Diez cosas que ignora la infancia sin religión

Cuando dices que tus hijos/hijas no van a religión, la gente suele reaccionar de dos formas: o se calla con un supuesto buenrollismo que afirma la libertad religiosa o te amenaza con la falta terrible de cultura que van a tener las pobres criaturas. Lo curioso es que, sin haber asignaturas de cine, nadie se plantea la falta de cultura que van a tener en relación al séptimo arte. Pero cuán relevante es que los niños y las niñas sepan que Jesús es el hijo de Dios, que llegó a la tierra para redimir nuestros pecados, y que el ser humano no es capaz de ser feliz sin conocer a Dios.

El caso es que llevo viviendo 15 años con niños y niñas que no han ido nunca a clase de religión. Estas son algunas de las cosas que ignoran:

1. No saben lo que es el pecado. Cuando haces cosas malas, no basta con arrepentirse delante de un señor de negro. Hay que pedir perdón a la persona a la que han afectado tus malas acciones y no a un ente invisible. Hay que resarcir el daño, no rezar 20 Avemarías y un Padre Nuestro. Y, por supuesto, las malas acciones son aquellas que van en contra del bien común, no tienen nada que ver con su sexualidad. Tampoco saben qué es el cielo o el infierno, de modo que las amenazas con su vida ultra-terrena no sirven de nada.

2. La concepción siempre se produce a partir de la unión de un óvulo y un espermatozoide. Nunca hay palomas implicadas en el asunto. Cuando son mayores y aprenden mitología clásica, la paloma que representa al Espíritu Santo está en el mismo orden de cosas que la lluvia dorada o el ganso en el que se transformó Zeus para seducir a Leda y a Dánae.

3. Adán y Eva son “esos pringaos religiosos que se comieron una manzana”. Pero si les preguntas por el origen del universo siempre hablarán del Big Bang y de la evolución de las especies. En su tierra, el Paraíso ha sido destruido por los hombres en su afán de explotar la naturaleza para satisfacer su avaricia y no por dos personas insensatas que probaron la fruta de un árbol prohibido.

5. No distinguen entre la misa del gallo y el domingo de ramos. Pueden decirte un 28 de marzo que darán un concierto con su agrupación de la Escuela de Música después de la misa del gallo, o preguntarte si podrán comerse uno de esos adornos amarillos que lleva la gente en la mano ese domingo. Ese es el momento que usas para aportarles esas migajas de cultura y explicarles lo que es la misa del gallo, el domingo de ramos y la entrada de Jesús en Jerusalem a lomos de un borrico. 

6. No distinguen entre el Ku Klux Clan y los penitentes. Eso demuestra que saben lo que es el Ku Klux Clan, organización xenófoba en EE.UU., y su educación en la igualdad y en contra de los movimientos que atentan contra los derechos humanos. Para explicarles lo que es una procesión de Semana Santa hay que contarles un montón de cosas que no son aptas para menores y que es mucho mejor contar en familia que dejar en manos de personas ajenas: hay que hablar de invasión, de opresión, de tortura, de injusticia. Y luego explicarles que la religión católica dice que una persona que fue torturada y ajusticiada hace siglos lo hizo por nosotros y nosotras, y es por eso que hay gente que sale vestida de morado, con cucuruchos en la cabeza, y a veces van descalzos e incluso se dan latigazos mientras pasean por las calles. Complicado ¿verdad?

7. Cuando ven a gente portando imágenes religiosas, preguntarán por qué sacan en brazos a esos muñecos disfrazados. Y es que la adoración por estatuas de madera vestidas con aparatosos trajes es para ellos/as tan extraña como para nosotras puede serlo el culto al dragón en China. Ver con ojos extrañados una tradición que les es ajena y, de esta forma, la perciben como nunca la podremos percibir quienes nos hemos criado asumiendo su normalidad.

8. No se saben persignar. Van aleatoriamente del pecho a los hombros a la cabeza. Cuando ven a la gente hacer ese gesto, intentan imitarlo, no saben muy bien por qué. Mis chicos llegaron un día de la escuela haciendo ese extraño gesto porque sus compañeritos y compañeritas que iban a religión se lo habían intentado enseñar.

9. Lo de explicarles qué son los curas y las monjas es quizás la parte más difícil, pero llega un momento que asumen que en la vida todo no tiene por qué tener lógica. Mi hija creía que las monjas eran como las princesas de los cuentos hechas realidad, y cuando les dije que los curas se subían al altar todos los domingos a hablar a la gente y a leerles el evangelio, perdieron todo su interés por ir a una misa. 

