La timidez en la escuela

wallpaper897612Tengo hijos tímidos. Lo son desde que nacieron: uno de ellos escondía sus ojos de las miradas de las personas desconocidas desde los 4 meses. No les gusta ser el centro de atención, no hablan en público por voluntad propia y no les gusta bailar delante de las visitas. No es algo de extrañar, ya que tampoco han tenido modelos de extroversión en sus familiares. No pasa nada. Se puede vivir siendo tímido. Hay muchas personas tímidas que llevan una vida absolutamente normal. 

Sin embargo, en el colegio es un rasgo difícilmente admitido. Desde que llevo siendo madre de escolares, tengo que escuchar trimestre tras trimestre comentarios de las maestras sobre la timidez de mis hijos. Y no sólo comentarios, sino invitaciones a “hacer algo” para que esto se solucione. “El niño habla muy bajito”, “El niño se tiene que acostumbrar a hablar en público”, “Al niño le cuesta expresarse”. El caso es que, en casa, al niño no le cuesta hacer ninguna de esas cosas. La timidez es un rasgo que interactúa con el contexto, como cualquier rasgo de personalidad. Por tanto, si el niño tiene dificultades para expresarse en el aula, sería yo, como madre, la que tendría que preguntar a la maestra qué soluciones ha planteado para conseguir que mi hijo hable más alto en el aula, para que aprenda a hablar  en público o para que se exprese mejor. 

Yo poco puedo hacer, desde un contexto familiar en el que el niño se expresa adecuadamente, para que el niño aprenda a hacer cosas en un contexto escolar. Desde luego que, para comprender esto, hay que comprender primero que el comportamiento depende del contexto en el que se produce, y que las competencias se desarrollan ligadas a este contexto. La capacidad de expresión oral es una competencia que se desarrolla en el ser humano si éste tiene necesidad de expresarse y si la expresión le aporta satisfacción. Si, por el contrario, la expresión oral va acompañada de miedo y vergüenza, es difícil que se desarrolle. Y claro, en un contexto como la escuela, donde las emociones no se tienen en cuenta, y las tareas de expresión oral están encorsetadas en actividades poco significativas, las personas tímidas tienen todas las de perder en el desarrollo y la evaluación de sus competencias orales. 

Desde este punto de vista, fomentar las competencias orales en las niñas y niños tímidos debe de atender a elementos específicos de su personalidad. Es aquí donde la enseñanza debería desarrollar técnicas pedagógicas específicas para ayudar a estas niñas y niños los miedos y vergüenzas para exponerse delante de su maestra/o y sus compañeros. Si esto es parte de la competencia oral, debería ser abordado como objetivo pedagógico y no espetado a la cara de las familias cada trimestre en el boletín de calificaciones. 

¿Cómo trabajas tú la timidez en tus estudiantes? ¿Y en tus hijas e hijos?

Viernes dando la nota: Fotonovela

viernes dando la nota 2Sé que esta semana no voy a tener ninguna disculpa, pero no lo he podido evitar. Ivan. Que yo sepa, solo sacó un disco. Recuerdo perfectamente a mi amiga Helena (hola guapa) cantando lánguidamente eso de “Querida Helena, tan solo dos palabras, a mi manera, sin parrafadas largas…” Teníamos poco más de 14 años. 

Pero es que los 80 eran así. Mezclaban la horterada de los 70 con la estética modernista de los 80. Y de ahí podían salir cosas geniales o cosas bestiales. A ver, Iván pasó sin pena ni gloria, pero hoy no puedo dejar de recordar su tema Fotonovela. ¡Que somos españolas y españoles y nos va el drama! El vídeo es una maravilla. El colmo del baile entrecortado, de los teclados tipo palomitas de maíz, las hombreras gigantescas, y ese drama… 

No llega a ser casposo, como seguramente lo sería si saltara ahora a la palestra. En su momento era incluso sofisticado. Ahora queda como una curiosidad histórica… aunque todavía podemos encontrar ese poso fotonovelesco en algunas producciones digitales. 

Sin más, aquí os dejo a Iván y su Fotonovela. 

Esos hombres


martinez-caminoLas madres y padres conscientes e implicados/as y responsables en la crianza de sus criaturas, desde que surge Internet como herramienta de comunicación , se han constituido en una compacta comunidad que está cambiando mentalidades y actitudes. Podemos decir que somos afortunadas y afortunados de poder compartir con esta comunidad nuestras dudas, desvelos, dificultades, alegrías, ideas, etcétera.

Pero con la llegada de la maternidad 2.0 aparecen un tipo de especímenes del género masculino que en seguida vais a reconocer. Son los hombres que todo lo saben y que se permiten darnos consejos a las mujeres y decirnos, desde su encumbrada autoridad de machos, lo que debemos hacer. Estos hombres suelen presentar el siguiente perfil:

– Se presentan como defensores radicales de la infancia y la crianza respetuosa.

