CÁSATE Y SÉ SUMISA

La publicación del libro de Constanza Miriano,  editado por el Arzobispado de Granada, ha sido un bombazo en nuestro país. Frente al abrumador rechazo de gran parte de la sociedad, es curioso que, actualmente, sea el libro más vendido . Esto da mucho que pensar: la autora italiana plantea sus técnicas de sumisión, de obediencia y de entrega como una estrategia para perpetuar el matrimonio cristiano y para llegar a Dios a través de tu dueño y señor: tu marido.

Por supuesto que no voy a respaldar que las relaciones de pareja estén basadas en la sumisión, pero me parece muy llamativo que la necesidad por perpetuar el matrimonio cristiano no haya tenido ninguna propuesta aclamada desde las filas laicas para solventar lo que creo que es un gran problema en nuestra sociedad: el fracaso de la pareja.  El libro de Bucay y Salinas, que fue un gran éxito de ventas, Amarse con los Ojos Abiertos, y el de Osho, Amor, Libertad, Soledad, no hablan de las relaciones monogámicas estables a las que estamos acostumbrados. Sí tratan de la forma de establecer una relación de forma saludable y de romperla de una manera saludable, pero no se plantean el problema de que una relación se deba perpetuar en el tiempo ni de las nuevas circunstancias que surgen cuando la pareja tiene hijos.

Cuando yo leí esos libros ya era demasiado tarde. Me abrieron los ojos a cosas que nunca me había planteado. Desde pequeña pensé que estudiar una carrera, casarse y tener hijos era el desarrollo lógico de la vida. No culpo a nadie de esta ceguera, creo que es algo que pesa sobre nuestras cabezas de manera estructural y que quizás desaparezca en dos generaciones, pero de momento seguimos en la rueda sin pararnos a reflexionar por qué hay tanto sufrimiento a nuestro alrededor, tantas rupturas, tantos niños y niñas sufriendo las desavenencias matrimoniales o la imposición de acuerdos legales que les hacen viajar de un lado a otro con sus maletas un fin de semana sí y otro no.

Creo que muchas de mis lectoras sabéis a cuento de qué viene esta reflexión. Y sabéis quién ha dicho la siguiente frase:

no he visto jamás un estudio que demuestre aquella tan repetida afirmación de que un matrimonio con conflictos es peor para los hijos que el divorcio. Vale, pelearse continuamente a navajazos es malo para los niños. Pero muchos padres podrían, si se lo propusieran, mantener una convivencia lo suficientemente civilizada durante el tiempo suficiente para permitir a sus hijos una infancia estable. Como se ha hecho durante siglos.”


Vale, por fin encuentro una propuesta laica para perpetuar la relación de pareja, y esta propuesta consiste en mantener una convivencia civilizada durante el tiempo suficiente para que los hijos crezcan y se emancipen. Está claro que esta afirmación se basa en la firme creencia (sin pruebas) de que es mejor para los hijos vivir en un hogar sin amor que con sus padres separados. Y también en la firme creencia de que los padres, guiados por su egoísmo, no hacen el mínimo esfuerzo por mantener la relación. Como siempre suele hacer la persona que ha dicho esa absurda frase, que por cierto, no es experta en relaciones de pareja ni en desarrollo infantil, ni ha realizado ningún estudio al respecto de lo que afirma, hace una generalización a las bravas y nos planta ante una pareja utópica y universal, que es la que está en su mente, pero no en el mundo real. Y como suele hacer, sentencia de la misma forma sobre todas las parejas, no solo de nuestro tiempo actual, sino sobre las parejas de hace siglos.

No le voy a quitar razón a ese personaje en que la ruptura de pareja acarrea sufrimiento, tanto para los hijos como para los padres. Pero la propuesta que hace es absolutamente irrelevante e inútil. Al menos Constanza nos da pistas y estrategias concretas sobre la forma de perpetuar nuestro matrimonio y a la vez ser felices. Ser católica le hace feliz, y ser sumisa a su marido también (aunque pase por alto que, a veces, hay mujeres que están casadas con energúmenos que les parten la cara. Pero claro, esto forma parte de la sumisión: poner la otra mejilla). La única propuesta de este afamado gurú es “comportaos como se ha hecho durante siglos.” De ahí se infiere lo siguiente: “Es probable que las parejas de antaño fuesen tan infelices o más que vosotros, pero aguantaban juntos por sus hijos, y eso las hacía grandes. Durante siglos, la humanidad ha sido feliz porque las parejas, aunque dejaran de quererse, seguían unidas hasta la muerte. Eso es lo que tenéis que hacer vosotros: languidecer en una pareja fracasada de una forma civilizada, y así la humanidad seguirá conservando su felicidad”. Además, añadiría: “Para que esa felicidad sea plena, la mujer es mejor que no trabaje y se quede en casa cuidando de la prole, para así no tener que llevar a los niños a la guardería y que se conviertan en tarados emocionales el día de mañana.”

