Las etapas de la maternidad

  

Dicen que el puerperio es una etapa caótica y complicaca emocionalmente. Y es verdad. Nunca olvidaré la primera noche que pasamos en casa a solas con nuestros dos bebés mellizos. Ellos lloraban… yo no era capaz de levantarme de la cama a atenderles. Me sentía desgarrada por dentro y por fuera y me invadía un inmenso cansancio del que no me he podido sobreponer después de 16 años. Ahora sé que tenían hambre y que hubiese bastado con buscar la forma en que ambos estuviesen junto a mis pechos para poder subcionar cuando quisieran. Pero no había nadie ahí para decírmelo. Lo tuve que aprender yo sola. Mi tercer hijo no pasó hambre y pudimos dormir. Pero el puerperio estuvo ahí también, esta vez disfrazado de soledad. 

Ahora encontramos cientos de blogs que hablan de lactancia y colecho, del puerperio y sus sombras, de cómo apoyar el desarrollo del control de esfínteres y cómo pasar a  la comida sólida. Esa información que nos ha negado la tribu nos la ofrece internet. También hay mucha información sobre la etapa escolar: la adaptación a Infantil, los deberes escolares, la educación sexual, las relaciones entre iguales, etcétera. Pero cuando intento encontrar información experiencial sobre la maternidad en la adolescencia encuentro cosas demasiado estereotipadas que no responden a la realidad que estoy viviendo yo desde hace unos años. Y me da rabia que mis hijos mayores siempre tengan que ser los conejillos de indias para luego hacerlo relativamente  bien con el pequeño. 

Como madre de adolescentes, he mirado a mi alrededor y he observado a otras madres y padres de adolescentes. Y he visto algo que me ha aterrado: deterioro, preocupación y cansancio. ¿Pasamos por un nuevo puerperio en esta etapa? ¿Una nueva separación que nos desgarra? De repente dejamos de ser el ser todopoderoso que todo lo sabe, por el que nuestros hijos tienen una fe infinita y nos convertimos en viejos y viejas pesadas y aguafiestas que no sabemos de qué va la historia y estamos dando por saco constantemente. 

Pero ahí no acaba todo: ser madre de adolescentes es una de las experiencias más extresantes de este mundo caótico e incomprensible. Cuando parece que se han hecho independientes, que no te necesitan ya, que estás haciendo el ridículo preocupándote por la ropa que se ponen por las mañanas y la hora a la que llegan por las noches… tienen una crisis. Por cosas normales: amistad, amor, cambios, dudas existenciales… Y entonces te necesitan como antes, o quizás mucho más que antes, pero no son capaces de admitirlo. Así que lo tienes que averigüar y cuando das con el problema se tiran sobre tí como pequeños en busca de su teta, subcionando toda tu energía que tú les entregas amorosamente. 

Aquí el truco es el siguiente, creo haber intuido: no buscan una solución. Cuando eran pequeños, su mamá solucionaba todos los problemas. Ahora los solucionan ellas y ellos, pero necesitan sentir que tienen un apoyo sólido detrás, un apoyo incondicional y constante que les da fuerza. No hay que hacer nada más, solo estar y escuchar sin impacientarse; y eso no es fácil, porque nosotras creemos tener siempre la solución y queremos adelantarnos. Eso es lo peor que podemos hacer, porque replegarán velas y pasarán de nosotras. 

Es agotador. Un tira y afloja constante. ¿Es la adolescencia una etapa natural en el desarrollo? ¿Existen formas de crianza análogas a la teta y al colecho en estas edades, que faciliten la tarea y nos saquen del papel de policía-psicólogo que adoptamos en esta etapa. ¿Quizás haya que soltarles a la vida y dejar que se  den de bruces con ella? Es poco probable que esta sea la solución. De alguna forma hay que guiarles en su proceso  de convertirse en adultos. ¿Pero lo hacemos bien?

Seguro que dentro de unos años hay cientos de blogs escritos por madres de adolescentes. Será cuando no los necesite. Así que ahora toca explorar, comprender y hacerlo lo mejor posible. Ah, y no morir en el intento. 

#VDLN 71: El jefe de la banda y la sonrisa de Julia.

