#VDLN 79: I´m a Creep

  
Hoy ha pasado otra vez. No me he atrevido a decir nada. Ahí estabas. Entras y el tiempo se detiene. No somos nada, solo petimetres escribiendo una y otra vez los mismos tópicos, las mismas mentiras. Y tú, con tu dolor digno, con tu risa entre letras, con tu sabiduría llana. No me atrevo a medirme contigo. No me atrevo siquiera a darte un me gusta, no fuera que vieses en mí algo imperfecto, algo cómico, algo ridículo. 

Tan sensual y tan divina, eres una diosa entre tanta morralla. Entre tanta palabra superflua. Te mueves como una libélula entre nuestras letras, tomas nuestro simple verbo con tu mirada fija, mirada negra y burlona que escruta lo que hemos dicho por si hay algo que se pueda salvar. Y nada. Nadie está a la altura nunca, nadie vence el pulso. Somos un puro deshecho. ¿Alguna vez seré digno de tí?

Pero esta noche lo voy a hacer. Me voy a atrever. Es ahora o nunca. No puedo seguir compartiéndote en los grupos. Todos se lanzan sobre tí cuando te ven y te intuyen. Y yo solo miro y leo cómo les vas destrozando, uno tras otro. Reculan con el rabo entre las piernas y se alejan asustados. Ni Roy Galán se atreve a entrarte cuando sacas las uñas. El otro día hablé con él y me dijo que me dejaba el campo libre. Que él no creía en etiquetas y tú tenías demasiadas. Vamos, que sus neuronas de hombre simple colapaban entre tanta riqueza . Que aunque fueses un fucking miracle, le dabas miedo. 

Vale, allá voy. Te lo voy a decir. 

Bilingüismo en el colegio

  

De un tiempo a esta parte, leo gran cantidad de quejas de las familias que llevan a sus hijas e hijos a colegios bilingües. Y me apena darme cuenta de que cargan las tintas contra los sistemas bilingües creyendo que los problemas que surgen en los colegios son porque los niños y niñas “son muy pequeños para aprender en dos idiomas“. Nada más lejos de la realidad: un buen sistema bilingüe es un entorno de aprendizaje perfectamente adecuado para niños de todas las edades. 

Cuando un bebé nace en un entorno bilingüe, por ejemplo, cuando su padre y su madre hablan lenguas diferentes o cuando viven en comunidades bilingües, si hablan al bebé en las dos lenguas éste es capaz de aprender ambas con el mismo nivel de pericia. Puede ser que tarde un poco más en hablar, porque su sistema cognitivo necesita más tiempo para reorganizar la información, pero esto no es índice de un defecto o problema, sino de que el sistema está funcionando correctamente para asimilar ambas lenguas. Por tanto, por muy pequeño que sea un niño, es perfectamente capaz de aprender dos idiomas a la vez. Hemos de recordar que el ser humano tiene un cerebro preparado para aprender el lenguaje, y funciona también en el caso en el que se vea expuesto a varias lenguas desde el nacimiento. 

Los problemas de los supuestos colegios bilingües es que, en realidad, no siguen un sistema bilingüe propiamente dicho. En un sistema bilingüe tiene que haber profesores y profesoras nativas o con un nivel de inglés a nivel nativo para impartir las asignaturas en el idioma correspondiente, que suele ser el inglés. Además, tiene que haber asesores lingüísticos que dirijan el sistema y den consejos a los profesores sobre las mejores formas de abordar una enseñanza bilingüe en una lengua que tiene características diferentes al castellano. En este sentido, en las asignaturas en inglés, toda la interacción que se produzca en el aula debe ser en esa lengua. No se deben mezclar el inglés y el castellano. El bilingüismo implica una inmersión en la lengua en cuestión. Por otra parte, la enseñanza de la lectura y la escritura en lengua inglesa, al ser ésta una lengua opaca, en la que los fonemas no tienen una traducción tan directa a los grafemas como sucede en el castellano (que es una lengua transparente), tiene que seguir una metodología diferente y tener en cuenta estas peculiaridades. 