En fin, que no veo muchas diferencias entre la propuesta de Constanza Miriano y la de este afamado gurú laico, excepto que Constanza cree que se puede ser feliz siendo sumisa. Por lo tanto, y como no estoy de acuerdo con ninguno de los dos, os hago una propuesta: eduquemos a nuestras hijas e hijos para que sean capaces de entablar relaciones emocionalmente sanas; no les transmitamos la idea de que, para ser un ser completo y feliz, hay que tener hijos, y que sepan que, si los tienen, debe ser con alguien muy especial, al que conozcan en profundidad, con el que hayan hablado y acordado muchos aspectos que, aunque parezcan irrelevantes, surgen cuando se tienen hijos. Ah, y por último, si os divorciáis (es un derecho que tenemos y al que no tenemos por qué renunciar), intentad ser civilizados en la distancia y poner siempre a vuestros hijos por delante de toda decisión que toméis. Sin embargo, os diré que la clave del éxito en un divorcio suele ser la independencia económica de ambos cónyuges. No tengo datos científicos sobre esto, pero, como dice un amigo “Tampoco existe un metaanálisis con ensayos clínicos doble ciego sobre la seguridad de los paracaídas y, sin embargo, se siguen usando” (referencia del estudio que demuestra esto aquí).

Puedes encontrar otras entradas que hablan sobre este tema en El rincón de Mixka y en Bea, mamá de dos.

LA PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL EN NIÑOS Y NIÑAS

Ya estaba yo frotándome las manos con la entrada que tenía ya medio preparada sobre “¿La iglesia va en contra de las mujeres?”, cuando escuché voces y más voces clamando por información sobre la prevención del abuso sexual en niños y niñas. He de confesar que es un tema que nunca me ha obsesionado, tal vez porque prefiero apartarlo de mi mente lo más lejos posible (ver “Cosas que me dan miedo”). Sin embargo, estoy de acuerdo con que es un tema que requiere de cierta reflexión por parte de las familias.

Ya hablé en otro post sobre la educación sexual en adolescentes. ¿Cuándo debe empezar la educación sexual? Desde mi punto de vista, desde que el bebé aterriza en este mundo, ya que la sexualidad es algo inherente al ser humano que forma parte de nuestra más profunda naturaleza y que, por la misma razón, está situada entre los más grandes tabúes de nuestras culturas. Sé que Wilhelm Reich fue perseguido y enviado a la cárcel por decir este tipo de cosas, pero creo que llegados casi a los años 20 del siglo XXI, me puedo permitir hacer una reflexión sobre la sexualidad infantil sin ser enviada a la hoguera.

El sexo, desde el principio de nuestros días, va ligado al placer y al dolor, Eros y Tánatos en uno jugando y entrelazándose para dar vida. Desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer, la conducta sexual ha sido regulada, reprimida, encauzada, moralizada. Desde nuestra más tierna infancia nuestros mayores nos ocultan el tesoro que encierran nuestros cuerpos, la capacidad de darnos placer a través del acto de amar. Esto mismo nos niega gran cantidad de información valiosa para saber discernir el bien del mal.

Esta semana, una de nuestras compañeras blogueras nos hablaba de una técnica de prevención de los abusos sexuales basada en enseñar a los niños las partes del cuerpo que está prohibido tocar. Se usaban las luces del semáforo (verde, ambar, rojo) para indicar al pequeño o a la pequeña aquellas zonas que no debe dejar que nadie le toque. Esta propuesta no me convence del todo, ya que implica etiquetar las zonas del cuerpo que “son cubiertas por el traje de baño” como zonas prohibidas, sin la posibilidad de ofrecer al niño una explicación lógica de esta prohibición. Y los niños, que son muy listos, nos van a pedir una explicación del asunto. ¿Que tiene de malo que me toquen el culo, si tú, mamá, me lo tocas a todas horas? ¿Y mi hermano me lo puede tocar? ¿Y la abuela? Desde luego que me gustaría que si a mi hija le dan una palmetada en el culo ella sepa distinguir si en ese acto existe un matiz sexual inapropiado, pero… ¿la técnica del semáforo conduce a este conocimiento tan sutil?

