Crear escuelas infantiles: la solución para todo

En los últimos días estoy escuchando demasiadas veces, para mi gusto, que para que la mujer pueda incorporarse al mercado de trabajo y participar activamente en la vida política la solución son las escuelas infantiles y las guarderías. Y la verdad, no lo entiendo. Nunca he sentido que mi traba para trabajar fuesen la falta de escuelas infantiles, ni he echado en falta las guarderías en las reuniones políticas. No digo que no deban existir. Cuando las he tenido que usar, las he usado. Pero para mí es mucho más importante tener una pareja implicada con sus hijos e hijas que una escuela infantil a la puerta de mi casa. Quizás porque he tenido la suerte de tenerlas, he podido trabajar y tener hijos. Porque había otra persona, además de yo, que era responsable de ellas y ellos. Pero no: el discurso persiste. QUEREMOS IGUALDAD PARA LA MUJER, y para ello proponemos contratar personas que hagan lo que ellas van a dejar de hacer cuando trabajen. ¿¿¿Perdona??? Eso no es igualdad. Con esos planteamientos seguimos igual o peor que estábamos. No solo tenemos que trabajar, sino que ahora tenemos que dejar a nuestros hijos e hijas en manos de extraños. 

Quizás Ana Matos se sienta estupendamente cuando ve que otra persona viste a sus hijos por las mañanas. Pero a la mayoría de las madres (y a muchos padres) les gusta ocuparse personalmente de sus hijos e hijas. Los hijos no deberían ser considerados como un estorbo para nuestra “liberación”. Al menos a mí no me gusta ver así el asunto y me molesta profundamente cuando leo o escucho estos planteamientos. Mis hija y mis hijos no son un estorbo para que yo me “realice”. Lo que es un estorbo es esta sociedad rancia y patriarcal que me sigue considerando como cuidadora por excelencia y responsable única de ellos y ella. Las escuelas infantiles y las guarderías no solucionan el problema de la desigualdad. Son una herramienta que las familias podemos usar en caso de necesidad. Pero nuestras hijas e hijos necesitan de una atención permanente que es mucho más satisfactoria cuando se comparte con personas que les quieren igual que nosotras y que no perciben un salario por cuidarles, por ejemplo sus padres. 

Incluso cuando el padre no está presente, las escuelas infantiles y las guarderías siguen siendo un parche. Dejar a un niño durante 8 horas o más en un establecimiento tiene consecuencias. Eso solo lo sabemos quienes lo hemos tenido que hacer. Los niños no salen radiantes de felicidad, y les recogemos preguntándonos qué habrá pasado todo ese tiempo, qué habrán vivido, cómo les tratarán, si habrán llorado mucho, y la culpabilidad preside esos años con la sensación de que les hemos abandonado a su suerte en un mundo hostil. En cuanto a las guarderías en las reuniones políticas, yo prefiero que la gente se acostumbre a ver a niños y niñas en brazos de sus madres y padres o correteando por la sala que tener que luchar para que un niño se quede con una persona que no conoce mientras yo debato con un grupo de adultos.

La lucha por la igualdad va mucho más allá de la creación de escuelas infantiles, sí. Las mujeres que no tienen hijos no son más iguales que las que sí los tenemos. Se ven acosadas por su entorno por la imperiosa necesidad de hacerlas comprender que deben tenerlos para sentirse completas. Y mientras, a las que los tenemos, no se nos reconoce el derecho a vivir nuestra maternidad con plenitud. Incluso desde algunos espacios feministas se nos recrimina el querer estar con nuestros hijos el mayor tiempo posible, como si eso fuese una renuncia a nuestra condición de mujeres pensantes, como si fuese imposible disfrutar amamantando, criando, educando, dando vida. ¿Qué hay de ese aumento del permiso de maternidad? ¿Se nos ha olvidado? ¿Ahora los países nórdicos no son la referencia?

Mucho tiene que cambiar la perspectiva para que nos sintamos iguales. Ahora mismo, con estas propuestas, me siento de vuelta al periodo de la Revolución Industrial: la mujer a la fábrica y los niños a las escuelas/inclusas. ¿Para cuando una humanización de la infancia? No nos basta con que nos ofrezcáis lugares en los que dejar a nuestras hijas e hijos. Además, queremos una corresponsabilidad del hombre en su crianza y una concienciación de la sociedad de que los niños y niñas no son estorbos, sino brotes verdes que hay que regar con cariño y responsabilidad. 