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No me parece mal que los hombres lloren. Tampoco me gusta, no me gusta ver llorar a la gente. Me pone triste. Pero las personas que somos más bien lloronas sabemos que soltar la lagrimita de vez en cuando es bastante liberador. Sin embargo, siempre que veo a alguien llorar, tengo la manía de decir “no llores”. Lo que en realidad quiero decir es otra cosa, pero me sale “no llores”. Me siento fatal por ser una corta llantos. Todas las personas necesitan llorar a moco tendido de vez en cuando. Y hacerlo delante de o junto a alguien parece serlo aún más. Por eso, la verdad es que me parece una verdadera pena que los hombres no se sientan libres para llorar cuando, donde y delante de quien quieran cada vez que lo necesiten.

Sin embargo, hemos de tener en cuenta que, igual que toda risa no es sincera y no toda carcajada es causada por situaciones hilarantes en esencia, el llanto puede ser sanador del alma o mezquino. El llanto que manipula es un llanto vil. El llanto de autocompasión es un poco penoso. Y el llanto por rabia es, en realidad, odio contenido en lágrimas.

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Pero lo que llevo preguntándome casi una vida entera es a qué tipo de llanto se refería Miguel Bosé en esta canción. Bueno, la verdad es que, si alguien es capaz de explicarme que quiere decir el papito en esta canción, le invito a unas cañas:

Con un canalla como yo
y un corazón en paro bastaría
porque estoy loco y es mas

estoy loco y me aguanto.

Con un canalla como yo
y un pasaporte al Congo quien no iría?
si buscas chico formal
búscate uno mas alto.

Y otro pecado capital…. que será? (que será)

Es mi vida no quiero cambiar
los chicos no lloran solo pueden soñar
es mi vida no quiero cambiar
los chicos no lloran tienen que pelear
es mi vida ah! es mi vida ah!.

Con un canalla como yo
un oficial con mucha artílleria
hey! que seria de ti? hey! que dices
encanto?

Y otro pecado capital
un oficial con mucha artilleria
hey! que seria de ti hey! que dices
encanto?
Y otro pecado capital… que será (que será).
Y bailaremos eh, y bailaremos eh?.

Es mi vida no quiero cambiar
los chicos no lloran solo pueden soñar
es mi vida
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?

Es mi vida no quiero cambiar
los chicos no lloran solo puedes soñar
es mi vida no quiero cambiar
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?.
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?
Y bailaremos eh? y bailaremos eh?

¿Sugerencias? ¿Acabaría quien fuese encontrando uno más alto? No sé. Pero lo de “estoy loco y me aguanto” es lo más confuso que he oído en mi vida en cuanto a canción. Algunas de Mecano llegan a alcanzar este nivel de momento teniente en castellano, pero esta canción es el prototipo.

En cuanto a canción que habla del hombre como pobre víctima que sabrá sobreponerse a la perversa dominación de la mujer y convertirse incluso en una de ellas, obra suprema la de Puedo, de La Sonrisa de Julia.  Puedo ser romántico, puedo ser un cínico, puedo ser auténtico y ser el más ridículo. Un chico polifacético donde los haya, que se tiene que convencer a sí mismo de que es el mejor de los mejores aunque ahora ella le tenga en sus manos. HOMBRES…. hombres. No les dejamos hablar y luego pasa lo que pasa: que hacen canciones como esta:

#VDLN 70: Una décima de segundo.

La gente se cree que, para conseguir la paz mundial, los de su equipo tienen que ganar las elecciones. Pero si echas un ojo a tu alrededor y observas la cantidad de inquina que destilamos lx unos hacia lxs otros, te deja de extrañar que el mundo esté reventando a causa de los conflictos bélicos. Nos queda muy lejos el dolor de la gente que está cruzando en barcos huyendo de la guerra, pero cerca de casa tenemos la miseria y el analfabetismo cebándose en nuestros vecinos. Y como decía Jorge Guillén, “cuando uno pierde la esperanza se vuelve reaccionario“. De modo que esperamos que venga pronto la policía a reventar la puerta de la casa de ocupas (sin K, porque estos no son como los del Patio Maravillas) y se lleven a esos vecinos sucios, ruidosos, incultos y pordioseros.

