Madres: prohibido hablar de educación

Llevo casi cuatro años en este blog, y desde que escribo desde mi identidad de madre he podido constatar que a la gente que en las redes escribe desde sus perfiles profesionales les molesta sobremanera que una madre hable de otra cosa que no sea “sus labores”. 

Desde la perspectiva de estos expertos (y expertas), una madre es una madre. Y punto. La interacción con nosotras es serena cuando planteamos nuestras dudas partiendo de la ignorancia y la admiración por sus inalcanzables conocimientos. Pero ay de nosotras si osamos poner en cuestión sus planteamientos. En esos casos, da lo mismo que nuestros argumentos sean impecables, estén basados en la evidencia o que citemos investigaciones recientes de gran impacto: somos unas histéricas que atacamos desde la rabia y el resentimiento a los sabios expertos (y expertas). 

Leyendo el blog, la gente puede saber de forma fehaciente que tengo 3 hijos, pero no saben nada sobre mi profesión. La sensación que he tenido siempre debatiendo desde mi identidad de madre es que, cuando estos expertos interactúan conmigo, usan un arquetipo caduco de madre. Me siento tratada como una ignorante sin formación que se hace la listilla, una mujer de su casa que habla desde la emocionalidad y no desde la razón.

La verdad es que estoy aprendiendo mucho desde un punto de vista socio-psicológico sobre la forma en que funciona el poder en las interacciones cotidianas cuando me relaciono con personas desconocidas desde mi identidad de madre. Foucault estaría fascinado si pudiese observar las interacciones en las que me veo envuelta. Cualquier estudioso del poder, del discurso y de la interacción lo estaría.

¡Pero qué hago yo hablando sobre estas cosas, si solo soy una pobre madre histérica! Vuelvo a mis fregonas, mi bayeta y mis cup cakes. Perdones excelsos expertos del saber oculto que ose argumentar sin llevar un mísero título en la boca. 

El Black Friday


Andaba yo ayer husmeando por el Facebook y observé que había una división clara entre los detractores del Black Friday y las vehementes defensoras de esta fecha tan señalada. Ya ves… ayer que era 25 de noviembre, día de denuncia en contra de la violencia machista, el Black Friday se imponía como tema de debate. Nunca hubiese pensado que un día de descuentos (o rebajas, como se ha llamado de toda la vida) pudiese levantar tanta polvareda. La verdad es que me la trae un poco al pairo, aunque como tema de reflexión sociológica me parece muy interesante.

Yo, que soy perezosa por naturaleza para esas cosas de las compras, paso por el Black Friday sin pena ni gloria. Porque, por una parte, me da pereza ponerme a pensar en qué necesito y qué me compraría que cupiese en una casa ya de por sí llena de trastos. ¿Una secadora quizás? ¿Y dónde la meto? Descartado. Por otra parte, irme a comprar al tun tun, después de haberme convencido de que el consumismo es el mal y el dinero que gano con esfuerzo mejor reservarlo para lo necesario, pues no mira. Paso de encontrarme en casa con objetos inútiles que pueblan mis estanterías y se llenan de polvo. Tengo libros, electrodomésticos, de cepillos ando sobrada, dispositivos no me faltan y la tostadora sigue funcionando. 

En cuanto a las ofertas de cursos on-line, webinares y toda la pesca, pues en este momento ando bien de conocimientos y reflexiones propias. Además, estoy haciendo un MOOC que me sale gratis en Miriadax y no tengo que andar agitando pompones ni nada de eso. Lo que sí que pagaría con gusto es un intensivo de Yoga, a ver si se me van las contracturas del cuello, pero por lo demás, aprender me sale gratis, no tengo que buscar gangas en el Black Friday. Esto no quiere decir que a otras personas les vengan de perlas los cursos ofertados y puedan beneficiarse de tan suculentas rebajas. 

Me voy a poner seria un momento para decir que me da mucha pena la locura que se desata en las calles con este tipo de fenómenos. No es que me parezca mal que la gente compre o venda. Es tontería. Lo que me entristece es cómo la compra desatada de objetos llena los huecos de nuestra vida. No soy autosuficiente (más quisiera), pero me gustaría serlo. El proceso es difícil, lento, costoso. Ya se ha ocupado esta sociedad nuestra de tenernos bien atados temporal y físicamente. Pero de ahí a abandonarme al consumo desatado que suponen este tipo de eventos va un trecho. 

