Viernes dando la nota #42: Soy mutante

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No te creas lo que dicen de mí… pero una cosa sí debo confesar: me gusta probar y comprobar. No me gusta quedarme con la duda. Puede ser que sea evidente que algo no va a funcionar, pero aún así, quiero verlo por mí misma. Y bueno, me dejo llevar por el “¿y si esta vez las cosas fueran diferentes?” Cuando descubro que siguen siendo igual, no pierdo el tiempo, eso sí. Muto, y a otra cosa mariposa. Qué mala imagen da eso de ser errante. Que si “no te crees el proyecto”, que si “es que estás loca”, que si “ya ha salido tarifando”, que si “¿¿otraaaa veeeez??”, que si tal y que si cual. 

Pero vamos, es simplemente que me es fácil poner el punto final a las cosas cuando dejan de ilusionarme, cuando me empiezan a hacer daño, cuando dejo de creer en ellas por motivos de peso, cuando detecto falsedad y dobles intenciones, cuando van en contra de mis principios. Es una cuestión de desapego. Nada que ganar, nada que perder. Las cosas básicas siguen inmutables, pero las accesorias no caben en mi hatillo. Además, como no le debo nada a nadie (excepto al banco) y nadie me lo debe a mí, todo es mucho más sencillo. Yo no puedo darte lo que quieres. Errar (en todas sus acepciones) y mutar es mi sino. 

Por cierto, estos chicos me encantan, así que os dejo otra canción.

EN SOLIDARIDAD CON ANA ROSA

11018800_10206199226448972_6619561407698517036_nAna Rosa, tengo algo que decirte. Siento mucho que te sientas aterrada por las madres y sus bebés. Una invasión de doulas locas intentan cobrarnos una pasta por darnos a comer nuestra placenta, comernos el coco con estúpidas teorías sobre el parto orgásmico y quemar el cordón umbilical con una vela. Quieren que los restos del parto se pudran hasta oler, e incluso algunas nos obligan a no bañar a nuestros bebés hasta varios días después de nacer. Gracias por preocuparte . ¿Qué sería de nosotras, cabecitas atolondradas, sin mujeres como tú, con la cabeza sobre los hombros?

Es verdad, no nos dimos cuenta de que hay personas que estudian en la universidad para atender nuestros partos. Personas que saben qué hacer con nuestra bolsa de líquido amniótico, nuestras membranas, nuestro periné y nuestro bebé. No sé si me debería atrever a calificar todo eso como “nuestro”. Ya tu sabes: abandonarse en las manos de una buena matrona y de un buen ginecólogo es preceptivo para el desarrollo correcto del nacimiento. Si esa mujer te dice “empuja”, tú empuja. Si te dice “deja de quejarte, bonita”, tú callada. Si se te sube encima como una posesa y empieza a apretar, tú mejor te callas, así se te reviente el útero. 

Lo que yo me pregunto es cómo ha llegado el ser humano hasta aquí. Ya sabes que antes no había universidades. Claro que antes ya se sabe que se morían prácticamente todos los bebés y casi todas las madres, lo he visto en las películas. Cada vez que hay un parto de esos en los tiempos antiguos, en un 70% de las ocasiones o más alguien acaba muerto. Y los guionistas sabrán lo que hacen, que para eso son profesionales y han estudiado ¿no? No vamos a ser nosotras, pobres indocumentadas, quienes les llevemos la contraria. 

Las mujeres, a parir, que es su obligación, y los profesionales (las matronas también), a decidir por nosotras, que para eso han estudiado un montón de años. Porque un título creo que te da poder para eso: para decidir por las personas sin estudios. Bueno, algunas tenemos estudios, pero no sabemos nada de nuestro cuerpo y como funciona y eso. Pero somos super engreídas algunas. Yo conocí a una que incluso fue al hospital con una cosa que llaman “plan de parto”. Era un documento que le había susurrado una maldita doula al oído. No creo que se le hubiese ocurrido a ella. Decía cosas como que quería prescindir de la oxitocina sintética (¿eso será el gotero?) o que no quería que le rompiesen la bolsa. Que quería que la dejasen dilatar a su ritmo y que nadie le pusiese enemas, la rasurasen o le hiciese tactos innecesarios. ¡¡Todo cosas que son por su bien!! Ah, y que nada de epidural. Qué salvaje y loca. ¿Se creerá que es una mamífera?