10. Por último, os diré una cosa que rompe un mito de los niños y niñas que no van a religión: saben lo que es la comunión pero no desean hacerla. Cuando llega el momento en que todas sus compañeras y compañeros de clase hacen la comunión, a ellos/as les trae al pairo… es decir, que no sienten ninguna envidia ni tienen el menor atisbo de duda sobre su condición de no-católicos. Ni quieren vestirse de princesa ni de marinerito, ni envidian la fiesta o los regalos. Nada de nada. Cero. Es más, yo les he llegado a preguntar si querían hacer la comunión, y todos me han mirado con cara de “¿Estás loca?”.

Viernes dando la nota #46: Mr. Tambourine Man

viernes dando la nota 2

Mr. Tambourine Man es una de esas canciones que, una vez se meten por un oído, nunca salen por el otro. Y como empieza por el estribillo, ahí la tienes, siempre tintineando. Un jovencísimo Bob Dylan la canta en directo, armónica en boca y guitarra en mano. Y no, no es una canción sobre drogas… o sí, si pensamos que una droga es cualquier elemento del entorno que nos hace entrar en un estado alterado de conciencia, en este caso el ritmo de una pandereta. ¿Estamos preparadas y preparados para dejarnos llevar por la música suave, por el ruido repetitivo, por las ondas, lejos del dolor, de la desesperación, del horror replicante?

My weariness amazes me, I’m branded on my feet,
I have no one to meet
And the ancient empty street’s too dead for dreaming.

Sacas la cabeza del mantra y encuentras calles vacías, rostros sin alma, seres patéticos que buscan su ración de carne, enajenadas alimañas sin poesía que nunca llegarán a ver la luz del sol. Y quieres volver a entrar, pero el mantra se ha desvanecido. Te toca vagar entre las manos yermas, entre los vientres hinchados de niños sin infancia, entre perlas que son entrañas arrancadas de un amasijo de carne.

I’m ready to go anywhere, I’m ready for to fade
Into my own parade, cast your dancing spell my way,
I promise to go under it.

Girando en trance. Desapareces, ya no eres nada entre tanto todo. Entre tanta sangre putrefacta. Ya no hay bien ni hay mal, ya no hay miradas condescendientes, sabias, torpes, inquisidoras, estúpidas, lúcidas, inteligentes, amables, serviciales, ya no hay mirada. Ya no hay preguntas ni objetivos. Solo el ritmo del conjuro. El ritmo que late en la luz oscura. Dentro y fuera, arriba y abajo. Si abres los ojos, vuelves a caer. 

Then take me disappearin’ through the smoke rings of my mind,
Down the foggy ruins of time, far past the frozen leaves,
The haunted, frightened trees, out to the windy beach,
Far from the twisted reach of crazy sorrow.

El pasado es presente y es futuro que se se funden en las ruinas del tiempo. Y el dolor que enloquece ha desaparecido tras las notas de una canción. 

Y el tiempo desaparece. Hey Mr. Tambourine Man, play a song for me. Pero que se pueda bailar. Ese Folk Rock así tipo Beatles que lleva a nuestro panderetero al número 1. Y ese generoso Dylan que baila su 2×4 convertido en un 4×4. 

 

Silhouetted by the sea, circled by the circus sands,
With all memory and fate driven deep beneath the waves,
Let me forget about today until tomorrow.

Y como Mr. Tambourine es intemporal, aparece en el siglo XXI en boca de otro Bob, este francés y entra en el circuito House. Ha surcado el mar, ha desaparecido en las aguas abisales, que no se congelan nunca y se ha puesto a tocar debajo de una bola que gira relampagueando en una pista de baile. Y el trance vuelve a sumirnos en el más profundo de los sueños y nos aleja de los muertos vivientes. 

Viernes dando la nota #45: danzando

viernes dando la nota 2

El sábado pasado me fui a bailar. Hacía mucho tiempo que no lo hacía. No es que me guste, es que me encanta. Es que me da vida. Dice una amiga que una de las cosas que hay que hacer para mantenerse joven es bailar todos los días. Yo lo hago en la cocina, pero no es lo mismo. ¡Ay!, ocupar la pista y deslizarse, dejarse llevar. Bueno, a mí no se me ha dado nunca bien eso de dejarme llevar. Miro a las mujeres que salen a la pista, bailando salsa, bachata, merengue, vallenato, lo que sea, que miran indiferentes a otro lado mientras que hacen lo que él ordena y manda, y me quedo fascinada. No se inmutan. Oye, pero solo mueven de cintura para abajo, y con unos tacones kilométricos. Y si de fondo se escucha el Corazón Espinado de Santana, es para morirse. 