Mi vecindario es un volcán a punto de estallar. Hace tiempo que se masca la tragedia. Los niños molestos de la casa de al lado se han hecho adolescentes, y ahora son unos gandules que merodean por nuestra calle profiriendo gritos incoherentes y molestando a los viejos que les miran con incredulidad. Cual cromañones, blanden palos y golpean la chapa del coche de su padre, un Jeep verde botella de los años 70, cuadrado como una caja de zapatos y que parece no acusar el maltrato que recibe de estos gañanes. La madre, una mujer con la cara quemada, vive de limpiar portales y el castigo que de vez en cuando aplica al mayor de sus hijos es acompañarle a limpiar cristales y fregar las escaleras de la entrada. El chaval, de unos 17 o 18 años, realiza sus tareas sin rechistar, sonrojándose cuando nota que alguna vecina le ha visto realizando tareas que son propias, según él, del sexo femenino.

 
Porque sí, los propios prejuicios de estas personas son a la vez su infierno. Cuando las mujeres nos cansamos de sus burlas continuas al pasar por delante de ellos en la calle y les plantamos cara, nos mandan a hacerle la cena a nuestro marido. Así que el mayor placer es encontrar a los cromañones machistas y chulos fregando escaleras, no porque esa actividad tenga nada de malo, sino porque para ellos es la mayor vergüenza.

Me da vértigo imaginar las mentes de esas personas en la oscuridad de sus cuartos, cuando vayan a dormir. Ese vacío casi existencial, ese continuo traqueteo de bips neuronales para transmitir microelementos de información irrelevante. Esa pasión por el esférico y sus secuaces, o por la vaquilla del pueblo. Ese odio por las personas que vienen de fuera (los putos moros, por ejemplo) y esa altisonancia al hablar de las personas con diversidad funcional (los subnormales, los retrasados, los mongolos). Y esa miseria en su alma y en su casa. Como arriba, así abajo y, desafortunadamente, como abajo, así arriba.

Así que, después de vomitar todo este alegato reaccionario en contra de la ignorancia y la pobreza, vamos a desquitarnos con una exquisitez. Una décima de segundo. Nacha Pop. Seguro que os gusta.



Carta de una mujer al marido de la pediatra

Querido marido de la pediatra,

Muchas de nosotras leímos tu carta. Sí, la del otro día. Esa que escribió tu mujer por ti.  Esta, concretamente.

Bueno, lo que te quería decir es que no hacía falta que dirigieses las carta a todas las mujeres. Igual que tú crees que hombres y mujeres tienen sentimientos diferentes hacia la crianza, entre nosotras hay también diferencias. Quizás ese arreglo que propones funcione entre tu mujer y tú, no lo dudo (ella misma ha escrito esa carta como un grito de autoconvencimiento) pero lo cierto es que no todas las mujeres aceptarían tus argumentos.

Empezando por el final, a ver, a nosotras también nos gusta el sexo. Nunca se nos pasaría por la cabeza que no quieres a tus hijos por querer tener “sexo decente” con tu mujer. Pero si eso es así en tu caso, quizás deberías preguntarte por qué ella piensa eso cuando le sugieres una escapada. A nadie le amarga un dulce. Una escapada de fin de semana con tu amante-bandido es una propuesta a la que no se debe renunciar. ¿Por qué ella pone peros? Quizás haya algún motivo en el que tú no hayas pensado. Porque, como tú mismo dices, la visión que tenéis de la crianza es diferente. Yo que tú indagaba un poco, en vez de hacerte el ofendido y escribir una carta a todas las mujeres. El sexo, ya sabes, cuando es cosa de dos es más sexo. Y si en vez de sexo decente se puede tener sexo salvaje, pues mejor que mejor.

Intuyo por lo que dices que tu mujer se queja de tu falta de implicación en la crianza. Criar a un niño o niña, en esto estaremos de acuerdo aunque tengamos visiones diferentes (según tú), supone una implicación importante en todas sus actividades de la vida diaria. Y exceptuando la lactancia, que solo puede poner en práctica alguien con un par de tetas (aunque te sorprenderían algunos documentos antropológicos), el resto de las actividades son aptas para mujeres y hombres. No creo que en nuestra carga genética como mujeres vaya incluido un radar nocturno (lo sé, porque he conocido a padres que se levantan por la noche a atender a sus hijos) ni que en la vuestra vaya incluida la del padre enrollado que hace reír a sus hijos hasta reventar (de hecho, mi hijo dice que soy muy divertida, por algo será). Por eso, no estaría de más que te preocupases por la salud dental de tus hijas y por su limpieza. Ir con piojos al colegio es algo que sabemos, por experiencia, crea grandes epidemias incontrolabres. Hay tutoriales en internet que explican cómo eliminarlos eficientemente: te aconsejo que las busques porque con más de un/a niño/a en casa la tarea se hace muy cuesta arriba para una sola persona. Bueno, y además tu mujer tiene un blog en el que habla del tema: léela, préstale atención por una vez y ponte manos a la obra.

