Viernes dando la nota #39: Eu sei que vou te amar

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¿Que nunca habéis escuchado a Caetano Veloso? Bueno, puede ser. La verdad que yo no he profundizado mucho en su discografía, pero esta bossa nova que he bailado más de una y más de dos veces me llega. Mucho. Y en todas sus versiones. Y es que encierra esa desesperación del amor recién estrenado. ¡Ay el amor! que hasta que no lo conoces de verdad no sabes cuanto de paz y cuán poco de desesperación trae consigo. 

Y es que no sabes, no puedes saber que vas a amar a alguien toda la vida hasta que te encuentras amando, en una compañía serena, sin desesperaciones, sin estridencias, sin lloros ni ausencias. El amor es fácil, no es un sin vivir de sufrimientos y malestares. El amor es un espacio mutuo de convivencia y apoyo que no carcome, que riega y nutre la vida, que da fuerza y energía en el gris día a día. Pero bueno, dejemos al joven Caetano que siga con esa certeza de que ese sentimiento exaltado, ese dolor de corazón, esas mariposas en el estómago, van a durar toda la vida. 

Y no puedo evitar poner la versión del canalla. Enamorado del amor y de la juerga, el Cigala canta con Bebo Valdés acompañándole al piano. Pedazo disco que os recomiendo: Lágrimas Negras. 

El valor de las personas

tiempo_cambioEstamos en época pre-electoral (y electoral) y oímos hablar con frecuencia sobre el valor de las personas. La victoria de Syriza en grecia ha desatado una oleada de vítores y aspavientos, en los que me he visto inmersa, lo reconozco, para caer después en la cuenta de que, siendo una bella victoria simbólica (o sintrólica, como queráis llamarla), no es mi, no es nuestra victoria. Nosotras seguimos donde estábamos: algunas en nuestras casas, otras en nuestros despachos, las menos engrosando las listas paritarias de la arena política, una arena política que sigue siendo eminentemente masculina.

Pero volvamos al valor de las personas. Este es un tema complejo. Si nos preguntan por qué valoramos a una persona, para responder debemos situarnos en un lugar, en un punto concreto para desarrollar el discurso. En un terreno comunicativo. Una persona puede ser valorada por su amabilidad, su simpatía, su capacidad para apoyar a los demás, su sentido del humor, su honradez. Para valorar todas estas cualidades, hemos tenido que tener cierto contacto con esa persona y percibir la energía que emana de sus palabras, sentirnos reconfortadas por su sonrisa y su tacto, reconocer la seguridad que nos da su presencia. Antes (estoy hablando de tiempos remotos) el liderazgo recaía en estas cualidades propias de terrenos comunicativos próximos, cara a cara, en los que la vista, el oído, el tacto se aliaban para dar poder a nuestra intuición.

Ahora, los discursos prefabricados, el Photoshop y los mantras propagandísticos han sustituido a toda esa amalgama de elementos perceptivos que daban brillo a la figura de un líder (o una lideresa, si cabía esa posibilidad). El brillo de la propaganda nos ofrece la ilusión de que la persona que hay detrás de ella tiene la solución a nuestros problemas, de que nos va a conducir por el camino de la liberación y el cambio. Es lo que tiene los grandes slogans: se introducen en nuestro cerebro cual martilleo repetitivo, enganchando con nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestras penas y alegrías. Esa presa emocional nos arrebata lo que nos quedaba de pensamiento racional y nos conduce a las calles y a las plazas cual ninfas y faunos, saltando por las aceras y enarbolando nuestras banderas de colores. Es la euforia, la alegría, la que nos hace confiar en esas valiosas personas que nos hablan de los idiomas que dominan, las carreras que han estudiado, lo bien que debaten y se enfrentan a los periodistas, los esquisitos textos que escriben y los mil países en los que han estado. Todo ello porque quieren estar en un puesto que les permita dominar una parte del mundo.

¿Estaremos perdiendo el norte a la hora de valorar a las personas? No me cabe la menor duda. Una vez alejadas del terreno comunicativo próximo, nada sabemos de lo que hay detrás de cada mantra recitado. No sabemos de la alegría de aquel que nos incita a estar alegres porque ha llegado la hora del cambio. No sabemos de su capacidad de servicio e implicación con el prójimo, que pueden ser inmensas, pero también pueden ser un espejismo que reflejan sus palabras preparadas tras horas de reflexión autocomplaciente.

