#VDLN 89: Pastillas para no soñar (Joaquín Sabina)

 
 Joaquín Sabina es uno de mis ídolos más duraderos. Mi padre fue el culpable. Nos ponía el disco de la Mandrágora una y otra vez. Y luego más y más discos. Y los conciertos en las Ventas, que era lo más cerca que estuve nunca de una corrida de toros, esas que le gustan tanto a Sabina. Para mí es el único defecto que tiene como ídolo. Bueno, y con el tiempo se va destapando su tufillo machista, pero eso se lo perdono. Porque ¿sabéis qué? los grupitos de hipsters modernos y molones con barba, patillas y pelo medio larguillo son todo pose. Muy suaves y con canciones muy profundas, pero no me suenan sinceros. Sin embargo, Sabina no es hombre de micromachismos. Sus machismos son a lo macro, y te dice que quiere que las camareras sean cariñosas con los clientes y que las colegialas se coman a besos a los artistas y cosas de esas. Sin tapujos ni nada. 

En fin, qué le vamos a hacer. Así eran los 80, así eran los 90. Una de las canciones que más me han gustado de siempre del Sabina es la de las Pastillas para no soñar. Esa canción sirve para gritarle a los miedosos que salgan de su zona de confort de una puta vez y se pongan a disfrutar de la vida. Que se arriesguen un poco. Hace poco, una amiga dudaba de mi falta de capacidad para sentir miedo. Yo no entiendo muy bien cuando alguien dice eso de “no lo hice porque tuve miedo”. Siempre me pregunto ¿pero miedo de qué? Joder, pues si le apetece hacerlo, que lo haga. Así ha sido como yo he ido dando tumbos por la vida, sin miedo a la vida y siguiendo mis impulsos. A lo descerebrado. Unas veces se gana y otras se pierde, pero nunca te quedas con las ganas. 

Yo a lo único que le tengo miedo es a los fantasmas. Creo que por eso me aficcioné al cine de terror: porque tengo el umbral del miedo tan alto que necesito emociones fuertes para  estimular esa emoción tan extraña y apasionante para mí. Nunca he disfrutado más como viendo El Exorcista, La Semilla del Diablo, El Resplandor o The Ring. Me he visto todas las pesadillas en Elm Street. Me he leído prácticamente todos los libros de Stephen King y me hice forofa de Poe y de Lovecraft en su momento. Y no entiendo a la gente que dice sufrir hasta el vómito viendo una película de terror. 

Pues eso, os dejo con esta canción. Y ya sabes, no seas descerebrado. Deja pasar la tentación, dile a esa chica que no llame más, y si protesta el corazón en la farmacia puedes preguntar: “Deme pastillas para no soñar”. 



Estoy contigo

  

Solo si lo has vivido reconoces esa mirada perdida que busca alrededor sin encontrar un apoyo, una confirmación. Una madre sola, o un padre solo llegan a la función del cole. Saca la cámara de fotos discrétamente y sonríe a su niño cuando sale al escenario. Nadie le acompaña en su orgullo. Nadie acompaña esa lágrima que rueda cuando suenan los aplausos. Guarda las fotos en el álbum para verlas de vez en cuando. Y sigue la vida. 

Esa sensación de soledad, de tener una responsabilidad que te inunda y nadie que te de cobijo por la noche, cuando todos se han acostado, es una de las peores que he sentido en mi vida. El dejar de ser una familia convencional, una pareja de padre, madre e hijos, reconocida por todos como algo normativo y común y pasar a ser algo extraño con relaciones extrañas, con idas y venidas los fines de semana, con una herida que viaja. Ida y vuelta, ida y vuelta. Así hasta el infinito. Y siempre tener que dar las mismas explicaciones: “no, lo llevamos bien, no hay problemas, todo correcto”. Y la mirada condescendiente, la puta mirada condescendiente. 

