#VDLN 85: Manel

Venga, vá. Aunque os jodan las catalanes. Escuchad a Manel. Son lo más. Son grandes. Música que llega, música elaborada. Música. Bella. ¿Preferís escuchar una canción en inglés a una canción en catalán? Pues vosotras os lo perdéis, de verdad. Nunca os felicitarán así vuestro cumpleaños:

Me dan envida los que son de Barcelona. Cuando salió esa canción de los Refrescos tan cutre, esa de Aquí no hay Playa, que mira que nos jodía a los madrileños pero  la cantábamos a voz en grito (¡Y qué, y qué!) como si nos fuera la vida en ello, yo pensaba pues mira, tienen razón. Aquí no hay playa y eso hace de Madrid un infierno, una cárcel de difícil salida. Porque un palacio sin salida al mar se convierte en una cárcel mustia y gris de la que hay que huir de cuando en cuando. Y escapar a la mar, ese mar mediterráneo que hacemos nuestro pero que no lo es, que está lejos, es lo que hacemos de vez en cuando. Yo me paso la vida añorando el mar, las olas, la arena y el sol. La verdad. La mar. Al mar.

 

 

Discursos de crianza en las redes sociales: La guerra servida

   
Leo un estado de Facebook “Me angustia y amarga la vida leer en casi todos los grupos de maternidad o páginas similares cuando se defienden prácticas o situaciones que desfavorecen al niño y hasta violan sus derechos básicos“. Y pienso “ostras, ya les vale a las madres, defendiendo el maltrato infantil”. Pero sigues leyendo (transcribo textualmente): “Queres destetar a un bebé de 8 meses? Queres q tu hijo de 6 meses duerma toda la noche en otra habitación? Crees que un chirlo a tiempo es una manera de educar? Queres darle de comer yogur a los 3 meses?“A ver… Me he perdido. Vale que eso de dar un chirlo (cachete) a tiempo es un maltrato, ahí estamos de acuerdo. Pero unir esto con temas de destete y sueño, con todo lo que eso conlleva, y decir que esta son prácticas que violan los derechos básicos del niño es poner a la audiencia en una situación un poco comprometida. Empezando por que la mayoría de la población se desteta no ya a los 8, sino entre los 3 y los 4 meses y vive el sueño infantil nocturno como una tortura incomprensible. Así que, de momento, la mujer que ha escrito el estado de Facebook se ha echado encima a un porcentaje elevado de la población materna. Con respecto a lo del yogur, el sistema sanitario no contribuye mucho a la educación para la salud de la población en general, teniendo en cuenta que hay pediatras que recomiendan dar la teta cada 3 horas e introducir la papilla de frutas y los cereales a los 4 meses, así que lo del yogur se hará seguramente pensando que le va a ir estupendamente al bebé, no con la intención de fastidiar su salud.

Sin negar que la lactancia materna es lo más de lo más y el colecho una práctica mágica para dormir cuando tienes un bebé y le amamantas, no podemos ignorar que son prácticas poco habituales en nuestra sociedad. Sin entrar en juicios morales: son poco frecuentes. De modo que llegar al Facebook y hablar de prácticas que violan los derechos del niño refiriéndose a prácticas comunes, aceptadas y habituales en nuestra sociedad es entrar pidiendo guerra. No me digáis que no os habíais dado cuenta. 

Pero todavía hay más. Sigues leyendo y encuentras esto: “…y pretendes encima que nadie te diga nada? Que se responda tu inquietud y ya? Pedís que se apruebe tu decisión y punto? No! Y sabes por qué no? Porque vos no importas… Y de verdad importa poco lo mala madre que te sientas, lo que importa es tu hijo.! 

En esta frase, hay tres cosas que hacen saltar todas las alarmas: 1) Le dice a una persona (una mujer, una madre) que ella no importa. A una madre que ha entrado a un grupo, quizás preocupada, a plantear una duda sobre crianza porque no tiene a nadie a quien preguntar. O sí, pero ha confiado en un grupo de madres virtual. ¿Y le dices que ella no importa? Bastante tenemos las mujeres para que hasta entre nosotras mismas decirnos que no importamos. Ya nos lo dice toda la sociedad al unísono. 2) Está reconociendo que esa persona se va a sentir mala madre al oír lo que le tienes que decir. Y que ese sentimiento no debe ser tenido en cuenta. Quizás porque solo es importante ser empático con las personas pequeñas, pero cuando llegan a cierta edad ya da igual ser o no empáticos: que gestionen sus sentimientos como puedan. Y 3) Le estás diciendo a esa persona que eres tú quien realmente te preocupas por SU hijo, y no ella, que es una egoísta que solo se preocupa porque se siente una mala madre y no quiere escuchar los sabios consejos que vienes a darle. 