Bailar es uno de los mejores métodos para desbloquear todos los chakras (guiño guiño). Mover la cadera, esa parte de nuestro cuerpo que en occidente parecemos haber olvidado. Oye mijita, que ya está bien, que el sur también existe, que no es para tanto. Una vez viví con una mujer colombiana. Me enseñó a bailar vallenato. Siempre que escucho esta canción, me acuerdo de ella. Qué pena haberla perdido en la distancia y en el tiempo. Me acuerdo de ella muchas veces y todavía me quedan en la memoria esos pasos. 

Guararé guararé… pero a mí lo que más me gusta es la bachata. Y me encanta Juan Luis Guerra. Cuando sacó “Ojalá que llueva café” fue dar por saco continuo, todo el día que si con el café para arriba y para abajo. Y luego otra y otra, y otro disco, y venga que dale y que toma. Qué tiempos aquellos. Quisiera ser un pez…bachata dulce. Pobre corazón, que no atrapa su cordura. 

Bueno, me voy a echar unos bailecitos. Esto está muy soso. Se acabó la tontería. Pasad un buen fin de semana y recordad menear las caderas, que es muy sano. Si lo único que tenéis a mano es una rumba, también vale. 

Soltar

El alma humana es compleja. Mucho. Necesita de un depurado y abrillantado continuo, de un cuidadoso aprendizaje que se produce de forma muchas veces dolorosa. Nos encontramos, nos alejamos, nos encontramos otra vez. No tiene nada de esotérico el decir que aprendemos de cada persona con la que nos relacionamos, sea nuestra experiencia buena o mala. Y a veces hay que saber discernir muy bien qué personas nos aportan un aprendizaje y cuáles han dejado de contribuir a la causa de nuestra construcción como almas expertas.

Fijaos que me cuesta mucho ponerme en plan “qué buena soy y cuanto amor desprendo”. Es una actitud que considero manipuladora y falsa en muchos sentidos. Pero hoy voy a intentar ser un poco menos Killer que de costumbre. Hay gente que tiene dolor dentro. Hay gente triste. Y esa tristeza se convierte en agresión gratuita cuando menos te lo esperas. Y una, que está acostumbrada a defenderse, pues se defiende. ¡¡Pero no!! He descubierto dos armas mucho más infalibles: la autoestima y la compasión.

Una persona que se estima y se quiere a sí misma es una roca. Es preciso amarse para no perturbarse ante los ataques de una persona triste. Porque una de las formas de expulsar la tristeza cuando no la sabes aceptar y dejar fluir es situarla en el otro o la otra. Y el mecanismo es sencillo: buscas los pilares de la persona que tienes enfrente y los dinamitas. ¿Que la persona se siente orgullosa de su familia? Le preguntas si es feliz estando todo el día en casa cuidando de sus hijos/as. ¿Que la persona tiene una afición que le motiva y le aporta buenos momentos? Pues es la afición más tonta del mundo, que lo puede hacer cualquiera y además no sirve para nada… cosas así. Pero si conoces el mecanismo y tu autoestima es alta, nada podrá conmover esos pilares. Y aquí es donde entra la segunda arma: la compasión. 

A ver, la compasión no es sentir pena por alguien (al menos en el sentido en que uso aquí el término). La compasión, desde un punto de vista budista (y no, no soy budista pero me gusta la compasión en ese sentido) es un sentir-con. Es una forma de empatía y solidaridad. Es el comprender por qué la otra persona está haciendo eso y además no enfadarse. Es una forma de consciencia sobre los sentimientos y motivaciones del otro/de la otra. Es lo que nos permite no romperle la cabeza a alguien (en sentido figurado) cuando nos está intentando joder. Lo que nos permite dejar pasar esa pullita innecesaria, ese comentario malintencionado y conseguir situarlo en un contexto. Esto no quiere decir que sigas como si nada estuviera pasando, pero sí aporta una paz inmensa, evita conflictos presentes y previene de situaciones incómodas futuras. 