Una de las cosas que los niños y las niñas deben saber de forma tácita desde muy pequeños es que la sexualidad apropiada va acompañada de amor y de consentimiento mutuo. Hablar abiertamente de sexo cuando los niños están delante es algo que la mayoría de las familias evitan. Tened en cuenta que cuando digo “sexo” estoy empleando la palabra de una forma muy amplia. El sexo no se reduce al coito. El sexo comienza con la caricia, con el beso, incluso con la mirada. Y nuestros pequeños deberían saber, desde muy pronto, que el sexo es algo que nos gusta, nos da placer, se da entre dos personas que se quieren y no implica daños y perjuicios. Si es así, serán capaces de discernir que algo que les hace sentir mal es INAPROPIADO. Y si les hemos dado la confianza para hablar de ello, es más probable que nos cuenten si alguna vez alguien les hace sentir mal.

Por otra parte, es importante que estemos atentos a las situaciones que pueden implicar riesgo y a los índices que nos pueden indicar que nuestros hijos están pasando por una mala experiencia. Cuando los niños son muy pequeños, las rabietas y el llanto son señales de que algo no les gusta. Si el niño verbaliza que no quiere ir al colegio o a casa de algún conocido, seguramente no quiere decir que estén abusando sexualmente de él, pero indagar en sus preocupaciones hace más difícil que un abusador persista en su conducta.

En definitiva, creo que la educación sexual temprana es la mejor prevención para este tipo de problemas. Os dejo la dirección de un blog que os puede resultar interesante, ya que trata el problema desde un punto de vista científico y con datos reales.

DE COMPRAS CON MISS BRIDGITTE

Cuando yo era adolescente no entendía por qué mi madre era tan reticente a venir conmigo de compras. Fue un alivio para las dos cuando fui lo suficientemente autónoma para ir yo sola de tiendas. Entonces huía de los consejos de las dependientas, a las que tendía a llevar la contraria, por lo que los grandes almacenes, sin nadie molestando a tu alrededor, se convirtieron en mi proveedor principal. Lo de probarme ropa, calibrar la talla que me hacía falta, combinar colores y estilos, nunca ha sido mi fuerte. Así que cuando ha llegado el momento de ir de compras con Brigitte he vuelto a revivir esa época de indecisiones y descalabros en los que era capaz de combinar (sí, reíros) el negro con el marrón. 

Desde que era muy pequeña, Brigitte Killer ha tenido grandes problemas para encontrar zapatos que, a la par de cómodos, fuesen estilosos. Su pie es largo y delgado, de modo que cuando el dedo gordo ha llegado al fondo, todavía no ha conseguido llenar las barcas y va chancleteando por la vida. Además, tiene unos gustos algo peculiares que resquebrajan el estilo glamuroso de su madre, más tirando al flower power que al london vintage. 
Hace poco llegó el momento de comprar calzado de invierno. Habíamos postergado esta tarea hasta la llegada de las lluvias, y ella se empeñaba en seguir calzando sus Converse azul Tardis que compramos por internet, acertando afortunadamente con la talla (un 41 holgadito). Aunque tiene el cuarto que parece una zapatería, asegura que ninguno de los pares prácticamente nuevos que allí habitan encajan en su pie, así que  cogimos nuestros paraguas y nos lanzamos a la aventura.
– ¿Qué tipo de calzado estás buscando, Brigitte?
– Mmmmm, esto, cómo, ehhhh, algo cómodo, con la suela blandita, alto y elegante, que me sujete los tobillos, que me pueda poner para hacer educación física y quede chachi con los vaqueros.
– ¿¿¿EIN???
Lo único que se me vino a la mente fue algo así: 
Recreación cortesía de Father Killer

Se me cayó el mundo a los pies nada más salir de casa. ¿Dónde encontraría yo semejante engendro? Pasaron por delante de mis ojos todas las zapaterías de Villa Springfield, como a un moribundo le pasa la película de su vida en imágenes. Ella aseguraba que era posible encontrar algo así, y para qué discutir. En la primera zapatería revisamos todos los estantes uno por uno. Demasiado ancho, demasiado estrecho, demasiado pijo, demasiado cutre. Mi paciencia estaba ya demasiado escasa, cuando se me ocurrió una gran idea. 
– Oye hija, ¿qué te parece si en vez de un par de zapatos, te compras dos? 
– ¿No es demasiado caro?
– A estas alturas te compro lo que sea con tal de volver a casa a la hora de la cena. 
Así que Brigitte, después de probarse todos los números que van del 40 al 42 en distintos colores, se compró unas deportivas para ir cómoda:

