QUÉ ASCO, UN BEBÉ MAMANDO

Freud hubiese disfrutado de lo lindo en nuestro siglo. Tendría tanto material que no sabría por dónde empezar. Publicidad sexualmente explícita en las marquesinas de los autobuses, hombres y mujeres profiriendo la más florida colección de insultos a un señor de negro con un pito, mujeres desnutridas como modelos publicitarias para vender ropa, programas televisivos que muestran a jóvenes maltratándose y haciendo “edredoning”. Y sin embargo, lo que causa escándalo es una madre dando el pecho a su bebé. Inaudito.

Año sí, año también,  surge un escándalo porque una mujer ha sido expulsada por amamantar a su bebé en un espacio público. Las mujeres y hombres que apoyamos la lactancia materna como un acto inherente al ser humano que ha sido practicado en público toda la vida nos ponemos en pie de guerra, y los detractores  mojigatos de este bello acto lo comparan con sacarse mocos, hacer pis o comer un bocadillo.
No es la primera vez que la cadena Irlandesa Primark alimenta el escándalo expulsando a una madre lactante de una de sus tiendas (ver http://selenus.es/index.php/2013/08/14/primark-cabrea-a-las-madres-lactantes/#comments). La excusa es siempre la misma: los demás clientes se pueden sentir incomodados. En los 4 años que di el pecho a mi hijo nunca tuve ningún problema: di de mamar en el banco, en el supermercado, en los restaurantes, en la piscina, en el colegio y en las tiendas de ropa. Nunca tuve un mal comentario ni una mala mirada, todo lo contrario. La gente sonreía y mostraba su satisfacción ante este acto bello y natural. Eso es lo normal. Lo otro es lo anormal: madres intimidadas por guardias de seguridad como si estuviesen cometiendo un delito. Personas encendidas en las redes sociales recriminando la lactancia y dibujándola como algo sucio y reprobable. Centros comerciales con espacios de lactancia claustrofóbicos y antinaturales, en los que se mezcla la alimentación con la micción y la defecación. Muestras de una sociedad enferma que ha perdido su norte.
Mi pequeño dejó de mamar hace tiempo,  pero no voy a dejar de defender a las mujeres que dan el pecho a sus pequeños allá donde se encuentren. La lactancia materna es un signo de salud social y su rechazo nos lleva a recordar las teorías del viejo Freud. Quien vea en la lactancia un acto sucio debería bucear en su subconsciente, a ver qué encuentra. Será un acto curativo y catártico, seguro.

MAMÁ, MIA, UNA PRINCESA

¿Por qué a todas las niñas les gustan las princesas? Yo intenté evitar con uñas y dientes que Brigette Killer se aficionara a ellas, pero tuvo una época princesil de la que ahora se avergüenza, y nos quiso arrastrar a todos en esa vorágine de coronas, vestidos largos y color rosa. Bueno, hay que decir que su princesa favorita  no era de las más rosadas. Era esa princesa huérfana y maltratrada por su madrastra que huía por los bosques y hablaba con los animales: Blancanieves. 
Brigitte tenía un disfraz de Blancanieves que se ponía a todas horas. Phantom y ella vieron la película unas 800 veces y se sabían los diálogos de memoria. Cuando terminaban de verla, se ponían los disfraces (Phantom tenía uno que hacía las veces de cazador y de príncipe azul) e interpretaban sus escenas preferidas. Una de las más solicitadas era la escena en la que el cazador tiene que arrancar el corazón de Blancanieves para entregárselo a su madrastra como prueba de su muerte. El desmayo de Blancanieves ante la brutalidad del cazador nos hacía aplaudir, reír y pedir un bis. La otra era, por supuesto, la del beso. Phantom se negaba a besar a su hermana en la boca, aunque ella fruncía sus labios con los ojos cerrados esperando a que el príncipe la despertase de su sueño eterno. 
Brigitte sentía curiosidad por todo lo relacionado con las princesas: dónde vivían, por qué nunca las veíamos, dónde estudiaban, quienes eran sus amigos, y así un sinfín de preguntas que parecían no tener fin. Un día íbamos por la calle de la mano y sentí que me tiraba de la mano y se ponía a dar saltitos. Le miré a la cara y vi algo así: 
Su dedo comenzó a levantarse, y al mirar hacia el lugar al que señalaba, vi a una monja con un hábito blanco inmaculado que contrastaba con su piel negra como el azabache. Y fue entonces cuando Brigitte Killer gritó: 
La monja y yo nos miramos. La cara de Brigitte se había convertido en un poema. Yo tiraba de ella para que dejase pasar a la mujer de blanco, que tenía más aspecto de mosca en leche que de otra cosa. 
“No bonita, no soy una princesa, soy una monjita”. Brigette Killer se puso muy seria y la dejó pasar. “Adiós, bonita” (las dos nos reíamos de la ocurrencia).
Al poco rato, Brigitte tiró otra vez de mi mano para llamar mi atención. 
__Mmmmm, mamá… ¿Qué es una monja?

