¿Practicas la sororidad?

Carolina y MagalieEl concepto de sororidad, desarrollado en el mundo hispanohablante por Marcela Lagarde, hace referencia a un pacto de hermandad entre mujeres para luchar contra la misoginia y todo tipo de violencia patriarcal hacia la mujer. Frente a la imposición patriarcal de mujeres enfrentadas entre ellas por envidias, competencia y lucha por la posición más cercana al macho alfa, la sororidad busca una cooperación activa entre mujeres para erradicar los obstáculos que encuentran las féminas para vivir en paz, ser escuchadas, trabajar en igualdad, librarse de la violencia cotidiana, etcétera.  

Practicar la sororidad no es fácil: implica conciencia de la violencia cotidiana que ejercemos las mujeres contra nuestras hermanas. Cada vez que valoramos a una mujer por su forma de vestir, su forma de vivir, su sexualidad o su belleza física, estamos contraviniendo la sororidad. Por ejemplo, durante estos días se está publicando en internet una foto de Angela Merkel cuando era joven haciendo nudismo con comentarios muy poco afortunados sobre su persona. La sororidad es negarse a apoyar la depreciación de una política tan importante como Merkel, estemos de acuerdo con ella o no, por algo que hizo en el ámbito privado y que, por otra parte, no tiene nada de malo, pero la presenta vulnerable y criticable desde lo sexual. 

Una forma de practicar la sororidad es ser conscientes de las formas en las que se veja y desprestigia a las mujeres para que dejen de participar en el ámbito público. Básicamente son dos: las alusiones a su vida sentimental y a su equilibrio mental. “Esa lo que necesita es un buen polvo”, “Ten cuidado con esa, que es una calienta pollas”, “Esa está más sobada que un trapo viejo” serían expresiones relacionadas con la primera técnica. De la otra parte, tenemos expresiones como “Es como la gata Flora, que cuando se la meten chilla y cuando se la sacan llora” (que conjuga magistralmente la referencia al sexo y a la salud mental), “es una histérica”, “está con la regla”, etcétera. Hay veces que nosotras mismas, para ser aceptadas por el macho alfa, nos unimos a estas definiciones de nuestras hermanas. Esto lo hacemos desde la inconsciencia de que, en otra ocasión, podemos ser nosotras las vilipendiadas con los mismos argumentos. 

Cuando oímos esto de otras mujeres es importante analizar cuáles son los verdaderos motivos de este intento de desprestigio y, en algunas ocasiones, difamación. ¿Es porque ha mostrado su desacuerdo con el macho alfa? Algunas veces, la mujer desprestigiada por motivos tan poco convincentes tiene más formación, conocimientos, ocupa posiciones sociales más importantes que la persona que la intenta dejar mal. Y sin embargo, el macho alfa (por poner un ejemplo) se sale con la suya. La inercia de la sociedad lleva a las personas a no observar objetivamente los acontecimientos en los que se ven inmersas las mujeres en lo público. Y nosotras mismas caemos en la trampa. 

Sororidad es hermanamiento. Sororidad es conciencia de grupo. Sororidad es cariño entre hermanas. Practiquemos la sororidad en todos los ámbitos, el privado y el público, entre amigas, hermanas, cuñadas, amigas, vecinas, entre nuera y suegra, entre madre e hija, entre jefa y empleada, entre conocidas y entre desconocidas. El paso puede ser impresionante, la diferencia, muy notable. 

Viernes dando la nota #20: La canción del verano (y 3)

Ya llega el final. El último día quedamos en la plaza. Antes bulliciosa y paseando atuendos floridos, luce desierta. Los ecos de los que ya se han ido quedan en el aire. Nos miramos desde lejos. Los días han pasado sin querer y ya no volveremos a esas tardes interminables de miradas y sonrisas. No nos volveremos a ver. Añoranza prematura. Vuelta al blanco invierno, sin ti.

