YA LLEGA JALOGÜIN

Me encantan los monstruos, los vampiros, los zombies y las calabazas. No hay más que ver la familia que tengo: toda una monstruosidad. Por eso, cuando se acercan estas fechas, me encanta dar sustos a los que lloran por las fiestas de antaño. Recuerdo poco de esa fiesta… si es que se puede llamar así. Cuando yo era pequeña, vivía en un pueblo. Todos los primeros de noviembre la gente se vestía de negro, compraba flores que olían fatal e iban todos (todas) a ese recintillo que me estaba vetado y que llamaban “Cementerio”.
Por aquel entonces yo no sabía lo que era la muerte, y el cementerio me producía muchísima curiosidad. Un día, mi madre nos pilló a mi hermano y a mí en la comitiva de un entierro. Nuestra niñéz fue libre y campurriana, y vagábamos por el pueblito desde muy pequeños. Cuando vimos a toda esa gente de negro en procesión y detrás de una caja extraña, decidimos unirnos a la procesión, a ver que daban al final. No nos dejaron consumar. Quizás sea por eso que siempre he tenido un morbo especial por los cementerios y cuando viajo, no me gusta irme del lugar sin visitar la última morada de los nativos.
Sin embargo, una o ninguna vez he ido a un cementerio el primero de noviembre. Mis muertos, los pocos que tengo, están conmigo siempre, no me hace falta ir a visitarles a ningún lugar. Por eso me gusta Halloween (o Jalogüin, como prefiráis): es entonces cuando pongo una vela para recibir con honores a mis espíritus más queridos. 
Llegadas estas fechas, oímos a mucha gente despotricar contra Halloween por distintos motivos. Los católicos protestan porque Halloween hace sombra al día de todos los santos, la celebración que ellos impusieron por encima de toda tradición pagana ancestral. Los progres porque dicen que los yankies nos están colonizando. Pero lo cierto es que Halloween es una tradición celta, concretamente irlandesa, que fue importada por Estados Unidos en el siglo XIX, hacia el año 1845, cuando una mala cosecha de la patata hizo que los habitantes de la isla esmeralda emigrasen a las américas. 

Los irlandeses, ya católicos, mantenía algunas de sus tradiciones celtas, y esta,  la de Samhain (año nuevo wiccano) era una de la más importantes. La noche del 31 de octubre, originalmente llamada “la vigilia de Saman” se celebraba el fin de un ciclo. Es la época en la que se hace la última recolección de la cosecha y, metafóricamente, comienza un nuevo ciclo de maduración de la semilla durante el invierno, florecimiento durante la primavera y crecimiento de los frutos durante el verano. En la  cristianización de la fiesta pagana, el Papa Gregorio IV cambió el nombre (y el contenido) por el de “Día de todos los Santos” (All Hallows Day), y finalmente la fiesta acabó llamándose HALLOWEEN.

En la noche de Samhain, los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, se conectan. Los espíritus tienen la oportunidad de visitar a sus familiares, que les reciben encendiendo velas que purifican y meten dentro de calabazas talladas. Este es el ritual que se recita al encender la vela: 

En esta noche de Samhain señaló tu paso amado Dios del Sol

Hacia las tierras del eterno verano, aguardando tu regreso 

También señaló el paso de los que se han ido y se irán después 

Oh bendita y amada Diosa eterna, tu que das nacimiento a los caídos 

Guía mis pasos en la oscuridad, protégeme y ayúdame a comprender 

Tus misterios, enséñame que así como de la oscuridad nace la luz 

El ciclo renace eterno y por siempre.



El fuego es un elemento esencial en esta celebración por sus propiedades de purificación. Esta noche, escribe todo lo que se ha destruido a lo largo de este año, aquello de lo que te quieras desprender (malos hábitos, personas tóxicas, tristezas, desengaños) y aquellos seres a los que hayas perdido y quémalo en un caldero con fuego. Esto simboliza el renacer y el comienzo de un nuevo ciclo. Mientras el papel arde, recita: 

Sabia de la Luna menguante, Diosa de la noche estrellada. Creo este fuego dentro de tu caldero Para transformar lo que me está atormentando. Que las energías sean revertidas ¡De oscuridad, luz!, ¡De mal, bien! ¡De muerte a nacimiento!