Viernes dando la nota #32: Mi pequeña

viernes dando la nota 2

Esta canción me la cantaba mi padre cuando le decía que me iba a ir de casa. Era muy pequeña. Me la cantaba con retintín, pero también con sentimiento. Ahora la entiendo mucho mejor. 

Y esta, unos cuantos años después:

¡¡Feliz #VDLN!!

Asegúrate en la red: Amistades peligrosas

Hablamos mucho de seguridad en las redes sociales cuando se trata de las y los menores. Pero la verdad es que, en mi experiencia interactiva digital, he visto cantidad de adultos y adultas ingenuas que van navegando sin control y cometiendo imprudencias de las que no son conscientes. Me voy a centrar en el Facebook, por ser la red más popular. 

Una de las primeras cosas que tenemos que tener en cuenta en nuestra cuenta de Facebook son las amistades que solicitamos y aceptamos. Hemos de tener en cuenta que las personas construyen las cuentas pensando en la impresión que quieren causar a los demás. A no ser que conozcas personalmente a la persona que te pide amistad y que sepas que la cuenta es realmente suya, no puedes saber a ciencia cierta quién está detrás de esa apariencia digital. Aunque la foto de perfil sea de una adorable abuelita y la de portada de sus cuatro nietos, ¿quién te dice que sea realmente la abuelita la que maneja esa cuenta?

Las redes sociales dan ciertas facilidades para practicar el mal. Te pones un antifaz y vas sembrando discordias, insultos, amenazas, dudas, por grupos y perfiles varios. Y nadie sabe quién eres, nadie sabe qué hacer. ¿Nos debemos quedar de brazos cruzados?

Una de las bazas con las que cuentan estos individuos es la incredulidad de la gente. Muchas os pensáis que estas cosas sólo pasan en las películas y tacháis de paranoica a la persona que os señala los agujeros de seguridad que vais creando con vuestras imprudencias. ¿Qué hacer para prevenir disgustos con tus amigos/as del Facebook? En principio es muy fácil: 

1) El número de amigos/as en el Facebook no dice nada de tu valía como persona. Por eso, no hace falta que aceptes todas y cada una de las solicitudes de amistad que recibes. Acepta solo a las personas que conozcas personalmente o de las que tengas la seguridad de que son lo que realmente dicen ser. Hay personas que tienen el dedo flojo a la hora de aceptar solicitudes, y eso no solo se convierte en un riesgo para ellas, también para sus amistades que comentan en su muro y son vistas por otras personas. 

2) Si aún después de este consejo prefieres seguir aceptando a todas las personas que te solicitan amistad, al menos ten algunas precauciones: inspecciona el perfil de esa persona antes de aceptar su solicitud. Normalmente las personas que se hacen cuentas falsas suelen tener de amigos a muy pocas personas, y siempre aquellas de las que aceptan a todo el mundo (es decir, eres presa fácil). Mira toda la infomación disponible en la cuenta y valora qué te va a aportar aceptar la amistad de esa persona.

3) Si aún así sigues sin convencerte ¿has pensado en las cosas que publicas en tu muro? ¿De verdad quieres que personas que no conoces vean las fotos de tus seres queridos, exploren tus pensamientos, conozcan tu ideología política y tu postura ante las noticias de actualidad? Si la respuesta es no, y aún así quieres seguir aparentando que tienes miles de amigos/as, aunque ni siquiera les conozcas, puedes manejar las restricciones de privacidad de la cuenta y hacer una lista de mejores amigos, que serán los únicos que puedan visualizar tus publicaciones. Además, marca el acceso restringido a todas las cuentas de cuyos dueños no sepas absolutamente nada o no tengas una confianza absoluta en ellos/as. 

4) Por último, piensa antes de publicar en grupos de Facebook en el que no conoces a todos sus integrantes. Recuerda que los grupos públicos los puede consultar todo el mundo, aunque no sean miembros del mismo. Y sé consciente de toda la información que estás aportando sobre ti en un grupo de desconocidos y en la utilidad que esto tiene.

 Esto solo es uno de los aspectos de seguridad que hay que tener en cuenta en el Facebook, hay muchos más. Pero respetando este te ahorrarás más de un disgusto y disfrutarás de tus amigas y amigos digitales sin sobresaltos. My Fake Mugshot

Viernes dando la nota #31: It’s louder than words

viernes dando la nota 2El descubrimiento más importante que he hecho en mi vida es que la realidad no existe. A partir de ahí, me empeñé en convencer a todo el mundo de mi verdad, sin darme cuenta de que la más persistente realidad es la que hemos construido en común ocultando nuestros mecanismos de construcción.