En fin, Ana Rosa, tú tranquila. Las cosas se van a poner en su lugar, ya verás. Creo que unos señores muy listos han escrito un informe que va a acabar con todas estas locuras. Las mujeres nos pondremos todas en fila y obedeceremos, haremos todo lo que nos digan. Oye, que para eso han estudiado un chorro de años las personas que nos atienden en el hospital. Como para que ahora nos pongamos farrucas y queramos decidir sobre cosas que ignoramos completamente. Y a parir, acompañadas por nuestro marido. Faltaría más. Como Dios manda, hombre ya. 

Viernes dando la nota #41: Hair

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Ya sé que cuando me pongo hippie me pongo muy pesada. Pero es que los últimos acontecimientos lo merecen. Y es que mi corazón es hippie y no puedo hacer nada por evitarlo. También tengo mucho de gafapasta, todo hay que reconocerlo, y un poco de pija burguesa también hay. Pero oye, así es la vida. Y como no voy a poner “Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”, que ya puse a Jeanette en mi primer VDLN, hoy toca Hair.

Para quien no lo conozca, Hair es un musical de los años 60, primero ópera beat, luego llevada al cine por Milos Forman. A mi me engancha. Pero es que una es hippie de la época del Vietnam: me lo creo todo. Lo de la era de Acuario, lo del Hare Kishna, lo de la paz y el amor… con deciros que hasta comí placenta en mi último parto os lo digo todo.

Esto de ser hippie tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Como inconveniente principal yo veo el de dejarse llevar por el frenesí del éxtasis psicodélico al que te conducen las propuestas reveladoras, transformadoras y radicalmente performadoras. Vas y bailas con los lobos, aúllas y danzas alrededor de una hoguera, te vistes de colores, a poder ser de morado y contagias a mucha gente con tu entusiasmo. Es tan bello sentir la unión, todas y todos al unísono buscando la verdad compartida, que lo das todo, te dejas la piel transformando el mísero mundo que te rodea en un paraíso de luz y color. “Habrá un día en que todos… ” ya ha llegado.

Y llega el día en que todos…. y te das de bruces con, no voy a decir “la cruda realidad”. Te das de bruces con la realidad que otros y otras se empeñan en mantener. Tú sigues siendo igual de hippie, o más si cabe. Eso es lo único que te hace sobrevivir: esa magia que sabes que está escondida en cada uno de nuestros actos. El sarcasmo y el humor están siempre por encima de todos los sucesos, y por muy trágico que sea todo, lo podemos transformar en una comedia de éxito. E incluso irnos a la guerra por motivos muy distintos a los de la que la incitaron. Somos la hostia los hippies, ya te digo. Nos mata lo del idealismo, eso sí, y no calibramos muy bien las consecuencias, pero oye ¿y lo que nos quiere la gente?

En fin, que al final morimos y la gente llora sobre nuestra tumba. Por eso, creo que esta película es altamente instructiva. Pero para terminar de completar el círculo, os recomiendo encarecidamente que leáis Vinelad, de Thomas Pynchon. Esta obra sublime profundiza en el alma cándida de la cultura hippie y los carroñeros que se cebaron en ella, aderezada con pasajes muy muy divertidos sobre el Área 51 y la función del LSD en todo este mundillo.

¡¡Feliz VDLN!!

 

Doulas y matronas

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En un mundo de saberes compartimentalizados, a veces se nos olvida lo que realmente es CONOCIMIENTO y SABIDURÍA. Las personas que hemos pasados por una facultad olvidamos que, cuando salimos de allí, llevamos en la mochila un conjunto de conocimientos prácticos y teóricos que tenemos que empezar a hilvanar en una trayectoria de carrera profesional, y que hay que currarse. No me vale que me digas que sacabas todo dieces en la carrera: a partir de ahora cuenta, y sobre todo en las carreras sanitarias, lo que las personas que te rodean y que reciben tus servicios dicen de ti. 

En este sentido, me sorprende la polémica existente entre matronas y doulas. Y este femenino, lejos de ser genérico, responde a una realidad: la inmensa mayoría de las personas que se dedican a estas actividades son mujeres. Me imagino que todo el mundo sabe lo que es una matrona. Hay más desconocimiento sobre lo que son las doulas. Las doulas son mujeres que acompañan a otras mujeres en el embarazo, parto y puerperio desde el punto de vista emocional. Las doulas, en ningún momento (que yo sepa) pretenden sustituir la labor médica que pueda realizar una matrona. No me voy a extender en definir el término, pero podéis acudir aquí para informaros sobre esta figura, cada vez más imprescindible para las mujeres en su proceso de ser madre. 