Ahora llega la Navidad, y me da muchísima pereza. Por no comprar, no he comprado ni lotería. No entiendo esos llenos en las tiendas y esas compras anticipadas. Quizás es que yo sea muy rancia, pero me parece estúpido comprar toneladas de comida para tirar la cuarta parte a la basura mientras intentas cebar a los comensales de una manera desmedida. ¿Y los adornos navideños? Pues tengo el mismo árbol prefabricado con las mismas bolas y los mismos adornos desde hace casi 10 años. Qué horror ¿verdad?

Eso sí, en mi casa no falta la sidra en Navidad (Ah, ¿que mejor el cava? Puffff)

#VDLN 118: Napoleón Solo y Lolaila Carmona (hablando de zombies)

©1964 NBC Television
Hoy os meto la chapa y luego os pongo una canción. Es lo que hay. Y es que, en estos tiempos convulsos en los que sería mejor estar muertos y no respirar, como dicen los Napoleón Solo, me empeño en seguir trabajando en mis cruzadas particulares. 

No sé si os habréis dado cuenta de que nuestro sistema educativo es un zombie, un muerto viviente que intenta devorarnos en sus últimos estertores. Pero es que lo que no puede ser es que nos vendan la moto de la democracia, la libertad, la libertad de expresión y los derechos humanos y luego venga una institución a la que es obligatorio acudir de los 6 a los 16 años e intente imponer sus reglas en nuestras casas. 

La escuela se empieza a destapar abiertamente como instrumento de control y coacción. Cuando la gente se ha empezado a rebelar masivamente contra sus truculentos planes de convertir a nuestras hijas e hijos en copistas y reproductores de ejercicios y relatos mal escritos de libros basura, la escuela ha saltado de su asiento. ¡¡¡No nos desprestigiéis !!!! ¡¡¡¡Somos la autoridad!!! ¡¡¡Respetad nuestros mandatos!!!

Pero la creatividad y el pensamiento crítico están reñidos con esa fábrica de rumiadores que abre sus puertas todos los días a las 9. Nunca olvidaré ese párrafo en el que Bruner (un prestigioso psicólogo que murió este mes de junio a los 100 años de edad), en su libro La educación, puerta de la cultura, contaba cómo la generación anti-Vietnam había surgido de una renovación pedagógica. El grano en el culo que le salió a los USA no pasó desapercibido, y se tomaron medidas para que esto no volviese a pasar. La nueva escuela europea de los años 20 había abierto una vía muy peligrosa: la liberación de las mentes, el mayor enemigo del poder institucional. 

En fin, que si nos oponemos a los deberes y otras malas prácticas de la escuela zombie no es por dejadez (a la que, por otra parte, tenemos todo el derecho). Es porque nuestros hijos e hijas van más allá de todos esos papeles malgastados con prosas mediocres y cuentas inútiles. No pueden estar perdiendo su precioso tiempo llenando papeles cuadriculados de grafito cuando pueden explorar el mundo real y el virtual. Señores y señoras maestras promotores de los deberes, a los que les gusta que sus alumnos tengan buena letra y coloreen sin salirse: en nuestras casas no queremos hacer eso. Ya bastante tenemos con sufrir el pinta y colorea en las aulas. 

Bueno, y ahora la canción. Estos chicos, Napoleón Solo, rebosan creatividad por todos sus poros. Seguro que su educación fue más allá de la flauta dulce y el a mi burro a mi burro le duele la cabeza



#VDLN 117: Radiohead, la quema de la bruja y el que sueña despierto

Lo que más me gusta de Radiohead es que siempre me hacen pensar. Además de ser impecables musicalmente, claro. En Burn the Witch nos recuerdan que las brujas dirigen el mundo y que hay que quemarlas a lo grande, junto a sus ídolos gigantes que no son más que caballos de Troya, títeres huecos que asustan pero que no tienen ningún poder. Los títeres de madera han tomado el país que gobierna el mundo, pero los que realmente dirigen el cotarro son seres de negro que viven entre nosotros y que siempre sobreviven a la quema. Si os gustó la premonición de Matt Groening, os encantará este vídeo.