En alguna ocasión, he escuchado a las familias decir que tienen miedo a que los niños y las niñas no aprendan el vocabulario castellano de las asignaturas que se están impartiendo en inglés. Desde mi experiencia, esto no supone un problema para los niños y las niñas que estudian en colegios bilingües. El vocabulario en castellano inunda todas sus experiencias extraescolares (y parte de las escolares), y aprenden con facilidad el vocabulario castellano correspondiente a las asignaturas que se imparten en inglés, del mismo modo que sus experiencias bilingües extraescolares (ver la tele en inglés o leer libros en este idioma, además de las visitas que puedan hacer al extranjero) complementan el vocabulario en inglés que no han obtenido de asignaturas en castellano. 

Sin embargo, hay muchos colegios que se llaman bilingües pero no tienen las condiciones fundamentales que deben cumplir este tipo de centros. El profesorado que imparte las asignaturas en inglés tiene un nivel B2, que corresponde a un nivel avanzado, pero que en muchas ocasiones no asegura un desempeño adecuado para impartir la docencia en el idioma correspondiente. Esto supone un estrés adicional para el docente y no es adecuado para el aprendizaje de los niños y niñas, que encuentran dificultades tanto con el idioma como con la materia de la asignatura. En estos casos, las familias comienzan a notar en casa las presiones del sistema: meten a los niños en academias de inglés y tienen que cargar con gran cantidad de tareas adicionales en casa. 

Ademas, en estas condiciones, las desigualdades aumentan exponencialmente, ya que hay familias con más recursos que otras para hacer frente a estas necesidades extras que pone sobre sus hombros el sistema educativo. Por otra parte, mientras que en los sistemas bilingües bien diseñados, la escuela puede seguir siendo inclusiva y los niños y niñas con necesidades educativas especiales son atendidos de acuerdo con sus peculiaridades, en los sistemas mal diseñados estos niños se sienten, en algunas ocasiones, desatendidos, por falta de recursos educativos adecuados. 

En conclusión, un buen sistema bilingüe es aquel en el que el profesorado tienen la titulación adecuada, está organizado atendiendo a protocolos de buenas prácticas contrastados y pautados por especialistas y en el que las familias no sienten una sobrecarga adicional con respecto a sistemas no bilingües. Si esto no es así, es lógico que haya un malestar en la comunidad educativa en general que no beneficia a ninguno de los sectores: ni familias, ni estudiantes ni profesorado. 

#VDLN 78: Aṣa. Be my man

  

Buscando canciones sobre hombres, me he encontrado esta joya. Aṣa, una joven nigeriana nacida en París o una joven parisina criada en Nigeria, como prefiráis. Ha sido escuchar su voz en esa canción y olvidarme de todo lo que quería decir de los hombres. Iba a poner Un hombre de verdad, de Alaska, pero al recordar al hombre de verdad he pensado que iba a ser objeto de mofa la elección. Además, eso de ir buscando hombres con listas de condiciones escritas en un diario sé, por experiencia vicaria, que no es una buena estrategia. Es mejor dejarse llevar. 

Entonces recordé aquella canción de los Pixies (me encantan, los reservo para otro VDLN), la de Here comes your man. Es una canción de esas que se te pegan en la primera escucha, muy naif, fresca y adolescente. Pero eso de un hombre terremoto anunciándose a sí mismo como que da un poco de repelús. 

Luego estaba esa de Amor de hombre, de Mocedades. Pero queda mejor para la sección de “canciones del pasado” que hago los viernes alternos. Y de Mocedades no escogería esa, precisamente. Escogería la mítica Eres Tú, por supuesto. 

Y luego estaba Better Man, de Pearl Jam. Preciosa canción de desamor. Una mujer intenta decirle a su pareja que ha dejado de quererle, pero no se atreve porque cree que nunca encontrará un hombre mejor. Craso error: mantener situaciones de ese tipo nunca lleva a nada bueno. El mejor hombre es el que te hace vibrar todos y cada uno de los días que pasas con él. 

Y es entonces cuando me he encontrado con ella. Deliciosamente tradicional, lo mejor que se le ocurre proponerle a ese chico es hacerle la cena. Pero la sensualidad de sus notas prometen cosas mucho más excitantes (ya sabemos que la comida y el sexo siempre van unidos, nos lo enseñó hace años 9 semanas y media). Esa niña a la que  su madre le dice que no haga el tonto detrás de los chicos y al primero que se le cruza le pide que sea su hombre. Bueno, os dejo con ella. Es tan…. tan…. 