En cuanto a la organización de tu día a día, el que tú eligas dejar tiempo para hacer deporte y salir con tus amigos está muy bien, hay que tener vida más allá de la familia. Pero piensa que esa organización que te haces debe dejar la posibilidad de que tu pareja se organice también para tener un tiempo libre proporcional y usarlo como a ella le parezca. Si ella elige ir a hacer deporte, irse de compras, pintar o hacer el pino-puente ¿estarás tú ahí para quedarte con lxs niñxs? ¿O todos los momentos libres te los has cogido tú? Es una pregunta que te tengo que hacer, porque en tu carta se intuye que algo de eso hay. Pero si no es así, adelante con tu tabla diaria de ejercicios y tus cañitas del medio día: recuerda que la cena hay que hacerla todos los días. Y eso no va inscrito en el instinto maternal, por mucho que nos quieran convencer de lo contrario.

Mira, hay cosas que te disculpamos, porque, desengáñate, no son exclusivas de los hombres: olvidar las fechas de los cumpleaños, no saber combinar colores, decir palabrotas y ocuparte de tus necesidades. Nosotras (algunas) también somos así, aunque no lo asumimos como una característica constitucional de nuestra naturaleza y sabemos que a veces se puede hacer un pequeño esfuerzo para adaptarse a las circunstancias. Por eso, te animo a hacer un pequeño esfuerzo. Siéntate con tu mujer y organiza con ella la vida doméstica. Repartios las tareas, que son muchas, de manera equitativa. Es justo y necesario. Ella tendrá tiempo para ocuparse de sus necesidades y tú te responsabilizarás de tu hogar y de tus hijas. Seguro que vuestra vida de pareja mejora y tenéis ocasión de hacer esa escapada rural planificada entre los dos, como debe ser.

¿Lo entiendes ahora?

#VDLN 69: Sidecars (Fan de ti/los amantes/miénteme)

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Sidecars es otro de esos grupos que me perdí en su nacimiento, porque estaba ocupada con el de mi hijo pequeño. Les tengo clasificados en la categoría “chicos modernos que pierden el culo por una tía y se convierten en pelín tontos”. Pero lo cierto es que tienen su gracia y los vídeo-clips son pequeñas historias que te enganchan con su estética y su ritmo. 

Fan de ti me trae buenos recuerdos. Que un tuitero a quien no conoces de nada te dedique esta canción es cuanto menos halagador. Y te lo imaginas con cara de tonto mirando tu avatar mientras ironizas por el tuiter, con la baba medio cayendo y riéndote las gracias. Qué mono. Casi tanto como el protagonista del vídeo. 

Sidecars trabaja magistralmente el tema de la infidelidad. Se ve que a estos chicos les va la marcha. El tema se trata en profundidad en Los Amantes, que nos habla sobre esas relaciones prohibidas que surgen de repente, que queremos olvidar pero que vuelven una y otra vez a nuestra mente, nos invaden, nos llenan de vida. Relaciones de las que atesoramos hasta el más mínimo roce, cada uno de los besos y las caricias, cada palabra dicha y no dicha. Y que pase lo que tenga que pasar…

Pero claro, siempre está la otra parte, escuchando mentiras piadosas, aproximándose al desamor a pasos agigantados, sin comprender qué ha pasado, el porqué de esas miradas perdidas. Es el final, miénteme para alargarlo un poco más. Pero ya no sirve para nada. Podrías cubrirte de rosas y decir la verdad…

Comemos: es el problema

Ya han pasado años desde que dejé de amamantar. Desde entonces, lejos de sentirme liberada, el trabajo para alimentar a las bocas de la familia numerosa que me he labrado ha ido en aumento. Me imagino que a las demás os pasará lo mismo. Sin embargo, aunque podemos encontrar cientos de luchas encarnizadas en internet entre las detractoras y las partidarias de la lactancia materna, no encuentro por ahí las discusiones sobre si seguir alimentando a tu prole cuando llega una determinada edad o dejarlos a su suerte (el típico “dale 20 duros y que se compre lo que quiera”).

