Viernes dando la nota #51: Revolución sexual

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Como ya está claro que no vamos a hacer ningún otro tipo de revolución, y estamos en plena primavera, creo que es hora de poner esta canción. Quizás muchas y muchos de vosotros subestiméis la fuerza de la pasión. No os engañéis: donde esté una buena revolución sexual, que se quiten todas las demás. Porque al final, todo tiene que ver con el sexo. La gente satisfecha sexualmente es más feliz. Lo digo así, sin datos empíricos en la mano, pero con una seguridad absoluta. La represión es una mierda en todos los sentidos. Produce muchas taras tanto psicológicas como físicas. Y muchos problemas personales. 

Una revolución sexual implica alegrarse con el/los/las otras, unirse en una suerte de polinización gloriosa, ascender al cielo con un sentimiento de éxtasis (si a eso se le puede llamar sentimiento). Para participar hay que dejar la mente en la puerta.

– Toc toc, vengo aquí con mis argumentos a participar en la revolución sexual

– Pues vete por donde has venido, majo/a.

En fin, una revolución sexual es el amor en su versión más extrema. Aquí todo se regala, nada se paga. Y lo que se da se vuelve multiplicado por siete. No me preguntes por qué siete, porque si lo preguntas va a ser difícil explicarlo. 

¿Y qué conseguimos con una revolución sexual? Porque se supone que cuando haces una revolución es para conseguir algo. Cuando hay sexo, lo que consigues es más sexo. No hay otro objetivo. La unión más extrema y más pura que puede tener lugar en el universo: la cópula eterna. 

Bueno, os dejo con Guille Milkyway y su Casa Azul. Que lo disfrutéis. A mí esta canción no me cansa. 

 

Muerte en el instituto

Cuando esta mañana leí la noticia del suceso en el instituto Joan Fuster de Barcelona se me heló la sangre y en seguida recordé el libro de Lionel Shriver, Tenemos que hablar de Kevin. En esa novela epistolar, la madre de Kevin hace memoria de su vida antes y después del nacimiento de su hijo, de su desarrollo y las dificultades que tuvo en su crianza y educación y del terrible desenlace. Kevin, a punto de cumplir 15 años, entra en el instituto y mata con una ballesta a un grupo de compañeras/os y profesores/as cuidadosamente seleccionado. La novela, maravillosamente escrita, es una profunda reflexión sobre las causas que puede haber detrás de este acontecimiento y pone en evidencia el estigma eterno que supone para la familia un hecho de estas características.

Lo que más me impresionó de la novela fue la capacidad de transmitir el dolor de todas las personas implicadas. Los familiares de las personas asesinadas, los supervivientes, la madre del asesino, su familia, incluso, llegando al final de la novela, el dolor del propio asesino. Es un argumento que no busca posicionamientos, simplemente expone las emociones descarnadas y los hechos y deja al que lee sumido/a en un amargo sentimiento de impotencia.

Esta mañana y a lo largo del día he ido leyendo los comentarios que diversas personas dejaban tras la lectura de la noticia. Los comentarios eran, en su mayoría, ráfagas de culpa a sectores concretos de la sociedad. A partir de un hecho que ha conmocionado a la opinión pública, la gente ha arremetido contra la ley del menor, contra la forma en que educan a sus hijos (e hijas) las familias españolas, la impunidad de los adolescentes, la falta de responsabilidad y valores en la juventud, etc. etc. Todos estos planteamientos simplistas se hacían sin conocer el más mínimo detalle de la vida del chico de 13 años que esta mañana ha llegado a su instituto con varias armas y ha cometido un acto que marcará su vida, la de su familia y la de la familia del joven profesor asesinado para siempre. 

Es cierto que, ante un hecho que implica una vida humana, la emoción nos hace clamar por un culpable que pueda ser castigado. Sin embargo, quizás sea más útil que nos preguntemos qué ha llevado a un chaval de 13 años a cometer un acto así. Qué lleva a un niño a querer matar a sus profesores y a sus compañeros sin que nadie a su alrededor se percate de que algo anda mal con él y ponga remedio. Porque quiero creer que algo así no se gesta en un día ni en dos. Construir una ballesta, elegir el machete que se va a llevar en la mochila y los materiales de un cóctel Molotov es un proceso que lleva, al menos, varios días. 

Si hay algo que caracteriza a la adolescencia es la soledad. Dejar la niñez se convierte a veces un viaje desolador en el que nadie nos puede acompañar. Esto no significa que disculpemos al pobre adolescente que atraviesa una etapa difícil en su vida. Significa que seamos conscientes de que detrás de ese ceño fruncido, de esos silencios, de esa mirada perdida, hay mucho más que testarudez adolescente. Hay miedo, sufrimiento, ira, tristeza. Quizás deberíamos dejar de arremeter contra esa edad prohibida y comenzar a asistirla como requiere. Endurecer las leyes no sirve para nada. Solo servirá humanizar nuestra sociedad y nuestras relaciones, y conseguir que nuestros niños y niñas que se hacen mayores, encuentren refugios más sanos y más amables para explorar sus dudas y sus miedos, lejos de las cloacas que nosotros, los adultos, hemos creado para ellos y ellas. Zgn-1

 

Viernes dando la nota #50: Lux Obscura. Stella Splendens

IMG_0057.JPGEstaba por caer y hoy ha tocado. Lux obscura es uno de esos discos que caen en tus manos por casualidad y te fascina desde el minuto uno. Aunque en la vida nada es casual. Si sabemos mirar bien, con detenimiento, podremos ir desentrañando las claves de un plan casi perfecto. Y digo casi porque siempre que la mano del hombre (así, en masculino) está detrás, no se puede conseguir la perfección. Las aristas están deseosas de los círculos, los ángulos de las espirales, por mucho que las desprecien. Y en su propio desprecio, en ese querer imponer su dureza a las curvas suaves de lo cóncavo, pierden la sabiduría de la luna. 

