Por qué Carlos González tiene la culpa

  

La entrada más leída de mi blog, con diferencia con respecto a las demás, es Por qué no me gusta Cárlos González, escrita hace ahora dos años. En ella contaba cómo los juicios y sentencias que lanza este gurú de la crianza sobre nuestras actividades como madres son perjudiciales, innecesarias y absolutamente desechables. 

Pero con la decadéncia de este gran gurú, que ahora se ha ido a hacer las américas y tiene gran prensa en países como Chile, lejos de vernos libres de sus juicios, han surgido como setas cientos de clones masculinos. Hombres que escriben sobre crianza, sobre qué tenemos que hacer las mujeres, cómo tenemos que proceder, si debemos o no trabajar, si debemos o no permanecer con nuestros hijos e hijas durante un número de años inespecífico mientras ellos trabajan fuera de casa y traen el sustento, si debemos darles de mamar, etcétera. Estos hombres se hacen protagonistas en los grupos de mujeres, escriben entradas de blog que son leídas miles de veces, hablan sentando cátedra y tienen nutridos clubs de fans femeninas.

Sí, Carlos González tiene la culpa. Él fue el primero que consiguió vivir de nosotras. En la estela de su éxito van otros muchos, atraídos por el gran negocio que representan las madres. Consumimos consejos, devoramos todo lo que encontramos en la red porque carecemos de grupos de referencia fuertes en el mundo no virtual. Nuestra sociedad nos ha enseñado que la voz de la autoridad experta (por lo general masculina) es la que tiene la solución y ahí estamos todas, aplaudiendo extasiadas ante las doctas palabras de cualquier hombre que se suba a la tribuna. 

Ahora se les llama hombres conscientes. Y yo creo que, efectivamente, son muy conscientes de la capacidad que tenemos de admirarles a ellos y despreciar nuestra propia sabiduría. Aunque creo que eso les va a durar poco. Cada vez hay más mujeres conscientes de que la solución está en ellas mismas, que ningún hombre les va a decir cómo deben comportarse y actuar con sus bebés y sus hijos. Incluso la pareja tiene poco que decir en ciertos aspectos que atañen a nuestro cuerpo. Por otra parte, en las redes hay cientos de mujeres con mucha experiencia en el maternaje, la lactancia, la crianza, el porteo, a las que cada vez se presta más atención. Son referencia de grandes grupos y empiezan a acumular gran cantidad de sabiduría a su alrededor. 

Por otra parte, hay algo especialmente preocupante en esos hombres conscientes: comienzan a posicionarse peligrosamente en el bando neomachista, diciendo cosas como que las mujeres ya tenemos igualdad, que tenemos que cumplir nuestra función de cuidadoras porque estamos diseñadas para ello, que los hombres están discriminados en la crianza y necesitan tener un espacio, que necesitan reclaman su vínculo primario con el bebé, etcétera etcétera. Esto, unido a la afirmación que está haciendo Carlos González de que las parejas no se deberían divorciar por el bien de su prole, crea un peligroso caldo de cultivo en el que las mujeres estamos a expensas de un hombre que ocupa la esfera pública mientras nosotras quedamos relegadas a la privada y sin posibilidades de salir de ella. Estamos atadas económicamente a este hombre y moralmente al deber de mantener el núcleo familiar. 

Independientemente de las decisiones que tomemos en la crianza, creo que deberíamos dejar de prestar oídos a la masa enfurecida consciente y masculina y empezar a decirles que agradecemos mucho sus consejos pero que tenemos nuestras propias ideas. Lo de endiosar al macho que habla sobre nosotras ya ha demostrado ser una estrategia fallida. Lo de dar más crédito a los expertos que a nuestras comadres nos ha salido muy caro en la historia reciente de la humanidad y ha terminado con un parto deshumanizado, la lactancia extinguida y los niños y niñas tratados como ratas de laboratorio. Mujeres, empecemos a escucharnos a nosotras mismas y, si los hombres hablan demasiado, quizás debamos pensar en hacer grupos NO MIXTOS. 

#VDLN 67: Nina

IMG_0057La vida es una parodia: es estúpido cuando la gente se la toma demasiado en serio. Y cuando digo gente, me incluyo en esa difusa categoría que se suele utilizar para referirse a “los otros”. Todo se puede observar desde una perspectiva destroyer, que va desde el cinismo más desgarrador al punk más roñoso y emponzoñado. Del último género es Nina Hagen, esa alemana a la que llaman madre del Punk, histriónica, ida por el LSD y creyente católica y apostólica.