No os estoy llamando a la paranoia, y mucho menos a la histérica protesta ni a la tristeza más miserable. Estoy hablando de la reflexión en el aquí y el ahora. ¿Pensamos seriamente que esas personas van a cambiar nuestras vidas? Si es así, exijamos cualidades verdaderas, exijamos cualidades que se valoren en la proximidad. Honestidad, honradez, transparencia, han llegado a parecer palabras vacías y sin sentido, que se dicen por decir. Pero se pueden volver a dotar de significado. Podemos volver a valorarlas. Debemos hacerlo si lo que queremos es un cambio real.

Y es que, al fin y al cabo, no hay cambio sin una transformación de los valores que se refleje en la vida cotidiana. Hablemos el idioma del cambio en nuestra vida. Pidamos el cambio en cada acto y en cada gesto. Si queremos cambiar, cambiemos. Y hagámoslo ya.

Viernes dando la nota #38: Daddy Cool

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Hoy iba lanzada a hacer otro #sintrollismo en el #VDLN cuando me di cuenta de que lo que realmente me apetece es irme de copas con unas amigas y con unos amigos y desbarrar hasta el amanecer y más allá. Así que busqué una de esas canciones que, sin decir nada, llenan una noche. Daddy Cool de Boney M. es esa canción. Y Bobby Farrell el mejor contorsionista de la historia. 

Podía haber puesto Belfast o The rivers of Babilon… pero es que Daddy Cool es todo lo que quiero: nada. Solo ritmo, música, bailar, que sí, loca, como tonta, sin enterarme de nada. A la mierda todo, vamos ya, que ya está bien de tanta tontería, hoy voy a ir al grano (ups, se me ha colado otra canción).

En fin, chicas y chicos, que la noche es joven. Que hoy es viernes, dejémonos llevar por el ritmo y contorsionemos nuestros cuerpos. Vamos muy bien, borrachxs como cubas (uy, otra vez, y encima políticamente incorrecto). You can dance. Yo solo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo una noche locaaaaaa….. etc. Vamos allá. Daddy Cool.

Viernes dando la nota #37: Fake tales of San Francisco

viernes dando la nota 2Ya sabía yo que si uno de los míos llevaba una sudadera de los Arctic Monkeys era por algo. Este grupo británico está compuesto por un grupo de jovencitos norteños que llevan tocando desde 2005. No sé si esta será una de las canciones preferidas, pero yo andaba buscando algo que hablase de falsedad, de postureo. Y me encuentro con esta canción que suena a viejo, que habla de viejas cosas, de gente que se inspira en sitios donde nunca ha estado, que nunca ha olido ni palpado, pero actúa como si fuesen el no va más de los sitios más clásicos, de la gente más cool, de la movida más in. 

Nada más que decir. Fake Tales of San Francisco. 

 

Piropeame y te meto el zapato en la boca

La verbena de la Paloma
La verbena de la Paloma

Cuando a la presidenta del Observatorio de la Violencia Doméstica y de Género se le ocurrió decir que había que erradicar los piropos, hubo miles de comentaristas profesionales que corrieron a ponerla a caer de un burro. ¡¡Menuda chorrada se le había ocurrido a la señora!! Vamos, como que no hay cosas más importantes de las que preocuparse. Con la de problemas que hay en el mundo. Encima, la noticia coincidió en el tiempo con el atentado a la revista Charlie Hebdo, de modo que la superficialidad de la noticia se sobredimensionaba haciedo alusión a hechos mucho más tremendos a que te llamen guapa por la calle.

Otro de los argumentos frecuentes aludía a la belleza de los piropos. ¡Con lo bonito es que te llamen guapa por la calle y que te regalen los oídos de vez en cuando! Esa parte de la población seguro que tenía en mente a Pichi, el chulo que castiga diciendo cosas como “quiero llevar tus labios prendidos de mi ojal” y a Susana la Casta respondiendo con salero y picardía.