Paternalismo

1334510914-3d846c10922d63f78559c578f90cfa7aEl paternalismo es, de acuerdo con la RAE, la tendencia a aplicar las formas de autoridad y protección propias del padre en la familia tradicional a relaciones sociales de otro tipo: políticas, laborales, etc. Entendemos que el paternalismo va en contra de la libertad en el sentido de que, aunque las intenciones sean buenas, se está cortando la  posibilidad de autodeterminación al imponer caminos prefabricados, pautas impuestas y consejos no solicitados. 

El paternalismo es la impaciencia del que se cree superior. Tiene claro el camino que debe seguir el resto y guía al rebaño de forma ciega hacia la tierra prometida. El complejo de pastor exalta su bondad interior, creyendo que los pupilos cobrarán conciencia cuando sigan sus consejos. Su autocomplacencia embriaga su alma hasta que una oveja del rebaño se desmanda con la idea de caminos alternativos.

La conducta paternalista es entonces implacable. No hay lugar para el diálogo. Sólo para la desacreditación de los caminos alternativos y las ovejas rebeldes que los proponen. Por tanto, el paternalismo es la antítesis de la democracia, aunque los caminos propuestos por el patriarca la persigan.

La ciudadanía solo estará preparada cuando desaparezcan los patriarcas, mentes privilegiadas que no son capaces de embarcarse en un proceso de convergencia y toma de decisiones colectivas. El proceso no es fácil, pero igual que los padres tienen que aprender a respetar la autonomía de sus hijos y ver cómo se convierten en adultos, es importante prescindir de los líderes para crecer hacia formas diferentes de sociedad. 

La teta o el biberón no son lo más difícil

Sucking & smokingEn los últimos días vuelve a surgir la recurrente polémica entre las detractoras y defensoras de la lactancia materna. Aparecen los mismos argumentos de siempre, los mismos datos, los mismos reproches, la misma amargura, los mismos desplantes. Argumentos desde lo objetivo y desde lo subjetivo. Disputas que no son del todo inútiles, ya que indican una toma de conciencia que antes no existía, pero que a mi ya personalmente me cansan porque las vivo como recurrentes.

Yo lo tengo muy claro: como mujer trabajadora y profesional que ha tenido tres hijos, ha dirigido alguna que otra investigación y ha escrito algunos artículos científicos, dar el pecho ha sido para mi la opción más cómoda y satisfactoria. Cuando la pediatra se empeñó en que, por motivos laborales, tenía que dejar de dar el pecho a mis mellizos, fastidió una lactancia que nos estaba beneficiando a las tres. Con el pequeño no me pillaron despistada y la lactancia duró hasta los 4 años. Hay quienes hablan de la lactancia como un gran sacrificio: a mi no me lo pareció en absoluto. Maticemos: no más que el biberón. Pero evidentemente, cuando tienes hijas e hijos, te cambia la vida. Y quien diga lo contrario seguramente tenga o mucho dinero para encargar el cuidado de sus hijos a otras personas o muchos familiares a su alrededor dispuestos a ocuparse de las criaturas. Y aún así, por lo menos en mi caso, dejar a tus hijas y a tus hijos al cuidado de otras personas conlleva una preocupación y un sufrimiento importantes. Aunque he usado las guarderías y los cuidados de personas contratadas, para mi ese periodo no ha sido nada satisfactorio. Siempre vigilante a la mínima señal de sufrimiento de los peques, sintiéndome culpable por no estar con ellos, rogando por que aprendieran a hablar cuanto antes para que pudiesen contarme todo lo que pasaba en los ratos que no estaban conmigo o con su padre.

Pero esa época pasa, y las niñas y niños aprenden a hablar, a leer, a escribir, a sumar y a restar. Aprenden inglés y francés, aprenden formulación química e integrales. Empiezan a saber más que tú de ciertos temas y eso te llena de orgullo. Entonces miras a tu alrededor y el mundo de repente se convierte en una peligrosa jungla. En los periódicos lees noticias sobre chicas violadas, botellones que acaban mal, abuso de menores, sexting, muerte por consumo de drogas en fiestas nocturnas, balconing… y un largo etcétera. Es entonces cuando empiezas a valorar lo que les has ofrecido a tus hijos e hijas. Empiezas a valorar la confianza que tienen contigo o el recelo que muestran ante tus consejos. Haces un repaso de sus valores e intentas recordar en qué momento los han adquirido. Te tiras de los pelos por no haberles enseñado a colaborar en las tareas del hogar. Es entonces cuando comprendes que todo el tiempo invertido ha servido para algo, y el no invertido ha dejado un hueco en el aprendizaje.

