Viernes dando la nota #29: Feel so different

viernes dando la nota 2Próximas a la noche de las brujas, no podíamos dejar pasar este #VDLN sin traer a una de ellas y dejarla cantar. Sidnead O’Connor es de esas mujeres que se han hecho a sí mismas. Su cuerpo muestra las señales del sufrimiento, de las dudas, de la oscuridad que deviene en luz en su música y en sus movimientos. La canción, Feel so Different, que aparece en su álbum de 1990 I do not want what I haven’t got, es un himno a la vida y los aprendizajes que te brinda.

Ninguna relación es en vano. No cabe el arrepentimiento en los pasos que damos en nuestra vida, porque cada uno de ellos nos deja una lección. Los lamentos no sirven de nada, solo valorar lo que ha quedado en ti cuando todo ha acabado. Te alejas de lo podrido liberándote de patrones abyectos y enfermos, y resurges una y otra vez como el Ave Fénix de sus cenizas. Solo hay que saber salir del circulo y darte cuenta de que, lo único que importa, es lo que hay dentro de ti.

Para todas mis brujas (y mis brujos)

Yo no dilataba y el niño no se enganchaba al pecho

Caio na sala de partoEstas son dos de las frases que más oigo cuando, incauta de mi, se me ocurre hablar con una mujer sobre sus partos y sus lactancias. Exceptuando entornos de madres organizadas en asociaciones o madres con una tradición familiar que defiende la lactancia, lo más habitual es que las mujeres hablen de sus partos y sus lactancias en términos de sus dificultades. 

En cuanto al parto, me sorprende mucho que las mujeres normalicen las intervenciones innecesarias a las que son sometidas en el proceso del parto. Aquí podéis consultar las recomendaciones para un parto normal del Ministerio de Sanidad y la OMS. En ellas podemos ver que no se recomienda ni la ruptura intencional de la bolsa de líquido amniótico, ni el subministro protocolario de oxitocina, ni la episiotomía (los famosos “puntos” de los que se quejan las madres recientes) ni la postura boca arriba con las piernas en alto para parir (litotomía). Sin embargo, estas prácticas aparecen una y otra vez en los relatos de las mujeres. Las sufren sin saber que son perjudiciales, dan lugar a un parto más doloroso e incluso suponen riesgos de los que las mujeres rara vez son informadas. Acabamos creyendo que el parto es así, hay que pasarlo y hacer todo lo que nos digan sin rechistar ni quejarnos demasiado.

Me pregunto por qué, si el ministerio de sanidad hace estas recomendaciones, se siguen realizando estas prácticas de forma rutinaria en tantos y tantos hospitales. ¿La formación de las y los profesionales que atienden partos es deficitaria? Entiendo que sí, y entiendo que los esfuerzos para difundir estas recomendaciones y formar a las/os profesionales para cumplirlas no han sido suficientes. Quizás el momento del nacimiento no sea objetivo prioritario para realizar una inversión y lograr que las mujeres dejemos de sufrir partos traumáticos e innecesariamente intervenidos. 

En cuanto a la lactancia, pasa otro tanto de lo mismo. Más de un lustro de desaprendizaje ha hecho que el bebé deje de engancharse al pecho. Puede ser que haya casos en los que sea necesario recurrir a la leche de fórmula. Incluso puede haber mujeres que no quieran dar de mamar a sus bebés. Pero el porcentaje de mujeres que dicen “no le di el pecho porque no se enganchaba” es demasiado elevado. Al menos en mi muestra cotidiana. O el ser humano ha evolucionado a formas extrañas de auto-extinción o pasa algo en nuestra sociedad que dificulta la instauración de la lactancia. 

Seguramente el motivo sea la falta de modelos con éxito. En una sociedad en la que se ve con malos ojos que una mujer de el pecho a su bebé en público, es difícil que otras mujeres sean testigos de esta práctica humana y mamífera. Y esta invisibilización de la lactancia conduce a una pérdida de confianza en la capacidad del cuerpo femenino para nutrir a sus crías. Nos da la sensación de que nuestros hijos e hijas se van a morir de hambre si no vemos lo que comen, y el transparente biberón nos da la seguridad que no nos ofrece nuestro desconocido cuerpo. 