y unas preciosas botas para ir chachi con los vaqueros: 
Así fue como conseguimos llegar a casa sin pelearnos mucho y con zapatos para destrozar en los próximos meses. Sin embargo, previendo que dentro de poco la roca de Sísifo volverá a caer por la ladera de la montaña, estoy recopilando en una base de de datos todas las tiendas de ropa on-line para adolescentes, para que ella pueda tirarse las horas muertas eligiendo las prendas cómodamente desde el ordenador de casa y yo solamente tenga que poner la tarjeta de crédito. 

COSAS QUE ME DAN MIEDO


Ayer veía por enésima vez una de las películas de la saga “Pesadilla en Elm Street”, concretamente la última, en la que se aclara de dónde sale ese psicópata onírico con uñas de acero. Aunque la película a estas alturas ha perdido la frescura de su primer capítulo, dirigido por el maestro Craven en los años 80 y protagonizada por un joven Johnny Deep y un genial e inimitable Robert Englund, yo me trago cualquier cosa relacionada con el mundo del terror. 


Samuel Bayer intenta revivir a Freddy con muy poco arte, pero ahí están de nuevo sus puntiagudas uñas. Echamos de menos ese sombrero de ala ancha (más ancha) que oculta la terrible cara del monstruo, así como su satírico sentido del humor (¡Bienvenida a la hora estelar, perra!), aunque lo de “estás en un sueño húmedo” mientras la pobre chica nada en sangre en un largo corredor no está mal. 

Pero a lo que íbamos: las cosas que me dan miedo. Creo que a estas alturas queda claro que el bueno de Freddy ya no me atemoriza. No desde aquel día que me acorraló en la Casa Encantada del Parque de Atracciones de Madrid y me dijo “deja de gritar y sal por ahí, que mis uñas no son de verdad”. Pero hay algo terrible en la inocencia de sus pequeñas víctimas, en los niños de los que abusa cuando está vivo, ya crecidos adolescentes a los que asesina en sus pesadillas. 

La inocencia de los niños es la otra cara de la moneda de la perversión. El abuso sexual es la faceta más cruenta y aterradora de esta moneda. Sin embargo, creo que no hay que ir al extremo para atemorizarse con la contemplación de esta inocencia. El terror me asalta cada vez que atisbo esa inmensa confianza infantil en el BIEN, ese “ignorar” que la vida se puede tornar tremenda de un segundo al siguiente.

Una de las primeras veces que he observado ese terrible quebrantamiento de la inocencia fue el día que Vampi Killer descubrió el concepto de muerte. Todo empezó con el insight de que, para comer animales, éstos debían morir primero. Se quedó unos instantes meditando, tras los cuáles, levantó su cabecita de  4 años hacia mí y preguntó: “¿Y tú también te vas a morir?” Qué podía decirle más que la verdad. Pero siguió preguntando: “¿Y yo?” Si cariño, todos moriremos, todos los seres que están vivos mueren. 

Vampi Killer lloró amargamente durante largo rato. Ni abrazos, ni besos ni caramelos lograban consolarle. Eso me hizo recordar que una de las cosas que más me impresionaron de pequeña fue cuando le pregunté a mi padre qué pasaba con los cadáveres cuando los enterraban. Esa ordalía de gusanos y carne putrefacta me ha acompañado toda la vida.

El descubrimiento de la muerte es algo a lo que todos y todas tenemos que enfrentarnos tarde o temprano. Pero me parece mucho más cruel cuando nuestros tiernos niños descubren la maldad; porque, al fin y al cabo, la muerte es un hecho irrefutable, pero la falta de sinceridad, la envidia, la avaricia, el odio, la rabia, la crueldad, son a veces san sutiles que, aunque nos destrocen, se nos escapan entre los dedos, no pueden ser definidos con exactitud.

Podría deciros, para que os quedaseis más o menos tranquilas, que es posible que nuestras hijas e hijos crezcan sin conocer la maldad, pero desgraciadamente no lo creo. Ojalá que su inocencia se transforme en sabiduría y no en desengaño y alienación. Ojalá la resiliencia juegue a su favor y nuestros temores nunca se hagan realidad.



