#VDLN 96: Bambino


Ni Raphael, ni El Fari, ni Falete. Ni Lola Flores. El Bambino y esa cara bonita. Y ese sentimiento que se fue apagando con su voz. Hoy va a ser un VDLN cortito, pero él lo deja dicho todo con sus gestos, su movimiento y su voz.



La gentrificación de la escuela pública

Se habla de gentrificación (del inglés, gentrification) cuando se observa un “proceso de transformación urbana en el que la población pobre original de un sector o barrio deteriorado y paupérrimo es desplazada, ya sea por venta, embargo, confiscación o expulsión por la policía, por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva arquitectónicamente dicho sector por la inversión privada.” (Wikipedia)

Haciendo un paralelismo, podemos hacer una reflexión similar en cuanto algunas escuelas públicas. Durante la transición, el derecho a la educación y la apertura de la universidad a las clases menos acomodadas ha tenido como consecuencia la llegada a las aulas de las escuelas públicas de niños y niñas que provienen de familias con un nivel de formación más elevado a lo que estaba acostumbrada la institución escolar. Por otra parte, la apertura de la sociedad del conocimiento de manera universal a través de Internet hace que la población esté cada vez mejor informada y más implicada en la vida comunitaria. 

La mujer humilde y andrajosa que iba a disculparse con el maestro por el mal comportamiento de su hijo y le llevaba una manzana para tenerle contento ya forma parte solo de una memoria histórica que nada tiene que ver con la dinámica social actual. La escuela pública se ha gentrificación de maneras diversas. El nivel de vida de la población ha aumentado y aunque no se puede negar el impacto de la inmigración y la marginación en algunas zonas de las grandes ciudades, principalmente, nada tiene que ver la población que acudía a la escuela pública de antaño con la actual. 

Por otra parte, hay una parte de la población que, teniendo un nivel sociocultural y adquisitivo alto, llevan a sus hijos e hijas a la pública. Por convencimiento, por coherencia, porque hay una creencia en que la educación debe ser de calidad para todas y todos y rechazan la existencia de ghettos escolares para las familias que se lo pueden permitir. Y esto es bueno, evidentemente: los colegios se diversifican, no se establecen diferencias entre educación para ricos y educación para pobres  y la escuela se convierte en un sitio más democrático y que promueve la verdadera igualdad. 

Pero ¿está la escuela pública preparada para esta gentrificación? La llegada de familias más preparadas a la escuela pública, familias acostumbradas a defender sus derechos y a implicarse en la educación de sus hijos e hijas, ha supuesto un revulsivo para la escuela. La institución no estaba acostumbrada a que se cuestionasen sus prácticas, a que se exigiese transparencia, a que sean las familias las que hablen de calidad educativa y lo hagan desde el conocimiento de los procesos pedagógicos. La maestra de rebequita y cuaderno Rubio está impactada por la cantidad de reproches que le llegan por seguir usando esos métodos caducos y esas maneras trasnochadas con sus pequeños y pequeñas alumnas. Y se siente apabullada por la actitud de las familias cuando intenta imponer sus puntos de vista y su moral educativa del “la letra con sangre entra”.

La gentrificación de la escuela es, sin duda, uno de los motores de la renovación pedagógica. La escuela no puede ir por detrás de la población. Una institución educativa debe ir marcando el paso, y eso hace muchos años que no sucede con la escuela española, que se ha quedado obsoleta. Y hasta que no entendamos que no es una cuestión de leyes, sino una cuestión de buenas prácticas en las aulas, una cuestión de valores y creencias sobre la educación y el aprendizaje y una cuestión de ir al corazón de lo que significa aprender y enseñar, la cosa seguirá igual. 

Desterremos de una vez a la maestra autoritaria y al aprendizaje por repetición. Hace ya casi 20 años que la LOGSE intentó introducir el constructivismo en las aulas. No lo consiguió. Mientras, los países occidentales hicieron su camino y ya llevan aplicándolo toda una vida. Y aquí seguimos con los métodos de antaño, exceptuando algunas islas de práctica “innovadora” que no pueden llevar sobre sus espaldas todo el carro del progreso. Necesitamos una apisonadora y aire nuevo para seguir confiando en la pública. 