Una de las preguntas que me gustaría que nos planteáramos es ¿por qué surgen las doulas? ¿Os lo habéis planteado? Desde mi punto de vista, las doulas vienen a compensar una necesidad de la mujer que pare, que se ha desatendido con la medicalización del parto: la atención de sus necesidades emocionales en un suceso transcendental de su vida.

Para comprender un fenómeno actual, es siempre útil echar la vista atrás y hacer genealogía del nacimiento, en este caso. En épocas no muy lejanas, el nacimiento estaba en manos exclusivamente de las mujeres. Las parteras eran mujeres experimentadas que, sin estar en posesión de ningún título, atendían a sus comadres cuando se ponían de parto. Estas mujeres aprendían por tradición oral y basaban su práctica en la experiencia que les aportaba atender de forma continuada. La medicalización del parto vino de manos de los hombres, y, excepto algún caso aislado de comadronas que se implicaron en la investigación del parto, sus procesos fisiológicos y las dificultades que podían surgir en el mismo, éste calló en manos de los hombres y se perdió la tradición ancestral de las mujeres parteras. 

A pesar de las ventajas que van ligadas a la medicalización del parto en el mundo occidental en lo que respecta al descenso de la mortalidad materna e infantil, la masculinización de este proceso eminentemente femenino trajo consigo una deshumanización del mismo.  Y digo masculinización porque, aunque hoy en día la mujer tiene acceso a las universidades y ha vuelto a ocupar su lugar como matrona, el entorno donde ejerce su profesión es, en esencia, masculino, y radicalmente diferente al que solía frecuentar antaño. Hemos cambiado el hogar por los hospitales, la tribu y la familia como entorno de nacimiento por las salas de colores neutros, camillas, monitores y personal sanitario. En definitiva, las mujeres hemos ganado en “conocimiento” sobre el parto, pero hemos perdido la “sabiduría” que traía consigo el situar el parto en un lugar preferente y trascendente dentro de una comunidad. Foto-Virgen-Salud-Toledo-hacinamiento_EDIIMA20141110_0106_13

Mientras que antes el nacimiento y el parto era un suceso de gran importancia en una comunidad, que se rodeaba de solemnidad y se acompañaba de rituales que marcaban su trascendencia para las personas que lo asistían y lo acompañaban, ahora se ha convertido en un suceso rutinario que ponemos en manos del personal sanitario y sus protocolos establecidos. Hace unos meses, un vídeo que hizo un grupo de futuras matronas madrileñas para celebrar su graduación causó una gran polémica en las redes por la trivialización de las mujeres y de las prácticas hospitalarias rutinarias en el parto (aquí podéis leer algunas reacciones a este vídeo). Esa performance, que pretendía ser graciosa, indignó a miles de mujeres.

No me imagino a las matronas de antaño haciendo una parodia similar sobre las mujeres a las que atendían. Como tampoco me imagino a las mujeres de antaño pidiendo la presencia de una mujer, diferente a la matrona, que atienda sus necesidades emocionales durante el embarazo, parto y puerperio, y otra, la asesora de lactancia (con la que también podrían entrar en polémica las matronas) para ayudarla en el amamantamiento. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que rara vez la partera trabajaba sola: otras mujeres la asistían para realizar tareas que ellas no podían atender mientras atendía la labor de parto. 

Cuando aparece la necesidad de doulas y de asesoras de lactancia, es por algo. Las mujeres que solicitan los servicios de estas otras mujeres suelen estar bien informadas de por qué lo hacen. No son pobres damiselas desinformadas que se dejan timar por la primera intrusa que llega y que le da unos masajes con aceite en su dolorida espalda. Dentro del gremio de las doulas, como sucede en todos, las habrá buenas y las habrá malas. Pero están ahí porque vienen a cubrir una necesidad, normalmente una necesidad que ellas han sentido en su proceso de ser madres y ahora quieren ayudar a cubrir a otras mujeres. 

