Algunas cosas que a las madres que dan lactancia materna a su bebé les molesta oir

Lactancia maternaNo es que sea una desagradecida. Agradezco mucho que hombres que no darán de mamar en su vida se preocupen por nuestro buen hacer a la hora de emprender la lactancia. Pero hay algunas cosas que me incomodan cada vez que leo lo que escriben algunos de estos hombres pro-lactancia materna. No voy a hacer un decálogo, como ha hecho Bebes y Más estos últimos días en tres entregas. Creo que los decálogos nos obligan a decir 10 cosas, cuando quizás lo podíamos haber dejado en 3. Vamos pues con la primera.

1) No le digas a una mujer que amamanta que “no hace falta que tenga la casa impoluta y que pida lo que quiere y necesita”. Diciéndole esto a la mujer, estás dando por hecho que es ella la responsable del hogar y del bebé en exclusiva. Puede que en algún caso lo sea. Pero en los casos en los que haya una pareja, es a él a quien hay que decirle que tiene que ponerse las pilas y mantener la casa en orden y la nevera llena sin que la mujer que amamanta tenga que pedírselo. Lo necesita porque ahora hay un bebé que pide teta con frecuencia, día y noche, y no puede ocuparse además de alimentarle y cuidarle a él (o ella). Si la pareja se hace consciente de esto, logrará un entorno acogedor en el que será mucho más fácil establecer la lactancia, que ya sabemos que, en sus inicios, no es un camino de rosas. La leche brotará de forma abundante y el bebé y la mamá tendrán tiempo de establecer su vínculo con calma y descanso.

2) No des por hecho que la mujer que amananta es un ser indefenso lleno de inseguridades. La seguridad en el propio cuerpo es la base en la que se fundamenta una lactancia exitosa. Por eso, no temas que la gente hable del tamaño de sus pechos o que haga comentarios sobre la calidad de su leche. Formar al personal sanitario para que informen adecuadamente a las mujeres sobre este proceso natural es muy importante. A las suegras, madres y vecinas no tenemos acceso, pero sí a las madres. Dotémoslas de esa seguridad necesaria y que los cursos de preparación al parto sean también de preparación a la lactancia.

3) Asume que hay mujeres que trabajan y que no quieren dejar de hacerlo. No plantees el dejar de trabajar como una solución para que prolonguen su lactancia. Emplea las energías que malgastas intentando convencerlas de que es mejor que se queden en casa en luchar por una conciliaciación real. Emplea esas energías en concienciar a la sociedad sobre la importancia de la maternidad y la lactancia materna prolongada.

4) Y por encima de todo, no le digas a una madre lactante que va a perder su belleza por culpa de la lactancia, y que así lo debe de asumir porque va en beneficio de su bebé y es un proceso natural. Tampoco le digas a su pareja que debe asumir que los pechos de su mujer han perdido su función sexual. No se lo digas sobre todo porque es mentira. Las mujeres son bellas en todo momento, y “lucir el busto” es una de las cosas más recomendables en el periodo de lactancia. Esos pechos repletos de leche son bellos, y los de después de la lactancia son bellos. Y además, en ningún momento pierden su función sexual. Es recomendable que la pareja no pierda de vista esta faceta y les hará mucho más felices. Tendrán que adaptarse a la nueva situación, como no. Pero dejar de tener en cuenta a la mujer para ensalzar a la madre no es la solución.

Este tetrálogo responde a algunos puntos planteados en esta entrada y en esta

Viernes dando la nota #16: Amor prohibido (1)

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El amor prohibido siempre ha dado grandes canciones. Hoy os dejo dos de mis favoritas, y subtitulo con un (1) porque habrá más. La primera es… la primera. Un bolero compuesto por Víctor Manuel y que, aunque ha sido cantado por más intérpretes, la voz de Ana Belén es para la que él escribe sus canciones. Ya sabes: querer como te quiero no va a caber en ningún bolero. 

 

La segunda es la conocida El jardín prohibido, de Sandro Giacobbe, en la que el narrador despliega un ataque de sinceridad sin igual, confesando a su mujer que se ha acostado con su mejor amiga y dándole todo tipo de detalles. Una obra maestra donde las haya.