Esta ausencia de referentes me tiene bastante confundida. Veamos: son 7 días a la semana, 2 comidas principales al día (vamos a suponer que el desayuno y la merienda son cosas que ya se saben hacer ellxs solxs), es decir, 14 sentadas en una mesa llena de alimentos que previamente han sido comprados y cocinados. Esto para una familia como la Killer (6 personas, persona arriba, persona abajo) hace un total de 84 platos a la semana que tienen que estar llenos, eso sin contar que la mayoría de las veces comemos primero y segundo.

Y me pregunto yo… ¿qué hacen tantas y tantas mujeres discutiendo sobre lactancia sí, lactancia no, la lactancia me esclaviza, la lactancia me deja las tetas caídas, la lactancia bla bla bla? A ver: la lactancia dura lo que dura. Después, al niño o a la niña hay que darle de comer. Y lo del comedor escolar, que en un momento determinado te saca de un apuro, es un sitio inhóspito en el que los niños/as comen mal y pasan horas alejados del calor de su hogar. Yo lo usé por un tiempo, pero me pasaba la vida haciendo malabarismos para dejarles el menor tiempo posible, les sacaba del colegio inmediatamente después de comer y les dejaba sólo algunos días.

Llegan al instituto y resulta que no hay comedor escolar, así que, ¿para qué vas a dejar al pequeño si tienes que dar de comer a los mayores?. De modo que tenemos 6 comensales todos los días, con una jornada laboral y una casa que no se mantiene sola. En fin, bendita lactancia, qué queréis que os diga. Y hay que buscar con lupa (que no digo yo que no los haya) los blogs en los que nos cuenten cómo se sobrelleva esto junto con una carrera profesional de “alta implicación social”.

Eso sí, encontramos entradas en las que una mujer afirma ocuparse en cuerpo y alma de sus hijos/as, prestarles toda su atención, coser dobladillos, cocinar cupcakes y postres suculentos y además ser una eminencia en su campo profesional. Es entonces cuando te planteas “algo estoy haciendo mal”. Porque mi cocina es de lo más básico (macarrones con tomate es el plato más complejo en mi repertorio), tengo una pareja que cocina mucho más que yo, mi casa está hecha un desastre (algún día subiremos las fotos prometidas al feis), nunca tengo tiempo para nada y con el trabajo hago lo justo y necesario, que es lo que me da tiempo en mi jornada laboral. Y eso no da para ser una eminencia, más bien para ir con la lengua fuera. Porque que sepáis que para tener una producción escrita adecuada (es un poner) hay que invertir muchas horas que no entran dentro de las 8 laborales de rigor. Eso o tener esclavillos que trabajen para ti.

En fin, mujeres post-lactantes trabajadoras por cuenta ajena: os animo a escribir blogs en los que nos deis los trucos que usáis para sobrellevar el día a día. Aquí he de puntualizar que también me valen los blogs escritos por hombres (ay dios mío, si los hombres hablasen) porque al menos hablo por el que tengo a mi lado (tengo claro que la mayoría no dan ni palo en casa y se sientan a ver el futbol con los pies encima de la mesa), puedo decir que algunos de ellos no se quedan cortos en eso de la doble jornada.

El otro día veía una publicación en feis de uno de esos personajes anónimos que se hacen superfamosos y tienen un montón de seguidores (no tienen que hacer comida para 6, seguro) que decía “¿Si tuvieses que elegir entre poder vivir sin comer, sin beber o sin follar, qué elegiríais?” Me sorprendió la poca cantidad de gente que dijo “sin comer“. Yo lo tenía taaaan claro.

Culpa materna

imageAhora que está de moda hablar de las emociones, me gustaría abordar el tema de la culpabilidad materna. Pixar nos ha dejado claro para qué sirve la tristeza y por qué es una emoción que no hay que evitar sino acoger y gestionar de manera adecuada. Pero ¿para qué nos sirve a las madres sentirnos culpables y cuál es el origen de esta culpabilidad? 