Y la conclusión: soltar. Soltar porque nos lo merecemos: merecemos a nuestro lado a personas que cuiden nuestros pilares y los valoren, igual que nosotras cuidamos y valoramos los suyos. Soltar y aprender a tratar con cariño los pilares de tu prójimo. No intentar dinamitarlos para disipar tu tristeza. No juzgar la validez de esos pilares. Acompañar en el camino y cuando las sendas se bifurquen, despedirnos sin estridencias, sin reproches, con un beso y un adiós. 

Reforzando conocimientos

stop_sign_pageLa escuela nos recomienda los deberes como una estrategia infalible para: 

A) Reforzar e interiorizar conocimientos

B) Fomentar el esfuerzo y la capacidad de sufrimiento trabajo en los niños y niñas

Por eso, las maestras y maestros diseñan cuidadosamente las tareas que las niñas y los niños tienen que realizar en su casa, después de haber pasado 5 horas trabajando en el colegio. Y estas tareas contienen la esencia del conocimiento que se va a reforzar. Por ejemplo, en esta tarea se refuerza el don de la adivinación: 

buñuelos

 

Niño: “Mamá, ¿qué tengo que hacer en este ejercicio?”

Mamá: Vamos a leer los deseos

Niño: Ya los he leído

Mamá: Vamos a ver…

Leo el texto, miro la ilustración, vuelvo a leer el texto. Solo puede ser el deseo de que llueven buñuelos con nata… Ahora toca elegir la ilustración. 

Mamá: ¡¡Father!! ¿sabes cómo son los buñuelos con nata?

Los tres miramos las ilustraciones a y b muy atentos. 

Mamá: Hijo, pon la a, a ver qué pasa. 

Pero los contenidos van creciendo en complejidad cuando abordamos las matemáticas. La adivinación aquí se convierte en una labor de razonamiento complejo ligado a la intuición sobre las intenciones de la persona que diseñó el ejercicio. Aquí tenemos otra joya como ejemplo: 

Lápices

Está claro que no podemos saber cuánto cuesta cada paquete de lápices: no hay ningún número en ninguna parte. Así que ahora tenemos que discernir a qué caja se refiere el enunciado (si la caja grande marrón o a cada paquete de lápices) y si el paquete de ejemplo, en el que se pueden contar los lápices que contiene, cuenta o no cuenta en el cómputo de lápices comprables. Después de media hora de Whasapps, las madres y padres del grupo acordamos dar una respuesta conjunta: valen todos los lápices. Elegimos la última pregunta.

Pero sin duda, mis ejercicios preferidos eran los del cuaderno de ortografía que mi hijo tenía que rellenar en 2º de primaria. Le planteaban retos que nunca encontraría en su vida cotidiana, ¡¡NUNCA!!

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Niño: Mamá… ¿Existe el nombre “Zomasa”?

Vale… ahora explícale que eso es una T y reza para que no te siga mirando con cara de poker. 

Mañana… más. 

Viernes dando la nota #44: Loca

viernes dando la nota 2

Si te vuelves loca, hazlo con estilo. Como Luz Casal, a ritmo de rock y con ironía. Luz siempre me engancha, su voz, su interpretación, su fuerza. Tiene la rabia de esas mujeres que han pasado por mil baches haciéndose siempre las fuertes. Nada de pavadas, por favor. Cuando leí sobre sus historias de amor, ya no recuerdo dónde, me sorprendió que una mujer de apariencia tan fuerte… en fin, esas cosas. No os las voy a contar, no me parecen relevantes. Lo que es relevante es ¿por qué nos volvemos locas las mujeres? ¿Y cómo lo manifestamos? Luz lo hace así: 

Y lo sigue haciendo maravillosamente años después. Una mujer así no se acaba, sigue y sigue. 

 

Pero luego están esas otras locas. Las locas que se quedan inmóviles. Las locas que, en vez de gritar al mundo su locura, la rumian, la van atesorando. La pena, la rabia, la tristeza, se van enquistando y quedan detenidas en un limbo. Encerradas en su mundo de ensueño, dejan de progresar, de jugar, de crear y solo viven para lo que pudo haber sido y no fue. Mientras que no las toques mucho, no hay peligro. Pero si las meneas un poco, toda su pena puede caer sobre ti. 