EL SENTIDO DE LA AUDIENCIA

Hoy voy a hablar de uno de mis temas favoritos cuando hablo de escritura: el sentido de la audiencia. Sin aburriros con citas académicas, os diré que esa expresión hace referencia a la representación que elabora la persona que escribe sobre sus posibles lectoras y lectores y que guía la forma en que se dirige a este público imaginario. Todos los escritores expertos elaboran esta representación de manera consciente y la relevancia de su texto depende de esté bien elaborada. Por ejemplo, cuando una bloguera escribe una entrada tiene una idea más o menos elaborada de las personas que leerán su post y la línea en la que irán los comentarios que reciba.
Sin embargo, la escritura en el entorno 2.0 nos lo pone un poco más difícil que a los escritores y escritoras de antaño. Por una parte, la relación que tenemos con nuestra audiencia es direrente. Quizás no sea más cercana, pero sí es más cotidiana y mantenida en el tiempo por el complemento fundamental de nuestro blog: las redes sociales. Esto hace que muchas veces, sin darnos cuenta, escribamos guiados por una representación restringida de la audiencia: nuestras tuiteras preferidas, nuestras fan followers o incluso nuestras hater followers, si me lo permitís. ¿Pero qué hay de esa audiencia silenciosa? ¿Esa que llega a nuestro blog por casualidad y se se encuentra con una entrada sobre ColeChan o sobre Madresfera y flipa en colores?
Esa audiencia silenciosa es una audiencia interesante ¿Es la que hace grandes los blogs de DIY? ¿La que deja comentarios anónimos que no sabemos cómo contestar? ¿La que comparte nuestro post por lejanas tierras disparando por un día nuestras pobres estadísticas? 
Para vosotras y vosotros, esa audiencia silenciosa, va esta canción

LA ENTRADA DE ESCARLATA

Muchas veces me pregunto si nuestro concepto de familia va a sobrevivir al siglo XXI. Parece que, tal y como se están desarrollando las cosas, nuestra forma de ver las relaciones amorosas, la maternidad y el matrimonio se están quedando obsoletas. Nuestras madres, en términos generales se casaron jóvenes con su primer novio y pronto tuvieron hijos. Mantuvieron la relación a costa de todo y fueron sufridas amas de casa, además de profesionales y trabajadoras. ¿Se preocuparon alguna vez por su felicidad? Lo ignoro, yo sólo las veía intentando sobrevivir al desamor y a la rutina, a las desgracias que trae la vida y a los años.
El otro día recordaba mi afición a “Lo que el viento se llevó” Mí identificación con Escarlata O`Hara era absoluta: una mujer luchadora que persiste para conseguir lo que quiere, que sale adelante sola, pero que se enamora de la persona equivocada. La osadía de Escarlata de ser una mujer libre e independiente, de escuchar a su corazón, de no convertirse en la esposa convencional de Rhett Butler, de seguir creyendo en el amor de Ashley hasta que descubre su cobardía, le hacen caer en desgracia. Nunca entendí porqué Rhett abandona a Escarlata. Él la persigue hasta la extenuación a pesar de sus negativas. Ella siempre es sincera. Está claro que la muerte de Bonnie Blue es demoledora para la pareja pero ¿Se merece Escarlata tantos reproches y, finalmente, el abandono? En una sociedad victoriana sí, por supuesto. Escarlata comete muchos pecados a los ojos de sus conciudadanos.

Me pregunto si han cambiado muchas cosas en nuestra época. La Escarlata original, la del libro, se casó tres veces, la última con su Rhett, tuvo tres hijos de tres hombres distintos (sus tres maridos) y tenía independencia economía para subsistir por sí misma. Desde luego no era una mujer convencional, ni entonces, en su época, ni ahora en la nuestra. Sin embargo creo que existe una diferencia importante entre ayer y hoy y es el papel que juegan los hijos en la historia. En la película desaparecen Wade y Ella, los hijos mayores de Escarlata y fruto de sus dos primeros matrimonios. Escarlata no se separa de sus maridos, se queda viuda (la separación sería algo gravísimo en los años 30 incluso para ella). Creo que si la historia se hubiese ambientado en la época actual, el juicio a Escarlata hubiese sido mucho más duro y su vida mucho más difícil. Escarlata se queda sola por no saber discernir entre el verdadero amor y un capricho de juventud. En la vida real las cosas suelen ser más complicadas.