Leyendo el libro de Lionel ShriverTenemos que hablar de Kevin“, en el que la madre de un chico que ha asesinado a sus compañeros de instituto en una de esas típicas masacres estadounidenses escribe cartas a su ex-marido desgranando la historia de su maternidad, me asaltan muchas dudas, que van de la ficción a la realidad y de la realidad a la ficción. Después de uno de esos partos “comunes”, hospitalario, doloroso e impersonal, Eva intenta dar de mamar a su bebé. Lo hace mientras están cosiendo su episiotomía. El bebé rechaza el pecho. La madre interpreta esto como un rechazo a ella misma. A partir de ese momento, la relación de madre y bebé nunca es “normal”, no surge ese vínculo de amor que nos dicen es natural e instantáneo. La novela salta en una insinuación de culpas de la madre al hijo, del hijo a la madre, sobre los sucesos acontecidos cuando Kevin tenía 16 años. 

El libro de Shriver cuenta una historia límite, pero me hace plantearme la de relaciones difíciles entre madre e hijo recién nacido que pueden causar estas condiciones en el nacimiento. La de depresiones postparto que se podrían evitar si rodeásemos el parto de humanidad y re-naturalizásemos algo tan natural como la lactancia. No se trata de algo superfluo, se trata de nuestra llegada al mundo. El momento más importante de nuestras vidas merece estar rodeado de más amor y de menos civilización superflua. Y, aunque no lo hemos mencionado a lo largo del post, de menos intereses económicos que van ligados a hormonas sintéticas, anestesias, leches de fórmula y demás artefactos.

Viernes dando la nota #28: Feo, fuerte y formal

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Como hoy no estoy muy inspirada, recurro a un clásico. Feo, Fuerte y Formal es el epitafio en la tumba de John Waine, ese tipo duro y tranquilo de Río Grande, Río Bravo y El Álamo. La canción es toda una declaración de principios. Encontrarse con un tipo de estos es toda una suerte. Siempre dispuesto. No digo más. Es una suerte encontrarte con uno de estos hombres tan animales y a la vez tan sensibles. Ese hombre que está en las antípodas de la femineidad pero reclama su presencia en los asuntos del corazón. No sé… me convence. Sé que está en el extremo de la cisgeneridad, pero es lo que hay. 

¿Sabéis lo que es un argumento de mierda?

Iconscollection - QuestionSeguro que sí lo sabéis. Aunque no seáis tan bordes como yo para llamarlo así. Cuando estamos ante un argumento de mierda, lo detectamos al instante. La persona que tenemos enfrente lo ha atesorado con cuidado y nos lo suelta. Es una afirmación indiscutible. Lo dice con seguridad. Incluso lo ha ensayado delante del espejo. Lo ha repetido una y otra vez en su cabeza hasta que se lo ha creído. Y ahora es la ocasión para soltártelo a la cara. Así, con todas las palabras. 

Cuando te disparan un argumento de mierda, al principio te quedas muda. No dices nada. Tu cerebro trabaja a mil por hora intentando descifrar ese regustillo a rancio que tienen ese tipo de argumentos. Y al final te indignas, porque el error es evidente, pero explicarlo es complejo y enrevesado Por eso, lo más eficaz es decir que es un argumento de mierda. Sin más explicaciones. “Mira, guárdate tu argumento de mierda e inténtalo de otra forma”. 

Eso me suele pasar muy a menudo con el argumento de autoridad. “Pues Pepito ha dicho…” ¿Y a mí qué coño me importa lo que diga Pepito? ¿Qué garantiza que lo que Pepito diga es correcto? ¿Que Pepito es muy listo? ¿Que Pepito manda? Por favor… seamos serias. Pepito puede estar equivocado. Usa tu capacidad de raciocinio para convencerme, que yo soy muy escéptica con lo que dicen las personas que están en posiciones de poder. 

El “porque sí” es el argumento de mierda por excelencia. Como el “porque yo lo digo”. O el “porque de otra forma sería insoportable”. O el “porque como es lo más difícil de conseguir es lo mejor”. Recuerdo la primera vez que le dije a un amigo “eso es un argumento de mierda”. Llegábamos a la estación de Termini en Roma y teníamos que ir al hotel. “Tiene que ser por ahí”, dijo señalando en una dirección cualquiera. “Querido, eso es un argumento de mierda”. Ni que decir tiene que se estuvieron riendo de mí durante todo el viaje por eso. ¿Pero lo era o no lo era?

Cuando se nos acaban los argumentos de mierda, lo único que queda es la amenaza pura y dura. “Si no haces esto sucederá una hecatombe, la peor que puedas imaginar”; por eso es mejor usar argumentos de mierda que cualquier otra cosa. “Es mejor tomarse un café que hacer una publicación en facebook” es, como argumento de mierda, mejor que decir “acabaremos todos enganchados al smartphone sin posibilidad de comunicarnos unos con otros.”