No es teta todo lo que reluce

  

Yolanda era una niña de 6 años. Como yo. Era mi mejor amiga. Mi única amiga. Rosi era la matona de la clase. Ella y sus secuaces esperaban a Yoli a la salida para pegarle. Pero yo le acompañaba, y como era alta para mi edad, y además era la hija de la maestra en una pequeña escuela rural, le dejaban en paz. No entendía por qué nadie quería ir con ella. Ni lo entenderé nunca. 

La única vez que estuve en casa de Yolanda probé las patatas cocidas por primera vez. Nunca más una patata cocida me ha sabido tan a gloria como aquella. Quizás porque su madre me la ofreció como si de un gran tesoro se tratase, como ofreciéndome lo más valioso que había en aquella casa. La casa estaba construída aprovechando una cueva. Era oscura y sin ventanas. No estuvimos mucho tiempo allí y solo recuerdo la ropa negra de su madre y el sabor de esa patata. Después corrimos otra vez a la calle y jugamos a las maestras. 

Yo siempre hacía de maestra y Yolanda era la alumna. Yo me sentía bien en el rol dominante, y ella parecía disfrutar del rol obediente. Hacía todo lo que yo le decía y disfrutaba tanto obedeciendo como yo mandando. Éramos felices juntas. La echo de menos. Un día, cuando ya nos habíamos ido a vivir a Madrid, le pregunté a mi madre por ella. Todos se callaron y se me quedaron mirando con cara de circunstancias. Yolanda había tenido cáncer y había muerto. Nadie me había dicho nada hasta entonces. Sentí que mi infancia se diluía en un instante. Hasta entonces, siempre había supuesto que algún día volvería al pueblo y le daría una sorpresa llamando a la puerta de su casa. No contemplé la posibilidad de no volver a verla nunca más.

Muy pocas veces he vuelto a sentir una amistad como aquella. Quizás mi memoria infantil magnifique los pocos momentos que pasamos juntas, pero esos momentos fueron auténticos. Sin rencillas, sin envidias, sin reproches, sin luchas de poder. Ella aceptaba mis rarezas. Yo aceptaba las suyas. A partir de entonces, el mundo cambió a peor. Nunca me he manejado bien entre mujeres. No comparto esos códigos. No me gustaba entonces (y mucho menos ahora) seguir a las divas y apoyar sus maniobras de acoso y derribo a los objetivos elegidos por ellas. Tampoco me gustaba convertirme en diva y tener seguidoras a las que manipular a mi antojo: odio la adulación y los aplausos de pié. Pero es realmente difícil encontrar un grupo de mujeres con las que entablar una relación igualitaria. 

Desisto. Paso de vosotras, chicas. Así, en general. Hay honrosas excepciones, eso no lo puedo negar. Pero, por lo demás, el paraíso prometido de sororidad, energía femenina entrañable y hormonas del amor ha resultado ser un fraude. Ya no me creo nada. El feminismo siempre ha estado presente en mi vida, y lo seguirá estando, pero está cambiando de ola. No podemos esperar que cambie la otra mitad de la población y nosotras seguir siendo como somos, actuando como actuamos con nosotras mismas. Es una mierda. De verdad, nos lo tenemos que hacer mirar. Así, como concepto. 

Todo es un espejismo

 
 Vivimos en un espejismo de mierda. Todo podría ser de otra forma si, al levantarnos por la mañana, nos pusiésemos de acuerdo para que las cosas fuesen de otra manera. Pero seguimos alimentando este infierno que hemos creado día a día, acto a acto. Sí, todo esto está forjado sobre los actos individuales de millones de personas. ¿O creéis que hay algo superior que regula el funcionamiento de nuestro mundo?

Reaccionamos al deseo, al hambre y a la sed de sustancias y de experiencias. Solo el hambre, la sed y el deseo regulan todo nuestro mundo. Queremos tener el estómago lleno, que el sol nos de en la cara, tener nuestros orgasmos y que nuestros hijos vayan a la universidad. O simplemente que se casen y poderles dar una dote. O que lleguen fuertes a cierta edad para que puedan trabajar en la fábrica de Inditex y traer cuatro perras a casa. 