¡¡¡FELIZ HALLOWEEN!!!

¿Publicitar una taberna? El fútbol infantil y la educación

Ha llegado la temporada de fútbol. Es un deporte que nunca me ha hecho mucha gracia, la verdad, pero si a Vampi le gusta, no seré yo quien le corte las alas. Así que le hemos apuntado a un equipo de pre-benjamines de VillaSpringfield. 25 euros todos los meses… vaaaale. 55 euros la equipación… vaaaale. Partidos todos los fines de semana, con lo que eso supone de no poder hacer otros planes en familia… vaaaaale. Que si vendamos papeletas para financiar al equipo… eso ya me gusta menos. Más cuando, si no tienes a quién vendérselas, tienes que pagar el taco entero, más de 100 euros. Pero lo que no me gusta en absoluto es que nos cuelen en la equipación de los niños la publicidad de una taberna.

Se supone que yo he inscrito a mi hijo en un equipo de fútbol para que haga deporte. No estoy en contra de las tabernas, ni de los bares, ni de los pub, pero creo que el sitio más adecuado para publicitar estos locales no es la camiseta de unos niños que juegan al fútbol. Esta puede parecer una postura muy mojigata y conservadora, pero prefiero pecar de mojigata que estar lamentando día tras día los elevados índices de alcoholismo de nuestra juventud. Y además… creo que ya he pagado suficiente dinero para exigir que retiren esa publicidad de la camiseta de mi hijo.

No pondría ninguna objeción a que se publicitase una tienda de deportes en las camisetas de los niños, por ejemplo la que nos ha facilitado la equipación, pero ¿una taberna? ¿qué aporta de positivo que mi hijo vaya con el nombre de un bar en la espalda? ¿Qué aportación económica ha hecho el bar? ¿Quiénes van a ir a ese bar por el mero hecho de ver su nombre en la espalda de mi hijo? Y lo que es más importante: ¿qué opina mi hijo sobre el hecho de llevar en la espalda el nombre de una taberna? Seguramente le de igual, pero sus neuronas no descansan y probablemente generen una interpretación del asunto al igual que en el tema de las tetas del calendario.

Lo peor de todo esto es que soy la única madre (y padre) que ha manifestado en voz alta la preocupación por el tema de la publicidad. En voz baja sí que lo he oído a otras personas, haciendo el chascarrillo de que los niños lleven en la camiseta un sponsor asociado a un hábito poco saludable como es la bebida. Pero todo el mundo calla y no va más allá. Sin embargo, no podemos negar que queda feo, muy feo, y que denota la falta de reflexión sobre la infancia que domina nuestra sociedad.

(Ya han pasado un par de años de esta entrada. Ya dejamos el equipo de fútbol (Aleluyah) y los de la taberna siguieron su camino y nosotros el nuestro. Una gran liberación)

LAS TETAS DE LAS MUJERES

Un día fuimos Father y yo a coger el coche al garaje y un nuevo elemento nos sorprendió. Nuestros vecinos, unos reputados intelectuales donde los haya, habían colgado en la pared el típico calendario de gasolinera. Una señorita rubia de ojos azules y con un corsé blanco nos miraba insinuante con sus operadas tetas al aire. En fin, qué se le va a hacer. Respetamos la libertad de nuestros vecinos, y si es eso lo que tienen que expresar no vamos a ser nosotros quienes pongamos veto a sus instintos. Sólo nos preguntamos qué dirían los niños cuando lo viesen… y ese día llegó. 

Ayer volvíamos Vampi y yo de las extraescolares y aparcamos el coche en el garaje.

– Mamá, he visto un cuadro, pero no te lo voy a decir.
– ¿Qué cuadro, cariño?
– Bueno, te lo digo.