Para responder esta pregunta, podemos acudir a otra película, esta vez de TriStar Pictures. Ricky, protagonizada por Meryl Streep, nos cuenta la historia de una mujer que deja a su familia para convertirse en estrella del Rock. Comienza la película con Ricky tocando en un antro de mala muerte, ya mayor, con una banda de viejas glorias tocando para un público anciano. Para sobrevivir, trabaja de cajera en un supermercado. Suena el móvil. Es su ex-marido que le pide que vaya. Su hija se ha intentado suicidar porque su marido le ha dejado por otra. Ricky viaja en avión para reencontrarse con su antigua familia que vive en una mansión increible. Dos hijos y una hija ya en la treintena. El padre se casó hace tiempo con Maureen, una mujer que asumió las tareas de madre y ama de casa de manera perfecta. image

A partir de aquí, la película trabaja a fondo los sentimientos de culpa de Ricky por haber abandonado a su familia, lo que sus hijos e hija se ocupan de reprochar infinitas veces. Todo ello a pesar de que le recuerdan, también hasta el infinito, que Maureen ha sido la madre perfecta para ellos.  No voy a meter más spoilers de la película, porque a estas alturas intuyo que estaréis deseando verla (guiño-guiño), pero os puedo decir que pasé la película con un nudo en la garganta.

Lo que parecen querer transmitir los autores del film es que, pase lo que pase, haga lo que haga, la madre biológica tiene el poder de destrozar la vida de sus hijos si no es un ama de casa y esposa ejemplar. Y eso hará que la odien. Pero ella les querrá por siempre, porque son sus hijos y no hay forma de deshacerse de eso. Y fin. Les regala una canción y todos contentos. Y tú pensando “qué horror, toda su vida a la basura por querer cumplir sus sueños absurdos, ser estrella de rock en vez de conseguir hacer el mejor café y las mejores tostadas del mundo (y que te lo digan)”.

¡¡Oh Wait!! ¿Que una madre no puede ser estrella de rock sin abandonar a su familia? La verdad es que, si hacemos un repaso a la filmografía americana, tenemos algunos ejemplos de que no. La mamá de Candace, Phineas y madrastra de Ferb, por ejemplo, tuvo una incipiente carrera e incluso grabó un disco. Pero lo dejó todo por su bonita familia.

Y luego está la propia Meryl Streep en Mamma Mia, una trouper que se queda embarazada y deja la música para cuidar a su hija. Pero mi preferida, aunque no tenga dotes musicales, es la abuela de Bart Simpson, Mona, activista hippie que abandonó a Hommer y a su padre para vivir el flower power, dejando a Homer un precioso mural psicodélico en el que le recordaba ser un espíritu libre.

En fin, que la película pone las cosas en su lugar. Si quieres ser madre, no esperes nada más de la vida. Especialízate, hazte una profesional de tus labores, una experta del cuidado, y conquistarás tu reino. Por el contrario, serás una fracasada que lo único que habrás conseguido será el odio de tus hijos.

El caso es que al final sales con un sentimiento de culpabilidad que no sabes muy bien de dónde sale. Porque, aunque no hayas abandonado a tus hijos e hija y te hayas ocupado puntualmente de comprarles el material para el colegio, hayas acudido a sus actuaciones, les hayas consolado cuando se cayeron al suelo y hayas escuchado sus confidencias adolescentes, resulta que nunca has sabido cocinar, que siempre has llevado fatal no poder dormir las horas suficientes y no has sido paciente cuando te despertaban a las 5 de la mañana. Que no has pasado mínimo 2 horas al día leyéndoles cuentos y empujando el columpio en el parque. En fin, que no has sido ni de lejos la madre perfecta que todo niño y niña desea, porque lo ve en las películas.

Me pregunto si estas graves máculas en el currículum de madre les causará un trauma irreversible. Pero a mi desde luego me dejan agotada. Estas culpas impuestas y autoimpuestas que las mamás llevamos encima como si nos las cosieran a la chepa nada más parir son insufribles. Si supiera hacer películas, haría la peli anticulpa. Una película que nos quitase transcendencia a las madres y se lo diese a todo lo demás. Que hablase de libertad, resiliencia y responsabilidad.

#VDLN 68: Sade

IMG_0057Sade, banda inglesa con cantante de origen nigeriano, morena de ojos rasgados que se ha detenido en el tiempo. Suave, aterciopelada, para momentos muy especiales. No hay mucho que decir. Quizás lo que necesitas escuchar en momentos difíciles es que hay alguien que está ahí, velando por ti, cuidándote, aguantando tus cambios de humor, tus subidas y bajadas, tus caprichos y tus miserias. Es una suerte. Sí.

Puede que en algún momento te creyeses en la cumbre, pero solo cuando tienes amor puedes alcanzar la paz. Sentarte a mirar la luna, escuchar el agua del mar batiendo contra la orilla, hacer como que el sonido del tráfico no existe y pensar que todo lo que sucede a tu alrededor no es más que un espejismo y lo verdadero está por llegar.