Merece la pena escuchar sus canciones, pero es mucho más ilustrativo verla cantar, porque es una intérprete de bandera. Más quisiera Madonna tener la mitad de su expresividad, de su sex-appeal, de su capacidad de provocar y de escandalizar. Y si a eso le unimos la sonoridad del alemán y su voz de cantante de ópera, tenemos un coctel explosivo, maravilloso y colorido.

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La primera canción es… una maravilla interpretativa. En esta canción, titulada Du hast den Farbfilm vergessen (se te olvidó la película de color), podemos comprobar que, ya en los 70, la gente estaba obsesionada por inmortalizar sus vivencias de forma detallada con sus cámaras de fotos. En ella, Nina echa una gran bronca a su novio, Micha, por haber olvidado el carrete de color. Todas sus fotos de aquel día tan maravilloso son en blanco y negro y nadie creerá lo maravilloso que fue todo. Es como si nu hubiese pasado. Os pongo dos versiones: el vídeo en blanco y negro para la televisión y un directo maravilloso en color.

 

No me quiero ir sin poner esta canción en la que Nina homenajea a Jim Morrison en un vídeo irreverente por sus alusiones religiosas y donde podemos ver a la Nina más comercial y más sensual: Hold Me. Espero que os guste.

http://www.dailymotion.com/video/x4dc1w_nina-hagen-hold-me-1989_music

A ti, mujer que no quieres tener hijxs

  

En los últimos tiempos, las redes se han llenado de artículos y entradas de blog en los que una mujer afirma sentirse super presionada para ser madre y hace una declaración de intenciones: “no quiero tener hijos”. Podéis leer algunos de esos artículos aquí y aquí. Siempre que leo uno de esos artículos pienso qué mala vida deben tener esas mujeres que escriben en el Vice, el Huffington Post, el Guardian, etc. para verse impulsadas a plantear miles de excusas sobre su decisión y lanzarlas al interespacio. La verdad es que no tener hijos es fácil si usas los medios anticonceptivos adecuados o ejerces tu derecho al aborto. Hoy en día, en el mundo occidental de clase acomodada, el tener hijos o no es, en un porcentaje muy elevado, una cuestión de decisión personal y responsable. No así en los países en los que no se reconoce el derecho al aborto y el uso de medios anticonceptivos es un lujo o no hay una educación sexual adecuada.  

Una de las primeras cosas de las que se quejan estas mujeres que escriben en los medios de comunicación es de que las llaman egoistas. No sé muy bien qué puede haber de egoista en no tener hijos. No puedes ser egoista con alguien que no existe. Y si eso os lo dice vuestra madre por su deseo de tener nietos, en fin, siempre podéis regalarle una muñeca Reborn. El resto de la sociedad podremos vivir si decidís no tener descendencia. No me preocupa personalmente el tema del envejecimiento de la población, ya que creo que no sois responsable de ello en absoluto. 

En cuanto al tema de la esterización que algunas mujeres en edad fértil han pedido encontrando la negativa de los médicos, conseguir que este procedimiento se acepte en la sanidad pública requeriría una lucha continuada y constante. No obstante, recordad que, en cuanto salud reproductiva se trata, estas luchas son largas y muy difíciles. Como muestra están la lucha por el derecho al aborto y por el derecho de las personas trans a ser como ellas/os decidan ser. El convertirse en esteril tendría que adquirir primero el estatus de derecho en una lucha persistente contra los discursos que no aceptan este planteamiento. Si estáis dispuestas a emprenderla, os deseo suerte. 

¿Que la gente os dice que cambiaréis de opinión y os arrepentiréis? ¿Que llegaréis a los 40 y desearéis tener hijxs? Bueno, quizás lo mejor ante eso es conceder el beneficio de la duda y vivir el presente. Existe una posibilidad de que eso suceda, pero hoy por hoy NO queréis tener hijxs y punto. Ese planteamiento solo os resultará ofensivo si os tomáis la cuestión como un reto en el que necesitáis llevar la razón. La decisión es vuestra y, lo que digan los demás, importa muy poco. Si siguen insistiendo, podéis tomar medidas más drásticas, pero la tontería social, que todas y todos tenemos que sufrir a lo largo de nuestras vidas en algún que otro momento, se cura ignorándola.