Y aquí os la dejo en italiano, que siempre es de agradecer escuchar las canciones en su lengua original:

¡FELIZ VDLN!

Limpiando

Hace unos días, un post en la página de Psicología para mamás hablaba de los cambios externos y su repercusión en los cambios internos. El fragmento que me llamó la atención fue el que decía: Nuestro caos en los armarios, o nuestra adicción a determinados programas, nuestro miedo a cortarnos el pelo o cosas tan mundanas tienen su reflejo o su raíz dentro nuestro. Así pues, si mueves los muebles de tu comedor, algo se mueve en tu interior, si vacías tu armario de ropa que ya no usas, viejos pensamientos u hábitos se ven removidos, limpiezas que quitan telarañas del alma y provocan emociones y sensaciones…”

Eso me recordó que tenía que hacer la limpieza anual de la casa. Esto de limpieza anual debe sonar raro. A mí al menos me suena rarísimo. Pero a lo largo del curso escolar me es imposible dedicarme con cariño a la cueva que habitamos. Es un proceso de desgaste y acumulación de polvo y pelusas impresionante, pero no encuentro la forma de mantener el orden y la limpieza de forma constante si pretendo ocuparme de cosas tan fundamentales como el trabajo, la comida y el ocio. 

Cuando llega el momento de la limpieza anual me pregunto cómo hacen algunas mujeres para mantener siempre la casa limpia y ordenada. Me imagino que es cuestión de cambiar de hábitos. Hay que sustituir unas acciones por otras. Por ejemplo, en vez de levantarse a las 7 y acostarse a las 12, levantarse a las 6 y acostarse a la 1. O en vez de estar escribiendo esta entrada, estar pasando el trapo del polvo y la fregona por el salón. 

Lo que es cierto es que yo tardé en darme cuenta de que la limpieza es una cuestión de rincones y lugares ocultos. Puedes limpiar mucho por encima, lo que se dice pasar el trapo, la escoba y la fregona varias veces por semana, y la casa cada vez está más sucia. Porque son los lugares inaccesibles y no visibles los que acumulan más cantidad de porquería y los que cuesta más limpiar. Para conseguir una limpieza a fondo hay que mover muebles, agacharse, restregar, buscar los rinconcillos desatendidos del espacio que acumulan esa capa de polvo que solo creía posible en las mansiones abandonadas. 

No es que me haya poseído el espíritu de una maruja (o sí). Lo que ocurre es que, mientras limpio, me da por pensar en todo lo que acumulamos, en todo lo que desechamos, en toda la mugre que producimos. Pienso que, viviendo en plena naturaleza, el problema del polvo desaparecería. Que es enfermiza la cantidad de cosas inútiles que me rodean. Que esto no puede ser sano. Una cueva es una cueva. Cama para dormir, techo para guarecerse, y algún que otro utensilio para el asueto. Pero necesitaría 5 vidas para leer todos los libros que hay en mi casa, escuchar todos los discos, llenar todas las hojas en blanco y jugar con cada uno de los juguetes que se amontonan en los cuartos. 

Al menos dos veces al mes se escucha una voz que ruge desde mi interior y sale al exterior: “Este fin de semana os voy a dar una bolsa de basura a cada uno y vais a tirar todo lo que no necesitéis”. El problema es que parecen necesitarlo todo. 

Llega el momento de la limpieza anual. Los niños se han ido de vacaciones. Estoy sola ante el despropósito de cueva llena de montañas de cosas absurdas e inútiles que nos impiden el paso. Solo hoy he llenado dos bolsas grandes de deshechos, y solo he limpiado medio salón. Mañana será otro día. Necesitaré un camión que se lleve todo lo que voy a tirar, a dar o a donar (eso ya lo pensaré). Pero cuando termine, la cueva será un espacio respirable y diáfano. Necesito aire para respirar. Necesito vacío. Necesito la nada. 

Viernes dando la nota #16: El incendio

Quizás la canción que escojo hoy para el VDLN no sea de las mejores del grupo catalán Sidonie, pero sin duda es de las que más tienen que ver con los días que estamos pasando. De su album del 2010, del mismo titulo: El incendio.