Está claro que argumentos de mierda los usamos todas/os. Prácticamente todos los días. Sin ir más lejos, el “tú puedes” que le dices a una amiga cuando está saturada y a punto de entrar en barrena. Esos argumentos, aunque sean de mierda, tienen su función. Pero el ejercicio de construir buenos argumentos es un ejercicio de honestidad, además de ejercitar las neuronas y mantener nuestro pensamiento joven y vigoroso. Por eso, cuando quieras convencer a alguien de algo, tómate tu tiempo. Reflexiona sobre las distintas perspectivas que puede haber sobre el tema. Piensa en las distintas razones que pueden sustentar las diferentes perspectivas. Y entonces, solo entonces, intenta formular un argumento… y que no sea de mierda, por favor. 

Viernes dando la nota #27: I can´t decide…

viernes dando la nota 2Scissor Sisters es un grupo con mucho glam. Son de esos que dan fondo al dicho “nadie es profeta en su tierra”, ya que, siendo estadounidenses, el éxito les ha venido de la ironía británica y el temperamento queer de las/os autralianas/os. Me gustaron desde el primer momento que les escuché, porque, para qué voy a mentir, me recordaron a Wham, aunque claro, son infinitamente más sofisticadas/os.

Os dejo uno de mis temas preferidos, I can’t decide

Esta canción fue utilizada en uno de los episodios más grandes de Doctor Who, Last of the Time Lords (el último señor del tiempo)

Y para que los conozcáis en vivo y en directo, aquí otro de sus temas más emblemáticos, I don’t feel like dancing.
Espero que os guste. Feliz #VDLN

Viernes dando la nota #26: ¿De quién fue la culpa?

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lapepa
Traje made in Pepa

Siempre tendemos a echar la culpa a algo que está fuera de nosotras. Culparse una misma es haber tocado fondo. Pero si nos paramos a pensar, la culpa siempre es compartida. En un país en el que cuando vas a pagar te preguntan si lo quieres “con IVA o sin IVA”, en el que el carril derecho no existe porque está lleno de coches aparcados en doble fila, donde las calles están llenas de mierdas de perro, en el que se tiran las colillas por la ventanilla en medio de un campo de trigo seco. En un país de pan y circo, de charanga y pandereta. 

Aquí la regla general es no tomarse las cosas “tan en serio”. Cumplir las normas es de estúpidos/as, de personas rígidas y sin alegría que se empeñan en tocarnos las narices. Las que estudian son gafapastas, empollonas, frikis insufribles que se creen muy listas. Torrente es el héroe preferido de muchos, la princesa del pueblo es Belén Esteban, Kiko Rivera es la nueva promesa musical y Gran Hermano el programa estrella. Políticos sin ninguna especialización ganan más de 50.000 euros al año mientras que nuestras mejores investigadoras emigran a otros países porque aquí no les dan un duro. 

Torturar a un animal con banderillas y rematarle con una espada se considera cultura. Los obispos tienen tribuna en los medios de comunicación para competir a ver quién dice la salvajada más grande sobre las mujeres. Los políticos usan edificios del patrimonio histórico de nuestro país para hacer fiestas privadas. Se tarda meses en cubrir las bajas del profesorado en colegios e institutos. Se construyen aeropuertos imaginarios en medio de ninguna parte. Se inhabilita a un juez que destapa una de las tramas de corrupción más importantes en la historia de nuestro país. En fin… se desmantela un hospital público dotado para atender enfermedades infecciosas y luego se deriva ahí a misioneros infectados como si ese desmantelamiento nunca hubiese existido. En un país así ¿cómo íbamos a pensar que no iba a haber contagios por ébola? 

La escuela y la familia

escuela

La foto que aparece arriba se ha hecho viral en las redes sociales en los últimos tiempos, difundida en su mayor parte por personas que se dedican a la Educación (valga el contrasentido). No sé quién o quiénes la han puesto en circulación ni con qué intenciones, pero cada vez que la veo me reafirmo más en la idea de que las maestras y los maestros tienen una formación muy limitada en cuanto al papel que juegan en el desarrollo y aprendizaje de las niñas y niños que tienen en sus manos. Para ser justas diremos que esto no es así en todos los casos, ni mucho menos. Pero las profesionales que no están de acuerdo con esta foto seguramente son minoría y se sitúan en las filas de las ovejas negras, o trabajan en un colegio con una línea pedagógica alternativa.