Miren, la lactancia materna es sin duda mejor para la salud de nuestros pequeños y mejor para la nuestra. No hace falta que ponga ningún enlace para atestiguarlo: hay muchísima información seria la respecto y quien se quiera informar de verdad puede hacerlo. Pero vivimos en tiempos difíciles para la maternidad. Aún optando por el biberón, la crianza es difícil. La integración en el mercado laboral no te hace más independiente y realizada: si quieres ser madre (o padre) te tendrás que enfrentar a muchas dificultades. Y entre esas dificultades, la elección teta-biberón no es de las peores, creedme. Yo tuve que elegir entre convertirme en una afamada investigadora mientras que mis hijos se criaban entre manos extrañas o cumplir con mi trabajo de manera adecuada y pasar más tiempo con mis hijos. No tuve ninguna duda, la verdad. La fama cuesta, es una pena que no haya podido dedicarme en cuerpo y alma a mi profesión. Pero más penoso sería si, ahora que mis hijos mayores son adolescentes, fuesen unos desconocidos para mi. 

En la vida las cosas son así: el día tiene 24 horas, y tienes que decidir en qué ocuparlas. Las profesiones de alto rendimiento requieren una dedicación intensiva, y en muchas ocasiones tienes que trabajar más horas de las que te pagan. Los hijos también requieren tiempo y energía. Cuando tienes las dos cosas, hay que tomar decisiones. Y en estas decisiones no está en juego solo el yo-soy-mujer-libre-e-independiente-que-sigue-con-su-carrera-profesional-lee-y-se-realiza. Está en juego también la educación de unos seres que has traído al mundo bajo tu responsabilidad (y la de tu pareja, que estará tan atareado como tú y también renunciando a cosas importantes en su vida profesional, si sois una pareja igualitaria). Y esa educación está compuesta de ejemplo, de cariño y de acompañamiento a partes iguales.

Nadie es perfecto, por supuesto. La carga es a veces tan grande que hace que perdamos los nervios y que cometamos errores continuamente. Pero ser padres es también un aprendizaje. Lo importante es adquirir conciencia de lo que eso supone. Traer al mundo a unas criaturas no es tan fácil como dar la luz y dar teta o biberón. Hay que darles la energía para crecer, energía hecha de amor y de muchas más cosas. Y la maternidad no se agota cuando alcanzan la pubertad ni cuando empiezan a salir con los amigos y amigas, ni cuando se van de casa siquiera. 

Por eso, discutir sobre la teta o el biberón me parece que, aún siendo útil, ocupa demasiado espacio en los debates sobre la maternidad. Está claro que hay intereses económicos que pretenden que todas gastemos mucho dinero en leche de fórmula para criar a nuestros hijos e hijas. Pero mientras que la gente se da cuenta de esto, os aseguro que hay otros debates igualmente importantes que deberíamos empezar a abordar seriamente. 

Autonomía personal y salud infantil

LlorandoHe tomado el título de la entrada de hoy de un módulo que se estudia en el ciclo superior de Educación infantil. Ya el propio título asusta: relacionar autonomía con salud en un módulo dirigido a personas que van a trabajar, en su mayoría, con bebés, es un tanto tendencioso, ya que se presupone 1) que la autonomía es algo que se debe forzar, y 2) que va ligada a la salud, frente al binomio dependencia-enfermedad.

No he explorado con detalle los contenidos que se trabajan en este módulo, pero estoy segura que si lo hago encontraría gran diversidad en la forma de abordarlos. Sin embargo, hoy me hablaron de un manual con el título de este módulo y que, seguramente, será usado por algunos profesores del ciclo superior de Educación Infantil para instruir a sus estudiantes. Se trata del manual de Luis Pablo Hernández López, de la editorial Paraninfo y de este mismo título: Autonomía personal y salud infantil. En este manual se habla de cómo entrenar lo que se consideran los hábitos básicos de salud que se deben ir haciendo autónomos en los niños y niñas: la alimentación, el sueño y el control de esfínteres. 