¡¡¡PUES NO!!! Ni Pichi ni leches, ni puñetera la gracia que nos hace cuando salimos de casa, recién tomado el desayuno, con las ojeras arrastrando y cargadas con mil bártulos, y tenemos que pasar por la obra de turno. Eso de escuchar ¡¡¡Chocho!!! a esas horas (y a cualquiera) es sencillamente repugnante. Recuerdo hace ya un par de décadas que había días incluso que pensaba rutas alternativas para no tener que pasar por delante de esa puta obra. Hasta que un día me harté, me planté delante del baboso que se dedicaba a acosarme todas las mañanas y le pregunté, muy cabreada, si tenía hijas. Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos sin saber qué decir. Podría ser mi padre, y en ese momento creo que vivió una experiencia inolvidable. No volví a escuchar su desagradable voz ninguna mañana más.

Pero claro, ¡¡qué bonitos son los piropos!! Recuerdo otro día, con mi carrito de gemelos, cargada hasta las cejas, los niños ya mayorcitos, otra obra… y el baboso de turno haciendo comentario sobre mis tetas. ¡¡Pero no le da vergüenza!! Maravillosos los piropos, sí.

Y ahora, mi hija de 15 años llega a casa quejándose de que por la calle ella y sus amigas tienen que aguantar los murmullos, intrusiones, alusiones a su sexualidad incipiente, incluso tocamientos de desconocidos, y que van a la defensiva por la calle, mirando a todos lados y tapándose los pechos con la carpeta.

A todas las personas que les ha parecido ridícula la propuesta de Ángeles Carmona les diré que saquen de sus cabezas esa idílica y falsa imagen de lo que es un piropo y empiecen a verlo como lo que realmente es: un acoso, una intromisión en la intimidad de la mujer, una falta de respeto. Y si quieren dar y recibir piropos, que se vayan a un piropódromo o que interpreten la Vervena de la Paloma en sus casas, sin molestar a nadie. Pero lo que es a mí, si me piropeas te meto el zapato en la boca.

Esas niñas

El otro día, mi niño de 8 años me sorprendía con una afirmación:

– En mi clase somos 28, con María y Sara (nombres supuestos). Me sorprendió esta formulación.
– ¿Qué pasa con María y Sara? Le pregunté.
– Nada…
– ¿Entonces por qué no dices “somos 28, con Pedro y Juán”? (nombres supuestos de sus mejores amigos).
– Es que María y Sara vienen muy pocas veces a clase y no hacen lo mismo que hacemos los demás.

María y Sara son dos niñas gitanas. Sabemos poco de ellas. A veces las veo en la fila, pero raras veces Vampi las menciona. Por lo que he podido averiguar, una de las niñas no tiene libros. Su madre no puede permitirse el comprarlos, y nuestra comunidad autónoma eliminó la gratuidad de los mismos. Además, los libros son nuevos, porque ha entrado en vigor la nueva ley educativa, así que nadie se los puede prestar.

Hasta aquí la historia. Ahora la pregunta: ¿Qué clase de sistema educativo es ese que relega a un niño o una niña a las últimas filas, a hacer tareas diferentes a sus compañeros y compañeras, porque no poseen unos libros? Unos libros, todo sea dicho, redactados por unas editoriales que se forran a costa de nuestros hijos e hijas. Unos libros que difícilmente llegan a trabajar las competencias propuestas por el curriculum oficial. Unos libros que invitan a realizar ejercicios de lápiz y papel y entienden el aprendizaje como algo pasivo que se realiza sentado en un pupitre.

No puedo llegar a entender que un/a profesional no sea capaz de integrar en el aprendizaje de su aula a una niña que no tiene libros de texto. El aprendizaje cooperativo y por experimentación activa fue propuesto hace décadas, y tiene la ventaja de integrar a todos los aprendices, cualquiera sea su nivel o sus necesidades educativas, en actividades que se realizan entre toda la clase, bien en el grupo completo bien en pequeños grupos. Aprender las tablas de multiplicar, las propiedades de flotación de los cuerpos, el ciclo del agua o la composición y lectura de textos no depende (o no debería depender) de tener dinero para comprar libros o de que los servicios sociales tengan a bien facilitártelos.

La brecha socioeconómica que da lugar al fracaso escolar comienza en las aulas de primaria, y se podría evitar si las formas de enseñar y de concebir al aprendiz cambiasen. Pero es mucho más fácil delegar la programación a las editoriales y dejar en sus manos las actividades que tienen que realizar los niños y niñas en el espacio pedagógico del aula.