Una última cosa que me gustaría deciros es que el hecho de que no queráis tener hijxs no implica necesariamente que os debáis convertir en antagonistas de las personas que SI los tenemos. Seguramente no os tengo que recordar que las niñas y los niños son ciudadanxs de pleno derecho en nuestra sociedad y, como tales, viven en nuestros pueblos y ciudades, habitan nuestras calles y plazas y tienen una peculiar característica: están en proceso de crecimiento. Lxs niñxs lloran, gritan, ríen, corren, tocan. Sí, y viven entre nosotrxs. Sé que esto no pasa entre todas las personas que toman la decisión de tener hijos e hijas, pero sí es cierto que algunos sectores del llamado movimiento “childfree” se sienten sumamente ofendidos con cualquier contacto que puedan mantener en un espacio público con nuestras hijas e hijos. Solo recordarles que  en algún momento ellos y ellas tuvieron una infancia. Y que siempre pueden irse a uno de esos hoteles que prohiben el paso a menores. Es una opción.

En fin, que si no queréis tener hijxs, no los tengáis y punto. ¿Que la sociedad os presiona? Pues tomadlo con alegría: es vuestra decisión y la mantenéis con buenas razones. Y punto pelota. ¿Que vais a escuchar cosas que no os van a gustar? Eso nos pasa a todas las personas que no somos lo que se llama “mainstream”, es algo que hay que asumir. Es un hecho que muchas personas no han tenido hijxs y han tenido vidas plenas y muy productivas. Así que adelante con vuestra decisión. No hace falta que os sigáis excusando. 

Viernes dando la nota #66: Mexico, tequilla and me

Cuando vuelva va a caer todo como una cascada encima de mi. El fin de curso me pilló activa y me embarqué en mil proyectos pensando que nunca llegaría el momento en que tuviese que ponerme a currar en ellos. Y es que tengo la manía de medir mi capacidad de trabajo más por mi entusiasmo que por mi tiempo real disponible.

En fin. Todavía estamos a día 20, así que voy a dejar que esas tareas pendientes bramen abandonadas. No quiero saber nada de estudiantes, investigaciones, bancos, recibos y demás estupideces. Ahora me arrulla el run run del ventilador. La brisa marina me acaricia la cara. No voy a decir que estoy relajada, porque es un estado extraño en mí, pero sí que estoy relajando las costumbres y que la talla 34 ya no me entra. Eso suma a todas una tarea más: renovar mi vestuario. Pero eso, hoy no… mañana.

Cuando sea suegra

  

Miro a mis hijos, lo bien criaditos que están. Amables, educados, bien parecidos. Y no puedo dejar de pensar en el momento en que llegue otra y los arranque de mis manos. Que mis niños son míos, les he parido yo. Ninguna será lo suficiente buena para ellos. A todas les sacaré mil defectos que les señalaré cumplidamente

No veré el momento en el que esa otra aparezca en casa. Mi poder será que no sepa dónde ponerse, que no sepa qué hacer cuando es la invitada. Se sentirá como una intrusa. Hablaremos de ella cuando no esté, nos reiremos de ella, y luego haremos como si nada, pero compartiremos un conocimiento común sobre su forma de ser, su peinado, sus maneras, que servirá para mantener una atmósfera insoportable a su alrededor. 

Le haré sentir fatal mostrándome sumamente dependiente de la atención de mis hijos. Cual pobre mujer inválida, requeriré sus servicios como albañiles, carpinteros, electricistas, chóferes y acompañantes a consultas médicas. Ella se quejará, seguramente, porque sentirá que su vida depende de la mía. Entonces mostraré mis debilidades de mujer mayor, lloraré si es preciso por el abandono al que me tienen sometida mis adorados hijos. 

Con respecto a mis nietos o nietas, no quiero que me molesten mucho, que yo ya he criado y no tengo más cariño que dar. De visita todo lo que quieran, pero eso de ser una abuela amantísima se lo dejo a otras. Y es que los hijos de mis hijos no representarán más que un obstáculo para disfrutar de la presencia y atención de los míos. 

Cuando sea suegra, refinaré el arte de la puñalada trapera disfrazada de buñuelo de chocolate. El “parece que estás más gordita” de algunas de mis congéneres será agua de borrajas. El “uy, qué feilla que estás hoy” será el saludo de bienvenida, seguido de “hoy no os iréis tan pronto como el último día, que echo de menos a mi chiquitín”. Una vez lanzada la carga de profundidad, podemos seguir con un “pues no será tan importante lo que haces en tu trabajo para no tener tiempo para hacer una comida en condiciones”. Podemos finalizar con un “mira, te he comprado esta mopa especial, porque el día que me pasé por vuestra casa vi que os hacía falta.”