Se acerca al calendario con una pícara sonrisa y lo señala. La rubia me devuelve la mirada.

– Ah, eso… lo han puesto ahí los vecinos.
– Pues yo he visto mujeres que enseñan las tetas así en la tablet (levantándose la camiseta como Messi en la foto)

(me pongo a pensar cuándo ha podido ver mujeres enseñando las tetas así en la tablet… ¡¡El Stream Cloud!!)

– Ahh, fíjate…
– ¿Y por qué las enseñan, mamá?
– Pues me imagino que porque hay gente que paga dinero por verlas… (Qué digo, qué digo, que digo… piensa rápido, Killer)
– ¿Pagan por verlas? Ahhhhh….. A las mujeres que enseñan las tetas se las lleva la policía, ¿No, mamá?

GLUPSSSSSS. KILLERBLOQUEO

– Bueno… solo a las que lo hacen para protestar. Y es que no es lo mismo esto
que esto: 
Y mucho menos que esto: 
– Vampi, cuando tú eras pequeño yo te daba de mamar en la calle y enseñaba las tetas, pero nunca me llevó la policía ni me pagaron dinero. 
– ¿De verdad????
– Claro ¿qué iba a hacer, si tenías hambre?
Vampi se ríe imaginando la escena. ¿Habrá entendido que hay formas y formas de enseñar las tetas? Seguiremos informando. 

MOTHER FEMINISTA

EDITO para poner el enlace del post al que se refiere esta entrada, ya que he caído en que muchas de mis lectoras no leen el ABC. 


No me deja de sorprender que bloggeras reputadas escriban post sin documentarse. Esto no es serio, señoras, que sus escritos los leen miles de mujeres y se pueden creer lo que dicen. Por ejemplo, en estos días podemos leer un post que seguramente ha tenido muchas visitas y que afirma que la “culpa” de que las mujeres trabajemos y nos veamos en la obligación de, llorosas, dejar a nuestras criaturas a cargo de extraños, es del feminismo. Afirma esta bloggera reputada que el feminismo nos sacó de nuestras casas y nos embarcó en el mundo laboral, haciéndonos creer que éramos iguales que los hombres. Esta afirmación es inexacta en  varios sentidos que voy a ir detallando punto por punto:
1) El feminismo surgió como consecuencia de las graves desigualdades de género que se vivían en el mundo occidental (del oriental podemos hablar en otro momento, tema interesante). Me imagino que a esta bloggera le parece bien que las mujeres votemos. Pues el movimiento sufragista fue uno de los movimientos feministas más importantes, y gracias a él ahora ella y todas nosotras podemos votar en igualdad de condiciones con nuestros compañeros. Fíjate que las mujeres no salieron gritando “¡Queremos trabajar y que a los bebés los cuiden otros!”. No. Salieron a gritar “¡Queremos votar, igual que los hombres!” Las españolas no lo conseguimos hasta el siglo XX, con la Constitución de 1931, aunque como ya sabéis, Franco anuló el derecho al voto tanto de hombres como de mujeres durante 40 años.  
2) La mujer ha trabajado desde que el mundo es mundo. El feminismo no es la causa de que abandonase el hogar y a sus hijos. Las mujeres han trabajado en el campo, en las fábricas, en las escuelas, han sido artistas y científicas desde hace siglos. Las feministas lo que han hecho es exigir igualdad de condiciones en el trabajo e igualdad de acceso a formación superior. Porque antes (y ahora) había mujeres a las que no las dejaban ir al colegio, por no hablar de la universidad… porque esta señora bloggera es universitaria, intuyo, y seguro que le parece bien que las mujeres podamos ir a la universidad e incluso ocupar cargos de responsabilidad. Las feministas han estado luchando para que nosotras ahora nos podamos lamentar de tener una carrera y tener que elegir entre ejercerla o cuidar a nuestros hijos… o por el contrario podemos tomar el testigo y, como feministas, luchar por una política de conciliación familiar y laboral justa que imprima valor a la crianza y la educación de los niños y niñas en sus hogares y que a la vez permita que las personas que tiene hijas e hijos puedan compaginar la parentalidad y el trabajo.