En los años 90 realicé un estudio etnográfico en las ya inexistentes aulas de compensatoria. Estas aulas eran espacios en los que se separaba a los niños y niñas, en su mayoría gitanos/as, para supuestamente complementar las lagunas de aprendizaje que iban acumulando con los años. Eran niños y niñas despiertos, activos e implicados en cualquier actividad que propusieras. El problema social que les acompañaba era complejo, pero aprendían y se integraban en las actividades como cualquier niño de su edad. Ya no existen estas aulas, y las maestras y maestros de apoyo han desaparecido gracias a los recortes sufridos en educación. Nunca me gustó la solución de aislar a estos alumnos de sus compañeros de aula, pero tampoco me gusta que estos niños y niñas queden relegados a las últimas filas y a taréas de relleno para que no molesten a sus compañeros, que están “aprendiendo de verdad”. En estos años hemos avanzado muy poco a este respecto.

Esta situación no me gusta porque no es justa socialmente, y no me gusta porque mi hijo está siendo testigo de la cara más cruda de la discriminación. Si se nos llena la boca de que educamos en valores, educamos para la paz, la igualdad, la justicia, etc etc, estas situaciones son contradictorias con lo que se pretende enseñar. Pero siempre es más fácil culpar de todo a una cultura que se “automargina” de la sociedad fetén, de los blancos de clase media, que hacen las cosas como deben de hacerse, cumplen con las normas establecidas, no trabajan en mercados ambulantes y llevan a su prole todos los días al colegio. Sin mencionar lo que emocionalmente supone para una niña de 8 años estar sentada en una esquina copiando números mientras sus compañeros y compañeras “aprenden de verdad”.

Viernes dando la nota #37: ADN

viernes dando la nota 2Para mi los VDLN son una oportunidad para la expresión y el descubrimiento. La poesía expresa de forma sutil los sentimientos inconclusos hacia algo o hacia alguien. Buscas cosas que decir, y, de repente, como si estuviese en tu ADN, encuentras a les Bumper Stickers. Sin el apastelamiento pedante de los franceses, este grupo de Quebec, cuyas letras no entiendo en absoluto, me trasmiten lo que hoy quiero expresar (que, como tampoco es muy concreto, no creo que entiendan muchas personas, solo las escogidas).

El primer tema que he escogido, que debe ser uno de los más conocidos, transmite el absurdo enamoramiento del machirulo por los coches y las tetas, en ese orden. Una rubia despampanante se convierte en el adorno de su más preciado atributo: su coche de carreras, con el que pretende llegar a la gloria pasando por encima de todo asfalto. Al final, la rubia se cansa de la obsesión enfermiza de ese pobre payaso, y se va… con otro payaso. Es el ciclo sin fin. Tchin-lé.

Y ahora vayamos al grano: el ADN. Eso que puedes afirmar que está ahí sin tener que enseñarlo. Alguien nos dijo alguna vez que había una hélice que contenía todo lo que éramos: mentira. Lo que somos es tan circunstancial que hay que ser muy disciplinadas/os para ser YO contra viento y marea. El ADN, por tanto, se convierte en algo imprescindible pero que, por otra parte, nunca se manifiesta en su más absoluta pureza. El aparato que lo alberga es tan poderoso que, para cobrar fuerza, se ha escondido, haciéndonos creer que unas cuantas células nos llevarían al paraíso. Repito: MENTIRA.

Viernes dando la nota #36: Contigo aprendí

Hoy tengo alma de bolero y me apetece la ternura de esta canción. Un boler o de Manzanero versionado  por Mari Trinidad,  esa mujer de la boca torcida que me ponían mis padres cuando era pequeña. El sentimiento de canción e intérprete dan lugar a una pieza idónea para agradecer tu compañía en este nuevo año que empieza.

MATERNIDAD Y FEMINISMOS: UN RETO PARA PODEMOS

(Escribí esta entrada cuando se presentaron las propuestas económicas Navarro-Torres para Podemos. Ahora, las propuestas relativas a igualdad se han plasmado en el documento “Reorganizar el sistema de cuidados: condición necesaria para la recuperación económica y el avance democrático”, de María Pazos y Bibiana Medialdea. Lo que escribí entonces es igualmente válido ahora.)