Tú y yo nos relacionamos usando métodos compartidos que quedaron ocultos bajo la capa de la conciencia. Descubrimos las prácticas amenazantes y diseñamos artefactos interactivos que actuaban como bombas nucleares contra la diferencia. Una palabra fuera de la norma los haría estallar y aniquilaría al instante al revoltoso que intentase romper el orden. El orden de los miembros, disfrazado de normas explícitas que no dicen nada sobre el verdadero funcionamiento de la maquinaria.

Y una vez que dominábamos el espacio público, apareció el 2.0. Nuestro mundo interactivo tembló ante un universo desconocido en el que era difícil silenciar al que se empeñaba en hablar. La interacción dejó de restringirse a tu círculo inmediato y material de casa-camino-trabajo-colegio-plaza-gimnasio y llegaron a habitar tu espacio personas de más allá y más acá. Personas con las que nunca hubieses cruzado una palabra sin la existencia de la herramienta telemática. Personas que te permiten acceder a métodos diferentes, construir nuevos artefactos interactivos nunca soñados en el mundo-carne.

Y ahora hay personas que se empeñan en convencerme de que todo eso no es real. Que lo de verdad es la calle-plaza, que lo demás son sueños. Que son poses lo que compartimos, que son gritos lanzados al aire, que son máscaras descarnadas que no tienen efectos persistentes en nuestras vidas. La realidad… la realidad no existe. Y nunca ha existido. Los muebles bajo mi cuerpo son duros, pero no son menos construidos que mi relación contigo. Es verdad que sin los nuevos métodos yo estaría felizmente anhelante de verte en mi mundo mesa-libro-mano-cuerpo. Pero alzo mi pantalla y ahí te tengo, susurrándome al oído tus miedos, tus rencores, tus deseos, tu alegría a veces.

El hecho de que tú califiques de pose el estallido de expresiones vitales en el ciberespacio es solo una queja débil por haber perdido una parcela de poder. Algún método que antes podías usar para que las cosas fuesen a tu gusto ha dejado de funcionar. Y quisieras que las cosas volviesen a ser como antes para volver a tener el control. Pero es imparable. Las normas han cambiado. No sé si es mejor o peor. Da lo mismo, una vida dura poco para llegar a saberlo. Los métodos se construyen a partir de un ideario oculto compartido y constantemente cambiante. Lo que hoy es para mal, mañana puede ser para bien y viceversa. Las redes son solo un medio que nosotras usamos con objetivos diversos. Y eso es lo importante: por qué las usamos.

Me hablas del abrazo, del tacto, del beso, de la mirada. Yo te hablo de la voz, la expresión, el latido, la pasión.

It’s louder than words
This thing that we do
Louder than words
The way it unfurls
It’s louder than words
The sum of our parts
The beat of our hearts
Is louder than words.
Louder than words
Louder than words
This thing they call soul
It’s there with a pulse
Louder than words

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Alzo mi copa menstrual

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(Este, de ninguna forma, es un post patrocinado. Lo escribo porque se lo prometí a mis amigas)

El lunes me desayunaba con un texto crítico sobre la copa menstrual que podéis leer aquí. La copa menstrual, para quien no lo sepa, es un invento de silicona con forma de copa invertida, que se introduce en la vagina los días de sangrado. Este método de contención del sangrado menstrual se está haciendo cada vez más famoso y apreciado por sus ventajas para la flora vaginal, la reducción de vertidos en el planeta y el ahorro que supone en tampax y compresas. Yo había barajado la posibilidad de empezar a usar la copa, y ese post reflejaba todos los miedos que tenía para empezar a hacerlo. Así que lo compartí en Facebook con el comentario “por fin alguien habla mal de la copa menstrual”. 

Nada más compartirlo, comenzaron los comentarios. Mis amigas del Facebook que usaban la copa no estaban en absoluto de acuerdo con las críticas vertidas en ese texto, que podemos resumir así:

1) Para introducir la copa en la vagina hay que introducir toda la mano prácticamente.

2) Cuando introduces la copa doblada, no recupera su forma original dentro de la vagina y se pueden producir escapes.

2) Al sacar la copa, la sangre se vierte y montas un buen lío, con la mano llena de sangre, y tienes que andar hasta el lavabo en unas condiciones lamentables.