Muy pedagógico todo ¿verdad? Es irónico, claro. A mí me parece paternalista, arrogante y muy mal educada esta forma de dirigirse a la gente. Aunque tuviese razón. Si lo que pretende es adoctrinar, está produciendo el efecto contrario: aborrecer a las talibanas de la teta y arremeter contra ellas. Así que luego entras inocentemente en cualquier sitio y dices que tú diste la teta y dormiste con tu bebé y la gente se pone a la defensiva. 

Termina el texto en cuestión diciendo: “Pero no se puede pretender que nos den palmaditas en la espalda y nos tranquilicen a nosotras, adultas, cuando quien queda en desventaja es el menor, y encima bajo el lema “lo que importa es criarlos con amor”… Hay que reveer este concepto de amor que da hasta donde me conviene o me alcanza o puedo y que cuando “el otro”, que además es MI hijo, me molesta enseguida busco la manera de hacerlo funcional a mi vida adulta cagándose en sus necesidades reales. Corran el culo y el ego de ese trono adultocéntrico, por favor.” 

Dicen que no existe la guerra de las madres. Que esta forma de dirigirse a madres/mujeres no es bélica. Que decirle a otra mujer, sean cuales sean sus circunstancias, que es una cómoda que busca su bienestar y que no hace todo lo necesario por él bienestar de su hijo es hacerle un gran favor, abrirle los ojos, traer la conciencia a su vida. Perdonad, chicas, pero no. Esta es una actitud que busca conflicto y guerra, y que no le está haciendo ningún favor a las madres a las que os dirigís, y mucho menos a sus hijos. En una sociedad en la que las pautas las da un especialista, un pediatra, en la revisión del niño sano y las mujeres se limitan a seguir sus indicaciones, creo que estamos errando nuestro objetivo. En una sociedad en la que hay mucha información pero una distribución desigual de recursos culturales y económicos, estamos apuntando al blanco equivocado. 

No me cansaré de decirlo: hacen falta más modelos de maternidades que encuentran soluciones exitosas. Y hace falta que las mujeres dejen de estar tan solas en la crianza. Estas guerras solo generan más distancia y más soledad de la que ya existe. ¿O creéis que los hijos e hijas de las mujeres a las que os dirigís en ese tono están mejor desde que vosotras hablásteis con su madre de sus derechos?

LAS FEMINISTAS DE ANTAÑO Y EL BEBÉ DE BESCANSA

  