3) El feminismo no es una ideología, sino un campo de estudio, reflexión y trabajo inmenso que no se puede simplificar diciendo que nos ha sacado de nuestros hogares para ponernos a trabajar. Nunca he leído ni he oído a ninguna feminista que lo de quedarse en casa cuidando de los hijos es una cosa de marujas. A lo mejor se lo podemos oír a alguien que se cree feminista pero que no ha leído en su vida nada sobre feminismo. Por el contrario, el feminismo intenta fracturar las normas androcentristas que dominan nuestra cultura para que cambiemos un mundo pensado por y para los hombres por otro mundo que respete las necesidades y características de todos sus miembros: hombres, mujeres, niños y… demás animales (quien sepa de feminismo sabe a qué me refiero).

En conclusión, cuando tienes un blog no basta tener muchas visitas, muy buen diseño y una tipología de letra perfecta. Además, hay que pensar un poco sobre lo que escribimos. Hay que ser conscientes de que, quien nos lee, nos confiere cierta autoridad y puede creerse todo lo que escribimos. Por eso, tenemos la responsabilidad de, aun estar escribiendo en un medio divulgativo y personal, ofrecer información contrastada y documentada. 

TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN

Me encanta la conspiranoia. Soy fan absoluta de las teorías de la conspiración. Y no me digáis que después de milenios alimentando a nuestras criaturas con leche de madre, el que haya tantas, tantísimas mujeres diciendo convencidas que sus tetas no alimentan, que sus tetas no dan leche, que sus tetas se dañan peligrosamente con solo pensar ser succionadas, es altamente sospechoso de ser el producto de una gran conspiración.

A ver, no tengo nada en contra de las mujeres que deciden libremente no dar de mamar a sus hijos e hijas, NADA. Yo misma mamé un mesecillo, dos a lo sumo, y soy una mujer sana y equilibrada (ejem ejem). Pero me molesta terriblemente que en los tiempos que corren se eche por tierra todo el conocimiento sobre la fisiología del cuerpo humano femenino. Es rarísimo encontrar mujeres que sepan cómo funciona una una teta como órgano que, además de embellecernos y aportarnos placer, tiene el maravilloso don de producir alimento.
No me malinterpretéis, no soy ninguna fundamentalista. Ahora cualquiera que hable de la función fisiológica de las tetas parece estar cometiendo un pecado. Pero me incomoda que se prive a millones de mujeres de uno de los mayores beneficios de la lactancia materna: la prevención del cáncer de mama. Que este gran beneficio se haya visto eclipsado tanto tiempo solo puede ser producto de una gran conspiración. Y esto no se me ha ocurrido a mí, ya lo dijo Carlos González hace algunos años (para que veáis que no le guardo ningún rencor)
Está claro que si se promocionase la lactancia materna en condiciones, habría mucho dinero cambiando de unas manos a otras. Nosotras ahorraríamos mucho en leche de fórmula y utensilios para subministrarla (por no hablar de la cuna, el cuarto del bebé y chupetes a tutiplén); el gobierno (osea, los y las contribuyentes) ahorraría en tratamientos de cáncer y de las múltiples enfermedades que previene la lactancia en madres e hijos/as y, lo que es más importante, nos ahorraríamos mucho sufrimiento vinculado a la enfermedad. Pero claro, habría miles de empresarios perdiendo MUCHO dinero. Empresarios muy poderosos… vamos, los conspiradores (ya ya, parezco Rafa Pal, lo sé, pero no me faltan argumentos).
En fin, que lo creáis o no, somos víctimas de una inmensa conspiración que dura ya demasiado tiempo. Lo que no sé como encajar aquí es el hecho de que ciertos pediatras vayan diciendo por las guarderías que la lactancia a demanda promueve los trastornos de alimentación porque no deja al bebé reconocer la sensación de hambre. Pero eso será objeto de otra entrada.