– Son defensores a ultranza de la lactancia materna, el colecho y otras prácticas ligadas a este tipo de crianza

– Y aquí viene el problema: se dedican  a aleccionar a diestro y siniestro a las mujeres para que cumplan con los requisitos que ellos creen imprescindibles para seguir estos preceptos.

Por ejemplo, según ellos las mujeres que trabajamos estamos engañadas, somos unas egoistas y estamos abandonando a nuestros hijos e hijas a su suerte. A ver, no lo dicen así de claro, pero de sus intervenciones se puede derivar esta conclusión. Normalmente, su pareja no trabaja y cuida a sus hijos/as a tiempo completo, opción totalmente respetable. Pero cuando planteas que tu opción ha sido otra, los ataques arrecian. No eres libre, eres una inconsciente, no te has planteado con responsabilidad lo de la crianza, etcétera etcétera. Es indiferente lo que plantees en el ámbito de la crianza, que hayas mantenido una lactancia prolongada, que hayas colechado, da lo mismo: lo tuyo no vale y punto. 

Esta postura absolutamente irrespetuosa da por supuesto que todas las mujeres tenemos una relación duradera y estable con el padre de nuestras criaturas, y que podemos dejar de trabajar para ocuparnos de la casa, mientras él trabaja y trae los alimentos. También da por supuesto que todas las familias son biparentales. Además, rechaza la opción de que la conciliación es posible, y desprecia a la mujer trabajadora por sistema, culpándola de todos los males de nuestra sociedad. Y, por supuesto, da por hecho que las mujeres están hechas para el cuidado, y si optan por el trabajo, deben renunciar a tener descendencia.

Cada vez me producen más rechazo esta postura neomachista y patriarcal disfrazada de buen padre preocupado por la infancia. Los hombres que se meten en los grupos de mujeres a decir qué tenemos que hacer nosotras para criar bien a nuestras hijas e hijos, sencillamente, SOBRAN. Empiezan diciendo que lo de quedarse en casa puede hacerlo cualquiera de los dos, padre o madre, (dando por supuesto, como ya he dicho, que todas las familias son biparentales y nucleares), pero pronto se destapan y nos aleccionan sobre lo que debemos hacer NOSOTRAS. Se disfrazan de buenismo proponiendo vidas austeras y anticapitalistas dedicadas a nuestra prole.

Chicos, la vida tiene muchos caminos. No nos intentéis estrangular imponiéndonos el vuestro a través del juicio y la amenaza de los mil males que caerán sobre nosotras por trabajar. Hace tiempo que hago oídos sordos a vuestras peroratas por Internet, y, por supuesto, no compro ninguno de vuestros libros. Pero creo importante que las mujeres seamos conscientes de la existencia de estos individuos. Mujeres, somos, sois dueñas de vuestras decisiones. No os dejéis maltratar por personas ajenas a vuestra vida y condiciones. No os dejéis culpabilizar, haced oídos sordos a esos curillas 2.0 que intentan meterse cual virus en nuestras mentes y sembrar discordia. Nuestras decisiones son nuestras y de nadie más. Y los predicadores, a los púlpitos. 

Viernes dando la nota #34: Cry baby

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Cuando te quedas sin ideas, lo mejor es recurrir a los clásicos. Y en este caso, me hacía falta la fuerza de una mujer espectacular, intensa, alegre, bestial. Muy borracha y drogadicta, dicen que con problemas de autoestima, pero con una fuerza interpretativa enorme. Y una sonrisa que le llenaba toda la cara.

Y sí que debía de tener problemas de autoestima para escribir esta canción. Acoge al amante despechado por otra en su seno y le deja que llore en su regazo. ¡¡¡Pero Janis, mujer!!!

En fin, todo vale por el placer de escuchar su voz. Cry, baby.

“Cry Baby”

Cry baby, cry baby, cry baby,
Honey, welcome back home.I know she told you,
Honey I know she told you that she loved you
Much more than I did,
But all I know is that she left you,
And you swear that you just don’t know why,
But you know, honey I’ll always,
I’ll always be around if you ever want me
Come on and cry, cry baby, cry baby, cry baby,
Oh honey, welcome back home.Don’t you know, honey,
Ain’t nobody ever gonna love you
The way I try to do ?
Who’ll take all your pain,
Honey, your heartache, too ?
And if you need me, you know
That I’ll always be around if you ever want me
Come on and cry, cry baby, cry baby, cry baby,
Oh daddy, like you always saying to do.And when you walk around the world, babe,
You said you’d try to look for the end of the road,
You might find out later that the road’ll end in Detroit,
Honey, the road’ll even end in Kathmandu.
You can go all around the world
Trying to find something to do with your life, baby,
When you only gotta do one thing well,
You only gotta do one thing well to make it in this world, babe.
You got a woman waiting for you there,
All you ever gotta do is be a good man one time to one woman
And that’ll be the end of the road, babe,
I know you got more tears to share, babe,
So come on, come on, come on, come on, come on,
And cry, cry baby, cry baby, cry baby.