LAS LOCAS DEL PARTO EN CASA

Las locas del parto en casa somos mujeres que sabemos demasiado, unas listillas que nos creemos que sabemos parir y arriesgamos nuestra vida y la de nuestros bebés por cumplir un capricho: tener un parto respetado, íntimo y en el que solo mandemos nosotras. Tenemos obsesión por el control de nuestros cuerpos, porque confiamos sobremanera en ellos. Muchos ginecólogos se echan las manos a la cabeza cuando exponemos nuestras ideas. Ellos nos dicen que somos unas irresponsables y unas indocumentadas, que no sabemos los miles y miles de peligros a los que nos exponemos cometiendo esa locura; después pasan a enumerar uno por uno los peligros que, tanto nosotras como nuestros bebés, podemos correr. Y la verdad, hostias, nunca habría pensado que hubiese tantos obstáculos para parir, siendo una especie asentada a lo largo del planeta y sin riesgo de extinción… de momento.

Una de las cosas que más me impresionaron de mis discusiones sobre el parto es cuando una matrona me dijo que “sin oxitocina, el parto no progresa” . Hombre, y razón no le faltaba. Pero ella se refería a la oxitocina sintética que te enchufan de forma protocolaria en ciertos hospitales. Debe ser que la mujer ha sufrido una mutación y ha necesitado que el hombre sintetizara oxitocina para seguir multiplicándose. También me extrañó la necesidad inminente que le entra al personal sanitario cuando llegas al hospital a parir por romperte la bolsa del líquido amniótico. Qué prisas para todo. Yo, como soy lenta y me pusieron muy nerviosa en mi primer parto, con tanta prisa, tanto grito y tanta urgencia, decidí que nunca más, que el siguiente lo iba a dirigir yo a mi ritmo y con mis condiciones.

Aquí hay que hacer un inciso para todas aquellas mujeres que deciden seguir pariendo en el hospital: parir en casa no es obligatorio, es una decisión personal muy meditada tomada por una loca que tiene que encontrar una persona especializada en partos para que la ayude. Esa persona especializada valora todos los antecedentes y exige un control del embarazo para saber en todo momento si el parto en casa es viable, e inmediatamente, si piensa que no lo es, te recomienda acudir a un hospital para que tu parto sea atendido convenientemente. Estamos locas pero no somos tontas.

Hay países en los que la mayoría de las mujeres están locas y los hospitales se ahorran un montón de dinero a costa de esta locura. El sistema está montado para que las mujeres den a luz en sus casas y el hospital se reserva para aquellos casos en los que es necesario. Pero las locas del parto en casa no queremos romper las tradiciones patrias, aunque sí nos gustaría que dejasen de agobiarnos con frases como “pues vete a parir a un descampado”. Nosotras no queremos parir en un descampado: se está mucho mejor en el calor de nuestro hogar y atendidas por una persona que nos respeta y en la que confiamos.

Las locas del parto en casa no somos muchas y seguro que seríamos menos si los hospitales fuesen un lugar amable y psicológicamente seguro para parir . EL HOSPITAL ES EL LUGAR MÁS SEGURO PARA PARIR, diréis. Bueno, eso sería verdad si dentro de la seguridad no incluimos la indefensión a la que las locas nos vemos sometidas ante protocolos que no hemos elegido, intervenciones que no necesitamos y agresiones verbales que no nos merecemos (por supuesto, sin generalizar, que hay de todo en la viña del señor).