La verdad es que, escribiendo esto, se me está poniendo un poco de mal cuerpo pensando en mi futura nuera. Me pregunto si todo esto será o no violencia de género. Si esto será parte o no del patriarcado. Si el que nosotras siempre seamos las malas no será una trampa del sistema, que nos pone siempre en el centro del huracán de lo privado, de la toma de decisiones domésticas, de las disputas por el poder en la cocina. No sé. Lo voy a pensar un tiempo y quizás recapacite y no haga de mi lugar común de suegra una repetición de la historia. 

Viernes dando la nota #65: Agrupación de mujeres violentas.

Yo no es que esté a favor de la violencia. Creo que si algo se puede resolver de buenas maneras para qué vamos a ponernos a soltar hostias a diestro y siniestro. Pero lo cierto es que para qué vamos a andar con tonterías si el tema no hay forma de que se resuelva y cada vez va a peor. 

Me uní a la agrupación el día en que acompañé a una joven a denunciar a su novio por violencia de género. Primero una médica a la que acudimos para que viese los moratones que le había hecho y después la policía nacional la intentaron persuadir de que no merecía la pena poner la denuncia, que lo dejase y se olvidase del tema, que se arrepentiría. A los dos agentes sociales les dije que, si no le denunciaba ella, le denunciaría yo. Procedieron a hacer su trabajo como era conveniente. 

Por tanto, la violencia de género está alimentada desde las bases del sistema. No nos queda otra, mujeres, que unirnos y empezar a repartir leña. Se acabaron las contemplaciones. Defendámonos. Apoyémonos y no dejemos que #Niunamas sucumba al #TerrorismoMachista. #Niunamenos

La culpa es de las mujeres

– “Dice que le pegó la primera paliza estando embarazada”

– ¡¡Pues que no se hubiese dejado!!

Conversación tomada al azar en cualquier playa de cualquier lugar de España. Cuando encuentran a las mujeres muertas, que no asesinadas, es culpa suya siempre. Por haber ido a donde no debían. Por haberse vestido así. Por haberle puesto nervioso. Por haber bebido demasiado. Porque iba provocando. Porque no le dejaba ver a sus hijos. Porque le dejaba ver a sus hijos. Porque le quería dejar. 

Y aunque no hagamos nada de esto, la culpa sigue siendo de las mujeres. Porque educamos a nuestros hijos, que se convierten en monstruos maltratadores. Porque no supimos hacerlo. Porque les enseñamos muchos idiomas pero no les dimos teta, amor, comprensión. Porque no les enseñamos a respetarnos. Porque no nos respetamos a nosotras mismas delante de ellos. Porque les llevamos a la guardería. Porque no les llevamos a la guardería. Porque no comimos con ellos. Porque comimos con ellos. Porque les consentimos demasiado. Porque fuimos demasiado estrictas.

Todo lo que nos rodea, anuncios publicitarios, videojuegos, películas, dibujos animados, libros de texto, la maestra que los usa, cuentos, libros, revistas, conversaciones, amigos de nuestros padres, amigas de nuestras madres, nuestros padres, todo transmite el mismo mensaje. La Kardasian se embaraza y es muy importante ver cómo queda su culo embutido en un vestido blanco. Las infantas preadolescentes se pintan como monas y salen en portada de revista. Solo servimos para limpiar, es el experto el que investiga la eficacia de los productos de limpieza que nosotras usamos. Nunca hicimos nada de provecho: no salimos ni en los libros de historia. Lo mínimo que nos merecemos es que nos maten. 

Así que como, hagamos lo que hagamos, es culpa nuestra, hagamos lo que queramos. 

Perros y gatos

Un día alguien me dijo que había personas perro y personas gato. Describió a las personas perro como aquellas dependientes y sumisas. Por el contrario, las personas gato son independientes y la relación con ellas es de igual a igual. El ser una persona gato requiere de mucho perfeccionamiento. Es una técnica que requiere de muchos recobecos y dobles sentidos. Ser perro es fácil: seguir, depender, chupar, permanecer, mirar, menear la cola, esperar. Sin embargo, ser gato requiere un gran dominio de la seducción. 