Lo más preocupante de este manual es que plantea, como si de una verdad absoluta se tratase, una forma de crianza basada en la modificación de conducta y el desapego. Esto es extremadamente evidente en el apartado en el que habla del sueño; aquí son muy claros al respecto: las conductas “erróneas” de las madres y los padres en el hogar dificultan sus pautas institucionales de sueño. En los centros de educación infantil de 0 a 6, todos los niños y las niñas duermen la siesta solos a una hora determinada. Que los niños o niñas no quieran atenerse a este hábito-norma es visto como un trastorno de sueño y no como una necesidad del centro para hacer más cómodo el trabajo de las cuidadoras. No se plantea como una limitación de disponer de una ratio elevada cuidador/a-niño/a sino como una necesidad en el desarrollo de la autonomía infantil. Es una falacia frecuente en el sistema educativo contemporáneo, parecida a la que da lugar al hiperdiagnóstico de TDHA: si el niño o la niña molestan, su conducta se patologiza, se le asigna una etiqueta y se aplican métodos de eliminación. 

En su esfuerzo de ser coherentes, si la autonomía a la hora de dormir no se mantiene en el hogar, esto no se ve como una forma de crianza alternativa  a la que ellos proponen, sino como un fallo de la familia que hay que corregir. Desde este punto de vista, en primer lugar, se patologiza el colecho (dormir junto a los niños pequeños), conducta que el ser humano ha venido manteniendo durante siglos, y en segundo lugar, se posiciona al centro educativo como poseedor de un conocimiento superior sobre la educación y crianza de los niños, que tiene la potestad de imponer sus ideas a la familia. 

De acuerdo con este manual, estas son algunas de las conductas que el centro educativo debe censurar en la familia: 

– Llevarse el infante a la habitación de los padres

-Llevarse al niño a la cama de los padres

– Dormirlo en brazos

– Cantarle para que se duerma

– Darle la mano para que juegue con ella

– Pasearlo en su cochecito

– Darle el pecho o un biberón

– Darle una vuelta en el coche

Obviamente, lo único que queda por hacer es dejar al bebé en la cuna solo, en un cuarto aparte. Muy natural, vaya. Muy lógico desde un punto de vista evolutivo. Por supuesto, lo digo irónicamente. Pero aunque parezca raro, no es extraño que pediatras, educadoras, suegras y madres recomienden el Duérmete niño, del Dr. Estivill, basado en el método Feber, para entrenar la conducta de sueño infantil. Hablando en términos psicológicos, este método consiste en llevar a los niños/as a un estado de indefensión aprendida, según la terminología acuñada por Seligman. En este sentido, si un bebé emite su llanto como señal de llamada y nadie acude a consolarle de manera inmediata, el llanto perderá su función y el bebé entrará en un estado de pasividad en el que cree que no puede hacer nada para conseguir consuelo. 

Por supuesto, esto no es lo que las personas que aconsejan el método dicen. Lo pintan como una forma estupenda de enseñar a dormir y evitar trastornos del sueño. Como si la población infantil fuese propensa por naturaleza al insomnio y a los despertares múltiples sin razón alguna, ignorando las necesidades afectivas de las niñas y los niños. 

Lo normal es que los niños y las niñas duerman con sus padres, si no en la misma cama (cosa muy común cuando se alimentan de manera natural), en el mismo cuarto. Necesitan del contacto humano para dormir. Eso les da seguridad y duermen mucho mejor. Las dificultades de sueño vienen ligadas a nuestras formas de vida frenéticas, con horarios de trabajo antinaturales y con costumbres y hábitos que nos alejan de los ritmos saludables de vida. Lo patológico es el sometimiento al trabajo, y no que las niñas y los niños quieran dormir con nosotros. No carguemos la culpa en nuestros hijos e hijas, sino en la sociedad que impone normas ajenas a nuestra naturaleza. Partiendo de ahí, seamos conscientes de que las instituciones nos imponen hábitos, etiquetas y patologías que tienen su origen en ellas mismas. 