No voy aquí del parto en casa versus el parto hospitalario, eso ya lo hice aquí; pero sin duda es un tema que pulula sobre nuestras cabezas cuando hablamos de doulas y matronas. Y eso es así porque, en el corazón de esta polémica, está el derecho de todas las mujeres a decidir sobre su forma de parir, a estar informadas sobre la experiencia, el conocimiento y la ideología sobre el parto que sustentan las personas que las van a atender, y a decir NO a ciertas prácticas y formas de concebir a la mujer que pare y a la criatura que nace.

En realidad me importa muy poco la reacción de algunas matronas ante el supuesto intrusismo de las doulas. Lo que realmente me importa y me preocupa es esa autoridad que creen tener sobre nosotras y nuestros procesos. Y me indigna que, disfrazando su enfado con las doulas de una supuesta preocupación por las mujeres, quieran hacernos cómplices de una lucha que solo es suya. Para dignificar la profesión no hace falta competir con las doulas, solo hace falta comenzar a atender el nacimiento con la seria humanidad (y ciencia, por supuesto) que se merece. 

Disfraces

Disfraz de indioMañana me las tengo que ingeniar para ir a trabajar, llevar a la cuadrilla a las extraescolares y, acto seguido, acudir a la fiesta de carnaval con ella y él disfrazados de indios. No tengo materiales, y si los tuviera no sabría que hacer con ellos. Pero lo conseguiré. Los chinos siempre son un recurso fácil y rápido. Lo descubrí cuando dejé de intentar ser perfecta en todo.

Cuando los mayores eran pequeños, me compré una máquina de coser y me dejé llevar por la furia costurera de mis comadres en el colegio. No tuve en cuenta que había llegado a vivir a una pequeña ciudad con una tradición textil importante, y quien más, quien menos, había trabajado en uno de esos talleres de confección o tenía una madre, una tía o una abuela que manejaba los hilos a la perfección.  Yo ahí no daba la talla. Mientras ellas confeccionaban bellos trajes de pollo en los que el foam permanecía erguido y lustroso sobre las cabezas de sus pequeños, los míos iban con un saco que se caía por todos lados y les tapaba los ojos, haciendo que fuesen dando traspiés en los desfiles de carnaval. 

Por otra parte, tenía que sacar tiempo libre para usar esa máquina infernal en la que se me enredaban los hilos, la costura salía torcida, la aguja era una sanguinaria herramienta que bajaba y subía sobre mi dedo y nunca sabía cómo poner la tela para que no me quedase toda arrugada. Y ese tiempo era nocturno. Despertaba a todas y a todos con mis “joder”, “hostia puta”, “me cago en tó”, etc. Y los pobres niños miraban de reojo, pensando “¿me tendré que poner eso mañana?”

Dí el cerrojazo a la máquina cuando comprobé que no podía competir de ninguna manera con las supermamis. Esto coincidió con la decisión del ayuntamiento de nuestra ciudad de acabar con los carnavales y relegarlos a las fiestas de los colegios. Ya no había concurso de coles en el desfile de carnaval, y las madres también perdieron el interés por demostrar sus dotes de confección. Así que ahora, casi todos los niños y niñas van vestidos con estupendos disfraces made in china, de telilla de forro y fieltro. Todavía hay algunas que derrochan creatividad y arte, pero son las menos.

El curso pasado fue nuestra Monster Girl la que ganó el concurso disfrazada de egipcia china. Todo un bochorno, teniendo en cuenta que el concurso era en el cole de Vampi, al que venía de invitada. Tras este acontecimiento, Father pensó que lo mejor que podíamos hacer era correr cuanto antes con el regalo, ya que las madres de las niñas autóctonas empezaban a mirarnos de reojo y a murmurar. 

Si somos capaces de ganar concursos de disfraces con esos ropajes, desengañaos, ¿merece la pena estar horas y horas comprando las telas, cortándolas, volviéndolas a cortar porque nos hemos equivocado, intentando averiguar cómo unir lo que hemos recortado y luchando con el niño o la niña para que se pongan el resultado de todos nuestros desvelos? La respuesta es NO. Una vez al año, no hace daño. Disfraz del chino para salir del paso, y todas tan contentas. 

¡¡FELIZ CARNAVAL!!


Sintonizar y tocar teta: Conductas habituales del amamantamiento

La lactancia materna como elemento nutricional básico del ser humano se entremezcla a veces con elementos moralistas que nos recuerdan que los pechos están cargados de simbolismo sexual. Si para ti la sexualidad no supone algo temible que hay que ocultar a toda costa en los espacios públicos, pues es algo “muy íntimo”, ofensivo y vergonzoso, no tendrás ningún reparo en ver a una madre amamantando en público. 