Y esta es una de las canciones que aparecen en su último trabajo.

¡Feliz fin de semana!

Parto, lactancia, crianza

bebe_15Parto, lactancia y crianza son los tres pilares en los que se sustentaba una asociación a la que pertenecí hace un tiempo. Parto respetado, promoción de la lactancia materna y crianza respetuosa. Desde el principio tuvimos claro, al menos yo, que la implicación en estos tres temas no era sencilla. Había (y hay) muchos muros por romper, muchas batallas que ganar, muchos caminos que abrir. Y para abrir estos caminos, es necesaria una implicación abierta, una documentación constante y un trabajo de difusión e información que no siempre es un camino de rosas. Cuando hablamos de parto respetado, nos estamos enfrentando a la institución médica obsoleta que es violenta con las mujeres y los recién nacidos. Una institución que tiene la autoridad y el poder sobre nuestros cuerpos porque nosotras se lo concedemos ya sea por desconocimiento, ya sea porque no nos atrevemos a enfrentarnos con esta autoridad en uno de los momentos más cruciales de nuestras vidas: el nacimiento de nuestros hijos y nuestras hijas.

En cuanto a la lactancia, la forma natural de alimentar a nuestros bebés, inherente a la especie humana como mamíferos que somos, se ha convertido en una práctica extráñamente difícil. Las grandes multinacionales han ganado la batalla, y ahora parece que no podamos sobrevivir con la leche de fórmula. Da lo mismo que la evidencia científica muestre que los bebés humanos, así como sus madres, obtienen grandes beneficios de la lactancia materna. Las extrañas pautas de alimentación introducidas por muchos profesionales de la salud, que se empeñan en convencer a las madres de que los bebés maman 10 minutos cada 3 horas, unidas a la creencia de que la leche materna no alimenta y deja con hambre a los bebés y al desconocimiento del funcionamiento fisiológico de la mama, hacen que la lactancia no dure más de 3 meses en la mayoría de los casos. La promoción de la lactancia materna es, por tanto, una lucha constante contra personas con autoridad que desinforman a las madres y las disuaden de seguir la vía más natural, saludable y económica de alimentar a sus bebés.

Con respecto a la crianza respetuosa, el apellido en cuestión levanta tales pasiones que parece más una práctica clandestina que algo guiado por el más común de los sentidos. No obligar a comer, atender al llanto del bebé, respetar sus ritmos de desarrollo, no dejarle llorar, mantener el contacto necesario con la cria humana, en definitiva, criar con apego y, cuando el niño o la niña crecen, seguir ofreciéndoles el cariño y afecto necesarios para un buen desarrollo psicosocial. No parece tan extraño, pero en seguida nos empiezan a ofrecer métodos de adiestramiento del sueño, nos recomiendan a Super Nany y nos dicen que un buen cachete a tiempo cura todos los males de los niños consentidos y malcriados. De esta forma, vemos crecer a nuestros hijos entre consejos contradictorios de una y otra parte, y la sensación permanente de que lo estamos haciendo mal. La llegada al sistema educativo empeora las cosas, cuando vemos que nuestros hijos son sometidos (qué gran exageración) a rutinas y ritmos a los que, unos más, otros menos, se resisten y a los que acaban sucumbiendo. “Dejadles llorar, no les miméis, que no os vean nerviosas” son algunos de los consejos que dan las maestras de infantil los primeros días de cole, cerrando las puertas de la institución tras las espaldas de niños aterrados que no saben qué está pasando.