No somos nadie sin nuestra ración diaria de soma. La wifi nos da conexión a la comunidad virtual, y todos lloramos al unísono. Es terrible lo que está pasando. Je sui todos los muertos del mundo. Llega la hora de cenar. Deja el móvil y atiende a la tele. ¿Qué tal en el cole? Bien, la maestra me puso una pegatina por tener el cuaderno ordenado. Eso me dará grandes competencias para sobrevivir a los bombardeos el día de mañana y a la puñetera apocalipsis zombie que nos llevan vendiendo durante años y años. 

Bueno, no os preocupéis. Todo esto son ideas inconexas de un día después. Uno más. Un día más en el que saltan miembros por los aires. En los que salen listas de muertos en los periódicos. Pero qué más da. Al final todos moriremos, de una forma u otra. Estaremos en una lista o en una esquela. Todo acabará. Habrá una glaciación, una tormenta solar, una guerra nuclear o un cataclismo masivo que acabará con nosotros, una mota de polvo en un universo infinito. Y ya seremos nada. Y ninguna mente nos recordará. Fin. Descanso. Nada. Muerte. Vida. 

#VDLN 77: Dèmis Roussos

Ayer hablaba con una amiga del Facebook de nuestra formación musical en la infancia. Nuestros padres nos deleitaron con las más exquisitas obras de la musicoteca cañí y más allá. Las zarzuelas se mezclaban con el Carmina Burana, el Dúo Dinámico con El Cascanueces. Pero un cantante al que nunca olvidaré por mucho que pase el tiempo es este:

Fijaos que, cuando yo era niña, a mí Dèmis Roussos me parecía un viejo gordo con demasiado pelo en la cara. Ahora me parece un chaval joven y dinámico vestido de una forma algo extravagante. Y me parece que canta con una voz profunda y maravillosa. Pero me sigue pareciendo cutre. Me lo parecía allá en los 70 y me lo sigue pareciendo ahora. No tanto como Georgie Dann y su negro pero por ahí me ronda la sensación.

Pero vamos, incluso en su grupo de Rock, Aphrodite´s Child, en el que trabajaba junto a Vangelis, me sigue pareciendo un poco carroza. No me deja de parecer folklórico en el sentido más tradicional de la palabra. Parece que en cualquier momento se va a convertir en Zorba el griego y va a arrancar a bailar con los brazos en alto. Por mucha chaqueta de piel y pantalones de campana que se pusiera. Nada, que no le encuentro nada de sofisticado.

 

Dèmis murió el pasado enero a los 68 años de edad. Se le veía muy mayor y cansado en sus últimas actuaciones, con el pelo completamente blanco pero con la misma barba y la misma melena que antaño. La verdad es que añoro sus canciones, que me llegaban desde el cassette del coche de mi padre, canciones que cantábamos con una pasión que nunca más hemos llegado a expresar tan abiertamente.



Libre, linda y loca: Basura patriarcal

  
Ya la primera vez que vi este cartelito que circulaba por internet me pareció un pelín patético. Ya sea porque no me veo disfrazada con pamela de colores y del brazo con mis amigas volviendo con la cesta de la compra, ya sea porque no percibo el maridaje perfecto que encontró el que hizo el texto entre esos tres adjetivos: libre, linda y loca. 

A ver, que estoy de acuerdo en lo de que no seamos sumisas. Lo de la sumisión nunca ha sido para mí un valor. Vivir en un mundo en el que las relaciones sean igualitarias y no jerárquicas es un objetivo, vale. ¿Pero que no seamos devotas? No entiendo. Puedes ser devota a tantas cosas…. y no todas  malas. Y nadie dice que tengas que ser sumisa a aquello que adoras ¿no? Así que lo de ser devota no parece tan malo. Cualquiera puede ser devoto o devota a lo que le de la gana, vamos, digo yo. Y a cambiar de opinión si quiere. 