Por otra parte, debo aclarar que la gentrificación de la pública no implica, como la urbanística, la expulsión de la población marginal a otros lares. Se trata de un proceso de mezcla, de convivencia en los mismos términos, de apoyo y enriquecimiento mutuos, de formación en pensamiento comunitario. Toda la población se responsabiliza de su bienestar y se forma en solidaridad y diversidad. Y la escuela aprende a ser un espacio para una comunidad diversa y que progresa junta. Bonito, pero imposible sin una formación en valores de todos y todas. 

#VDLN 95: Prince abril 2016 57


Hay personas que viven para ser miradas. Era el caso de Prince. Son sus gestos, sus movimientos, sus poses, sus ojos, su ropa, su energía a lo largo y ancho del escenario. No podíamos parar de mirar cuando estaba delante. Cualquier cosa que dijera nos hipnotizaba. Así que da lo mismo lo que ponga ahora mismo. Seguro que os quedáis mirando un rato.



Madres y maestras 

  

Estoy en un grupo de Facebook en el que interactúan madres y maestras (también hay padres y maestros, pero son los menos). Y en ese grupo he detectado un fenómeno curioso. Hay algunas maestras que entran en el grupo con su falda de tubo, sus gafas de pasta y un moño alto dando lecciones. Ya, ya sé que es un grupo de Facebook y que no nos vemos. Pero es la imagen que aparece cuando empiezan a dar recomendaciones. 

Diréis “qué mal educada, le dan recomendaciones y mira cómo se las imagina “. Pero a ver, es que todavía hay más. Las recomendaciones que nos dan a las madres nos sitúan en un lugar de ignorancia absoluta. Nosotras somos las modestas mujeres que no somos maestras y que no sabemos nada de la educación, nada sobre cómo se enseña a un niño, cómo se trabaja en un colegio y cómo funciona eso del desarrollo humano. Y ellas nos dicen lo que tenemos que hacer para ayudar a nuestros hijos e hijas a progresar en la vida. Nos dan consejos y nos dicen qué ejercicios tiene que hacer el niño en casa para reforzar lo que ha aprendido en clase. Porque en casa no se aprende nada que sea de mucha utilidad. Los niños pierden el tiempo si no tienen deberes, así que hay que darles pautas y ejercicios para que aprovechen cada minuto que tienen libre. 

Me parece curioso que en un espacio en el que no nos vemos la cara y no sabemos nada las unas de las otras, nos hagamos una imagen tan precisa. Precisa pero seguramente falsa: no creo que ellas lleven ni falda de tubo ni moño alto ni gafas de pasta. Pero lo cierto es que ellas tampoco tienen una imagen muy real de las personas con las que están intercambiando impresiones. Ellas son las expertas y nosotras las legas. Así, sin más. Por el simple hecho de ser madre, la maestra activa el automático para que salga el pedestal y mirar desde ahí arriba. Sin considerar que la educación es algo que está en el mundo, que la gente tiene y ha tenido experiencias educativas durante toda su vida, que las personas leen, piensan, razonan y argumentan sobre su mundo. Y, sobre todo, que si dejas a tu hijo o hija en la escuela, tienes el derecho y la obligación de estar informada, opinar y quejarte cuando las cosas no van bien. 

Así que cuando empiezan a escribir ya sabes lo que va a pasar. La relación que establecen es un poquito feudal, así como la señora y la campesina, yo mando y tú obedeces, yo tengo la verdad y tú, plebe, no sabes nada y necesitas mi sabiduría. Y entonces ya sabes que no hay nada que aprender ahí. Que es el rollo pedagógico de los 50, que se perpetúa y no logramos arrancarnos ni con estropajo. La escuela que sigue pensando en ella misma como un espacio cerrado al mundo social, que no deja entrar el aire de cambio que llegó ya hace mucho tiempo. La escuela gris. La escuela que no progresa. La escuela que no es una comunidad educativa, aunque se les llene la boca con esas dos palabras. 