FIN DE SEMANA DE CINE: LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI Y NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES

 

No voy a ocultar que siempre he sentido cierta ambivalencia por Álex de la Iglesia. No soy muy aficionada al humor delirante y el humor negro lo prefiero en dosis pequeñas. Aún así, hay que reconocer que sus películas nunca me han dejado indiferente. Las brujas de Zugarramundi tampoco lo ha hecho. Vale, confieso que he reído, pero Álex, ¿era necesario vomitar todos los estereotipos machinazis en solo 112 minutos? Creo que, en los tiempos que corren, en los que es tan necesario promover la paz social en las rupturas de parejas con hijos e hijas de por medio, está de más una oda a la maldad de las mujeres y la estulticia de los hombres, con niño entregado al sacrificio incluido.

En todas las críticas que he leído, la gente alaba la primera parte de la película, esa delirante huida en taxi por las calles de Madrid que acaba en Zugarramundi, tierra de Brujas. Sin embargo, no he visto ninguna reseña que profundice en el meollo del asunto: una pareja divorciada, un niño al que su padre lleva a un atraco a mano armada pero es un buenazo que se preocupa por su hijo y su madre, una histérica que lo único que quiere es destrozar la vida a su ex-marido a costa de sacrificar al niño. Dos coches siguen al taxi que huye:  la ex-mujer, haciendo uso del localizador del móvil (herramienta genuina de las mujeres locas por controlar a sus maridos) y una pareja de policías que siguen a la mujer.

Cuando llegan a Zugarramundi, les espera un aquelarre de brujas de lo más nutrido. Una de ellas, joven y guapa, se prenda del papá de la criatura (Hugo Silva) rechazando al chaval descerebrado
que encarna Mario Casas. Ahí, el guión deja claro que la que elige es la mujer, detecta su presa y se dispone a engullirla (en el más literal sentido de la palabra). Para más Inri, Carolina Bang es la novia de Álex de la Iglesia en la vida real, separado y con dos hijas. Esto hace que la película nos haga sospechar cierto toque autobiográfico, aunque por su puesto no lo puedo asegurar, ya que la vida del director bilbaíno no es de las que se prodigan en el Sálvame Deluxe. El caso es que la bruja joven se encapricha del papá del niño y traiciona a su aquelarre para comenzar una relación con él.

Eva insulta al aquelarre enamorándose de Hugo, pero sigue siendo una bruja. Es magistral el dialogo en el que acusa al pobre hombre de ser un egoísta y un cobarde que prefiere a sus amigos y a su hijo que a ella (mientras los amigos arden en una hoguera y el niño es engullido por un monstruo en forma de Venus de la fertilidad). Esa rabieta nos refleja a todas las brujas posesivas que queremos acaparar la vida de nuestras parejas por completo y quitarles su libertad. ¡¡PERO QUÉ BRUJAS SOMOS!!Bueno, no os voy a destripar más la película, por si no la habéis visto. El final es de traca y me trajo a la memoria el Club de las Segundas Esposas. En definitiva: si os queréis reír, quitaos las gafas de género (como dice mi amiga Chusa) cuando vayáis a verla.

En contraposición está la película del mexicano Eugenio Dérbez, No se aceptan devoluciones, nos acerca a una temática muy parecida en lo que viene siendo una comedia lacrimógena ligera y divertida, pero de la que se pueden sacar algunas conclusiones sencillas. Digamos que, frente a lo enrevesado de Las Brujas, Dérbez va de frente: un solterón empedernido, vago, promiscuo y con miedo al compromiso, puede convertirse en un excelente padre por amor. No creo que Dérbez ataque diréctamente a las mujeres en esta cinta, ya que el caso de Julie, la madre de Maggie (rubia bilingüe de 7 años encarnada por Loreto Peralta, que hace un bonito papel) es un caso aislado muy poco común que evoca la ya clásica Tres solteros y un biberón: la madre que, tras una aventura esporádica, queda embarazada y le lleva el bebé al padre para seguir su vida de soltera.