Las feministas de antaño nos dicen a las madres feministas de ahora que estamos intentando dar marcha atrás. Que nos consiguieron guarderías y estamos escupiendo sobre ellas. Que ellas consiguieron que fuésemos mujeres liberadas que rendían en el trabajo y nosotras no hacemos más que lloriquear por tener que abandonar a nuestros hijos e hijas en una institución 
Muchas gracias, señoras feministas de antaño, por todo lo que hicieron por nosotras. No sé si tendrán o han tenido alguna vez hijas adolescentes. Llega un momento que empiezan a vivir su vida de adultas y esa vida está a décadas de la nuestra, y es diferente. Nuestras soluciones dejan de funcionar para ellas. Tienen problemas diferentes en tiempos diferentes. Ya no estamos en los 80. Me imagino lo que debió ser madre en los 80, en los 70, en los 60, pero ese tiempo ya pasó. Los problemas son otros. Ya no hay vuelta atrás, sino vueltas de tuerca. 
Lo que sí es verdad es que las soluciones de antes son parte de los problemas de ahora. Institucionalizar a nuestros hijos e hijas a los 4 meses se nos hace cuesta arriba. Nosotras, que venimos de maternidades con lactancias de 3 meses y pelargón a cucharadas mientras nuestra madre (y nuestro padre) se iba a trabajar y no sabía dónde dejarnos hemos querido hacer las cosas de forma diferente. Hemos reaccionado ante esa brutal ruptura del vínculo que supone dejar a tu bebé en manos desconocidas que le van a dejar llorando en una habitación de lactantes desconsolados. Hemos querido vivir nuestra maternidad y hemos querido que nuestras hijas e hijos tengan cantidad de calidad y calidad de cantidad. Pero también hemos querido estudiar, trabajar, leer… Vivir. Lo hemos conseguido a medias, pero somos conscientes de que nuestro objetivo es, en parte, contribuir a un mundo más humano que recupera la infancia para ponerla en el centro. 
Ser madre no es un trámite. “Cuando llegas a los 30 debes ir pensando en que se te pasa el arroz” es un mantra que machaca el cerebro de muchas mujeres. Y luego, cuando los tienes, te das cuenta de que no es como te contaron. Que los niños y las niñas requieren gran cantidad de energía y amor para crecer emocional y físicamente. Y que la conciliación es un cuento que nos contaron alguna vez y que ni existe ni existirá en una sociedad que no respeta a sus criaturas. Nosotras hemos traído a la conciencia femenina que la presión a la que nos someten para ser madres es una trampa. No queremos ser madres así, como si fuésemos maquinaria que, una vez expulsado el producto, sigue funcionando como si nada hubiese pasado.
¿Y nuestros maridos? Señoras feministas de antaño, en algunos casos, el marido ni está ni se le espera. En otros, la conciliación es tanto problema para nosotras como para ellos (sin contar con la lactancia, que eso ellos no pueden hacerlo y nosotras sí, si queremos). Y en otros casos, el marío sale de casa sin preguntarse qué va a pasar ese día con sus hijos. Espetar en la cara de una mujer que va con su bebé “Oye guapa, ¿dónde está tu marido?” es culparnos a todas de la ausencia del progenitor biológico de la criatura. Y eso una feminista no lo hace, señoras feministas de antaño.

#VDLN 84: Club de fans de John Boy

¿No os ha pasado nunca? No me lo creo. Empezáis mirando con desconfianza ese fenómeno que ha subido como la espuma. Lo odiáis, lo rechazáis, lo despreciáis. Pero seguís observando porque mucha gente lo admira y lo aplaude. Vuestro novio, vuestro amigo, vuestros conocidos, todos y todas hablan de él, lo comparten en el Facebook, roban sus fotos y las comparten en el Twitter. Es una gran pasión, una ola de admiración que os hace clamar al unísono. Y mientras, mis comentarios sarcásticos os sorprenden a todas y a todos.

¡¡Pero si es maravilloso!! ¡¡Es el nuevo mesías, la revelación de una época decadente y cansada. ¡¡El nos traerá lo que necesitamos, el poder, la revolución!!

Y yo, tú, seguimos mirando con suspicacia la revelación. No podemos creer que la gente esté tan engañada. No podemos creer que se dejen llevar por tres recursos estilísticos sencillos y por un discurso cargado de emocionalidad en estado puro. No podemos concebir que la gente se tome en serio los superpoderes revolucionarios de ese predicador mediático.

Y poco a poco la fascinación de la gente nos va hipnotizando. Esas oleadas de éxtasis nos empujan al centro del huracán y caemos rendidas, rendidos en sus brazos. Es un Dios, es un corazón sangrante, es un unicornio, es un mago y un príncipe, es una condesa y una cortesana. Es puro frenesí. Sus palabras dan contenido a la píldora y caemos a sus pies.

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#VDLN 83: Belize (Egos/Stab my heart)

  

Estoy entusiasmada con este grupo. Me gusta su sencillez, su buenismo, la limpieza de su música y de sus voces, la felicidad con la que tocan juntas y juntos, su falta de pretensiones. Pamplonicas y muy suaves, hacen música electrónica y mezclan en sus letras el castellano y el inglés. Me encanta que los hermanos se lleven bien. 

Lo que me sugieren sus canciones es felicidad y amor, no puedo evitarlo. Tranquilidad, aunque hablen de corazones rotos. No puedo evitar pensar, cuando las escucho, que la infancia de estos chiquillos y chiquillas ha tenido que ser feliz a la fuerza. No pierden el tiempo denunciando fotos y perfiles de músicos a los que envidian, seguro. Nunca han sido garbanzos negros. Han tenido suerte: la gente les quiere. Porque nacer en un terreno abonado es la cosa más rara que puede suceder hoy en día: padres y madres amorosas, amigos y amigas que apoyan tus proyectos, hermanos y hermanas que trabajan juntos. Da esperanza verles tocar y cantar. 