Las maestras necesitan soltarse el moño, quitarse las gafas y ponerse los vaqueros. Y las madres (y los padres, vale, los padres también) estaría bien que se lo creyeran: que tienen mucho que aportar al mundo cerrado de la escuela. Que saben/sabemos mucho más de lo que nos creemos y que tenemos la responsabilidad de contribuir a su cambio. 

Buenas prácticas en la enseñanza de la escritura

Hace unos días publicaba en mi página de Facebook un post sobre la caligrafía. Decía lo siguiente:

Las maestras se siguen empeñando en machacar a lxs niños y las niñas con eso de que “tienen mala letra”. La escuela pasa años torturándoles con ejercicios absurdos de caligrafía, constriñendo su manipulación libre de instrumentos gráficos con ejercicios y papeles pautados. Nada de esto tiene ningún apoyo científico. Cuando ya llevan años moldeando sus movimientos (que si letra ligada, que si líneas, que si cuadros) les dicen que tienen mala letra.

A partir de ese momento, todo su afán es que hagan buena letra, y a algunas solo se les ocurre el recurso al castigo: les hacen repetir ejercicios en casa (ejercicios que han hecho bien, pero no les gusta la letra), les bajan la nota por la letra, les están todo el día machacando con la letra. Y se desentienden de su aprendizaje. Todo gira en torno a la letra.

Está muy bien saber escribir a mano, pero la escritura no es sinónimo de caligrafía. Saber escribir es sinónimo de saber argumentar, saber construir un discurso, saber crear con palabras. Pero la escuela equipara la escritura con la caligrafía, hace caso omiso de la escritura como proceso constructivo del pensamiento y machaca a los niños y niñas con una destreza que van a usar de forma marginal cuando acaben sus años escolares. Y será entonces cuando los chavales se den cuenta de que nadie les ha enseñado a escribir con un teclado, que es la forma en que se escribe en el mundo fuera de la escuela.

Una maestra se ofendió bastante con este post, y entre todas las cosas que dijo, hubo una que fue la que más me llamó la atención. Decía riéndose si realmente se podía debatir si enseñar o no a escribir, que dónde estábamos llegando.

En esta entrada me gustaría hacer dos aclaraciones, una sobre la escritura y otra sobre la caligrafía. 

En primer lugar, y aunque ya lo apunto más arriba, escribir no es hacer marcas gráficas en un papel. Escribir es usar nuestro lenguaje de una manera específica, usando un código alfabético y desarrollando discursos propios de la lengua escrita para fines particulares y diferentes a los que se persiguen con la lengua oral. Por tanto, una persona que no tenga manos puede aprender a escribir, siempre que de con un maestro o maestra que crea que saber escribir es mucho más que juntar letras en un papel.

En este sentido, cuando aprendemos a escribir, tenemos que aprender géneros de escritura: aprendemos a narrar, a hacer listas, a describir un paisaje, a escribir un informe, un comentario de Facebook, un artículo científico, un mensaje de correo electrónico. Todos esos textos requieren distintos conocimientos y competencias para ser escritos. Con sólo aprender el código alfabético y a escribir palabras y frases con un lápiz no basta para aprender a escribir. Tampoco basta con aprender a teclear, por supuesto. Para aprender a escribir hay que aprender a usar el lenguaje escrito de manera funcional en situaciones de uso real.

Veamos ahora esta fotografía:

Cuadernos Rubio. Ejemplo.

Esto es una hoja de los Cuadernos Rubio, que siguen usándose en la escuela. Cuando los niños y niñas están haciendo estos ejercicios, no están aprendiendo a escribir, están aprendiendo a hacer marcas gráficas de las letras del alfabeto sobre el papel. Es decir, están aprendiendo a escribir a mano, pero no están aprendiendo el lenguaje escrito. La mayoría de los niños y niñas aprenden rápido y bien a componer palabras usando el código alfabético con herramientas gráficas (lápiz, bolígrafo, etc). Tener “mala letra” no es tener una dificultad de escritura, aunque hay un porcentaje pequeño de niños que pueden presentar una disgrafía. Solo los niños y niñas que tienen dificultades para escribir a mano relacionadas con procesos cognitivos y motores necesitan una intervención específica.