Pues bien, animada por los comentarios positivos de mis amigas, y porque me gusta comprobar las cosas por mí misma, por fin me animé a comprar la famosa copa menstrual y probarla. El primer dato erróneo que encontré en el post referido más arriba fue el precio de la copa. Compré la Easy Cup, talla M, de silicona medicinal y antialergénica, y me costó algo menos de 23 euros, y no 30. Incluso se puede conseguir más barata (18,58 euros) comprándola por internet. Esto significa que la copa se amortiza en pocos meses tras su compra, ya que un paquete de 16 compresas, que se gastan en medio ciclo menstrual, cuesta alrededor de 3’50 euros.

 En cuanto a la introducción de la copa, en absoluto mi experiencia se asemeja a la odisea de esa pobre chica. De hecho, es mucho más fácil que introducir un tampón, ya que, una vez dentro la boca de la copa doblada, se desliza hacia arriba por sí sola ocupando fácilmente su lugar. No hay que introducir ningún dedo en la vagina. 

Sí es verdad que yo tuve algunos problemas para que la copa se abriese una vez dentro. Sin embargo, esto se solucionaba al cabo de un rato, y como pude comprobar a lo largo de los 3 días que la usé, es una cuestión de aprendizaje. En este aprendizaje debo agradecer a mi amiga de Crispipopipeypapás que estuviese atenta a todas mis preguntas en el whatsapp, que no dejaba de responder después del doble check azul (jajajaja). Un truco para las que la empezáis a usar: la copa se colocaba sin problemas si me tumbaba un poco o andaba después de introducirla. 

En todo caso, los escapes que se produjeron por la colocación errónea de la copa eran ínfimos comparados con los escapes que se producen con el uso de tampones, apenas dos horas o menos después de introducidos, en los días de máximo flujo. 

En cuanto al momento en que se extrae la copa, he de decir que me sorprendió la limpieza y comodidad del aparatejo. He de confesar que la primera vez casi me extraigo el útero a causa de la subción, ya que olvidé quitar el vacío. Pero cuando aprendí el pequeño truco de apretar un poco la base de la copa, sin problemas. Me imagino que hay mujeres que llenarán la copa. En mi caso, que creía que tenía un día de sangrado intenso, no llegué nunca a llenarla por la mitad, ni siquiera por la noche. En absoluto se montó el lío de sangre que nos vaticina el Diario de una Treintañera. Puede ser que su menstruación sea superabundantísima y muy líquida. Pero yo os puedo asegurar que no tuve que emplear más de una toallita para limpiarme y que no hubo ningún vertido. 

Por lo demás, he de decir que la copa menstrual es lo más cómodo que he probado en mi vida. La ausencia de humedad constante, molestias y demás inconvenientes que vosotras y yo sabemos, estuvieron tan ausentes que fue casi una experiencia religiosa tener la menstruación. Yo he perdido muchos años usando estas porquerías blancas que nos venden a precio de oro. Estás a tiempo de pasarte a la copa menstrual y dejar de subvencionar las carreras de los hijos e hijas de los fabricantes de compresas y tampones. Además, dejarás de ensuciar el planeta y lo regarás con tu sangre. 

Viernes dando la nota #30: Tu mirá

viernes dando la nota 2

 

Lole y Manuel dedicaron este album y esta canción a su hija Alba cuando ya su relación musical y sentimental habían terminado. No tengo palabras para describir a esta pareja. El sentimiento ha madurado. Ya no es todo de color, solo queda Alba, los alfileres, la cuna, sus ojos negros de gitana y la vida por delante. Los hijos y las hijas trascienden las relaciones de sus padres y quedan como ese tesoro que debemos conservar y cuidar para seguir viviendo. 

Sé que no a todo el mundo le gusta el flamenco, pero para mí es una parte fundamental a la que siempre vuelvo para encontrar el sentimiento desgarrado, la simbología desnuda, el ritmo ancestral que llega a lo mas hondo y nos devuelve a unas raíces a las que nunca hemos pertenecido. Hippies, gitanos, andaluces, fueron una de las sensaciones de la ya lejana transición. 

¿Qué saben los pediatras sobre crianza?

Newborn ExaminationMi relación con las y los pediatras en mi historia como madre ha sido desigual. A la primera pediatra que conocí la apodábamos “doctora Menguele”. Podéis conocer su historia en esta entrada. Esa señora me hizo perder toda la confianza en mi cuerpo lactante y entregarme a la medicina más convencional para criar a mis mellizos. Ellos crecieron entre toses, mocos y bronquiolitis gracias a ella. Lo que mejor recuerdo de esa médica (que no doctora) era la seguridad con la que se dirigía a mí, madre primeriza asustada por la enorme tarea que me había caído en los brazos. Ese gesto grave, la seguridad con la que hablaba, sentando cátedra, aplicando protocolos aprendidos en sus años de práctica (que por su edad, no podían ser muchos), hacía que el espacio para la duda disminuyese hasta el mínimo. Vivíamos en los tiempos en los que Internet todavía no era la fuente de interacción entre iguales en la que se convirtió poco después en la era 2.0. 