Si además de no haber sido una niña querida, no tienes dos dedos de frente, no tienes cultura, no puedes siquiera ni ser una artista maldita. Dicen que el arte exorciza las penas y los traumas. Pero ¿y la gente que es incapaz de poner en su vida una gota de arte? ¿Que de su boca y sus dedos solo sale exabruptos mal articulados? Qué pena de gente. Sola y desamparada, condenada a copiar lo que hacen los demás y a intentar destruir lo que siempre le hubiese gustado ser. Compasión. 

Y bueno, os dejo con esta otra canción de Belize. Mmmmmm, tan dulce y acompasada. Me encanta. 

Si sospechas que está loca ¿para qué le das al click?

  

Hace ya un año publicaba una entrada sobre la seguridad en las redes sociales dirigido especialmente a las personas adultas. A día de hoy, los hechos me siguen dando la razón: actuamos irreflexivamente cuando damos acceso a gente que no conocemos a nuestras cuentas en las redes sociales. Y lo hacemos aún a sabiendas de que la persona a la que estamos dando acceso ha dado ya señales de ser una zumbada de tomo y lomo. 

Los secretos no existen en la blogosfera maternal: pon las palabras de búsqueda adecuadas en Twitter y tendrás acceso a información abundante sobre las trifulcas periódicas que tienen las mamás sobre temas diversos. Hoy puede ser una plagiadora, mañana una impostora que roba fotos de otra para hacerse pasar por ella, pasado mañana una que ha ido criticando a otra en el Facebook y la una lo hace público muy indignada para que todas sepan “la personas con la que se juntan”. 

Pero al tema. Hay personas a las que se las ve venir. Y 3 años dan para aprender mucho sobre los distintos perfiles, blogs y modus operandi. Por lo tanto, no entiendo cómo, después de saber todo lo que sabemos, el día que encontramos que esa persona nos solicita amistad en Facebook aceptamos esta solicitud alegremente. 

¡¡¡Sopesemos, mujeres, sopesemos!!! Fotos de nuestras actividades diarias durante años y años, de vuestra boda, de vuestras hijas e hijos, estados que dicen quienes somos, qué somos,  cuáles son nuestros puntos débiles. ¿¿Y damos paso a una persona que ha demostrado año tras año que es poco lúcida, un poco ruín, muy ducha con los entresijos de las redes sociales, bastante envidiosa, un pelín inculta, algo malintencionada, con la autoestima algo deteriorada pero con delirios de grandeza y bastante reaccionaria??

No lo entiendo. En el fondo me gusta, porque veo que todavía hay gente que mantiene la confianza en la bondad del ser humano. Pero una vez llegadas a este punto, chicas, de verdad, protegeos. Porque, afortunadamente, esta persona es bastante torpe y realmente no va con la intención plena de hacer daño. Pero puede llegar un día que aparezca alguien que sí vaya con esta intención, y os la clava doblada. Y tener esto en mente es muy útil para educar a nuestros hijos: NUNCA SABEMOS QUIÉN HAY AL OTRO LADO. Y si lo sabemos, con más razón no debemos abrir el paso. Seguid vuestra intuición: nunca falla. 

Los vestidos de los Reyes

12507427_231838707147212_3733266983927384230_nEste año ha comenzado con toda la caterva hablando del vestido de la Pedroche. Que si era feo, que si era bonito, que si no tapaba nada, que si tapaba lo justo y necesario, que si tapaba el sitio de donde le había salido ponerse el vestido. Y así unos cuantos días. Hasta las tortugas se metieron en el debate. Y solo otros vestidos pudieron sustituir la polémica del momento: los de los Reyes Magos de la cabalgata de Madrid-Madrid. Y digo de Madrid-Madrid porque en Madrid hay muchas cabalgatas. Ya sabéis que Madrid es una ciudad con unos 7 millones de habitantes, 21 distritos y un montón de barrios. Y, por tanto, no hay una sola Cabalgata de Reyes. Aunque ya sabemos que hay clases: no es lo mismo la Cabalgata al otro lado de la M-30 que la de dentro de la circunvalación.