La Escarlata del siglo XXI no deja a sus hijos al cuidado de una esclava negra. Asume su responsabilidad como madre y no tiene tiempo para ir a comprar finas telas a Atlanta ni dinero para pagar a alguien le cosa sus vestidos. Lleva a sus hijos al colegio y al instituto y tiene que conciliar  su vida familiar y laboral como buenamente pueda. Se busca la vida para preparar disfraces y fiestas de cumpleaños, ayuda con deberes, prepara comidas, merienda y cenas, compra la ropa de temporada y etcétera etcétera. Y después de todo esto, tiene que aguantar las miradas displicentes y los comentarios insidiosos de cualquier don nadie por estar separada de los padres de sus hijos.

Pero Escarlata entra en la fiesta con mirada orgullosa y la ceja levantada. Ha conseguido en la vida muchas más cosas que cualquiera de esos don nadie o doña nadie que la critican a sus espaldas. No tiene que permanecer atada a una relación fracasada y languidecer en el desamor. A dios pongo por testigo que  Escarlata O’Hara nunca tendrá que dar explicaciones sobre su vida a ningún ciudadano recto y bienpensante.

@ColeChanxxx

Esta historia comienza con la valiente @todomundopeques enfrentándose ella solita al mundo pro-cunas y camas en habitaciones separadas y al partido de “la cama de los padres es sagrada”. Intentaba convencer a otra mujer de que meter a un niño en la cama de sus padres cuando sufre por las noches no es un pecado mortal ni le convertirá el día de mañana en un adolescente salvaje y drogadicto. Era tan vehemente la argumentación de la señora que decidí echarle un cable y envié el siguiente tuit:
” los japoneses colechan hasta los 7 años o más y son muy disciplinados”
La sangre no llegó al río con la discusión, pero al día siguiente alguien retuiteó la GRAN VERDAD que yo había ofrecido al mundo. “Ohhh, quién será” – me pregunté- Y descubrí que había sido ColeChan, un chavalito de Georgia que se define a sí mismo como “Competitive CoD player” (ya le preguntaré a Phanton qué significa eso. EDITO: Phanton me ha dicho que es un juego de guerra que se llama Call of Duty). Entonces lancé el siguiente tuit al mundo:
” Que alguien que se llama @ColeChan me retuitee cuando hablo del colecho… no tiene precio 😀 #cosasdeltuiter” 
La respuesta de @ColeChan no se hizo esperar: 
” .@mother_killer WHAT ARE YOU SAYING I SPEAK ENGLISH”
Fijáos bien en ese puntito desafiante, ese que se pone para que todos lean tu discusión y vengan en tu ayuda, ese punto que es llamada a la batalla tuitera. De hecho, la respuesta de sus huestes no se hizo esperar de las manos de su amigo Competitively:
 “@ColeChanxxx @mother_killer dude watch out hes the mother killer” 
Ni corta ni perezosa, marqué como favorito ese tuit que demostraba mi capacidad para dar miedo en las RS, pero ahora me quedaba el problema de si traducirle a ColeChan lo que él mismo había retuiteado. Sin duda, no es de recibo explicar a un chaval de 15 años que conoces por el tuiter con tu cuenta de mommy blogger que colechar es dormir juntos, y tal y como está el tema de la pederastia en internet solo me faltaba que Cole tuviese una mamá vigilante que me denunciase por perversión de menores. Así que le envié un tuit inocente: 
“@ColeChanxxx why do you RT then? XD”

Y él me contestó:
 “@mother_killer I saw my name “colechan” ;)”
Ese guiño de compicidad me desarmó y decidí dejar a ColeChan seguir su camino como competitive player. Ya se enteraría de lo que es el colecho en el momento adecuado y preciso. Pero nuestra querida @trimadre30 puso la guinda a la conversación:
” @mother_killer @ColeChanxxx Jajaja.This is the most bizarre Twitter conversation I’ve ever read It s #almodovarstyle Pedrooo.. look that!”

EL MILAGRO DE SAN ILDEFONSO

Pensé que una vez en la ESO, mis mellis dejarían de darme material para relatar anécdotas sobre su paso por el sistema educativo, pero me equivocaba. Éstas, como su intelecto, son cada vez más floridas y complejas y además no van acompañadas de la ansiedad del principio. Ahora me demuestran día a día que sus cabecitas están bien amuebladas y tienen una buena formación en valores que aplican en todas las situaciones en las que se encuentran.