En esa etapa aprendí que los pediatras no saben nada de lo que nos interesa a las madres cuando acudimos a su consulta una y otra vez, con un niño que llora y llora y con el que no sabemos qué hacer. Después de caer en la trampa del Dr. Estivill, que nos las prometía muy felices adiestrando a nuestros bebés para el sueño, y de perderme una infancia de amor y colecho con mis pequeños, descubrí que la palabra “pediatra” encierra una falsa promesa de sabiduría. El Dr. Estivill (y algún que otro pediatra en nuestro país) se hizo de oro a nuestra costa. Utilizó nuestra desesperación, nuestra pérdida de norte, nuestro sufrimiento en una sociedad en la que la crianza se iba desnaturalizando más y más y la convirtió en oro. 

Con mi tercer hijo, las cosas cambiaron bastantes. Mi relación con las y los pediatras se transformó. Lo tenía claro: los pediatras que tengo a mi disposición no saben NADA sobre lactancia, alimentación, sueño infantil y educación en general. En cuanto a lactancia, había absorbido toda la sabiduría de mujeres lactantes y de libros escritos por verdaderos expertos en lactancia (sí, ahí estaba Un Regalo para Toda la Vida, de Carlos González). Nunca se me ocurrió preguntar al pediatra nada sobre este tema. Nunca introduje los cereales ni las papillas de frutas cuando él o ella me lo indicaban. Nunca introduje leche de vaca en la dieta de mi hijo cuando estuvo lactando. Mi hijo no ha tenido una sola bronquiolitis. Es muy raro que se ponga enfermo, y cuando le pasa, su sistema inmunológico funciona rápida y eficazmente. 

Tampoco se me ha ocurrido nunca decirle al pediatra “mi niño no me duerme ¿qué hago?“. Las prácticas de crianza relacionadas con el sueño infantil no son incumbencia del pediatra. Ya sé que en muchas publicaciones de pediatría se considera trastorno del sueño infantil al hecho de que un bebé tenga que ser acunado en brazos para que se duerma, que se despierte por la noche o que no se duerma cuando se le tiende despierto en la cuna. Es una cuestión de perspectivas. En mi caso, no existía cuna ninguna, así que tampoco había trastorno del sueño por el que preguntar al pediatra. La cuna fue un regalo que nos hicieron con mucho cariño, que apreciamos mucho… pero que no usamos en absoluto. Muerta la cuna, se acabó la rabia… y los trastornos de sueño. Todo ello ligado a un colecho informado, consciente y vinculado a la lactancia materna. Mano de santo.

A ver, la crianza es la crianza, implica dedicación, mucha dedicación. pero si sabes lo que estás haciendo porque lo experimentas, te lo cuentan otras madres y lees libros que te convencen por su argumentación, la cosa cambia bastante. Para mí el pediatra se ha convertido en ese especialista al que acudo cuando creo que es necesaria una auscultación, un vistazo a los oídos o una opinión experta sobre síntomas desconocidos. Incluso en aspectos del desarrollo motor o lingüístico, yo misma u otras compañeras psicólogas saben muchísimo más que cualquier pediatra. Es cierto que, como agente de prevención de trastornos del desarrollo, el pediatra es crucial, ya que su acceso a la población infantil es superior al de cualquier otro profesional. Pero eso no les hace expertos en desarrollo infantil. 

Pero una cosa hay que tener en cuenta: cuando llegas al pediatra con esa prestancia de madre segura que no necesita consejos, hay algunos a los que no les sienta nada bien. Es ahí donde comienzan los comentarios cargados del principio de autoridad, con ADMs de nivel elevado. Les molesta que no nos postremos ante su autoridad, protocolos de alimentación, protocolos de medicación y protocolos de sumisión. Les molesta que nos informemos, que seamos expertas en crianza y que estemos seguras sobre cómo cuidar la salud de nuestras hijas e hijos. Esto no le pasa a todos los pediatras, por supuesto. Existen esas maravillosas excepciones. Pero la pediatría forma parte del patriarcado. Y punto final.