Manuela Carmena y los Reyes Magos en Madrid, Cabalgata 2016. Foto de eldiario.es

Si la pobre hija de Cayetana (nombre aristocrático donde los haya) Álvarez Tol hubiese sido del distrito de Usera, Puente de Vallecas y San Blas, habría visto unas Reinas vestidas en condiciones. Pero no, tenían que estar viendo la Cabalgata más cara, la más suntuosa, la que solo los niños y niñas VIP pueden ver desde sitios reservados para ellas y ellos. Este año, la hija de Cayetana se había quedado sin sitio VIP, así que no sabemos qué estaría escuchando mientras veía la Cabalgata en la televisión de plasma de su casa. Porque en mi casa, cuando vemos la televisión, no dudamos en comentar en voz alta todos los detalles ni arremeter contra el enemigo, haya o no haya niños y niñas delante: esa es la esencia de la formación política de nuestras criaturas, no lo vamos a negar.

Y claro, ver a Gaspar con ese traje rosa con detalles de pájaros amarillos y la corona de cartón tipo roscón del Corte Inglés o cumpleaños de Mc Donald debió ser un trauma para la madre Cayetana, miembro de la FAES y ex-diputada del PP, que corrió al Twitter creyendo que ese sería un buen argumento para lanzar la daga a su oponente, Manuela Carmena.

¡¡¡HIJA, ¿TE PARECE DE VERDAD ESE TRAJE?!!!

No mamá, parece la Barbie Honolulu. ¿Dónde están los Reyes? ¿DONDE ESTÁN, MAMÁ?

Y la madre, en vez de inventar una buena historia, como hemos hecho todas alguna vez, pues va y corre al Twitter. Y consigue miles de retuits y miles de notificaciones. Y cuando acaba su momento de gloria, se da cuenta que su familia ha cenado sin ella y se han acostado dejando los zapatos bajo el árbol de Navidad. ¡¡¡MALA MADRE!!! En vez de estar en lo que tienes que estar, ale, al Twitter a ver si consigues el TT.

Pero claro, hay cosas que son más fáciles de tuitear que de explicar. “Mira nena, el tío Alberto ha tenido que sustituir a Baltasar porque al pobre Rey se le desbocó el camello y se rompió una pierna.”

Claro, sí mamá. Cuéntame ahora una de vaqueros. 

Pero bueno, el caso es que todas tenemos la manía de hablar de los vestidos de las y los demás. Somos malas, muy malas. No dejamos que las que pueden luzcan todo lo que pueden lucir. Deberíamos alabar su poder posar con un vestido así delante de unas cámaras para que todas y todos nos traguemos las uvas al unísono. Y cuando un señor sale vestido de rosa, no corremos al Twitter a piar como locas. Qué doble rasero.

Pero en fin, para eso está Alfonso Rojo, para decir cómo deben ir vestidas las reinas magas. No como prostitutas de Western, desde luego. Y si son hombres, mejor que mejor.

Las células

  

“¿Qué hacen las células en su tiempo libre?” Me pregunta. Me quedo pensando. Me río. Nunca me lo había planteado. Las células nunca tienen tiempo libre… O siempre, según lo mires. Se limitan a vivir, a existir, a ser. Si tienen alimento,  viven. Si no lo tienen, pues mueren. Todas son iguales, no hay competencia entre ellas, no forman lobbies. Y aunque los formen, no dejan de colaborar los unos con los otros. Por tanto, no se envidian, no se pelean, no hay guerras. ¿Cuándo dejamos de ser células y nos convertimos en seres especiales, egóticos, que queremos destacar por encima de nuestros iguales? ¿Cuándo la desigualdad se convierte en la tónica de nuestras relaciones?

Un ser compuesto de células se levanta sobre sus dos patas y echa a andar. Tiene que buscar alimento. Las células descansan tranquilas mientras el microorganismo descansa para ellas. Ese macroorganismo se siente libre, pero en realidad es el esclavo de las células que esperan tranquilamente su alimento, sin pensar, sin fatigarse; a veces se impacientan y pueden llegar a secarse o a ponerse azules. Mueren a millones algunos días. A veces incluso se revelan contra toda la porquería que introduce en el cuerpo el macroorganismo. Es entonces cuando se multiplican de forma anormalmente exagerada causando la muerte global del macro-esclavo.

Pero, por lo general, su vida es placentera (la de las células). No piensan en la muerte. Bueno, no piensan en nada, realmente.

¿Podríamos nosotros, los seres macro celulares, comportarnos como células? ¿Vivir juntos, todos iguales? ¿Alimentarnos, dormir, crecer, reproducirnos? ¿Sin racionalizar hasta el aire que respiramos? ¿Sin preguntarnos qué hacen las células en su tiempo libre?