Los gatos, aunque te sigan, siempre lo hacen dejando claro que tiene que haber algo interesante al final del camino. No basta con llegar a un destino: hay que tirarse con locura sobre las sábanas de la cama que intentas ajustar una y otra vez sin lograrlo; pedir la comida desgañitándose a maullidos, recibir 2000 caricias acompañadas de arrumacos y ronroneos o desplegar una buena tanda de emboscadas a lo largo de un pasillo. 

Los gatos fingen no depender de ti. Te miran con indiferencia cuando pasas a su lado, pero cuando te descuidas, ya los tienes restregándose en las piernas o hechos un ovillo en tu regazo. Cuando te vas de viaje, se vengan meándose en la maleta y, cuando vuelves, se tiran una semana bufándote en represaria por el tiempo perdido. ¿Pero depender? Nunca. Aunque se mueran de pena, ellos seguirán adelante con tu vida sin ti con la cabeza muy alta. 

Cuando un gato te chupa, no es para hacerte la pelota. Sus lametazos no van acompañados de babas húmedas y viscosas. Son secos y ásperos y tienen una finalidad: dejarte bien limpia mientras te demuestran su infinito cariño. Cuando un gato te lame, ya eres parte de su familia. 

Un gato permanece quieto, inmovil, dormido, mientras tú trabajas, lloras o duermes. Está junto a ti, atento a lo que necesitas, a lo que vas a hacer. No te llama meneando la cola para que le saques a la calle ni ladra exorbitado cuando oye a un vecino entrar en el portal. Si le echas, se va altivamente y no vuelve hasta que haya pasado un tiempo prudencial. Y permanece… mientras tú permaneces. 

Es raro que un gato te mire cuando quiere algo de ti. Lo más probable es que, si un gato te mira fíjamente, te esté interrogando sobre su futuro más próximo o exigiéndote algo que es fundamental para su bienestar. Una de las cosas que más necesita un gato es el juego de escarceo acompañado de mordiscos y arañazos. Y si pueden trepar por la parte trasera de un sofá para darte un buen susto cuando su cabeza surje de sorpresa por la parte de arriba, mejor que mejor. Por eso, cuando un gato te mira puede ser el preludio de una gran batalla. También te mira para hacerte cómplice de los ataques a tus visitas. Acabará encerrado en una habitación o seduciendo a los invitados con sus payasadas. 

Los gatos, al igual que los perros, mueven la cola. Pero no con ese movimiento frenético de un lado para otro que significa “qué feliz estoy de verte de nuevo, tírame un palo, amiga”. La cola de un gato es larga y tiene gran utilidad para correr y saltar. Cuando un gato está a punto de atacar (y lo hacen a menudo, sobre todo si les provocas haciendo el ganso y moviéndote de un lado para otro) ondea su cola lentamente hasta que, de repente,  salta sobre tí o sobre el objeto que estés moviendo delante de él. 

Seguro que los perros son compañeros ideales y grandes amigos. Pero nunca me hice amiga de uno. Sin embargo, mis gatos fueron una parte importante de mi relación con el mundo. Supe lo que es recibir sin ser absorbida por un cariño posesivo. Estar acompañada sin sentirme asfixiada. Dar y recibir a partes iguales sin sentir un continuo deseo de agradar. Por eso, me gustan los gatos y siempre busco personas gato como compañía. Me hacen sentir como en casa.

INSIDE-OUT NO ME REPRESENTA

  
Me encanta que disney-Pixar haga películas de animación cada vez más curradas, coloristas y emocionalmente desafiantes. Y me gusta verlas y desmontarlas después poco a poco, desgranarlas y desmembrarlas. Cualquier artista desea tener un lector o una lectora que desentrañe su obra y descubra en su interior los tesoros escondidos que depositó en ella. Sin embargo, no estoy segura de que Disney lo desee y por eso se dirige al público más vulnerable, al que se entusiasma con sus entrañables personajes. 

Mi familia reconstituida, una familia que ni por asomo Disney incluirá en su repertorio de arquetipos, ha hecho que vea la película 2 veces: la primera para disfrutarla, la segunda para deconstruirla. Y es que si te gusta el cine y eres madre, pasarás muchos años consumiendo películas infantiles y tendrás la oportunidad de pensar lo que les están vendiendo a tus hijas e hijos.  Y la verdad es que, lo que “del revés” (pésima traducción del título en inglés) quiere venderles, no me gusta. 