Lux Obscura es el proyecto electro-medieval de Hughes de Courson. Hughes, francés de 68 años, comenzó su andadura musical con el grupo Malicorne allá por los años 70. Ya entonces comenzó a hacer los trabajos de fusión que caracterizan su trabajo en solitario: Mozart, Vivaldi, Bach, mezclados con ritmos egipcios, celtas y africanos

Stella splendens es una danza del Llibre Vermell de Montserrat (Libro rojo de Montserrat). Esta canción cuenta como todas las personas, mujeres y hombres, ricos y pobres, de sangre azul y plebeyos, de diversos oficios, acuden a la luz de la estrella de Montserrat a encontrarse con la gracia de la Virgen. Los instrumentos medievales se mezclan con los sonidos electrónicos. 

 

Pero seguramente, Hughes de Courson os será más conocido por esta canción, de su trabajo Songs of Innocence, otro de esos discos que llegaron a mis manos casualmente. La primera vez que escuché esta canción fue en el patio de recreo de un colegio. Las niñas daban palmas y bailaban. Siempre me gustó más esa interpretación real que esta mucho más maquetada. Pero la esencia es la misma. 

 

 

La ducha

gizmo¿Cuanto tiempo puede un niño de 8 años pasar sin ducharse? ¿Habéis hecho la prueba alguna vez? Porque yo estoy por experimentar un poco y relajarme; quién sabe ¿días, semanas, meses… años quizás? Yo he llegado a un acuerdo con Vampi Killer en que puede ducharse un día sí y otro no. Y casualmente, siempre siempre se duchó el día anterior. Y no hay forma de razonar que el día anterior estuvimos en el parque hasta tarde y al llegar cenó y se acostó sin lavarse siquiera los dientes, no. Él se duchó ayer, y punto.

Después de una larga discusión en la que acabo desesperada, pues su única respuesta es “ya me duché ayer”, consigo que se ponga en marcha a la ducha con una condición: no se lavará la cabeza. Bueno, eso no me importa, a no ser que ese día le haya llevado a la peluquería y lleve el cuerpo y la cabeza llenos de pelos. Pero mira, sarna con gusto no pica. Por lo menos se dará un agua.

Estoy segura de que no es necesaria una ducha diaria. Ni siquiera una ducha un día sí y otro no. Pero el cúmulo de mierda que puede almacenar un niño de 8 años es considerable. Arena en los pies, las manos negras, la cara llena de churretes. Un poco por decoro social es bueno darse un agua de vez en cuando. ¿Es mucho pedir?

Pero a su hermana y a su hermano mayor lo que hay que decirles es ¡Sal de una vez de la ducha! No tengo ni idea de cuándo se produjo esa transición. Curioso ¿verdad? Te pasas la infancia tirando de ellas/os para que se metan en el baño y llega un momento en que se hacen afines al agua y no salen en una hora. Hay que montar un desalojo para que salgan, vaya. Se pueden escuchar una play list entera y ahí siguen. Y de las largas ¿eh?

Ahora tengo la oportunidad de estar atenta y ver a qué se debe ese cambio. Pero mientras, la afrenta mayor que le puedo hacer a mi hijo es mandarle a la ducha. Parece el justo heredero de los Gremlins. Llega la hora de ir a dormir y sigue enfadado, con el pelo mojado y revuelto que no me deja secarle bajo ningún concepto, ceño fruncido y despeluchado. Ahora, eso sí: limpio. 

Viernes dando la nota #49: All good in the hood

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Hoy iba directa y sin ideas a poner otro clásico de esos eternos, cuando he decidido pedirle opinión musical a mi hijo, alias Phantom Killer. Me ha sugerido esta canción, que aunque me dicen que es de un grupo funk superconocido de los años 90, yo como si lo hubiese escuchado por primera vez. Y oye, me ha gustado bastante. El chaval ha escogido una canción de un album del 2010, Rock Dust Light Star, All good in the hood. Es una canción con un ritmo muy clásico y una letra de desamor demasiado ironico-amarga para un chaval de 15 años, pero ahí está. 

You know that it’s
All good in the hood tonight
Did I forget to mention
A little bit of tension makes the world alright

O lo que es lo mismo, en traducción libre: 

Tu sabes que todo lo que hay en la capucha esta noche es bueno. ¿Olvidé mencionar que un poco de tensión hace el mundo perfecto?

A disfrutarla

Viernes dando la nota #47: La última patada

 

 Esta SS es muy especial: ¡Hemos venido a visitar al hermano/tío y a la tía! No os voy a desvelar el lugar de la geografía española en el que nos hallamos, pero estamos rodeados de paisajes maravillosos y buena comida. Así que hoy, la canción la ha elegido el tío. De adolescentes me inundaba con estas bellas melodías antes de irse a la casa ocupada. Yo he ido apreciando con el tiempo sus gustos, pero he de reconocer que a los 17 me daban ganas de esconderle los discos… o algo peor.

La canción que traemos hoy está dedicada a la PAH. El grupo es Gatillazo, y está liderado por Evaristo, ex de la Polla Récords (uno de mis mayores tormentos) Ahí os lo dejo. Va por tí, hermano, y por las luchadoras y luchadores por lo que es nuestro: la dignidad y la libertad.