Por lo tanto, si no queréis que vuestros hijos e hijas sean sometidos a estas prácticas de “salud y autonomía” que promulga este libro de texto, y no queréis que os intenten instruir para desapegaros de vuestros hijos e inducirles un estado de indefensión aprendida, os aconsejo que la primera pregunta que hagáis para elegir Escuela Infantil sea “¿Qué libro de texto usasteis en vuestros estudios de Educación Infantil, en el módulo de Autonomía Personal y Salud Infantil?” Si os dicen que el de Luis Pablo Hernández López, salid corriendo. 

Viernes dando la nota #19: Canción del verano (2)

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¿Os acordáis de la Macarena? Sí sí, esa canción con la que nos estuvieron machacando desde el verano del 93 hasta el infinito y más allá. Los del Río la crean, el Paco Stanley se la roba, ellos la reclaman y, esa chorrada de canción se tira hasta el 97 dando por culo llenando las pistas de baile. Incluso fue usada en campañas electorales de presidentes americanos (el puertoriqueño Rossello y el estadounidense Clinton) que fueron finalmente electos. 

A ver, Macarena tiene un novio que se llama de apellido Vitorino, que en la jura de bandera del muchacho se la dio con dos amigos. Que libertina Macarena, pobre cornudo. Pero no queda ahí la cosa. La Macarena se compra en El Corte Ingles los modelos más modernos, le gusta vivir en Nueva York y ligar un novio nuevo. El colmo del libertinaje. Pues eso chica, dale alegría a tu cuerpo. Luego salió la versión en guiri, y al menos no teníamos que escuchar estas perlas. Bastaba con reproducir unos pasos de baile absurdos al compás del ritmo machacón.

En esos cinco años que nuestros oídos fueron regalados por la Macarena, ocurrieron otras cosas en el mundo musical. Después de bailar la Macarena podíamos seguir la marcheta con I Saw The Sign, el superéxito de la banda sueca Ace of Base. Pegadiza hasta la muerte, nos hizo disfrutar en esos decadentes 90’s

En el 94, una de mis canciones preferidas, de esas cursis y recurrentes: Baby, I love your way. Original de Peter Frampton, fue recuperada por los Big Mountain.

Para el 95, no me resisto a mencionar a la jamaicana Diana King y su Shy Guy.

En el verano del 96, la Macarena convivió con El Venao y con María (esa de “un pasito p’alante” ¿os acordáis? cómo no…). Pero ya hemos tenido bastante con la Macarena ¿no? La verdad es que el 96 fue un año duro, así que recordaremos a las Azucar Moreno en sus últimos coletazos. Nos hicieron bailar. Algo queda. Solo se vive una vez

Y por último, como canción del verano del 97 no puedo recordar otra que lo sea La Flaca, de Jarabe de Palo. Esa canción me estuvo despertando durante meses, ya que era la melodía del despertador de mis vecinos en aquel piso de Nuevos Ministerios. Qué recuerdos.

¡Disfrutad del viernes!

Micromachismos

Imagen tomada de http://www.planoinformativo.com/nota/id/184155#.U-pDu_lDuSo
Imagen tomada de http://www.planoinformativo.com/nota/id/184155#.U-pDu_lDuSo

Como cada vez creo menos en las teorías que intentan explicarlo todo a partir de un conjunto de ideas que hay que dar por supuestas, he decidido centrarme en lo inmediato. Si mi vida dura como mucho 90 años, tirando muy a la larga, ¿por qué me voy a estar molestando en definir históricamente, remontándome a tiempos inmemoriales, el machismo? No digo que no sea interesante bucear en nuestra historia, que lo es, pero para lo que quiero conseguir, prefiero ir a lo práctico. 