En fin, que la película de Dérbez está siendo un éxito en taquilla (todavía no hay fecha de estreno en España) con una trama más bien sencilla (aunque plagada de sorpresas) y sin buscarse enemigos entre las mujeres. Por eso digo y repito…. ÁLEX, ¿ERA NECESARIO?

ESCUELAS INFANTILES 0-3 Y LACTANCIA

Ayer comentaba una mamá en el twitter que en la escuela infantil a la que acude su bebé de 7 meses han convocado  a las madres que dan el pecho a una reunión con la Psicóloga porque, según el centro, los niños de teta son “problemáticos”. Me imagino que en dicha escuela infantil están preocupados por una serie de ideas previas infundadas y poco fundamentadas en la experiencia o en la evidencia científica sobre cómo son los niños “de teta”. En todo caso, recordemos que la OMS recomienda la lactancia en exclusiva hasta los 6 meses, y con alimentación complementaria hasta los dos años, de modo que las escuelas infantiles tienen el deber moral de apoyar a las madres lactantes si es su deseo prolongar la lactancia en este periodo.

Por otra parte, no debemos confundir el apego con la sobreprotección. El vínculo de apego (concepto introducido por Bolwy en los años 50) se refiere a la estrecha relación que se establece entre el bebé y su cuidadora o cuidador principal. TODOS los bebés desarrollan vínculo de apego, da igual que se alimenten con leche materna o de fórmula, que sean criados por su madre, por su abuela o por su tía. Todos los bebés experimentan la llamada “Ansiedad de la separación” cuando su figura de apego les deja al cuidado de un adulto extraño para ellos. No hay ningún indicio de que los bebés de teta lloren más al separarse de sus madres que los demás bebés, o de que sean más “problemáticos” cuando acuden a una escuela infantil. Lo que sí es posible es que las madres lactantes tengamos más ansiedad al separarnos de nuestros bebés y demos más “la lata” preguntando e indagando sobre las prácticas del centro, pero eso es algo a lo que tenemos derecho: esa información no nos puede ser negada.

Una vez hemos aclarado esto, hemos de decir que las escuelas infantiles SI necesitan cierta formación sobre qué implica que los niños que llegan a sus instalaciones sean “niños de teta”. A partir de los 6 meses, los bebés que se alimentan de leche materna pueden empezar a introducir en su dieta alimentos de otro tipo. Creo que es sumamente importante que el centro tenga prácticas respetuosas de alimentación, y esto vale para todos los niños y niñas, tanto  los de “teta” como los de “fórmula”: obligar a comer a los niños no es la mejor forma de conseguir que su alimentación sea una actividad placentera y nutritiva. Damos por descontado que en las escuelas infantiles ofrecen alimentos adecuados a la edad de los pequeños y en la cantidad apropiada. Pero además, si la hora de la comida no se convierte en un infierno de llantos y cuidadoras intentando embutir la cuchara en la boquita del pequeño o la pequeña, mejor que mejor. Muchos niños y niñas de teta se resisten a comer otro tipo de comida incluso hasta el año. Ofrecerles comida es una práctica adecuada, pero obligarles a comer es una tortura innecesaria.

En cuanto a la hora del sueño, es importante que las cuidadoras del centro se informen de los hábitos de sueño de los bebés que tienen a su cargo y usen esta información para hacer más fácil la hora de la siesta. Como madres, tenemos derecho a exigir que no se deje a nuestros hijos e hijas llorando en un cuarto oscuro a horas puntuales del día. Si los niños lloran y no se duermen, no es problema de la madre o de la criatura, sea lactante o no. La política del centro debe estar clara a este respecto, ya que las familias, que somos las que pagamos, tenemos derecho a decidir cómo son atendidos nuestros hijos en estos centros. Los niños y las niñas “de teta” suelen dormirse mientras maman. En el centro no dispondrán de este elemento, por lo que probablemente necesitarán un tiempo para adaptarse a esta nueva circunstancia. Sin embargo, no creo que presenten mucha diferencia frente a los bebés de fórmula: dudo que los llantos que oía cuando iba a recoger a mi niño a su guardería fuesen solo de los de teta.