Pero vamos con lo del triunvirato. Libres, lindas y locas. Las tres eles. Te propongo un ejercicio. Cierra los ojos e imagina a una persona libre, linda y loca. Seguramente la imagen será agradable, tierna, hetérea, armoniosa, alegre… e infantil, maravillosamente infantil. Una niña alegre, libre, dando saltos de alegría. Y loca, muy loca… OH WAIT. ¿Esto de loca a qué viene? ¿Por qué esa constante de las mujeres por valorar la locura como un valor positivo? Que no digo yo que sea negativo. Pero no me imagino que un hombre diga de sí mismo y valore el ser lindo y loco. Pero nosotras, ¡Ay nosotras! Cuántas veces no habré oído eso de “Ay que loca estoy, jijijiji” o “Seguimos igual de locas que cuando éramos jóvenes” (esto dicho con una cerveza mirando a la cámara y poniendo morritos). 

A ver, que pasárselo bien, mola. Y que salir de cañas y reírse, pasear con las amigas del brazo, saltar y hacer bromas, hacer “locuras” pues es divertido. Pero no es la base de lo que queremos de una mujer libre… ¿o sí? No sé, feliz, independiente, segura, fuerte son cosas que pondría muy por delante de loca. Y, por supuesto, de linda. Y eso sin contar con que la versión que aparece en el cartel no es tan heavy como la otra que circula por ahí, que dice “Ni sumisa, ni devota, te quiero libre, linda y loca”. ¿¿¿Cómo que me quieres??? ¿¿¿Quién coño eres tú para querer que yo sea de una forma u otra??? Oh sí, ya sé que estoy rizando el rizo, que estoy empezando a parecer una feminazi histérica que quiero acabar con una preciosa frase seguramente inventada por un señor interesante muy culto y de izquierdas. 

Pero vamos a lo de linda. Hoy, en su fan page, Alberto Garzón ponía este fragmento de la letra de una canción, con el hastag de la manifestación que ha habido hoy, 7 de noviembre, en contra de la violencia machista y para exigir que se legisle en contra de esta lacra social: 

Ni sumisa ni obediente, 

mujer fuerte insurgente, 

independiente y valiente.

Mujer linda se pone de pie!

#7NFeminista

Bueno, la verdad es que es bastante más pasable que el cartelito de las locas de los vestidos de colores. Pero ¿qué pinta ahí lo de mujer linda? ¿Por qué tenemos que incluir esa referencia al aspecto físico de la mujer incluso cuando estamos celebrando su capacidad de movilización? ¿Diríamos, en castellano y de la misma forma, “hombre lindo se pone de pie“? Claro, ahora diréis que sí, que por supuesto (no lo habéis dicho en vuestra vida pero ahora resulta que parece una elocución de lo más posible). Y que, además, linda no se refiere al aspecto físico únicamente, sino que va mucho más allá y se refiere a la belleza interior. De hecho, es lo que han hecho los seguidores y seguidoras de Garzón en la publicación de su fan page (amén de llamarme histérica y de preguntarme si no estaba feliz con mi aspecto físico). También me invitaron a buscar linda, y eso he hecho. Así define la palabra el diccionario de la RAE: 

lindo, da

Del lat. limpĭdus ‘limpio’, ‘puro’.

1. adj. Hermoso, bello, grato a la vista.

2. adj. Perfecto, primoroso y exquisito.

3. m. coloq. Hombre afeminado, que presume de hermoso y cuida demasiado de su compostura y aseo.
En fin… que según esta definición, una mujer es linda cuando es hermosa, bella, grata a la vista, perfecta, primorosa, exquisita (en masculino se aplica igual), pero además, cuando se refiere a un hombre es afeminado y lo que coloquialmente se llama metrosexual. Creo que, una vez leída la definición de linda, no nos queda la menor duda de a lo que se refiere la palabra. Y con el cartel que os voy a poner (hay cientos en las redes de esta especie, seguro que lo habéis visto alguna vez) seguro que no cabe la menor duda del significado de linda

  

Pues eso…  que no hay más ciego (y ciega) que el que no quiere ver. Y que si queremos seguir haciendo el eslogan fácil de izquierdista con mucha mochila y que se arrebola en la lucha de calle, pues adelante, pero ya no cuela. Lo de libre, linda y loca es basura patriarcal. Nosotras tenemos derecho a definirnos. Nosotras  no tenemos que encajar en vuestros moldes. Las mujeres adultas no necesitamos que nos animéis a luchar por nuestros derechos diciéndonos que vamos a estar muy lindas si lo hacemos. Tampoco creemos que el definirnos como locas sea estupendo y maravilloso: la locura es una cosa muy seria y mira, es toda una lacra que sean las mujeres el grupo de población al que más ansiolíticos y antidepresivos prescribe la institución médica. Y la única forma de ser libre es que nos dejéis de imponer esas tonterías que lanzáis sin reflexionar siquiera. Decidle al señor de izquierdas que hace los memes que deje de cubrirse de gloria y se dedique a algo más útil. Nos importa un ovario lo que quiere que seamos. 