Vamos a ver. Os voy a decir lo que me molesta en mi vida cotidiana. Sé que hay mujeres que sufren opresiones mucho peores que las que sufro yo, pero no por ello voy a callarme las mías. El machismo no es solo violencia explícita, también hay una violencia cotidiana que es invisible. Así que vamos por orden. 

Querido macho, 

– Cuando estoy aparcando, me molesta que des por supuesto que necesito tu ayuda. Tus aspavientos me distraen. Está ridículo haciéndote creer a ti mismo que me diriges. ¿Te has dado cuenta ya de que no estoy siguiendo tus indicaciones? Es que no las necesitaba. Recuerda: las mujeres no necesitamos tu guía cada vez que nos ponemos al volante. La próxima vez que lo hagas, pararé el coche y esperaré a que te vayas. ¡Oh, qué ofendido se te ve cuando una mujer no te atiende!

– No se si te habrás dado cuenta que me toca los ovarios cuando haces apreciaciones sobre mi físico al cruzamos por la calle. Cuando ando por la calle voy pensando en mis cosas, que seguramente son tan complejas para ti que te estallaría el cerebro sin remisión si pudieses leerme el pensamiento. ¿Por qué tengo que interrumpir mis sofisticados pensamientos para escuchar tus balbuceos babeantes? Mira, me importa un carajo si te gusto o no te gusto. Me ofendes. Y no, amigo macho del macho, no me siento halagada en absoluto. Lo que haces es una agresión y como tal la trataré. 

– Lo mismo se aplica a los machos conocidos, que te saludan haciendo apreciaciones sobre tu físico. A ver, señor, me importa un cojón (a poder ser el suyo) que a usted le parezca que estoy bien, mal o regular; mi foto de perfil de Facebook la escojo yo, y no admito ninguna sugerencia sobre cuál debería ser, según usted. Yo le respeto y no le digo que me parece un viejo verde apestoso y que su foto de perfil es una patochada que no convence a nadie. Es más, si yo le dijese algo así a usted, todo el mundo se volvería a mirarme y me tacharían de loca. Bueno, no sería la primera vez; creo que lo practicaré más. 

– Haz el favor de no interrumpirme cuando hablo. Ya sé que su voz es profunda y masculina y puede tapar con facilidad la mía. Ya sé que, según tú, yo no tengo nada que decir (aunque luego repitas lo que yo he dicho como si fuese idea tuya y no hubieses oído nada). Pero vamos a aclarar las cosas, yo voy a hablar ahora porque es mi turno, y tú, señor macho, te vas a callar y vas a escuchar. 

– Esa condescendencia con la que te diriges a mi me revienta. No sabes nada de mi, de mi experiencia, mis habilidades, mis conocimientos (o sí, que es lo peor), y te diriges a mi siempre como si fuese una pobre ignorante que necesita explicaciones. A ver, si no te pido que me expliques algo, no hace falta que ilumines mi mente. Inténtalo con tu compañero de al lado, a ver si se deja. Yo no necesito de ti, gracias por el detalle. Olvida por un momento que soy una mujer, deja caer tus condicionamientos de macho y… déjame en paz. 

– Querido amigo que te haces el guay feminista: se te ve el plumero la primera vez que te ríes de mis intentos de ser igualitaria en el lenguaje. El masculino genérico es una imposición que no tengo por qué acatar, así me des mil argumentos manidos sobre la sencillez de la lengua y el uso práctico de la misma. Si quiero usar el femenino genérico, usar la @, poner la x o cualquier estrategia que haga el lenguaje más igualitario lo haré, por encima de tus opiniones sobre el tema. Y lo de “feminazi” no me impresiona, ya lo sabes. Tú eres un machista. Y las risitas condescendientes sobre el tema tienen la gracia en el culo. 

– No me gusta esa estrategia que tienes, cuando estás perdiendo una batalla dialéctica, de acudir a las descalificaciones basadas en mi vida sexual. Ese ataque injustificado dice mucho de ti y de tu complejo de inferioridad. Si no puedes ganar a una mujer en el plano intelectual, siempre la puedes agredir sexualmente. Ten cuidado, que ese tipo de estrategias son muy fáciles de dejar al descubierto hoy en día, sobre todo si nos movemos en entornos en los que la educación por la igualdad es cada vez más profunda. 