El sueño dorado de toda mujer es un hospital cuya política fuese algo así como “Nuestro protocolo está en función de las necesidades de la madre y del bebé. Priorizamos el parto sin intervenciones innecesarias, si así lo desea la mujer. Sabemos atender un parto normal, quitar las vueltas de cordón, hacer cesáreas, incluso tenemos experiencia en atender partos de nalgas, resolver distocias de hombros, etcétera. Informaremos en todo momento sobre las ventajas e inconvenientes de cada intervención, sin alarmar a la madre y sin decantarnos interesadamente por ninguna opción, siempre que no exista un riesgo más alto para una que para otra. Ofrecemos la epidural, si así lo desea la madre, advirtiendo de sus riesgos  e inconvenientes. De todo esto se informará en cursos de preparación al parto, que tienen como objeto formar a la mujer para estar preparada en un parto normal, y no para ser obediente ante un protocolo impuesto por los profesionales sanitarios”

En todo caso, aunque exista un hospital así, no está en Villa Springfield, así que para esta loca, la mejor opción fue la seguridad de su hogar, la seguridad de su matrona y la seguridad de su cuerpo, que ya había demostrado que funcionaba correctamente. La locura me hizo confiar en que nada podría salir mal y este loco segundo parto me hizo olvidar todos los sinsabores del primero. ¿Que si estoy resentida? No, en absoluto. Estoy convencida y eso es inquietante para los que nos quieren convencer de que el parto es suyo y no nuestro.

MALDITA ADOLESCENCIA

¿Tenéis hijas adolescentes? Quizás entonces entendáis lo que os voy a contar. Mi maldita adolescencia me persigue: esa adolescencia llena de granos y de tristeza, en la que logré desbaratar de un plumazo la sabiduría de mi infancia. Y no logro ver la adolescencia de mi hija como diferente a la mía, aunque lo es, y mucho. Ella no ha perdido la sabiduría, la ha transformado. Ella tiene referentes importantes en los que apoyarse, yo no los tenía. Ella tiene una madre que le dice a todas horas lo guapa y lo inteligente que es, lo que la quiere. Yo… en fin, para que hablar de lo que me pasaba a mí. Pero sin embargo, entre ella y yo hay un abismo insondable que creo que está plagado de mis miedos y de sus carencias.

¿Hablo de su adolescencia o de la mía? No entiendo por qué, siendo tan diferentes, son tan parecidas. No entiendo qué es lo que me reprocha a cada momento. No sé lo que nos separa. Habréis visto que en el blog aparece Vampi, mi pequeño que se aburre continuamente y que quiere ser periodista. Aparece Phantom, con sus gracias y sus peripecias. Pero Brigitte Killer es la gran ausente. No puedo escribir sobre ella. Me duele, me quema, me arrasa, me incomoda, me aturde, me llena de culpa, me envenena. Me hace volver una y otra vez a mi propia adolescencia.

Quizás el problema es que siempre le quise dar lo que yo no tuve para evitar que fuese como yo, que sufriese como yo. Y en ese intento, he producido el efecto contrario. Me veo tan absolutamente reflejada en ella que me duele. Sé que es ella la que tiene que salir de ahí, como lo hice yo en su momento, como lo sigo haciendo. Pero el hecho de conocer el camino que he seguido me invita a avisarla continuamente. Y claro, no hay nada que le moleste más a una adolescente que saberse parecida a su madre.

Así que he llegado a la siguiente conclusión: no me queda más remedio que exorcizar mi adolescencia. Debo deshacerme de ella, de esos granos, de esa fealdad, de ese desamor, de las burlas y risas de las populares del grupo, esas que organizaron un concurso de belleza y me pusieron una corona de reina de las fiestas junto al chico más feo del grupo. Dejar todo eso atrás es restar importancia a la tristeza que me anegaba día y noche, es perdonarme por haber dejado de leer y de escribir, que era lo que más me gustaba y me gusta en este mundo, para dedicarme a buscar fuera de mí lo que estaba dentro.

Espero al menos que sea verdad lo del camino, el karma y todo eso, porque si no es para echarse a temblar. Parece que mi eterna adolescencia ha llegado a su fin, que soy capaz de reconocerme, me gusto y no necesito gustarle a los demás (a veces puede parecer que me he pasado al extremo contrario, me importa una mierda si gusto o no gusto). Y ahora que todo ha terminado, llega mi chica con la suya. ¿¿QUE HAGO??

Por favor, si hay alguien que tenga una respuesta, a ser posible basada en hechos reales y no en teorías esotéricas al uso, le agradecería mucho que me echase una mano.

¿JUNTOS O SEPARADOS?