Como conclusión: no sé qué irá a decirles esta psicóloga al grupo de madres lactantes, pero yo os diría que no os dejéis amedrentar: estáis en vuestro derecho de amamantar, y vuestro hijo o hija tiene derecho a ser amamantado. El problema es del centro, no vuestro: si plantean problemas, pedidles que aporten soluciones, ya que vosotras estáis haciendo lo que tenéis que hacer.

LOS DÍAS TROLL

Por las mañanas, lo primero que hago al abrir el ojo (normalmente el izquierdo, que el otro lo tengo vago) es abrir mi Facebook y mi Twitter. Empiezo a repasar las publicaciones de la gente. Hay días normales: algunas noticias me hacen sonreir, otras refunfuñar, las más pasan indiferentes por mis dedos. Pero hay otros días que una simple palabra o expresión se me atragantan y aparece un pensamiento recursivo: ese día es un DÍA TROLL.
Ese día lo mejor sería esconder mis dispositivos y dedicarme a la meditación. Pero si me lo han puesto a huevo ¿cómo no voy a sucumbir al placer del trolleo? He de decir que la mayoría de las veces me contengo. Ayer leía un post de una amiga hablando de la alimentación de su hija, que si lo bien que comía, lo sano y lo super CG que se lo hacía, y me vino a la cabeza esta frase: “Para que al final acaben comiendo mierda…” Afortunadamente tengo un filtro: si tengo a Father cerca se lo cuento para ver qué cara pone, y la mayoría de las veces frena trolleos peligrosos, de los de “haciendo amigos”. Pero otras veces Father no está y me lanzo a la carrera, sin filtro y sin freno. Al final de ese tipo de días, un extraño silencio puebla mi Facebook y varias velas negras lucen por mí en distintos sitios de la geografía española.
Esos días tengo especial debilidad por los post ñoños, esos en los que alguna mamá habla de lo guay que es dedicarse tiempo a sí misma cocinando una sopa juliana para toda la familia, o ese otro en el que se asegura que los niños son maravillosos y aportan dulzura y estabilidad a nuestras vidas. Los que más me encienden, sin embargo, son los que te invitan a no decir a los niños nunca que no. Fijaos, lo de dejar de gritarles, pase (salud para nuestra garganta, sus oídos y nuestra convivencia) pero no decirles nunca que no para dejar que surja su naturaleza a raíz de la libido no contenida… NO, LO SIENTO.  Y claro, ante argumentos freudianos esencialistas, ironía y sarcasmo a tope, y ya la tenemos liada.

¿Y qué me decís de esas chicas que cuelgan fotos de tíos buenísimos (suele ser siempre el mismo) y les echan piropos y les declaran su amor incondicional? ¡¡¡Buscaos uno real, nenas, que ese está cogido por Shakiraaaaa!!! (las veces que he tenido que borrar ese comentario). 

Pero lo voy a dejar, lo dejo, me estoy quitando. No puedo soportar verme reflejada en el vídeo que me puso Father  ayer en el Facebook.


¿SE ENSEÑA A ESCRIBIR EN EL HOGAR?

¡NO! No cojáis los cuadernillos pautados ni atéis a vuestras criaturas a una silla con un cuaderno y un lápiz delante. Cuando nos proponemos enseñar cosas a nuestros hijos e hijas, uno de los errores más comunes que cometemos es el de imitar las prácticas que se llevan a cabo en la escuela. Así, vemos como madres y padres se lanzan a la árdua labor de conseguir que sus bebés aprendan a leer a una edad temprana enseñándoles láminas con palabras enormes y repitiéndoselas hasta la saciedad. Y claro, los peques aprenden a leer palabras. Pero no es ese el tipo de lectura que nos interesa. Aquí os quiero hablar de la enorme potencialidad de las actividades de la vida cotidiana para que los niños y niñas aprendan a leer y a escribir.