Y si las brujas nos dejan, seguiremos soñando con un mundo mejor. Aunque no debemos olvidar que para soñar y para construir, hay que dormir. Cuando escuché esta canción, me enganchó sobre todo su inquietante final. La gente dice que hay que escucharlo al revés para escuchar cosas como “Half of my life” (‘Mitad de mi vida’), “I’ve found my love” (‘He encontrado mi amor’), o “Every minute, half of my love” (‘cada minuto, mitad de mi amor’). Sin embargo, yo creo que escuchándola normalmente, lo que dice Thom Yorke es “I want to sleep”.

 



#VDLN 116: Iván Ferreiro, el genio del desamor y el huracán de Tachenko

No seré yo la que intente dar lecciones a nadie sobre el amor romántico. Pero he de decir que la experiencia es un grado y, después de múltiples errores que marcaron mi vida, mi experiencia puede servir de algo. Es maravilloso sentirse queridas por alguien, eso es indudable. Pero ese amor que añoramos, esa mirada que nos da valor, la podemos, qué digo, la debemos encontrar en nosotras mismas. ¿De qué me sirve que alguien me diga que soy preciosa, que vive de mi mirada, que soy la mujer maravillosa que dirige su vida, si yo misma no me creo ni una palabra cuando dejo de escuchar esa voz?

La música está llena de clichés sobre el amor romántico. Alimentan en muchos casos esa creencia de estar incompletas y tener que buscar un pedazo de nosotras mismas que nació para unirnos a él. Y nos hacen buscar y buscar y buscar fuera de nosotras lo que debemos aprender a cultivar en nuestro interior. Sé que esto suena mucho a volumen de autoayuda  y a discursito mindfullness, pero es lo que toca hoy chavalas.

Por eso, hoy traigo a la palestra a un maestro del desamor: Iván Ferreiro. Si cada cual tiene su verdad… yo la otra mitad. Eso dice ahora, pero hace unos años le encontrábamos así:

El doctor me recomienda que no esté más contigo. Y ese tipo soy yo mismo. Y mientras tú, no dejas que te quieran, no dejas de llamarme… ¿quién no tiene valor para macharse? ¿Quién prefiere quedarse y aguantar? ¿Marcharse y aguantar?

En fin, la historia de siempre. Nunca he sido muy dramática en las rupturas. Se acabó y ya está. Nada de “cuanto daño me hiciste”, “no sé si podré olvidarte algún día”, “todo lo que vivimos y ahora míranos”. Mi desapego está próximo al autismo, pero me ha ahorrado muchos sinsabores. Porque mira, eso de que hay que llorar para olvidar nunca lo he sentido en mis carnes. Que cuando la persona con la que vives deja de ser una compañía para convertirse en un tormento, lo mejor es alejarse con presteza y serenidad y no entretenerse con lamentaciones. Pero Iván las canta tan bien… que merece la pena que alguien lo sienta así (de esta, sólo puedo poner el enlace del spotify)

Y todo empieza otra vez. El pensamiento circular. Hay algo retorcido…Hay noches que todo es una porquería, y pienso en ti.  Mira, decirle a alguien que piensas en ella/él en ciertos momentos de la vida, que crees que te estás perdiendo algo no estando a su lado, es una dulce tortura. Como el doctor Manhattan, ajeno a la realidad, hay días que ya no tienen melodía. Ay, este Iván es un maestro, y esta canción me encanta.

Pero os diré algo: cuando encuentras a una persona que te acompaña en el transcurso de esta gran locura que se llama vida, es algo increíble. Alguien que no supone problemas ni soluciones, sino la mano que te masajea los pies fríos por la noche y que te saca de tu ensimismamiento para comentar las mejores jugadas del día. Sin tormentos ni tormentas. Remanso de paz en el tortuoso mundo de los amores románticos tipo montaña rusa. Permitidme ahora que ponga otra, que aunque no es del Ferreiro, es un himno en mi casa.