Dar la teta es un placer

  

Después de la entrada de ayer, me quedó la impresión de que estaba hablando de la maternidad como una terrible tortura que nos esclaviza. Y a veces es así, no nos vamos a engañar. Y no solo en los primeros años, sino durante toda nuestra vida. Pero la verdad es que sarna con gusto no pica, y hay placeres que las madres (y los padres, de vez en cuando) no deberían perderse, ya que tienen la oportunidad de experimentarlos. 

Ya sé que está de moda decir que amamantar es un tremendo sacrificio. Que es dificilísimo instaurar una lactancia exitosa, que lo de las grietas es terrible, que si el bebé no se engancha, que si no gana peso. Un no parar. Bueno, ya tenéis muchas entradas sobre esa terrible faceta de la lactancia. Un horror, una tortura. Pero yo os voy a hablar de la parte buena. 
Dar la teta es un placer. Cuando sabes cómo funciona el pecho de una mujer y tienes muy claro que quieres amamantar a tu bebé, cuando todos los hados se conjuran para que las cosas salgan bien y asumes que puede que salgan grietas y que duelan unos días, todo irá sobre ruedas. Y lo disfrutas. A tope. 
Uno de los requisitos para disfrutar de la lactancia es no hacer caso de mitos y leyendas. Antiguamente, en el campo corría el rumor de que las culebras entraban sigilosamente en el cuarto de las madres lactantes mientras éstas dormían y robaban la leche de sus pechos. Las criaturas comenzaban a perder peso y pasaban hambre. MENTIRA. Si eso fuese así, el pecho de la mujer produciría leche de sobra para su bebé y para la culebra. Si conociésemos cómo funcionan nuestros pechos, dejaríamos de creer esas estúpidas leyendas y dejaríamos de decir eso de “me quedé sin leche“. No, el pecho sano de la mujer sana da leche para aburrir. Si maman dos bebés, produce para dos bebés. Y si se saca leche, produce para el bebé y para donar al banco de leche. Somos mujeres fontana. 
Otra buena noticia es que, a partir del segundo mes, las cosas van rodadas. Puedes salir con tu bebé a cualquier sitio sin tener que preparar miles de potingues y llevar cientos de trastos. Con tus tetas tienes suficiente. De aquí para allá, cual vagabundos, puedes ir al cine, al teatro, a museos, al parque… donde quieras y donde te permitan. Hay veces que la gente se molesta por verte con la teta fuera. A mí nunca me pasó, y mi espíritu exhibicionista disfrutó durante 4 años escrutando las miradas curiosas de las y los espectadores. 
¿Y el reflejo de eyección? ¿Qué decir del reflejo de eyección? Durante el primer año, la leche sale sola de los pechos casi con solo mirarlos. A veces, un fino hilo de leche sale disparado del pezón mojando la cara de los curiosos que se pasan por ahí a husmear. Como en la foto que ilustra este post, nuestros pechos rezuman vida y se convierten en una pistola de agua. 
Pero lo mejor es su función de consuelo. ¿Que el niño se cae? Teta ¿Que el niño tiene sueño? Teta ¿Que el niño se coge una rabieta? Teta. La teta lo soluciona todo. Es un instrumento mágico que a todos gusta y a todos calma. Vale para todo y para todos. Tenemos a nuestro alcance la tecnología más sofisticada para conseguir la paz mundial. Hay que aprovecharla. 
Que sí, que dar la teta es un placer. Que es parte de nuestro ciclo sexual, no lo vamos a negar. Que el cuerpo se siente pleno y el bebé crece sano y rollizo. Podéis ver en esto que digo toda la perversión que queráis ver: es vuestro problema. ¿Podréis vivir con ello?