Por eso, como me reconozco en ti, como siento tu pena y tu vergüenza, estoy contigo. Y me dan ganas de agarrarte y decírtelo cuando pasas a mi lado, con esa sonrisa abierta que va directa a verle tocar en el escenario. A ese niño serio, con cierto aire de tristeza. Y espero que algún día dejes de sentir la necesidad de explicar a todo el mundo tus circunstancias. Porque mira, tus circunstancias son las de muchas personas. Tu soledad es la que hemos sentido cuando hemos decidido romper con una relación que nos dañaba. Que no podía seguir adelante sin sangrar a diario. Así que siéntete orgullosa, porque lo has conseguido. Y siéntete feliz, porque esa sensación de rareza y soledad va a pasar, se va a desvanecer algún día. Y él será también feliz si todo es normal, como debe de ser. 

#VDLN 88: Me he perdido (Nacho Vegas y Cristina Ronsevinge)

  

Cada vez que os oigo decir eso de que hay que acabar con el amor romántico me acuerdo de esta canción y de todo lo que implica. Y me pregunto ¿todo este soliloquio es para echar un polvo? No, no me lo creo. Hay mucho más aquí encerrado. Bien que ella sea un misterio de cuarenta y tres candados, con el pelo color de trigo y con el brillo tras el abrigo, pero ¿eso te hace ir 3, 7 veces más, y que te deje en el umbral después de haber comenzado el más viejo de los ritos? Y no, no me refiero al amor. En esa relación los dos se están gustando mucho. Y no, no quiero decir mutuamente, sino a sí mismos. 

¿Os habéis fijado en cómo canta Nacho? Mi cantante bipolar favorito está en su fase de subidón. Se ha puesto esas gafas negras y está disfrutando de su discurso, desgranando a Cristina, disfrutando de los escombros de los que él mismo forma parte, recreándose en esa imperturbabilidad que achaca a la chica de los aullidos, pero que es suya también y la lleva bien dentro. ¿Y ese traje beige? ¿Y esa humedad mutua que les deja a los dos en volandas, dilatando una vez más el momento del sexo?

Es todo química. No hay nada que haga a nadie mejor que nadie. No sabemos lo que pasará después. No te fíes de un animal herido, le dice ella. Esa es una ligera promesa de continuidad de esa aventura que comienza, que está llena de fluidos y furtividad. Pero que no tiene ningún futuro ni lo quiere tener. ¿Tiene futuro un soplo de brisa en una brizna de hierba? 

Si el orgasmo fuese eterno perdería su encanto. La pasión vive en el instante, no promete bodas, no promete castillos ni zapatos de cristal. Y no es mejor ni peor, es lo que es: subida a los infiernos y bajada al cielo y ya. Que a ver, que si queréis acabar con el amor romántico, que vale. Pero esto es y será siempre el más antiguo de los ritos y seguiremos entonando dulces gritos hasta el final de los tiempos. Con o sin ellos, pero por favor, dame veneno que quiero morir. Que vale que nos podemos dedicar a la meditación Zen, sí, eso también. Pero hoy no, chicas. Mejor mañana. 



#VDLN 87: Jack White


Me encantan los tipos raros. No lo puedo evitar. Así con aspecto de siniestros. Me parecen súper atractivos. Y Jack White es uno de los músicos más estéticos que he visto en mi vida. Además, tiene pinta de diabólico, y le queda muy bien el pelo largo y negro sobre su piel blanca de vampiro. Pero eso no es lo más importante. ¡Cómo canta! Y como toca. Y además, qué cosas dice. Lo tiene todo para gustarme. Y en el vídeo de esta canción, Love Interruption, se sale. Cantando que no dejará que el amor le interrumpa, que matará a su madre, que convertirá a sus amigos en enemigos, no se le mueve un pelo. Es mi ídolo.

Un día llegué y le dije a mi hijo P. Killer “he descubierto a un cantante genial, mira” y le enseñé este vídeo. Me miró con cara de WTF. “Mamá… Hace tiempo que te lo comenté que me gustaba, pero ya veo el caso que me hiciste.” Pero sí que me acuerdo de la canción que más le gusta a él. Es esta. Lazzaretto. Súper potente. Del último disco.

Pero yo lo siento, me gusta más cuando habla de amor y fantasmas. Aunque en este vídeo se ha cortado el pelo y ha perdido parte de su atractivo, esa nariz afilada me fascina.



¿Y ellos? ¿Quieren tener hijos?