No es una tarea sencilla la de una asociación de este tipo. Quizás por eso, hay que tener las ideas claras y objetivos comunes. Una asociación de este tipo no es un grupo de amigas que se reunen con sus bebés para sacar la teta juntas y contarse lo mal que duermen, lo mal que lo pasan cuando dejan a su bebé en la guardería y lo que les reconforta juntarse para hablar de sus cosas. Eso también, pero no solo eso. Hay mujeres que no forman parte de ese grupo de amigas y que buscan apoyo. Otras mujeres, sin buscarlo, se podrían beneficiar de campañas de información concretas sobre parto, lactancia o crianza. Otras veces, es necesario que una asociación de este tipo exija a la administración ciertos ajustes en los servicios que se prestan en relación a la maternidad. Y, por supuesto, una asociación de este tipo tiene claro que existe una lealtad entre sus miembros. Si una de las personas que pertenece a la asociación plantea un problema relacionado con parto, lactancia o crianza, se tratará de buscar soluciones como asociación, si así se solicita.
Nosotras hicimos cosas como asociación, hasta que se perdió el sentido de lo que esto significaba. A partir de entonces, cada una buscó su camino. Las amistades permanecieron en la medida en que existían. Para mí estaba claro que algunas cosas eran imperdonables, como que alguien enseñase las conversaciones privadas por correo electrónico de nuestra asociación a instituciones educativas que investigaban (sin mucho afán) malos tratos en alguna guardería de Villa Springfield, y luego acusase a una antigua socia de haberlo hecho en su lugar. Acabada la asociación, acabada la amistad con quien lleva a cabo y permite ese tipo de conductas. Pero lo que es cierto es que una asociación como esa, con los tres pilares originales, parto, lactancia y crianza, sigue siendo necesaria en una ciudad como Villa Springfield.

¿Vamos al médico?

Doctor HandA medida que pasan los años, cada vez vamos menos al médico. Solo cuando surgen cosas poco comunes, como granos dolorosos en lugares recónditos del cuerpo o dolor de brazos acompañado de vómitos y giros a la izquierda del ojo derecho, me decido a acudir para pedir opinión de alguien experimentado en ese tipo de vicisitudes. Me imagino que, en el caso de que el dolor de brazos asociado con los vómitos, formen parte de un desconocido síndrome, el galeno estará informado de este dato (o no), pero yo al menos lo habré intentado. 

Por supuesto, tengo mis médicos favoritos para llevar a la tropa. Un pediatra muy mayor que siempre está al día pero sigue teniendo la mentalidad de antaño, lo cual está muy bien, ya que no receta antibióticos a diestro y siniestro ni dramatiza con el hecho de que no quiera medicar a mis hijos hasta la saciedad, y una amiga médico en la que confío y que me viene muy bien para los temas de pubertad. Pero cuando ninguno de los dos están disponibles (las que vivís en una capital grande no entendéis esta precariedad sanitaria en la que vivimos los de provincias), hay que ir al médico que toque. Y eso, señoras y señores, es cuestión de suerte. 

Cada vez que voy al médico, me he de convencer a mi misma de que la persona con la que me voy a encontrar ha estudiado una carrera. Sin embargo, eso no me consuela demasiado. Yo misma estudié una y sé que, cuando sales de ella, sabes mucho sobre cómo estudiar y poco sobre cómo aplicar los conocimientos adquiridos. Además, sabes que el conocimiento sin la experiencia lleva a ejecuciones poco brillante en los campos profesionales. Entonces es cuando empiezo a auto-convencerme de que la persona que va a ver a mi hijo/a tiene experiencia. Habrá visto a muchos pacientes y se habrá documentado… Ahí empiezan de nuevo mis dudas. Recuerdo que cuando diagnosticaron a uno de mis hijos de una dolencia relacionada con reacciones alérgicas, le comenté a la médico de familia que ejercía como pediatra (las personas con título de pediatra son más raras que los tréboles de cuatro hojas en Villa Springfield) esta característica. Me aseguró muy muy convencida que esto no era así, que la alergia no tenía nada que ver con la dolencia. A los dos días recibí un e-mail suyo diciendo que había consultado en Google y que, efectivamente, yo tenía razón. Yo no tenía la menor duda: me lo había dicho el médico especialista que había diagnosticado a mi hijo. 

Cuando ya estamos en el médico me digo: pase lo que pase, lo más grave que puede pasar es que no de con el diagnóstico de una enfermedad rarísima que, tarde o temprano, acabará dando la cara. Pero lo más probable es que sea una gastroenteritis común asociada a una contractura por estar leyendo durante un día entero en una postura imposible. Así que allá vamos: auscultación, palpación, exploración, analítica y conclusión. Las conclusiones suelen ser de lo más común, pero a veces te dejan perpleja. 