Por otra parte, la caligrafía es sólo una forma de enseñar a escribir a mano, pero hay otras formas posibles. Me gustaría saber los argumentos que llevan a los maestros y maestras en las escuelas a usar determinados métodos frente a otros, cursiva frente a mayúscula o caligrafía punteada frente a escritura libre sin pautar. Pero creo que esos argumentos, más que estar apoyados en evidencias científicas y en una cuidadosa observación de los efectos que producen en los niños y niñas a largo plazo, derivan de una tradición pedagógica ya obsoleta.

Sin embargo, la importancia de la escritura libre de los niños y niñas sí está documentada. Se ha demostrado que dejar que los niños usen los instrumentos gráficos con libertad y pedirles que escriban en un entorno lúdico y sin presiones está relacionado con un rendimiento superior en lectura y escritura más adelante (ver por ejemplo Sénéchal, M., Ouellette, G., Pagan, S., & Lever, R. (2012). The role of invented spelling on learning to read in low-phoneme awareness kindergartners: A randomized-control-trial study. Reading and writing, 25(4), 917-934.)

En fin, no me quiero extender más. Simplemente quería ahondar un poco más en el sinsentido de algunas prácticas escolares que se perpetúan más por tradición, como los toros, que por utilidad pedagógica real. Esperemos que con el tiempo, los profesionales de la educación en España se vayan acostumbrando, como ya hacen en otros países, a fundamentar sus prácticas en la evidencia, tanto científica como práctica. Y esa evidencia no existe para apoyar los beneficios de la caligrafía.

#VDLN 94: Febrero 

  

Esta vez he llegado tarde, porque Febrero vive en nosotros desde el 15 de octubre del año pasado. Se acabó un proyecto que duró 9 años sin yo enterarme. Y me da pena, porque me mola este grupo de Tarragona. Me gusta como trivializan eso de ir a contracorriente, con lo duro que es. Como qué yupi-guay es eso de ir al contrario que todo el mundo, qué persona tan especial, aderezado con un ritmillo pop. “Siempre yendo a contracorriente del resto de la gente, buscando algo más”

¿Y qué me decís de esa de Crisis Metafísica? Es que me ha recordado tanto a alguien… A alguien listo, por supuesto. A alguien que es capaz de dar vueltas a cómo preguntar algo en un referéndum para que salga lo que él quiere. “¿Queréis un acuerdo de mierda o un acuerdo fetén?” A ver… Si me lo pones así… Me voy a charlar con Marx y dejo a Kant aparcado. Que mis ojos no son para ver, son para mirar. 

Pero la que más me ha llegado ha sido la del Gurú. Ya sé que la canción Gurú por excelencia es la de los Ronaldos, pero esta tampoco está mal. Esta es una canción anti-gurús en toda regla. Ahora que estamos en una época de ídolos y seguidores, estas canciones irónico-festivas hacen mucho bien. Por si alguien te promete hacerte de guía y sanar todas tus cicatrices con la meditación transcendental, escuchar este tipo de canciones es muy necesario. Tened cuidado. Vivimos en tiempos de farsantes. Vivimos en tiempos de falsos maestros y de aduladores profesionales. Que no te canten mantras en la oreja: sólo tú puedes ser tu maestro. “La puerta de la iluminación es muy baja. No pasarás si no te agachas.”

#VDLN 93: Mierda de escuela (School/Supertramp)

  Me encantan las canciones sobre el colegio y la opresión. Esas en las que los cantantes se cuestionan todo por lo que les han hecho pasar en su infancia: los libros de texto, los gritos del maestro, el frío en el aula, las ganas de jugar, las órdenes. Los ladrillos en el muro. Pero hay una entre todas que me parece deliciosa y habla por sí misma. No es por desmerecer a Pink Floid, a Asfalto o a Platero y tú. Me encanta School, de Supertramp. Y aquí os la dejo.