Esa es la pregunta que nos planteamos tarde o temprano las madres y padres de mellizos y múltiples en general. Al colegio ¿juntos o separados? A mí no me dieron opción: la política del colegio era juntos, y así siguen ya a sus 14 años. Al principio me gustó la idea: no me gustaba que fuesen a un sitio tan inhóspito por separado. Me gustaba que uno hiciese de espía del otro y que se apoyasen mutuamente. Pero no todo era tan idílico como yo lo planteaba.

El primer inconveniente surgió con las comparaciones. Phanton y Brigitte siempre han sido muy diferentes, pero para mí los dos tienen sus cosas buenas que intento potenciar y que les hacen ser ellos mismos. Pero en el cole, las profes sentían debilidad por la laboriosidad y el orden de Brigitte y en Phanton sólo veían el desorden y el despiste. A pesar de todo, ambos han sido niños brillantes, han desarrollado muy buenas habilidades. Brigitte es niña de sobresalientes y Phanton es niño de notables, siendo la diferencia que una es aplicada, siempre lleva (o llevaba) los deberes hechos y responde lo que los profes quieren oír, mientras que Phanton vive de las rentas de su inteligencia estudiando y trabajando lo mínimo para salir adelante. Eso en cuanto a la descripción tipo “colegio”. Como personas son extremadamente distintos, cada uno con sus gustos y su personalidad, incomparables y diferentes.  

El vivir siendo comparado con otro debe ser muy duro. Siempre existe la comparación, pero en el caso de que vayan a la misma clase, es mucho más acentuada. Me preocupa que, incluso yo, siempre les he visto como un par. Ahora que son adolescentes es cuando están tirando por caminos distintos, pero siempre han ido a la misma clase, a las mismas actividades extraescolares, han tenido los mismos amigos y, claro está, han vivido en la misma casa.  

Sin embargo, lo que diga yo no es tan interesante como lo que dicen ellos. Cuando llega la hora de hacer los deberes, Brigitte se encierra en su cuarto y está horas y horas trabajando. Phanton abre un cuaderno y no pasan más de 15 minutos para que declare:”ya he acabado.” Algo raro ocurre… ¿O no? Pregunto a Brigitte qué deberes tienen para hoy, y con la infornación voy a Phanton… que como era de esperar no ha hecho ni la quinta parte. Entonces, Brigitte se cabrea porque yo le pregunto solo para saber lo que tiene que hacer Phanton y no para saber qué está haciendo ella. Ya tenemos el primer lío: dice que está harta de que Phanton dependa de ella, y Phanton se enfada y dice que es que ella no se ha enterado bien de los deberes. Mea culpa, lo sé, pero no lo puedo evitar.

Los días que Phanton está enfermo y no va a clase, y le pido que vaya a preguntarle a su hermana qué hay que hacer para el día siguente, ella se niega a decirle los deberes. Muchas veces hemos tenido que acudir a terceros para que nos pasen la información… como tienen que hacer la mayoría de los niños, supongo. Por tanto, Brigitte está harta de hacer de mensajera para su hermano, de ser, en definitiva, la que lleva la agenda.

Pero Phanton ¿qué opina ? Para saberlo, hice una encuesta:  

__Phanton, si te diesen a elegir, ¿irías a la misma clase de Brigitte?
__ NOOOOOO
__ ¿Por qué?
__ Porque siempre me malmete con todos, y porque siempre llega diciendo la nota de su examen y entonces yo tengo que decir la mía.  

Por tanto, podemos decir que, para ellos, haber ido a la misma clase que su hermano y hermana, respectivamente, no ha supuesto una ventaja, sino un inconveniente. Sí es verdad que, durante los primeros años, supone una tranquilidad. Pero después, yo diría que a partir de 5º de primaria, se convierte en una dificultad. Sin embargo, el colegio es inflexible con el posible cambio de planes. La rigidez es extrema.

Les podría haber separado en el instituto, diréis. Pero el aula de enseñanza bilingüe en el programa que ellos habían seguido solo tenía continuidad en un aula, así que, otra vez juntos.   En fin, que ¿qué decisión tomar? En mi opinión, lo ideal sería que la escuela tuviese en cuenta la intuición de la familia al respecto, que todos vigilásemos y evitásemos las comparaciones, que procurásemos que hiciesen actividades separados, si así lo desean y que la escuela observase, si es que van juntos, los posibles conflictos o dependencias que puedan surgir para poner en la balanza los pros y los contras de que continúen juntos en la misma clase o por separado. Pero creo que, tomásemos la decisión que tomásemos, será muy difícil eliminar la sensación de que son un par, individuos diferentes pero un par.