  

El otro día leía una noticia en tono alarmante que decía que un porcentaje cada vez más elevado de mujeres no tienen hijos. Esto era preocupante, porque la sociedad envejecía y se volvía poco productiva, la inversión necesaria para mantener a la población anciana aumentaba y las pensiones dejaban de estar aseguradas. Y todo el artículo daba la sensación de que la culpa de que la población estuviese envejeciendo y hubiese cada vez menos niños era de las mujeres. 

Las personas que se preocupan porque las mujeres cada vez tengan menos hijos, ya sea porque el retraso de la maternidad aumenta la proporción de problemas de fertilidad, ya sea porque sencillamente no quieren tenerlos, parecen no percatarse de otro dato importante: España es uno de los países con la tasa de divorcios más elevada: un 61% de parejas acaban en divorcio. Esto me invita a pensar si el motivo de este de descenso de la natalidad no puede tener que ver también con la crisis de la pareja tradicional. Porque, convendréis conmigo en que, en muchas ocasiones, cuando una mujer quiere tener un hijo, esta no es una decisión únicamente suya, sino que hay una pareja que apoya esta decisión y, de alguna forma, la hace posible y la promueve. Vamos, que no es lo más frecuente que una mujer decida tener un hijo, busque un hombre que la embarace y después si te he visto no me acuerdo (aunque haya casos). 

Sin embargo, nos empeñamos en definir el hecho de tener un hijo como algo que emana de la decisión de una única persona: la mujer. Se nos llena la boca diciendo que la maternidad tiene que estar apoyada por una nutrida red social, y cuando hablamos de maternidad y embarazo hacemos única responsable a la mujer. Esta incongruencia en términos es también la que nunca nos lleva a plantearnos si ellos, los que son pareja de esas mujeres, quieren ser padres. ¿Ellos quieren ser padres? Y lo que es más importante: ¿ellos están dispuestos a ser los padres que imaginamos?

Puede que las mujeres no quieran ser madres porque se sienten libres, independientes y poderosas en soledad, y están en todo su derecho. Pero también pudiera ser que si el entorno no acompaña, piensen que para qué van a inmolarse ellas cual heroínas y a tener hijos/as con cualquiera. Y la verdad es que me parece un motivo de lo más legítimo y sensato. Por muy sublime que sea el amor que una madre le profesa a su bebé recién nacido, no sé si este amor figurado merece el atarse a una relación incierta durante un tiempo indeterminado. Por otra parte, puede que su pareja no quiera tener hijos, aunque ella sí los quiera tener. Me imagino que esto implica una toma de decisiones: ¿romper la pareja? ¿ Esperar a quedarse embarazada por casualidad? ¿Esperar a que algún día cambie de opinión? Y si rompes con tu pareja ¿esperas encontrar otra pareja que sí quiera tener hijos en un tiempo récord? Porque, pongamos que a estas alturas tienes ya 34 años. ¿No será peor el remedio que la enfermedad?

Lo que quiero decir con todo esto es que la maternidad deseada y consentida no es solo cosa de una persona: la madre. Y viéndolo así creo que estamos vertiendo demasiada responsabilidad en las mujeres. Si no nos sentimos seguras para parir y criar, que alguien venga a decirnos lo maravillosa que es la maternidad no hace más que reafirmarnos en la soledad en la que nos vamos a sumir si tomamos la decisión. La maternidad es bella cuando es compartida en un grupo social que acoge a las madres y a sus crías y las cuida como un bien preciado. De otra forma es una gran carga, no porque tengamos que trabajar mucho, sino porque los niños y las niñas, los bebés pueden ser los que sufran al tener una madre poco sostenida por un grupo.

¿Cómo funciona el sentido común?

  

En una época en que todo el mundo está muy preocupado por descubrir el funcionamiento de las sustancias que segrega nuestro cuerpo y en el funcionamiento de las redes neuronales que se esconden detrás del pensamiento, estudiar la forma en que funciona el sentido común es una preocupación marginal. Como marginal fue el ya clásico trabajo de Harold Garfínkel, un sociólogo que propuso el estudio de las normas compartidas, aunque no mencionadas, que guían nuestras prácticas cotidianas. Todo, absolutamente todo lo que hacemos con otros, todo encuentro, cualquier interacción, está guiado por normas compartidas por los miembros. Es lo que Garfínkel llama “los métodos de los miembros“, que podríamos simbolizar como una caja de herramientas siempre disponible para hacer cosas significativas con otros en diferentes situaciones de interacción. 