(Vuelvo otra vez a editar este post. Mis planteamientos sobre Podemos no son ya los mismos. No estoy segura de que eso de “Juntas Podemos” se haya dicho nunca en serio. Se ha abandonado la metodología podemita y se ha tomado los platós de televisión. La verdad, poco queda de aquel Podemos que me convenció en su momento. Es una verdadera pena. Pero ahí queda este post, como un momento de inocencia, de creer que las cosas podían cambiar realmente)

Estamos en un momento de definiciones. Podemos ha abierto una brecha de esperanza en nuestra sociedad que nos ofrece la oportunidad de rediseñar nuestra realidad, y así lo hemos visto muchas y muchos. El plantear un movimiento social donde se pueden escuchar todas las voces ha provocado una oleada de ilusión que nos ha hecho lanzarnos a las calles, a las plazas y a los teclados para decir cómo nos gustaría que fuese nuestra sociedad. 

Las mujeres (no muchas) también hemos llegado a Podemos. Nos ilusiona poder construir desde cero y desde el feminismo un lugar amigable y en el que desarrollarnos políticamente. Sin embargo, es difícil. Las estructuras de participación siguen estando regidas por estructuras ideológicas patriarcales, y las propuestas de igualdad surgen, una vez más, sin habernos consultado a nosotras. 

En este documento quiero hablar de estos dos temas, que están muy relacionados: las propuestas para alcanzar la igualdad en el documento Navarro-Torres y las propuestas para favorecer la participación de la mujer en Podemos. 

El día que se presentó el documento Navarro-Torres, fui testigo de un conjunto de desilusiones con nombre de mujer y madre. Aparecieron en un grupo de mujeres que, sintiéndose excluidas de esa propuesta, alzaron sus teclas para decir “No nos representa”. 

La insistencia de Navarro en su presentación en que la igualdad de la mujer pasaba por la creación de una potente red de escuelas infantiles, así como la inclusión en el documento de la propuesta de permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles, levantaron muchas dudas en las mujeres que no ven la maternidad como una traba para su desarrollo como ciudadanas y que, por el contrario, desean, por parte del estado, una defensa de su derecho a la misma.

Está claro que distintas mujeres han desarrollado distintas estrategias para enfrentarse a estos estereotipos impuestos. Hay feminismos que han rechazado la vinculación biológica con la maternidad, desmitificandola como un fenómeno cargado de felicidad, amor infinito y entrega desmedida y negando la existencia del instinto materno. Yo agradezco a esas feministas haber tenido la valentía de hablar de la parte oscura de la maternidad en tiempos en los que estas confesiones eran difíciles de digerir por la sociedad. Que expusieran a la conciencia pública que la maternidad no es eso que nos quieren hacer creer y se rebelaran en contra de la imposición de ser madres como parte integrante de su identidad.

Sin embargo, también siento un profundo respeto por las mujeres que han tomado el camino contrario, el de la maternidad consciente y gozosa. Estas mujeres se han rebelado en contra de la violencia que nuestra sociedad impone a nuestras maternidades: la violencia obstétrica, la violencia contra el vínculo, la falta de respeto y la imposición de olvido a la lactancia materna, la priorización de la autonomía de nuestras criaturas frente a la crianza lenta y cuidadosa. Esta forma de concebir la maternidad nos hace exigir algo que, en cierta forma, es un contrasentido: nuestro derecho a ser madres y disfrutar de ello. Ese contrasentido tiene su origen, como no podía ser de otra forma, en las estructuras patriarcales y capitalistas que se imponen a nuestras vidas como personas, como mujeres, como hombres, como niños y niñas, y que dicen que la maternidad siempre es gozosa. En este sentido, esta postura se acerca mucho a la primera, ya que en ambas se reconoce las dificultades a las que se enfrenta la maternidad en nuestra sociedad, la primera negándola, la segunda, negándose a negarla y luchando contra las estructuras que la convierten en un calvario. 