KILLER-PROMOCIÓN DE LA LACTANCIA MATERNA

lactancia-materna-3Vamos a dejar una cosa clara: la lactancia materna no hay que promocionarla. Somos mamíferas, es un hecho indiscutible. También somos seres inventores, y hemos inventado sucedáneos de la leche de madre que la imitan con mayor o menor éxito, pero que ni de lejos son lo mismo. Estos sucedáneos son un gran negocio y hay gente que ha hecho fortuna con ellos. Su éxito se debe a varios factores:

  En primer lugar, se ha perdido la relación entre madres, hijas, abuelas y comadres alrededor del hecho de criar. El abismo generacional, fenómeno típico de nuestra sociedad occidental, ha quebrado la transmisión de sabiduría tradicional de maternaje, despojándonos de un conocimiento esencial y de un apoyo básico para lo que supone parir y sacar adelante a un bebé en los inicios. Ahora son el pediatra y las revistas especializadas los que nos enseñan a criar a un hijo o hija. Por eso, rechazamos los consejos de otras mujeres frente a los de algunos especialistas que aseguran que nuestra teta es pura agua y nuestros/as hijos/as necesitan complementos alimenticios mucho más nutritivos que la leche de madre.

Frente a esta ideología, muchas mujeres se están comenzando a reagrupar y a regenerar este conocimiento perdido. Saludo desde aquí a la doctora Menguele, pediatra del Centro de Salud del Pueblo de Vallekas, por haberme hecho creer que un bebé podría explotar si se le dejaba enganchado a la teta toda la noche y haberme convencido de retirar la lactancia a mis mellizos por tener que ir a trabajar dos días a la semana. Señora pediatra, ustéd no tiene ni idea de lactancia, ni como madre ni como especialista. Ojalá que las mujeres se hayan dado cuenta y hayan ido dejando su consulta vacía a lo largo de los años. Es usted una desinformada, pero es médico y por eso la gente se cree lo que le cuenta. Vasusté a la mierda doctora Menguele.  

Aquí siempre suele surgir la pregunta sobre las parejas que adoptan a sus hijos e hijas. La adopción es un acto de amor que nunca pondría en cuestión y que va más allá de la forma de alimentación que se le ofrezca al bebé. No estoy en absoluto de acuerdo con las personas que ponen la lactancia materna y la crianza “de mujer” por encima del deseo de ofrecer un hogar a niños y niñas que no lo tienen. No estoy en absoluto de acuerdo con los vientres subrogados, en los que la madre alquila su útero y desaparece una vez que el bebé ha nacido, me parece una forma más de explotación de las mujeres y una falta de conciencia sobre la cantidad de niños y niñas que necesitan un hogar. 

En segundo lugar, algunas mujeres alegan que necesitan su independencia y libertad y sienten que la lactancia las convierte en esclavas de un pequeño subcionador que las reclama día y noche en busca de sus pechos. El biberón lo puede dar cualquiera, de modo que el bebé puede pasar de unos brazos a otros para ser alimentado. Esta premisa funciona solamente si la alimentación artificial va acompañada de una crianza también artificial: tomas pautadas de forma regular y un bebé que pasa de los brazos para ser alimentado a la cuna para dormir. Hay quien incluso sugiere que se les dé el biberón sin sacarles de la cuna para que no se les acostumbre a los brazos. En fin, eso puede funcionar para algunas madres, pero a mí me gusta disfrutar de mis bebés con el contacto, me gusta cogerles en brazos y no me gusta que otras personas, a no ser que sean sus padres, se hagan cargo de ellas/os. He usado biberón y he ofrecido una lactancia prolongada, y ambas maternidades son agotadoras; en ambas los bebés son demandantes y en ambas he tenido poco apoyo social. Pero la diferencia es que con la lactancia materna y el colecho, yo dormía, y con el biberón y la cuna en otro cuarto, no. Además, con la teta no hacía falta que planificase las salidas: siempre llevaba conmigo todo el alimento que necesitaba el bebé. Fue un engorro cuando empezó a comer sólido, no una liberación.  