Solo somos conscientes de de la existencia de estas herramientas cuando las normas se rompen. Garfínkel proponía a sus estudiantes lo que él llamaba experimentos de ruptura, que consistían en introducir elementos que quebraban el orden en situaciones cotidianas y observar lo que pasaba. Aquí podéis leer algunos ejemplos. Pongamos un caso simple. 

Imaginad que alguien os dice hola por la calle. Hay formas de responder a este acto que están entre las maneras adecuadas compartidas por los miembros: decirmos hola sonriendo y mirando a quien nos ha saludado. O miramos sonriendo y levantamos la mano.  Pero imaginad que lo que hacemos es mirar fijamente, con la cara sin expresión y no decimos nada. O contestamos adiós. En estas situaciones, los miembros tienden a reparar la ruptura que se ha producido. La respuesta no es la estipulada y requiere reparación, así que actuamos para incluir lo sucedido en el orden que compartimos. 

Es así como somos capaces de desenvolvernos en un grupo social. Incluso las acciones que se salen del tiesto tienen que cobrar un sentido para reparar la ruptura o ser tipificadas como gravemente perturbadoras. “Eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca”. El mantenimiento del orden social tiene lugar principalmente en la arena de la interacción cotidiana. Y es por tanto en este contexto en el que se pueden producir los principales cambios de orden social. Las cosas no cambian de arriba a abajo, sino de abajo a arriba, aunque nos hayan intentado hacer creer lo contrario, aunque nuestras metáforas cotidianas nos muestren un mundo imposible de cambiar si no es desde el lugar del poderoso. Arriba, en la cumbre, dictando normas. 

Esto no lo dice Garfínkel, cuyo único interés era el estudio básico de los métodos de los miembros, pero mi inferencia personal es que , como miembros, tenemos el poder de transformar las normas con nuestros actos y desafiando la presión correctora del grupo. Y cuantas más personas desafiando el orden y construyendo los actos de maneras alternativas, más poder para transformar los métodos que usamos en interacción en un bucle infinito. Abrir el mundo a nuevos actos de comunicación posible entre las personas y con las instituciones que supuestamente gobiernan nuestra vida implica el empezar a llevarlos a cabo e inundar nuestro entorno con nuevos actos. Por tanto, el cambio no está hecho para cobardes: para instaurar nuevas formas de sentido común, primero hay que realizar cientos, miles, millones de actos rupturistas que acabarán siendo asimilados por el grupo. 

Desde luego, Garfínkel debió conseguir que sus estudiantes se creasen muchas enemistades con sus experimentos de ruptura. Acabo con la transcripción de uno de estos experimentos, relacionado con el ejemplo que he puesto del saludo, y que uno de los estudiantes de Garfínkel (2006, p. 56) puso en práctica: 

La víctima saluda amistosamente con la mano. 

(S) ¿Cómo estás? 

(E) ¿Cómo estoy en referencia a qué? ¿Mi salud, mis finanzas, mi trabajo escolar, mi paz mental, mi…? 

(S) (Rostro enrojecido y súbitamente fuera de control.) ¡Mira! Sólo trataba de ser educado. Sinceramente, me importa un pepino cómo estés. 

Referencias

Garfinkel, H. (2006). Estudios en etnometodología (Vol. 52). Anthropos Editorial.

#VDLN 86: Baccara

  

Dos mujeres, bailarinas a finales de los 70, por las que nadie daba un duro, forman un dúo y acaban siendo número uno en el Reino Unido. Son Baccara. Cantan en inglés, representan a Luxemburgo en Eurovisión, pero son españolas y se llaman Mayte y María. La caspa de los 70, el destape, las piernas largas, lo picante, todo en uno. 
Yes sir, I can boogie all night long, ¿qué se ha creído ustéd? ¿Quiere que se lo demuestre? Y así, moviendo el culo, haciendo caídas de pestañas, una de blanco y otra de negro, conquistaron el corazón de nuestros padres. 