En cualquiera de los dos casos, los modelos de mujer que nos impone la sociedad patriarcal oprimen nuestras ideas y nos enfrentan de una manera estructuralmente impecable. La madre perfecta, horneadora de cup-cakes y amantísima esposa, que ofrece su regazo cálido a su prole, se enfrenta a la mujer independiente, emprendedora y ambiciosa que progresa en su carrera profesional. Los modelos de la buena madre, la mala madre y la no-madre planean sobre nuestras cabezas, y nos piden que les ofrezcamos un lugar donde colocarse para no seguir mezclándose y chocando unos con otros hasta el infinito.

Cuando planteamos que la forma de liberar a la mujer de sus cargas y hacer que alcance la igualdad es institucionalizar en escuelas infantiles a las niñas y a los niños desde las 16 semanas de vida no estamos teniendo en consideración todo lo que esto supone. Sé que muchas mujeres no pueden entender nuestro rechazo a esta medida como forma de liberación femenina. Desde luego, no nos negamos a que existan escuelas infantiles. Nos negamos a que esta sea la medida pensada para todas nosotras y elevada al rango de solución decisiva. Es esta una forma más de invisibilizar nuestro sufrimiento y nuestras dificultades cuando, habiendo decidido amamantar a nuestras criaturas (o no), llega el momento de incorporarnos a nuestro puesto de trabajo y dejar a nuestro bebé en manos extrañas. Este sufrimiento es minusvalorado, nuestras preocupaciones tomadas como quejas ridículas de mamás lloronas y puérperas con depresión post parto y tendentes a malcriar y mimar demasiado a sus bebés enmadrados. Se pasa por alto lo que supone para un bebé de tan solo unas semanas de vida separarse de sus figuras de apego y de su atención individualizada, restando importancia a este suceso vital y observándolo desde un punto de vista adultocéntrico. Y todo ello en aras de una supuesta liberación femenina que se basa en que la mujer se incorpore al mercado de trabajo, igualándolas ante los empresarios al conceder a los hombres permisos de maternidad de igual duración e intransferibles. Nada cambia para nosotras en el terreno de los cuidados, excepto en lo que respecta a la posibilidad de contar con una escuela infantil para dejar a nuestro bebé las 35 horas semanales. 

No me voy a extender aquí sobre la importancia de la forma de nacer, los beneficios de la lactancia materna (recomendada por la OMS hasta los 6 meses en exclusiva y hasta los 2 años complementada) y el papel imprescindible del afecto en el desarrollo de los bebés. Pero sí tengo que decir que una propuesta que habla de la maternidad como el obstáculo para el logro de la igualdad no puede ofrecer soluciones reales a las mujeres, trabajadoras y madres. Porque el hecho de concebir la maternidad como un obstáculo, la anula y nos instala en la creencia de que lo que nos oprime es ser madres y no las condiciones estructurales en las que lo somos.

Por supuesto que la mía es una visión privilegiada, desde el punto de vista de una mujer trabajadora con estudios superiores. Por supuesto que hay situaciones muy diversas, situaciones de profunda pobreza y riesgo social, situaciones de monoparentalidad, situaciones de maltrato, de abandono, de trabajos mal pagados y jornadas interminables. Pero todas ellas tienen en común una cosa: la deshumanización de la tribu. Como señala Carolina del Olmo en su libro “¿Dónde está mi tribu?”, la sociedad nos ha dejado solas en la inmensa tarea de criar y educar.  Las ciudadanas y ciudadanos menores de edad son de nuestra exclusiva responsabilidad, quizás no de derecho, pero sí de hecho. Y esto marca las condiciones de maternaje de una forma decisiva. Incluso si el padre de nuestros hijos e hijas está dispuesto a paternar de forma responsable y corresponsable le es difícil y se le ponen trabas (ver el interesante artículo de El País, “Ellos también crían”). En este sentido, para que haya un cambio real en las condiciones de la mujer en relación a los cuidados de la infancia, la sociedad tiene que asumir su responsabilidad en el adecuado desarrollo de sus niñas y niños. Y esto implica la protección de la maternidad en todas sus circunstancias.