No me imagino de ninguna forma a nuestras antepasadas ocultándose para amamantar en público. Cuando una mujer da de mamar a su criatura, está realizando una acción tan antigua como la vida misma, imprescindible para la vida y para la especie. Sin ese acto no estaríamos aquí, os lo aseguro. 

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Sin embargo, el puritanismo social y la distorsión que hacen ciertos sectores de la sociedad de la vida sexual nos conducen a una suerte de estupidez colectiva en la que las madres se tienen que cubrir los pechos para alimentar a su bebé, tienen que encerrarse en habitaciones aisladas, deben educar a sus retoños para que no les toquen los pechos en público y adquirir decorosas ropas para amamantar con la máxima discreción. 

Virgen de la leche. Pedro Berruguete. S.XV
Virgen de la leche. Pedro Berruguete. S.XV

Todo esto está muy bien si quieres hacerlo. Si te da vergüenza amamantar en público, tienes alguna otra opción. Pero desde luego perderás la libertad de alimentar a tu hijo o hija a demanda en cualquier momento y sin barreras psicológicas. Y cuando no ponemos barreras a la naturaleza, además de la succión nos encontramos con que otras cosas pueden pasar (y pasan) cuando amamantamos.

Las madres lactantes y que hemos sido lactantes sabemos que el amamantamiento no solamente es una conducta alimenticia. La succión va acompañada de otras conductas y, además de aportar alimento, contribuye con seguridad, afectividad y vínculo entre la madre y su criatura. Cuando amamantamos siguiendo los consejos de la OMS y de la madre naturaleza, y prolongamos la lactancia más allá de los 4 meses,  el bebé que succiona va desarrollando sus capacidades motoras y cognitivas e interactúa con nuestros (sus) pechos de una forma cada vez más compleja. Es aquí donde aparece el reflejo de sintonización, que consiste en que el niño, mientras succiona de un pecho, agarra el pezón (ordinariamente llamado *****) del otro, girándolo como si estuviese buscando una emisora de radio. Sí, esas cosas suceden, y lo sabemos las personas que amamantamos. Un gurú de la lactancia, un hombre que nunca haya amamantado y que no haya visto a una mujer amamantar en libertad no sabe esto: es parte de nuestro conocimiento como expertas en el tema. El hecho de que esta conducta pueda tener una función fisiológica de estimulación del reflejo de eyección (en términos vulgares, conseguir que la leche salga por sí sola y llene la boca a chorros), es interesante para desviar a las mentes perversas de la posible función sexualizada que le puedan atribuir a este comportamiento. 

Pero además de esto, las mujeres que hemos dado de mamar siguiendo las recomendaciones de la OMS y las de la madre naturaleza sabemos que, llegado el destete, las niñas y los niños no se separan de manera drástica de su fuente de placer. Un niño o una niña que ha mamado durante varios años no olvida de la noche a la mañana que los pechos de su madre le han calmado, nutrido, quitado miedos y penas, ayudado a dormir, etc. Quizás por eso, conservan durante un tiempo la costumbre de tocarlos en los momentos de ansiedad y a la hora de dormir. Hay quien recomienda eliminar de raíz lo que creen que es una fea costumbre. Sin embargo, desde mi punto de vista, como profesional de la Psicología, creo que censurar esta etapa intermedia de destete definitivo es innecesario y puede producir conflictos entre madre e hija/o, así como momentos de ansiedad innecesarios. Esa conducta cesará paulatinamente, y os aseguro que vuestra/o hija/o nunca más se interesará por vuestros pechos. 

Es una pena que la especie humana se avergüence con tanta frecuencia de un acto que forma parte de su esencia misma. Señoras y señores que se escandalizan por ver una teta humana alimentando a un cachorro humano, señoras y señores que se escandalizan por ver a un cachorro humano jugando con los pechos de su madre: respiren hondo. No pasa nada. Es la naturaleza siguiendo su curso. 

Viernes dando la nota #40: Joan of Arc

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Las mujeres… ay las mujeres. Siempre hijas o madres. Bajo la mirada observadora y posesiva de la sociedad (masculina). Mujeres en un mundo de hombres que ven sus sentimientos regulados y adoctrinados, que pasan de las manos del padre a las manos del marido. Mujeres que tienen que hacerse pasar por hombres para hacer cosas que les están vetadas. Mujeres acosadas por los patriarcas que, por fin, deciden dar un puñetazo en la mesa y plantar cara. 