Los padres deben…


Cada vez que entro en las redes sociales, me encuentro, cada vez con más frecuencia, con este tipo de mensajes. No me siento aludida, porque solo van dirigidos a los padres, no a las madres. Pero cada vez que los veo, me asaltan una serie de dudas que golpéan mi cabeza, toc, toc, toc, sin encontrar respuestas. 

En primer lugar, me pregunto de dónde surge ese conocimiento. Porque todo el conocimiento proviene de algún sitio ¿no es así? Si una persona afirma que los padres han de hacer algo, hemos de suponer que quien lo dice obtiene su conocimiento de un lugar privilegiado. Cuando hablamos de la educación que dan los padres (y también las madres, a veces, pero lo que hagan las madres no importa) a sus hijos (y a sus hijas), se supone que nuestro conocimiento puede provenir de dos sitios: 

1) Somos padres y tenemos una larga experiencia criando hijos

2) Somos investigadores y nuestro conocimiento proviene de la exploración empírica y la observación prolongada de las prácticas de crianza, de modo que podemos inferir cuáles son las buenas prácticas en este terreno. 

No sé si Óscar González, educador, es padre. No lo pone en su currículum. Tampoco encuentro publicaciones suyas presentando investigaciones sobre el tema. Puede ser, entonces, que su conocimiento provenga de la lectura de estas investigaciones que han demostrado que una buena práctica es ser flexible y poner pocas normas pero muy claras. He buscado en el Google Académico y no he encontrado nada. 

Los educadores expertos que intentan enseñar a educar con talento a los padres (y a las madres, me imagino) están surgiendo como setas. Sus mensajes se caracterízan por una desvinculación total de la realidad. Transmiten generalidades y mensajes obvios y de sentido común con los que cualquiera en su sano juicio estaría de acuerdo, pero que no dicen nada sobre cómo superar las dificultades y conflictos que pueden surgir en el día a día de la vida de una familia. 

Lo que me parece realmente interesante de todo este fenómeno es las reacciones que causan este tipo de mensajes en los padres. Recuerdo que, cuando mis hijos eran pequeños, hubo una temporada que intenté buscar respuestas en los libros de los llamados expertos. Fue entonces cuando me di cuenta de que la experiencia de cada madre en la crianza de su hijo es diferente. Incluso entre distintos hijos de la misma madre, la diferencia puede ser abismal. Las lecturas están muy bien y nos pueden aportar información útil, y a mí me la aportaron, sobre cosas como el parto, la lactancia o la alimentación infantil. Pero en lo tocante a los consejos sobre educación, hemos de ser conscientes de que siempre se dan desde una perspectiva ideológica concreta. 

Podemos leer a Super Nanny, a Carlos González, a Óscar González, a Estivill, a los de Gestionando Hijos, a Eva Millet, a Rebeca Wild o a los cientos de periodistas especializados en educación que han surgido en los distintos periódicos y van sembrando sentencias sobre lo que tienen que hacer los padres a diestro y siniestro. Todas y todos ellos se dicen expertos en educación, crianza, o algo por el estilo y, sin embargo, podemos comprobar que hacen afirmaciones de muy diversa índole, incluso contradictorias en muchos casos. Pero tienen una cosa en común: todos y todas afirman con vehemencia lo que tenemos que hacer los padres (y las madres). 

Mi consejo como madre experimentada es que, siempre que necesitéis el consejo de alguien sobre la educación de vuestras hijas e hijos, busquéis el consejo de otras madres y padres que ya hayan pasado por las experiencias que estéis viviendo vosotras. Si lo que queréis encontrar es apoyo y ejemplos reales que os muestren cómo pueden o podrían ser las cosas, lo mejor es acudir a las verdaderas expertas en crianza: las madres (y los padres). Estamos desperdiciando mucha sabiduría confiando en falsos profetas. Recuperemos nuestros saberes y el poder sobre nuestra propia vida. Los expertos están muy bien para usarlos cuando hacen falta y cuando su conocimiento está basado en una fuente fidedigna de sabiduría.