En conclusión, las medidas económicas propuestas por el documento Navarro-Torres parten de la premisa, falsa para muchas de nosotras, de que la maternidad es el obstáculo para alcanzar la igualdad. Las medidas que propone, por tanto, son medidas que solucionan este inconveniente, cambiando a las criaturas de unas manos a otras, es decir, anulando la maternidad. Podría pedir que se tuviesen en cuenta otras medidas que seguro nos satisfarían más, como la prolongación de los permisos maternales durante al menos el tiempo que debe durar la lactancia en exclusiva o la compensación económica por tener un hijo/a y otras medidas económicas de protección a la maternidad que ya existen en otros países. Pero creo que el un lugar como Podemos lo más importante es propulsar un cambio de conciencia y decir que no es la maternidad la que impone obstáculos a nuestra liberación, sino la forma en que la maternidad está situada en la estructura patriarcal. A mí y a muchas mujeres nos gustaría que la maternidad dejase de ser uno de esos temas irrelevantes que quedan relegados a carteras de segunda fila y que solo sirven para lucirse en tiempos electorales y pase a ocupar el lugar que merece entre los asuntos relevantes de un estado de derecho. 

El segundo tema que quiero abordar es el de la participación de las mujeres en Podemos. Es un hecho, ya mencionado en muchos foros y escritos, que hay pocas mujeres que se impliquen en la vida política. Las alarmas han saltado desde el momento en que ha habido que hacer listas paritarias en los municipios. En algunos lugares ha habido que sacar a las mujeres a tirones. Hombres había de sobra, y todos dispuestos a engrosar las listas. 

El punto IV de los principios éticos de Podemos nos compromete a “Promover la igualdad tanto en la sociedad como dentro de Podemos, luchando contra toda forma de racismo, de xenofobia, de machismo o de exclusión por identidad de género u orientación sexual. Además se deberá promover la participación política de las mujeres en Podemos y comprometerse con incluir en los reglamentos de cada espacio la necesidad de habilitar guarderías en los actos y asambleas de la organización”

De nuevo aparecen las guarderías como solución para promover la igualdad. La inclusión de guarderías en los actos colectivos no es una idea de Podemos, desde luego. Las asociaciones de mujeres llevan incluyendo esta medida hace años en sus estructuras organizativas. Pero estas asociaciones también asumen que la guardería no es la solución para todo. Hay bebés y niños que no pueden o no quieren quedarse al cuidado de otras personas, y en el grupo se asume que estos bebés y estos niños y niñas están presentes en el desarrollo del acto, y que estarán llorando, riendo, gritando, corriendo, hablando y jugando sin prestar atención a nuestras sesudas disquisiciones. Por otra parte, estas asociaciones asumen que las reuniones y asambleas a las que las mujeres asisten con su prole deben ser a horas razonables para una familia. Es difícil asistir a una asamblea que se celebra por la noche, un día entre semana, con niños y niñas de cualquier edad, haya o no servicio de guardería. Pero esto, y es a lo que quiero llegar, es un problema de la familia, y no solo de la mujer, como en la redacción del punto IV de los principios éticos se asume de forma implícita. 

Por otra parte, si el problema para la participación de la mujer en la vida política estuviese restringido a su maternidad, las asambleas de Podemos estarían llenas de mujeres sin hijos, cosa que, desde mi experiencia, no es cierta. Por lo tanto, deberíamos comenzar a indagar cuáles son los motivos del desinterés de las mujeres en general por participar en estos ámbitos de manera activa y trabajar por cambiar estas circunstancias. La invisibilización femenina, la trivialización de nuestras propuestas, el concepto de liderazgo y las formas de debate en los espacios públicos tienen mucho que ver en la exclusión de lo femenino. Y cambiar esto requiere un trabajo sostenido  en la inclusión de formas alternativas de interacción y la potenciación de la muy necesaria sororidad.

En conclusión, hemos de ser nosotras las que potenciemos el cambio. Hemos de dar un paso al frente y tirar de nuestras hermanas para que ellas también lo den. No esperemos que nuestros compañeros en los círculos nos den permiso para participar. Trabajemos en la corresponsabilidad de nuestras parejas para asumir su parte en los cuidados de niños y niñas. Trabajemos en nuestros círculos para que asuman la presencia infantil en las asambleas. Trabajemos en nuestros grupos para cambiar las formas de debate y apoyemos las intervenciones activas de otras mujeres que se acercan tímidamente a participar. Y asumamos cargos de responsabilidad que nos están vetados por costumbre. 

¡¡Juntas Podemos!!