“Peque” _Le dice el médico a mi hija, que le mira con respeto_ “Lo que te voy a decir quizás pueda sonar machista, pero no lo es”

El aire se puede cortar. Me agarro a la silla con las dos manos y contengo la respiración. Mi hija sigue mirando con atención. El médico no tiene ni idea de que está hablando con la reencarnación de Simone de Beauvoir. 

“Lo que necesitan las chicas de tu edad que están flojitas es un novio”

De mi boca se escapa un suspiro _”Ay”_ Y sigo conteniendo la respiración. 

Ella sigue mirándole con esa dulce sonrisa suya de “di lo que quieras que yo haré lo que me de la gana”. Al menos no saltó sobre él, como hubiese saltado sobre Father si se le hubiese ocurrido decir algo remotamente parecido. 

Cuando salimos, la felicito por haber sido tan diplomática y comento lo desafortunado del comentario del médico. Sin duda yo, a su edad, le hubiese contestado.

_”Para qué le ibas a responder, si va a seguir pensando lo mismo.
“No te creas mamá, a veces dar discursos molestos a gente molesta les ayuda a ser menos molestos en el futuro. Pero estaba cansada y no me salieron las palabras.”

(Lo que le hubiese dicho queda entre ella y yo)
MORALEJA: cuando los médicos no saben qué hacer ni que decir, se meten a psicólogos, y es entonces cuando la cagan. ¿Quién le pidió un consejo sobre la sexualidad de una niña de 14 años? ¿Qué repercusiones cree ese señor que sus opiniones pueden tener en ella y en su entorno? No tiene ni idea, pero él ha hecho su aseveración de vieja desde una poltrona de autoridad. Estudia una carrera para eso: para soltar chorradas cargadas de autoridad sobre temas que no son de tu competencia. Señores médicos, por favor, un poquito de seriedad. 

FIESTA

No hay nada como una fiesta con amigas (y amigos). No hay nada como vuestras risas y vuestros besos. Nuestros niños juntos (por fin), y ese pequeño de ojos claros que me abraza y me dice “gracias, MK”. Ese chico que va a ser un gran activista de Green Peace y va a salvar nuestra tierra en el Rainbow Warrior. Y no olvidemos al rubio risueño que nos ha conquistado a todos.

Piscina, salmorejo asqueroso, regalos chulísimos y entrañables, y dos amigas ausentes pero presentes todo el rato. Esas son las fiestas que me molan. Las que nos dejan recuerdos y ganas de volver a vernos.

¡¡Gracias chicas!!

(Este post, escrito con medios precarios y sin cobertura, será actualizado para ponerlo bonito)

Viernes dando la nota #15: Vacaciones

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Julio es ese mes en el que le tengo que explicar TODOS LOS AÑOS a TODA LA GENTE QUE ME LO PREGUNTA (que es mucha) que NO ESTOY DE VACACIONES. Pero muchos me miran con cara de incredulidad, y parecen no creerme. Ya se sabe que los mitos son persistentes y muy difíciles de rebatir, y uno de estos mitos más consistentes en este país es que los profesores tienen tres meses de vacaciones.

Lejos de ser verdad, julio es para mi uno de los meses más estresantes. Porque los que sí tienen vacaciones son mis hijos, y tengo que compaginar las tutorías, correcciones, tribunales y diseño de guías docentes con la elaboración de menús para toda la familia, compra, colada, servicio de chófer para los adolescentes de la casa y otras tareas variadas. Mientras, sueño con esa época en la que las vacaciones eran VACACIONES. Ese período idílico en el que cualquier cosa podía pasar, en el que las rutinas desaparecían, en el que el mar, el sol, la brisa, eran solo para mí. Que sí, que la familia es maravillosa. Pero yo echo de menos esto:

Y aquí con la letra, que no es que sea muy complicada, pero así podéis hacer karaoke.

¡¡FELIZ VIERNES DE NO-VACACIONES!!

¿Puede un niño ser mezquino?