El mensaje oficial es que la tristeza tiene su utilidad, lo pillas a la primera y gusta porque te permite desmentir de un plumazo el acoso de los partidarios del positivismo a toda costa. Pero detrás de este mensaje oficial hay otros muchos, que se van desentrañando a medida que piensas en las cosas que la película te plantea como dogmas inamovibles. 

No voy a hablar de los aspectos de género, elementos que ya se han debatido en otros sitios y con los que estoy de acuerdo. Pero he de decir que la madre de Riley, sensata, cuidadora, sin trabajo y con la tristeza como jefa de las emociones, no me representa. ¿Os imagináis estar toda la vida guardando el recuerdo del tío bueno y erudito para salir adelante en una realidad en la que vuestra pareja os parece mediocre? Quizás ese sea el secreto para mantener una impecable familia nuclear que hace que la personalidad de Riley tenga una flamante isla de la familia. Es verdad que la isla de la familia se podría constituir de otras muchas formas, pero Inside-Out ha decidido que sea la tradicional familia nuclear la que presida esta metáfora. Seguro que no soy la única persona con familia no tradicional que se ha preocupado por el efecto de esta reificación en sus hijos e hijas. Yo me he visto impulsada a decirles que ellos tienen un pedazo de isla de la familia como la copa de un pino, con muchas personas adultas ocupándose por su felicidad y su bienestar. Y se sintieron reconfortados con la aclaración, se lo noté en la cara. 

Las películas de Disney está diseñadas desde un supuesto de normalidad. Y los espectadores se ven impulsado a juzgarse de acuerdo a este canon. En este sentido, el concepto de mente que propone la película no es en absoluto inocente. Tampoco coincide con los avances científicos sobre el funcionamiento de la memoria, las emociones y el pensamiento. Por eso me parece sorprendente escuchar a la gente decir “todo lo que ha aprendido sobre la mente” viendo la película. No es este el lugar para hacer un análisis minucioso sobre el modelo de memoria que plantea, en qué momento de la historia de la Psicología quedó descartado ese modelo y cuál es el modelo que se promulga actualmente. Pero sí me gustaría señalar dos consecuencias que se desprenden de la forma que tiene Inside-Out de dibujar la mente humana. 

En primer lugar, el modelo que plantea la película es radicalmente realista. La memoria refleja lo que realmente ha pasado, de forma fidedigna, y solamente matizado por la emoción que tiñe el recuerdo. Este modelo se contrapone a los modelos reconstructivos de la memoria, en los que la mente no guarda el conocimiento sino que lo reconstruye a partir de indicios y de memorias compartidas con nuestros congéneres. En los trabajos sobre memoria de testigos es evidente que esta capacidad humana no funciona como un espejo, y que el ser humano no aprehende la realidad sino interpretándola y haciéndola suya. Varias personas que sean testigos de un mismo hecho pueden rememorarlo de maneras muy diferentes dependiendo de distintas variables personales y situacionales. Por tanto, la verdad absoluta no está ahí fuera para ser reflejada. Pero ya se sabe: el relativismo es uno de los mayores enemigos del pensamiento único. 

En sengundo lugar ¿os imagináis una mente únicamente dirigida por las emociones? El hecho de que una niña decida escaparse porque ha sufrido una mudanza, un cambio de contexto, un trauma en el que no ha sido acompañada debidamente, una pérdida de un círculo de iguales bien establecido, un conjunto de situaciones que afianzaban su personalidad y le daban seguridad y autoestiva, se explica porque alegría y tristeza se han caído de la torre de mando. Vaya. Es una explicacion descontextualizada, individualista, que no nos permite buscar soluciones externas a nuestros problemas y nos impele a culpar al desequilibrio emocional de nuestros actos impulsivos y aparentemente disfuncionales. Así que, si alguien hace algo fuera de lugar, lo más probable es que sufra un trastorno, esté loco, necesite tratamiento, etcétera etcétera. Es una manera estupenda de mantener controlada a la población: establecer el locus de control de los problemas siempre dentro de uno mismo y que la gente no se plantee que quizás lo que haya que cambiar sea el sistema. 

Para los que piensen que esto es “rizar el rizo”, les deseo que sigan disfrutando de las películas infantiles tanto como lo hago yo. Para los que prefieran ir un poquito más allá, solo decir que este es un análisis precipitado y que la película invita a otras muchas interpretaciones que me encantará leer en los comentarios y en otros post.