La lista no se agota aquí, por supuesto. Podría seguir casi de manera infinita. Podría hablar de cuando la gente asume que las tareas domésticas son patrimonio mío y no de mi pareja (pobrecito, si te ayuda mucho), o cuando el pediatra me incluye en el nebuloso mundo de “las mamis” (es que las mamis…. ayayay), o cuando tengo que explicar cuáles son mis títulos para que me sigan mirando incrédulamente sobre un tema que domino hace años. Y por supuesto podemos dedicar un post tan largo como este a los micromachismos ejercidos por las mujeres. Pero lo dejo para la próxima. 

Viernes dando la nota #18: La canción del verano

Era el verano del 73. Fórmula V sacaba su Hit Parade Eva María. Dicen las malas lenguas que su título original era Ana María, pero que cambiaron el nombre por la novia de uno de ellos, con la que se casaría al poco tiempo. Recuerdo como mis padres cantaban esa canción con emoción. Ahora, rememorando la letra, me pregunto si Eva María tenía más de una neurona en su cerebro o se limitaba a tomar el son en la playa con su bikini de rayas. Hay que ser bien capulla para solo dejar recuerdos de su ausencia, lo que es lo mismo a dejar un encefalograma plano al amor que se quedó compuesto y sin novia… y sin playa.

El mismo verano, una joven Suzie Quatro sacaba 48 Crash, que fue número 3 en las listas de UK en el mismo año, número 1 en Australia y número 2 en Alemania. Una de las teorías sobre el significado de esta canción es que trata sobre la menopausia masculina. El estribillo dice:
“Watch out!
You know the 48 crash come like a lightning flash (48 crash, 48 crash)
and the 48 crash is a silk sash bash
Come like a lightning flash, a lightning flash
And it’s a silk sash bash, a silk sash bash, that’s the 48 crash.

Ese verano también se pudo oír el Take me to the mardy grass, de Paul Simon. Ese martes de Carnaval en Nueva Orleans no se parecía en absoluto a la playa de Eva María, pero esta canción, siendo sencilla y tranquila, es mucho más agradable al oído.

Nos dejamos en el tintero muchas buenas canciones que vieron la luz en el verano del 73, como por ejemplo Walk on The Wild Side, de Lou Read, que merecería un monográfico. Pero ya que estamos con cancioncillas pegadizas de verano, acabaremos con esta eterna balada de amor:

Vacaciones

Hace ya algunos años que mis vacaciones han pasado de ser un lugar de asueto a convertirse en una preparación para el infierno invierno. Como las hormigas hacen acopio de víveres, yo hago acopio de energías para cuando llegue ese momento de caos y desenfreno. Pudiera parecer de personas perezosas levantarse después de las 10, pero tras un curso de madrugones y carreras, comidas para 6, megacompras, plancha y fregoteo (además de desempeñar las tareas profesionales que nos dan de comer) creo que no se nos puede reprochar nada.

¿Seguroooo? Mi creencia es ilusa. Lejos de vernos como los héroes que merecen un merecido descanso, todo son silenciosos reproches hacia nuestra supuesta pereza. Los héroes se levantan con el sol y comienzan sus actividades, todas ellas dedicadas a la propia persona, sea invierno o verano. Es un poco cabreante esa falta de empatía hacia nuestra labor cotidiana y lo merecido de nuestro descanso. ¿Pero sabéis qué? Que nos la pela. Así de claro. Se entienda o no se entienda, nos merecemos un descanso. Le pese a quién le pese, no pensamos madrugar, nos echaremos la siesta y haremos una política del mínimo esfuerzo.

Ya volverán los días de desayunos y carreras, de deberes de 3º de primaria en la mesa del comedor, de compras monumentales, cocina llena de platos para fregar y torre de ropa para planchar. Ya llegarán los días de reuniones absurdas, tutorías, clases e informes. Mientras, tenemos que hacer acopio de energías.

¡VIVA LA PEREZA Y LA TUMBONA!