Para explicar el papel de la escuela y la familia en el desarrollo de la persona es útil acudir a la Teoría Ecológica de Urie Bonfenbrenner. En la foto que aparece a continuación se presenta un esquema de lo que plantea este autor: la inserción del desarrollo personal en una serie de sistemas concéntricos que se influyen unos a otros de fuera a adentro y se relacionan entre sí. En el centro está la persona, rodeada de sus microsistemas, entornos más próximos y en los que participa de manera activa: la familia, la escuela, el vecindario, etc. 

Modelo Ecológico del Desarrollo. Bonfenbrennner.

TODOS estos entornos implican transmisión de valores y educación. La integración de una niña o un niño en el microsistema escolar implica el aprendizaje de nuevos valores, formas de comportamiento, rutinas, formas de relacionarse, que constituyen la base de la participación en el entorno escolar. A ser alumna/o se aprende en la escuela, es la escuela la que debe desarrollar los mecanismos de enculturación y socialización de sus integrantes. Por eso, cuando la escuela se define como un sitio donde se enseña pero no se educa, significa que han perdido conciencia (o nunca la han tenido) de su carácter de entorno social singular y diferente al familiar, con sus propias normas y valores implícitos.

Un ejemplo que puedo poner sobre esta falta de conciencia sale de las reuniones que tenemos periódicamente en el colegio. Una de las quejas más persistentes de las maestras es que LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS HABLAN MUCHO EN CLASE. Cuando nos lo dicen, nos miran a las madres (inmensa mayoría en estas reuniones frente a los padres) de manera acusatoria, como si nosotras tuviésemos alguna responsabilidad sobre esta conducta. Nos lo cuentan y nos piden que hagamos algo. No sé, es como si yo acusase al colegio de que el niño se sienta en la silla en casa y no se mueve, y les pidiese que hiciesen algo al respecto. No es que esté de acuerdo pedagógicamente con que las niñas y niños estén callados en el aula. Pero si las maestras quieren que esto suceda, tendrán que habilitar estrategias para conseguirlo. Yo desde luego no voy a obligar al niño a que esté callado en casa para que esta conducta se reproduzca en la escuela, no sé si me explico. 

Por eso que un niño o una niña “venga educado” de casa no implica que la adaptación al entorno escolar vaya a ser óptima y que no surjan dificultades y roces entre los dos microsistemas (escuela y familia). En este sentido, los valores que se transmiten en el hogar pueden ser contradictorios, y no necesariamente peores, que los que se intentan transmitir en la escuela. 

En la actualidad, la relación entre estos dos microsistemas está bastante deteriodada, desde mi punto de vista. La viralización de fotos como la que aparece al inicio de este blog y como la que aparece a continuación muestra una actitud agresiva y de continuo juicio hacia el papel de las familias.

Visiones tendenciosas sobre la relación familia-escuela

La expresión que más se oye cuando se habla de la relación familia-escuela es “es que los padres no se preocupan”. Cuando oigo esto, pido datos. ¿En qué te basas para decir que las familias no se preocupan por sus hijos e hijas? Yo voy a recoger a mi niño al colegio y allí me relaciono con muchas familias. A todas las veo muy preocupadas por sus peques. Es indudable que hay factores que influyen decisivamente en la educación que la familia ofrece a sus niños y niñas;  la clase social y el nivel sociocultural son los más importantes, y está sobradamente probado que el rendimiento escolar es distinto en función de estos dos factores. Pero reducir este dato a la simpleza de “los padres no se preocupan” me parece de nuevo una falta de reflexión e indagación teórica por parte de los “profesionales de la educación”. 

¿De qué no se preocupan “los padres”? Acudimos de nuevo a un ejemplo sacado de esas tediosas e inservibles reuniones familia-escuela a las que me veo sometida periódicamente. Otra de las acusaciones que tuvimos que encajar las madres en esa reunión fue “no se saben las tablas de multiplicar.”  A ver, ¿no habíamos quedado en que la familia educa y la escuela enseña? Entonces ¿por qué me haces a mí responsable de que el niño o la niña no se sepa las tablas? ¿Que tengo que repasarlas con él? ¿No sería lo más adecuado que lo hicieses en el aula? Eso me daría tiempo a mí para hablar con mi hijo de nuestras cosas y no perder el tiempo con un conocimiento automático que corresponde al ámbito escolar y no al familiar.