And if you ever feel a little lonely, dear,
I want you to come on, come on to your mama now,
And if you ever want a little love of a woman
Come on and baby baby baby babe babe baby now
Cry baby yeah.

 

Viernes dando la nota #33: Todo cambia

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Esta canción me ayudó a mecer a mi pequeño en sus primeros meses de vida. Era un disco recopilatorio, 4 canciones de La Negra Sosa, y el niño había caído dormido en mis brazos. Giraba con él en la bandolera, y entendía la señal en cuanto oía los primeros acordes. 

Espero que esta letra haya permanecido en el ADN de su conciencia. El devenir es la clave. Todo cambia, nada permanece. De la cumbre, caerás. Del pozo, saldrás. Nada es para siempre, ni la miseria ni la riqueza. Ni siquiera tu convencimiento indica un punto final. 

Los ciclos de la vida: nacimiento, infancia, juventud, madurez, vejez, muerte. Los ciclos de las estaciones, los ciclos del día y la noche, los ciclos de la historia se suceden. Solo hay una cosa que permanece, y es el amor. No el amor romántico (Mercedes no hubiese sido tan pueril). El Amor.

¿Vivir en una yurta o comprarme un ferrari?

Hay días que tengo sensación de sandwich. Por un lado, las propuestas sobre género que pretenden ser ultrafeministas nos quieren construir miles y miles de escuelas infantiles para que encerremos a nuestros retoños y nos lancemos al competitivo mundo del trabajo como si no hubiese mañana, rasgando nuestras vestiduras por una igualdad masculinizada. Queremos dejar de ser las cuidadoras supremas y pedimos al estado que se haga cargo de nuestros hijos e hijas para salir a la calle, tacones en ristre, a comernos el mundo.

Por otro lado, hay voces que se alzan clamando que la humanización del cuidado infantil pasa por que uno de los progenitores (que finalmente siempre es la madre) se quede en casa para poder atender adecuadamente las necesidades emocionales de las niñas y los niños. Plantean que merece la pena liberarse de el esclavizante mundo del trabajo para ocupar plenamente el mundo de lo privado y adoptar formas de vida alejadas del mundanal ruido. Esta opción siempre se aparta ideológicamente de la tradicional ama de casa y se posiciona en un nuevo modelo de mujer, preparada, con estudios, que decide abandonar su carrera profesional para dedicarse en cuerpo y alma a sus hijas e hijos, mientras su pareja la apoya incondicionalmente y sale a buscar las lentejas.

No tengo nada en contra de ninguna de las dos propuestas. Bueno, sí, solo una cosa, y es eso que decía al principio: me hacen sentir como un emparedado. Cuando empiezan a hablar desde uno u otro lado, y tú vas y no te posicionas, inmediatamente te colocan en el lado contrario. Si no eres de las que dejaron de trabajar para cuidar a sus niños, eres la ejecutiva agresiva y ambiciosa que abandona a su prole en cualquier institución o la tiene horas delante de la televisión para que la dejen tranquila con sus asuntos. Si no eres de estas últimas, entonces eres de esas mujeres esclavizadas por sus hijos y su hogar que pretenden que todas volvamos a un rol anticuado de mujer-ama de casa-maruja.

El caso es que, hagas lo que hagas y digas lo que digas, siempre habrá alguien que te diga que lo haces mal. Que no eres libre. Si no eres como ellos quieren que seas, te estás dejando engañar, bien por el patriarcado, bien por la sociedad neoliberar que nos oprime. Así que, al final, te preguntas seriamente para qué sirven esos modelos de mujer que nos tratan de imponer sino para hacernos sentir confusas y culpables. ¿Deberíamos habernos entregado al cien por cien a nuestras carreras o a nuestros hijos? ¿Deberíamos haber dado un giro de 180 grados a nuestras vidas y habernos ido a vivir a una yurta, o bien haber asumido que los niños crecen como las setas y pasarnos la vida compitiendo por puestos de responsabilidad?

A ver, chicas, recordemos eso de tesis-antítesis-síntesis. Creo que aquí estamos olvidando un factor clave para dejar de sentirnos como el jamón del bocadillo. Esta violencia estructural contra nosotras tiene que acabar. Para criar a un niño (y a una niña) hace falta una tribu. Y nuestra tribu (ya lo he dicho en más de una ocasión) está descompuesta. Se ha hecho individualista y mezquina, y quiere hacer recaer la responsabilidad de los cuidados solo en una parte de la población. Ya no es cuestión de que el padre se responsabilice o no de los cuidados. El tema va mucho más allá. A la tribu le importa una mierda cómo se críe a los niños y niñas, y si algo sale mal, ya sabemos a quién hay que echarle la culpa.

Malas madres, buenas madres, ha llegado la hora de alejarnos de vosotras. Ni soy libre siendo mala, ni soy libre siendo buena. Soy libre siendo y haciendo oídos sordos a las propuestas descabelladas de cómo tengo que girar en mi vida o qué tengo que conseguir. Si tienes consejos que dar, escribe un libro y conviértete en gurú.