Como ya he contado en otras entradas, mis hijos nunca han cursado la asignatura de religión. Tampoco han ido a ninguna misa ni se saben ninguna de las oraciones que la gente de mi generación aprendió en su más tierna infancia. Para decirlo de una forma sencilla: son no católicos practicantes. Eso no es óbice para que vayan poco a poco aprendiendo qué son las creencias religiosas, las distintas religiones que existen en el mundo y la religión mayoritaria en el país en el que viven: el catolicismo. Lo cierto es que nunca han mostrado ninguna tendencia a la religiosidad, son incrédulos en cuanto a los aspectos sobrenaturales de la vida y tienen una moral que proviene más del razonamiento que de los dogmas. Y eso va a quedar demostrado con la anécdota que voy a contar.
Durante este curso, en la clase de literatura, llegaron a la parte en que la profesora comenzó a hablarles del Mester de Clerecía, curas poetas que durante los siglos XIII y XIV escribían poemas didácticos y moralizantes  de temática religiosa. Cuando llegaron a Gonzalo de Berceo y su Milagros de Nuestra Señora, la profesora les pidió que buscasen información en casa sobre el milagro de San ildefonso, por ser un santo autóctono de gran relevancia en nuestra provincia. Así que, cuando llegaron a casa, me pidieron ayuda para buscar información sobre el santo. Es curioso, porque normalmente son autónomos para buscar información en google, pero no sé que palabras clave estarían usando que no daban con un enlace que les convenciera.
En cuanto puse San Ildefonso Milagro aparecieron miles de enlaces, y escogí (para qué ir más lejos con el tema) el de la Wikipedia. Se lo leí en voz alta y escuchaban con los ojos como platos. Cuando llegué a la parte de “Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán” dice Phantom Killer:

– Si hubiesen sido los cristianos hubiesen arrasado con todo…
(glups)

A parte de esa intervención y la lógica de “Mamá, ¿Qué es una casulla?” no dijeron más y resumieron el milagro en sus cuadernos. (Para las vagas y vagos que no abráis el enlace de la wiki, os diré que el milagro consistía en que la virgen se apareció a Ildefonso, obispo de Toledo, y le entregó una casulla que éste debería usar los días festivos dedicados a ella )

Bueno, ahí quedó la cosa. Pero lo cierto es que el enlace de la Wikipedia se saltaba una parte importante del milagro (enlace con el milagro relatado por Berceo): el sucesor de San Ildefonso quiso ponerse la casulla para igualar a éste, esa casulla que le había entregado la Virgen en exclusiva, y pereció ahogado en el intento. En clase comentaron el milagro completo, y he aquí que, según relata Phanton Killer, a la profesora se le ocurre preguntar:

– ¿Os parece bien que la Virgen matase al que intentó ponerse la casulla?

La mayoría de la clase dijo que sí, y solamente a unos 10 estudiantes les pareció una barbaridad el tema (entre ellos Brigitte y Phanton Killer). Los motivos de los que dijeron que sí eran que la Virgen era Misericordiosa y Todopoderosa y cualquier cosa que hiciera o hiciese estaba bien. Bien, bien, bien…

Por lo que cuentan mis mellis, la profesora se quedó tan asombrada como ellos ante esa respuesta.

Cuando me lo contaban hoy por la tarde les pregunté:

– ¿Pero sabéis que es eso de Misericordiosa?
– No sé  – dice Brigitte-  una de esas palabras largas que se usan para convencer.

En fin, que ahora entiendo mucho mejor eso de los valores cristianos. Si una persona todopoderosa y misericordiosa asesina, está bien. No es delito, ni moralmente reprobable, ni va en contra de los mandamientos. Ahora entiendo que eso de la Educación para la Ciudadanía es totalmente incompatible con estos desarrollados valores cristianos, y entiendo que Wert se la quiera quitar de enmedio inmediatamente. Bromas aparte… ¿Os parece bien, lectoras y lectores, que la Virgen asesinase al orgulloso y soberbio sucesor de San Ildefonso?

EL CLUB DE LAS BUENAS MADRES

Que conste desde el principio que este no es un post de crítica a la bonita idea de LNSN. Creo que, en los tiempos que corren, cierta dosis de sentido del humor y de desdramatización es no solo necesaria sino además saludable. Y vamos, tal y como está el patio, como para ponerme así a criticar gratuitamente a un biutifulblog, ni en broma. Lo que sí es verdad es que entre las risas que me producían los tips diarios (el de llamar Lucía a las amiguitas de tu hija de las que no recuerdas el nombre fue lo más de lo más), me empezó a entrar un no se qué. Por un lado, me sentía identificada con el espíritu golfo y creativo que respira la idea. Pero por otro, y esta es una cuestión personal, mi Killerconciencia me decía “pues yo no soy una mala madre, jopelines”.