Además, esta afirmación de “los padres no se preocupan” es contradictoria con la reacción de la escuela cuando las familias MUESTRAN PREOCUPACIÓN y acuden al colegio para informarse sobre lo que allí sucede con sus hijas e hijos. En mi dilatada experiencia como madre de escolares (ya va para 12 años), he aprendido que ir a hablar sobre las cosas que allí pasan y las dificultades con las que se encuentran las niñas y niños te convierte en persona incómoda y non grata. Esa supuesta apertura que se pregona en las ya mencionadas reuniones escolares, manifestada con frases como “estamos disponibles para todo lo que necesitéis” o “la colaboración de las familias es imprescindible para nuestro trabajo”, se traduce, en el día a día, a “cumple nuestras normas, haz lo que te diga y no pongas objeciones, que el que sé de esto soy yo.”

Para acabar, voy a contar una anécdota, también de esta última reunión escolar a la que me vi sometida. Las que sois madres de niños y niñas en edad escolar conoceréis ese nuevo fenómeno de los grupos de WhatsApp. Las madres de un mismo grupo nos mantenemos conectadas de esta forma. Son muchos los usos que se le da a estos grupos, desde quedadas para cumpleaños a preguntas sobre cuestiones escolares. Pues bien: en mi cole el claustro de profesores/as se siente amenazado por estos grupos. No lo dijeron así, pero más o menos.

¿Qué es lo que incomoda de estos grupos? Que las madres hablamos de lo que pasa en el aula, nos comunicamos, opinamos de forma conjunta. Una de las excusas que pone el claustro para ir en contra de estos grupos es “que los niños no se responsabilizan de apuntar los deberes en la agenda porque las madres preguntan en el güasap”. A ver… de nuevo nos encontramos con un error de conceptos. La responsable de que el niño apunte los deberes en la agenda ERES TÚ, que les pones deberes y que crees que son necesarios para su aprendizaje. Y que les pones un punto rojo si los traen sin hacer. Lo cierto es que lo de pedir los deberes por el güasap no se hace tan frecuentemente. Yo lo hice una vez el curso pasado, porque el niño no había ido al colegio. Y el grupo se usa para eso con una frecuencia más bien baja. Otra de las excusas no la entendimos muy bien: decían que el güasap crea “nudos” que luego hay que deshacer en el aula. Se referirán a un caso aislado que, de nuevo, generalizan para ir en contra de un medio que mantiene comunicadas a las familias.

Todo esto lo único que demuestra es la gran brecha que existe entre la familia y la escuela. Cuando volví de casa de esa reunión en el colegio, mi hijo, que es bastante aplicadito y muy buen conocedor de las normas escolares me preguntó  “¿Mamá, qué te ha dicho de mí la maestra?” “Pues qué va a decir cariño, que eres especial”, le mentí yo. ¿Sabéis? Creo que el problema de la falta de calidad educativa y de la falta de educación en general no son las leyes, es la deshumanización del sistema social en todos y cada uno de sus ámbitos.

Viernes dando la nota #25: Domingo Astromántico

viernes dando la nota 2Y llegamos a Love of Lesbian, como prometí en cierta ocasión. Me ha costado mucho elegir la canción, porque son tan diversas, abordan tantas temáticas, que es complicado. Pasan de la intensidad total al más absoluto romanticismo, de lo cotidiano a lo político, de lo interior a lo exterior. Así que he elegido una que me evoca momentos especiales, de amor y calma, de sentimientos profundos. Momentos que, solo al recordarlos, me traen la paz.

Y ya lo sé, otra vez ha sucedido,
volaron los manteles y el domingo se hizo especial.

Flotaba en azoteas todo mi deseo,
un solecito bueno y tus faldas al viento,
nada más.

Aeroplanos que saludo moviendo un espejo,
la ropa y tu pelo se movían al mismo compás,
nada más.

Te deslizas como si fueras de viento
y al contacto con mis dedos te desvanecieras.

Si tu magia ya no me hace efecto,
¿cómo voy a continuar?
Si me sueltas entre tanto viento,
¿cómo voy a continuar?,
¿cómo voy a continuar?

Recuerdo que sopló la luna y era en pleno día
y entre aquellas nubes vislumbraste la estrella polar,
y algo más.

Madelmans haciendo slalom por tu cuello,
aire que se lleva tus misterios, hacia el Sur se van.

Y sé que a veces piensas que estoy algo ido,
pero nunca pierdo una sola oportunidad de admirar cómo …

Te deslizas como si fueras de viento
y al contacto con mis dedos te desvanecieras.

Si tu magia ya no me hace efecto,
¿cómo voy a continuar?
Si me sueltas entre tanto viento,
¿cómo voy a continuar?,
¿cómo voy a continuar?