Se marchitó en tu puerto hasta la última flor, no hay un sauce en la calle mayor para Penélope. Pero querida, RECAPACITA. La vida son dos días para andar esperando al mismo pibe en la estación día tras día. No nos hagas observar cómo tu pelo se alborota, tu cara se desencaja día tras día, año tras año, cómo tus ropas se convierten en harapos y tu cuerpo y tu gesto se descoyuntan, sumidos en la desidia. Quítate ese sombrero raído y sal a la calle con nueva luz. Te hace falta, nos hace falta. Querida, haznos un favor: desempolvate (con acento en la a). Baila y canta. 

 

#StopDeberesEscolares

stop_sign_pageYa son muchos años de madre de escolares, casi 13. Y podría decir que todo sigue igual que cuando yo iba al colegio. Pero no es verdad. Hay cosas que van incluso peor. Y van peor porque, después de tantos años de hacer caso omiso de las teorías e investigaciones educativas, cada vez es más evidente no solo el fracaso de nuestra escuela sino la falta de voluntad para cambiarla.

Pero hoy no voy a hablar de lo que debería cambiar en la escuela. Voy a hablar de lo que tiene que cambiar en MI casa. Llega la primavera y añoro el sol y el campo. Vivo en un sitio privilegiado, en el que puedo coger la bici y estoy en plena naturaleza en pocos minutos. Quiero aprovechar las tardes de sol y primavera para disfrutar de este privilegio con mi hijo pequeño. Pero para hacerlo, debo decir #StopDeberesEscolares.

Los niños y las niñas van al colegio durante 5 horas al día, 5 días a la semana. Las y los maestros deberían organizarse con ese tiempo del que disponen para realizar sus actividades educativas. Fuera de ese tiempo, es la familia la que propone y dispone qué hacer. Y yo quiero que mi hijo juegue y disfrute, que descanse de esas 5 horas de trabajo y que aprenda a explorar sus gustos, sus aficiones y su aburrimiento sin seguir atado al curriculum oficial que nos ha impuesto el ministro de turno. Está claro que, con el tiempo, los niños y las niñas crecerán y tendrán que buscar ratos para estudiar y profundizar en contenidos complejos que requieren de una reflexión detenida y en solitario. Pero no es mi misión enseñar a mi hijo a leer, a sumar, a restar, a multiplicar, a dividir o a rellenar ejercicios. Es la escuela la que se tiene que encargar de hacerlo.

Una de las excusas habituales que pone la escuela para seguir acosándonos con los deberes escolares es que los niños y las niñas necesitan reforzar los contenidos que trabajan en el aula. Pero lo cierto es que hay veces que esos contenidos vienen con alfileres y es la familia la que se tiene que encargar de enseñar y de afianzar los conocimientos. Esto crea una evidente situación de desigualdad, ya que las familias con nivel cultural alto tienen más recursos y competencias para llevar a cabo esta tarea. La escuela debe ocuparse de enseñar a todas y todos sus estudiantes por igual, teniendo en cuenta que NO SON IGUALES.  La enseñanza tiene que ser individualizada, teniendo en cuenta las necesidades educativas de cada persona. No se puede dejar al azar y a los deberes escolares la misión de afianzar conocimientos. 

En todo caso, yo soy quien manda en mi casa. No me vale ya el chantaje emocional de “es que las familias se tienen que implicar en la educación de sus hijos” y “la familia y la escuela tienen que colaborar”. Cuando se esgrime esos argumentos, lo que se quiere decir realmente es que se necesitan familias sumisas que no cuestionen ni un ápice lo que se plantea en el colegio. Y ha llegado un punto en que, implicada a tope como estoy en la educación de mis hijxs, he dicho basta. Me pongo de su lado. Merecen una vida más allá del lápiz y el papel. Y yo también. NO SOY MAESTRA NI LO QUIERO SER. 

¿Creéis que mis hijxs se convertirán en unos irresponsables y no adquirirán hábito de estudio? No lo creo. Solo serán más felices y tendremos tiempo libre para disfrutar, hablar y hacer cosas que nunca hacemos. Estoy segura de que, en un tiempo no muy lejano, los deberes escolares habrán quedado en el olvido. Pero mientras, nos toca rebelarnos contra ellos y dejar de hacerlos. 

Pseudoprohibiciones

The Fall of Man (detail)Phanton tiene 15 años y un cerebro privilegiado. Y yo tengo el privilegio de escuchar sus disquisiciones. Me asombra su lucidez, esa que no recuerdo haber tenido a su edad. Y como él no tiene blog, os cuento la última. 