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Tania, con un par

Los hombres abren mucho los ojos cuando una mujer, ese ser frágil, ese ser creado de su costilla, dice “se acabó”. Porque no es lo mismo que un hombre se vaya de un partido dando un portazo y plantando cara a unos señores de gris a que lo haga una mujer. No. Esa mujer, señores y señoras, se coloca en el ojo del huracán, en el ojo de las mil perspicacias y maledicencias. Mira la osada, qué mirada altiva, como nos ha dado esquinazo. Mira cómo ha puesto de manifiesto nuestras miserias, nuestra cobardía, nuestra falta de coraje. 

Y entonces se lanzan a decir lo que hará. Y suponen que correrá bajo el ala protectora de ese hombre que la controla, como no puede ser de otra forma. El cerebro maneja los hilos, porque ella, débil criatura, queda sola e indefensa al haberse deshecho del manto protector de los compañeros. ¿Dónde vas a ir tú sola, chiquilla? ¿Pero qué haces? ¿Es que estás con la regla?

Pero lo cierto que nuestro compañero quincemayista, nuestro querido Garzón, se queda con tres palmos de narices ante el plantón de la candidata madrileña. Y se pregunta quizás ¿por qué no lo hice yo antes? ¿Ha tenido que venir una mujer a decirme dónde hay que poner la línea roja, cuándo hay que dejar de aguantar los tejemanejes de la vieja política?

Hermana, te deseamos suerte en tu nueva etapa, que irá, seguro, unida a la nuestra. Eso, si no acabas en la hoguera. 

Pediatras y patriarcas

LactanciaEl médico pediatra, ese señor que un día decide escribir un libro ojeando sus apuntes de la carrera que estudió hace lustros, nos dice que no seamos dogmáticas, que no ocupemos nuestras trincheras. Que no seamos tercas y no dejemos morir de hambre a nuestras pobres criaturas, empeñadas como estamos en darles de mamar más allá de los cuatro meses, cuando ellos y ellas, bebés indefensos, claman por una buena papilla de cereales y de carne picada. Ya se sabe que la humanidad no evolucionó hasta que se inventó la batidora y las grandes multinacionales comercializaron leche en condiciones, en polvo y salida de las ubres de las vacas, ese animal sagrado que nació para alimentar a nuestros cachorros.

Señor pediatra, qué haríamos nosotras sin usted, que sabe más de nuestras tetas que nosotras mismas. Gracias pon pensar en nuestros pezones doloridos por el continuo roce de las edípicas bocas de nuestros bebés. Ahora, el padre podrá ocupar el lugar que le corresponde: el de cabeza de familia entre nuestros lúbricos pechos y el pequeño déspota que solo desea nuestro cuerpo de madres. Edipo Rey ha sido derrotado y todo ocupa su lugar. Ya no nos aventuraremos en calles y plazas enseñando nuestros turgentes manantiales impúdicos, amamantaremos lo justo y lo necesario, cuatro meses, lo que dura un permiso por maternidad. Ni más, ni menos.

Gracias, señor pediatra, por traer ese rayo de luz. La OMS nos quiso convencer de que lo mejor para nuestras criaturas era amamantarlas 6 meses en exclusiva, solo con la leche de nuestros pechos, ese extraño líquido que no sabemos porqué mana de nosotras. Nos intentaron convencer de que éramos mamíferas, incluso nos hablaron de extraños benefícios sobre la maduración del sistema inmunológico de nuestros infantes, y de la prevención del cáncer de mama y otras partes de nuestro cuerpo. Y nos lo creímos. Y decidimos amamantar. Incluso algunas seguimos haciéndolo después de los 6 meses, después del año, de los dos años, de los 3… Inaudito.

Ahora, gracias a sus doctos y moderados consejos, nuestros pezones serán libres y nuestros bebés engordarán sus michelines y los bolsillos de las grandes multinacionales. Nos sentiremos aliviadas por estar contribuyendo a una buena causa: el enriquecimiento de esos pobres empresarios, patriarcas como usted, que tanto han hecho por la humanidad. Gracias por alejarnos de nuestro dogmatismo. No más teta. Seamos sensatas. Hasta los cuatro, solo la puntita.