Otra aclaración: cuando hablo de “leer y escribir” no me refiero al acto de descifrar o reproducir palabras escritas. En inglés usan una palabra cargada de sentido, literacy, que no existe en castellano (hay quienes la traducen directamente como “alfabetización”) y que engloba todos los conocimientos y competencias necesarias para sumergirse en el mundo impreso. Entre estos conocimientos está el hecho de saber cómo se coge un libro, saber para qué sirve (aunque sea de manera muy general), distinguir entre un cuento, un periódico o una revista (sí, aunque parezca mentira, los niños aprenden a distinguir estos artefactos a una edad muy temprana si nos han visto y oído leerlos en casa) o saber que lo escrito se lee de izquierda a derecha (podéis ver a niños muy pequeños siguiendo con el dedo las líneas escritas e imitando la lectura, tal y como han visto hacer a sus padres o a sus hermanos mayores). ¿Hacemos un listado de las cosas que los niños y niñas pueden aprender sin necesidad de ponerse a trabajar con la cartilla?

– Pueden aprender que anotar las cosas sirve para recordarlas en otro momento. Anima a tus niños (si pueden coger un lápiz o una cera de colores, incluso pintar con el dedo, vale) a que te ayuden a hacer una lista para recordar. Puede ser la lista de la compra, la lista de cosas que nos queremos llevar a nuestras vacaciones o la lista de cosas que le queremos decir a la abuela cuando la veamos: da igual. El caso es que se den cuenta que escribir esos simbolitos en una hoja de papel, lo hacemos con una finalidad concreta. Luego, cuando vayamos a la compra, sacaremos la lista y le animaremos a recordar lo que estaba escrito en ella (si lo ha escrito él, procurad llevar una chuleta escondida por si no recordáis lo que puso). La lista escrita por vuestra niña o niño puede tener este aspecto:

– Pueden aprender que lo que está escrito en los textos que les leemos no tiene nada o tiene poco que ver con las cosas que decimos. Cuando leemos a los niños, éstos aprenden de forma no explícita a comprender y a reproducir la forma en que “hablan” los libros. Leer cuentos a y con los niños es una de las actividades más enriquecedoras en términos de aprendizaje de la lectura y la escritura (además de ser muy divertido si lo hacemos para pasarlo bien y no para hacer que nuestros niños se conviertan en pequeños Einsteins). Si queremos imitar a alguien, que no sea a la maestra, sino a los cuentacuentos: los niños se sienten fascinados cuando les contamos un cuento cambiando de voz para cada personaje, cuando les hacemos preguntas sobre la trama y les hacemos partícipes de la historia, cuando les animamos a inventar finales alternativos. También les gusta darse cuenta de que lo que estamos diciendo está relacionado con esas líneas negras que vamos señalando con el dedo, y de vez en cuando nos sorprendemos cuando nos señalan el  cuento y dicen “¿Qué pone aquí?” Ese es un paso de gigante para nuestro pequeño lector. Pero lo más importante es que les estamos creando gusto por la lectura, cosa que no conseguiríamos con las tediosas tareas de dictado y copia.

– También pueden aprender a etiquetar sus cosas. Aprender a escribir su propio nombre es algo que fascina a los niños desde muy pronto. Y ¿para qué sirve escribir mi nombre? Para indicar a otro que eso que está cogiendo es MÍO y solo mío. Animadles a escribir su nombre en etiquetas que pueden pegar en los sitios que ellos prefieran… y elegid unas que se despeguen fácilmente porque el afán etiquetador puede no tener límites. Muy pronto, además de escribir su nombre querrán escribir “mamá” “papá”, el nombre de su hermano o el de su juguete favorito.

¿Se os ocurren otras cosas que los niños pueden aprender sobre la escritura y la lectura en el hogar?

Seguro que sí, pero recordad: lo importante es que estos aprendizajes estén contextualizados en situaciones reales, en los que leer y escribir tengan una finalidad concreta, ya sea divertirse, recordar, dejar un recado, etiquetar, narrar, etcétera etcétera.