Cuando me metí en esto del 2.0  maternal me sorprendió que hubiese tantas mujeres (y algunos hombres) que reflexionasen en profundidad sobre su maternidad. Me parece un cambio a mejor y, aunque hay quien piensa que algunas perdemos mucho tiempo en las redes sociales, creo que es un ejercicio maravilloso de reflexión que seguro le es útil y sanador a muchas personas. En mi primera crianza eché mucho de menos la compañía de otras mujeres hablando sobre sus batallas diarias con sus pequeños y pequeñas. Me sentí muy sola y muy perdida. Por eso, encontrar tantas mujeres ofreciendo su sabiduría en la red me pareció un descubrimiento maravilloso. Gracias a ellas nuestra lactancia fue un éxito desde el principio, y el colecho fue una opción más que meditada y adoptada desde el primer día, por no hablar del maravilloso parto en casa, la mejór decisión que he tomado en mi vida.

Por eso, deis biberón o teta, durmais a vuestro bebé en brazos o dando meneos en el cochecito, seáis radicales crianderas naturales o despiadadas “ponedoras de límites”… os admiro, chicas. Aportáis mucho y muy bueno… aunque a veces no esté de acuerdo con vosotras. Pero es que, a ver, yo nací para discrepar, no para untaros de pomada a todas horas. Y a pesar de querer mataros a veces (mi apodo no es una casualidad), no sabría ya vivir sin vosotras. EHHHHH, que este en principio no iba a ser un post ñoño, lo prometo. Que vale que de vez en cuando me meta a ver vuestros maravillosos DIY que me dan tanta envidia y de los que despotrico abiertamente en el patio de vecinas. Pero a mí lo que me va es la marcha. Haceros bullir de ira y revolveros en vuestros asientos.

Pero vamos, que yo no soy una mala madre en absoluto (y vosotras tampoco). Aunque ya esté preparando la huída del nido de mis mayores y pensando qué voy a poner en sus cuartos cuando se vayan. Aunque disfrute de mi soledad en buena compañía (gracias, Father) hasta la médula. Aunque ayude a hacer los deberes a vampi mientras dormito en el sofá. Aunque me encante planchar mientras veo un capítulo tras otro de mi serie preferida mientras los peques piden la merienda a gritos. A pesar de todo eso, cuando acuesto a mi niño por las noches y me abraza y me dice “Te quiero mucho, mamá”, sé de buena tinta que lo estoy haciendo bien. Y cuando mi niña mayor me llama “cari”, sé que eso es una buena señal. Y cuando mi niño mayor me pide permiso para cosas que sabe que nunca le negaría… sé que sigue confiando en mi criterio para guiarle un poquito más de tiempo en su vida que ya despega.

Vaya, ya me estoy pasando de ñoña. Pero es que esta mañana he flaqueado un poquito y, como soy una pésima cocinera, he pensado que mi Phanton está tan delgado por mi culpa. Que con mi obsesión de que coma sano ya no le compro esas galletas de chocolate que tanto le gustan… y ha dejado de comer. Que no escribo los justificantes a tiempo cuando faltan al instituto y me lo tienen que recordar siempre. Que no les desconecto la wifi y están todo el día enganchados a internet.. porque como me tienen a mí de madre pues es lo que ven. ¡Qué madre de mierda soy! Y encima no disfracé a Vampi el día de Halloween porque pensé que, como otros años, no le iba a apetecer… pero parece que esta vez sí que le apetecía. Pedazo de lerda inoperante. Y encima soy una regañona (eso le dice Vampi a Moster Girl en mis narices: ¿ves como mi madre regaña mucho?)

En fin, que no quiero flaquear. Que no lo hago mal del todo. Son cultos, están sanos, son felices (todo lo feliz que puede llegar a ser un adolescentes) y se ríen a veces de mis tonterías. Saben que les malcrío y se aprovechan, que tienen que sacar más de un 7 para tenerme contenta (eso sí es de mala madre, lo sé) y que tengo la lágrima fácil. No voy a ocultar que a veces nos gritamos, cada vez menos, pero en términos generales creo que convivimos en armonía, y eso que somos una tropa de lo más numerosa. ASÍ QUE NO QUIERO UN DIPLOMA DE MALA MADRE, que luego voy y me lo creo y me paso tres días llorando. Sobre todo si coincide con esos días en los que estamos tan tontas y todo nos parece terrible y siniestro.

OS APRECIO DE VERAS (juraré no haber dicho esto nunca)