Una delicia ¿verdad? A mí lo que más me gusta es ese baile desenfadado, ese peinado desenfadado, sin muchas pretensiones, ese vestido sin más, sin necesidad de ponerse brillantina en los pezones, como hace la Cyrus. Ellas salen tal cual, con su flequillo cardado y sus movimientos improvisados de caderas. Y mirad que atención la del público. Me pregunto cuál es la canción que le están pidiendo al señor para bailar toda la noche. Seguramente va acompañada de un anillo de compromiso. Pídeme que sea tu mujer y bailaré toda la noche contigo. 

Y luego está esa otra… Sorry, I’m a lady. Bestial. En este vídeo se puede apreciar los inicios de la ruptura de María y Mayte. Los celos, la envidia, el yo quiero salir tanto como tú en el vídeo aunque no sepa cantar ni sepa inglés ni sepa hacer play back. Aquí se ve cómo la de blanco resbala mucho cuando la enfocan en el escenario y entonces la dejan de lado para centrarse en la morena y guapa Mayte Mateos. En el segundo vídeo, con la misma canción, las cosas cambian sorpresivamente…

Así que en el 78, cuando representaron a Luxemburgo en Eurovisión, cantaron en francés, que parece que a María se le daba algo mejor. Pero incluso así siguen siendo naturalmente deliciosas y elegantes a la par que graciosas. Siempre han sido mi debilidad. Y, con el paso de los años, Mayte ha ganado en poder para transmitir, y nos encontramos con una mujer que sigue llenando el escenario cuando canta y cuando baila. 

http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/grupo-madrileno-recupera-junto-mayte-mateos-exito-baccara-yes-sir-can-boggie/1790100/

Pero lo cierto es que después de su separación, que acabó incluso en juicio, aunque han intentado recuperar el aroma de esos primeros años, nunca lo han conseguido. The devil, The devil. 

Mis hijxs tienen tablet ¿Y qué?

Hay niñxs… y niñxs. Hay usos y usos. Demonizar el uso de las tablets/dispositivos móviles/ordenadores por parte de lxs niñxs es como si en el siglo pasado no nos hubiesen dejado usar libros hasta los 18. ¿Controláis lo que leen vuestrxs hijxs? Porque os aseguro que hay literatura infantil y juvenil que pone los pelos de punta. Hay que amueblarles la cabeza para que la procesen de la debida forma. ¿Y las películas? ¿Y los dibujos animados? No sé si os habéis fijado en las referencias que hacen a las drogas, por ejemplo.

Una mente crítica y sagaz, que sabe interpretar imágenes, que sabe un poquito de género, de política, que sabe lo que es el racismo, el machismo, el clasismo, y un buen programa de control parental (sí, hay que pagar un poquito, pero merece la pena) hace que una tablet en manos de un niño o una niña de 10 años sea una herramienta inigualable. La puerta del conocimiento. El sitio donde todas sus preguntas pueden tener respuesta… si les enseñamos a discernir qué respuestas son de calidad y cuáles no lo son.

Cerrar la puerta de internet a los niños y niñas de hoy en día no me parece una buena decisión. Al menos no es la que yo elegiría. ¿Por qué nos parece tan terrible que nuestras hijas y nuestros hijos chateen con sus amigas/os? Siempre que supervisemos esa actividad y les demos pautas sobre lo que se puede y no se puede hacer en ese espacio de interacción (como sucede en el 1.0, por otra parte), veo una puerta abierta, no una aberración. Otra cosa es que los niños/as sustituyan la interacción digital por la presencial. Eso sí es preocupante, pero depende de los espacios y las relaciones que nos brinda nuestro entorno social que eso no suceda.

Y bueno, a veces la gente de tu entorno presencial no es tan interesante como la que conoces en el 2.0. Es triste, pero a veces pasa. Y tenemos adolescentes que sobreviven gracias a ese vínculo en la distancia que no se habría creado de otra forma. Adolescentes que conocen gente con sus mismos intereses e inquietudes, y que sin las herramientas que les brinda el mundo digital nunca tendrían esa posibilidad. Adolescentes con la cabeza muy bien amueblada, ojo. Adolescentes que se ríen de las peleas 2.0 que tenemos las mamás y que nos dan instrucciones sobre seguridad en la red.