Íbamos de vuelta a casa, cuando de repente me dice: 

– Mamá, si el gobierno prohíbe las drogas, me está incitando a probarlas

(Yo doy un respingo de alerta y sigo escuchando)

– Sí, porque imagínate. En las historias en las que dicen “bajo ningún concepto entres en esa habitación”, la gente al final entra. Están deseando entrar. Es como decir “hay un tesoro escondido ahí dentro, algo espectacular”. Nadie se puede resistir a esa invitación. Es como decirle a un niño “no te revuelques en el maravilloso barro de los deseos”. Por lo tanto, si me dicen que tome drogas, yo pienso qué me estaré perdiendo, qué será eso que me están ocultando. 

– Bueno, sí, visto así es cierto. Pero quizás te están prohibiendo tomar drogas para que las tomes y te conviertas en un desecho humano. Es lo que se llama psicología inversa.

(Ahora es Phanton el que da un respingo de alerta y pone cara de Eureka)

– Cierto. Porque si no llamasen mi atención sobre esa habitación prohibida y cuando yo preguntase por esa puerta, me dijesen que es un armario con zapatos viejos, no tendría ningún interés en entrar.

– Es como lo de Adán y Eva

(Aquí interviene Brigitte Killer)

– Los adultos estáis obsesionados con la biblia

(Pero Phanton sigue enganchado con su argumento)

– Es verdad. Si no quieres que coman de ese árbol… ¿para qué lo pones ahí y les prohíbes comer de él? ESO ES A LO QUE YO LLAMO PSEUDOPROHIBICIONES. En realidad están buscando que yo pruebe las drogas, por eso me lo prohíben. 

(Respiro tranquila)

Viernes dando la nota #43: #EsAhoraySinNosotras

viernes dando la nota 2

Si, mujeres, madres, hijas, hijos, es ahora y sin nosotras. Como siempre. Nos vuelven a ningunear. Vuelven a ignorar la petición histórica de aumentar el periodo de baja maternal. A pesar de que la Eurocámara aprobó en 2010 un aumento a 20 semanas en los 27 estados miembros. Vuelven a pensarnos en relación al capital, a la empresa, al mundo del trabajo, y a cerrar los ojos y volver la espalda al fomento de la lactancia materna, que previene nuestros cánceres reproductivos y muchos de los trastornos que sufren en la actualidad los bebés alimentados artificialmente. 

Nos ofrecen una educación universal y gratuita desde los 0 años. Como si un bebé recién nacido necesitase otra cosa que no sean los brazos de una figura de apego dispuesta a darle todo lo que necesita. Educar no puede equipararse a separar, aislar en una cuna con otros bebés que lloran. mientras nosotras trabajamos por un mísero sueldo. No es con nosotras con quienes contáis cuando nos ofertáis guarderías gratuitas. Quizás haya mujeres que acepten ese trato. Pero otras muchas no lo aceptan, y también quieren ser escuchadas. 

Ser madre no es un problema que haya que solventar. No siempre, al menos. La maternidad consciente implica saber qué necesita un bebé y estar dispuestos/as a dárselo. Porque se lo debemos. Aunque tengamos carreras meteóricas. Hemos de saber que tener un bebé no es como tener una planta que se sitúa en un lugar soleado de la casa y crece por fotosíntesis. Requiere de nuestra presencia y dedicación. 

 

¿Y los padres? ¿Qué decir de los padres? Pues que también, claro que también. Sus hijos e hijas les necesitan igualmente. Los permisos iguales e intransferibles no nos parecen un obstáculo, sino todo lo contrario. Pero nunca en detrimento de un aumento de la baja maternal que favorezca el mantenimiento de la lactancia materna en exclusiva los 6 meses recomendados por la OMS. Eso nos parece prioritario a la supuesta igualdad que pueda traer obligar a los hombres a quedarse en casa con sus bebés. La supuesta igualdad que llevará a los empresarios a dejar de despreciarnos como mujeres, porque ya todxs tenemos permisos por pater/maternidad. 

 

Por eso os pedimos, ciudadanos, ciudadanas que hacéis política, que nos escuchéis. Que tengáis en cuenta que nosotras y nosotros también somos ciudadanxs y que también hacemos política. Lo personal es político y ha llegado la hora del cambio. No nos detendremos, ya no, hasta conseguirlo.