No obstante, han aprendido a tener éxito sin entusiasmarse demasiado, sabiendo que es un peaje que tiene que pasar.

10. Es necesario que los padres colaboren activamente en la vida escolar (actividades en el aula, participación en tutorías, extraescolares, AMPA, Consejo Escolar…).

Bueno, hemos llegado a la pregunta número 10. ¿Qué nota habré sacado? Vamos por partes:
A. Me encantaría participar en actividades en el aula, pero nunca me han llamado para hacerlo.
B. En las tutorías no se participa, se va a que te cuenten si tu hijo/a es bueno/a o malo/a y si necesita refuerzo o reprimendas. Por lo tanto, pocas veces he ido a una tutoría. Y las veces que he ido ha sido porque las he pedido yo.
C. Las extraescolares, como su propio nombre indica, no forman parte de la vida escolar. Hay vida más allá de la escuela.
D. El AMPA…. hubo un tiempo en que caí en la trampa. No gracias, no me interesa organizar festivales.
E. Consejo Escolar: lo mismo que D

Espero haber respondido bien. Soy una estudiante muy aplicada.

#VDLN 119: Neuman son de Murcia

Portada de una de las canciones de su nuevo trabajo

No es de extrañar que Neuman suenen tan bien, ya que tienen un técnico de sonido de lujo. Llevo oyendo hablar de Neuman un tiempo, y nunca me había dado por escuchar su música. Y me he enganchado. No sé qué decir, me he quedado prendada de ellos. Me gustan sus letras, sus cambios de tonalidad, su sensibilidad y su inglés. Un gran descubrimiento. Es maravilloso saber que el pozo de la música es inacabable. La música es maravillosa, lo cura todo, eleva el alma y nos pone en forma. Os voy a dejar un par de canciones que tienen vídeo, pero os invito a escuchar todas las canciones de su álbum If. Calidad en estado puro. Amor a primera vista.