1249139876_1168_full[1]Una de las cosas que más me llamó la atención cuando estudié Psicología Evolutiva es el hecho de que el concepto de infancia que tenemos actualmente está muy alejado del que se mantenía hasta el siglo XVIII. De forma creciente, al menos en el mundo occidental, la niñez se ha convertido en un fenómeno cada vez más separado de la etapa adulta, con sus especificidades, sus derechos y sus hábitos propios. Desde que Rousseau escribió Émile ou de l´éducation (1762), persiste la idea del buen salvaje: el niño (y la niña quizás también) es bueno por naturaleza. Es la perversión de la sociedad la que nos corrompe y nos convierte en los adultos que somos.

Sin embargo, yo he sido siempre más de John Locke (1632-1704). Somos una tábula rasa que va grabando todas las experiencias que vivimos. Evidentemente tenemos una base genética como animales que somos, pero la experiencia es la que da forma a nuestros actos, pensamientos, creencias, ideas e incluso a nuestras enfermedades. Por tanto, las niñas y los niños no son buenos “porque sí”, “porque son niños/as”. Depende mucho de lo que vivan, de lo que les enseñen, de lo que sufran o disfruten, que surja en ellos la bondad y el sentido de la justicia, o por el contrario la mezquindad.

Sin embargo, dado que nuestra sociedad ha acordado contemplar la infancia como un estado de beatitud extrema, suena verdaderamente mal decir que un niño es “mezquino”. Por las redes sociales circulan cientos de panfletos recordándonos todo lo que tenemos que aprender de los niños: su alegría ante los problemas, su bondad, su capacidad de ayuda desinteresada…NinosSonriendo_06Sin embargo, yo me pregunto si es oro todo lo que reluce. “Son cosas de niños” es una expresión con la que nunca he estado de acuerdo. Un niño (y una niña) aprende lo que ve, lo que oye, lo que vive. Y, sin afán de atribuir culpa ni condena, puede ser tan mezquino o tan mezquina como su entorno se lo permita. Un niño al que no se le enseña a respetar, no respeta; un niño al que no se le enseña a empatizar, no empatiza. Lo siento, eso no va en los genes. Y si empatizamos y respetamos es porque, en algún momento de nuestra historia evolutiva, alguien o algo nos ha enseñado a hacerlo. 

A partir de ahí, podemos plantear distintas formas de conseguir que nuestras hijas e hijos desarrollen ciertos valores. Hay quienes recurren a los límites rígidos tipo Super Nany; otros recurren al ejemplo y la crianza con apego. La diferencia entre estas dos posturas extremas (que dudo que mucha gente cumpla a rajatabla) puede ser objeto de otro post. Hagamos lo que hagamos, una cosa es importante: reflexionar sobre los valores que queremos que nuestros hijos e hijas desarrollen. Si queremos que nuestros hijos sean respetuosos, debemos educarles en el respeto. Eso implica tanto respetarles como enseñarles a respetarnos. Es bueno que las niñas y los niños sean conscientes de sus necesidades, y que tienen una familia que las cubre, pero también deben ser conscientes de que el resto de su familia tiene necesidades y debe ser respetuoso/a con ellas. Por ejemplo, yo intento que mis hijos sean conscientes de que yo tengo un cuerpo que tengo que alimentar, limpiar y descansar, y que hay veces que deben respetar mis tiempos, al igual que yo respeto los suyos y cubro sus necesidades. Si les enseñamos a ser conscientes ÚNICAMENTE de sus necesidades, eso derivará en algo que, en un adulto, podemos calificar como EGOÍSMO. 

Sé que hoy por hoy está muy mal visto atribuir estos calificativos a los niños y niñas; quizás porque tenemos la esperanza de que no están todavía formados y pueden evolucionar hacia formas más nobles, o quizás porque tenemos asimilada la sacralidad de la infancia hasta la médula. Sea por lo que sea, está claro que todos/as hemos sido niños/as, y fue en esa etapa en la que se formó una base importante de nuestra personalidad. También es verdad que una persona puede cambiar mucho a lo largo de su vida y sufrir experiencias que cambien de raíz esta base. Pero, desde mi punto de vista, partir de una buena base nos facilita mucho las cosas, y nos ahorra muchos golpes contra esas paredes que nos enseñan nuestros errores de partida.