Por último, la función sexual de los pechos gana el pulso en ocasiones a la función nutricia. Muchas mujeres se niegan a dar el pecho a sus bebés por no estropear su figura. Bueno, está claro que cada cuál es libre de usar su cuerpo para lo que quiera, no seré yo quien las juzgue. Pero personalmente, creo que después de cuatro años de lactancia, no he tenido ningún problema con mis pechos y siguen cumpliendo su función sexual tan bien o mejor que antes. Hombre, es verdad que la maternidad deja sus cicatrices, pero al final todas vamos a llegar a viejas, ¿o qué os creéis, que el cuerpo de adolescente dura toda la vida? 

Por lo tanto, no voy a promocionar la lactancia materna, ya que es la forma natural de alimentar a los bebés humanos. Quien quiera usar métodos artificiales (o los necesite) está en su perfecto derecho. Pero sí recomendaría a las y los pediatras, en los que tanto confían algunas mujeres, que no contribuyan a la desinformación. La lactancia materna es a demanda, no cada tres horas. La leche materna sigue conservando sus poderes nutritivos durante todo el tiempo que el bebé mama. No hacen falta ayuditas en condiciones normales, que son la mayoría. Los bebés no necesitan ningún otro alimento hasta los 6 meses, y a partir de entonces la alimentación que reciban es complementaria, y no sustituye a la leche materna, que se recomienda ofrecer hasta al menos los dos años (o más, si queréis). 

PHANTON Y SUS RAZONES

Durante este curso, Phanton Killer llegó un día compungido del instituto.

__ ¿Pero qué te ha pasado?
__ Me han puesto una amonestación… ¡y a la tercera me expulsan!
__ ¿Qué has hecho?
__ En Alternativa he jugado con una pelotita de papel. Me ha dicho que haga una redacción sobre “para qué vengo al instituto”
Y esta es la redacción que escribió:

                                         POR QUÉ VENGO AL INSTITUTO


El instituto es un edificio grande con módulos al que los niños van a aprender. Es un sitio en el que se aprende, pero también sirve para estar y relacionarse con los amigos.
En el instituto hay estas asignaturas: matemáticas, lengua, sociales, ciencias naturales, tutoría, francés, ingles, ciudadanía, educación física, plástica y religión/alternativa.
En matemáticas aprendemos a solucionar problemas con números, en lengua damos vocabulario, ortografía, análisis de oraciones, etc. En sociales damos historia y geografía. En ciencias naturales (mi asignatura favorita), estudiamos cosas de la naturaleza, en tutoría nos reunimos con el/la orientador/a, en educación física hacemos ejercicios y estudiamos un poco de anatomía. En plástica (mi segunda favorita) aprendo a dibujar;en religión aprenden cosas del cristianismo y en alternativa no hacemos nada, por lo que me aburro bastante y eso ha llevado a que me pontan una amonestación.
Todo esto me lleva a preguntar: señores y señoras profesoras ¿qué entienden ustedes por “debida atención educativa”? ¿Para qué van ustedes al instituto?

HOY HACE 14 AÑOS

Hoy hace 14 años que llegásteis a mi vida. No fue fácil, pero quién dijo que era fácil… De repente dos seres dependían de mí día y noche, yo que nunca había tenído grandes responsabilidades. Yo que dudaba que os fuese a cuidar mejor que a mi gato. Dos pequeños seres que pedían mis brazos y mis pechos, que necesitaban mi calor y mi consuelo. Y aquí estáis hoy, que me sobrepasáis en estatura (cosa que no es muy difícil, por otra parte), y en otras muchas cosas. ¡Qué orgullosa estoy de vosotros dos! Porque fuísteis el mayor reto de mi vida y sois dos buenas personas, en la edad del pavo pero dos buenísimos seres humanos que ya os asomáis a la vida con fuerza y valentía.

Confío en vosotros más de lo que confiaba en mí misma. Sé que vais a saber cómo ganaros la vida, porque sois inteligentes y bondadosos. Porque tenéis una base importante de cariño. Porque habéis tenido, a pesar de todo, una familia sólida a la que siempre podréis volver cuando la vida os asuste. Mi niña, mi niño. En la edad prohibida rompéis todas las normas que os imponen con maneras sutiles y nuevas para mí. He luchado mucho por vosotros, muchísimo, y siempre ha merecido la pena. ¿Qué más puedo pedir que teneros a mi lado todos los días, veros crecer hasta límites insospechados, recibir vuestros besos y escuchar vuestra voz?

Habéis sido mis mejores maestros, siempre a mi lado en todas las alegrías y todas las adversidades, enseñándome que nada es tan terrible como para hacer que perdamos la sonrisa cotidiana. Habéis vivido mis mudanzas y habéis mudado conmigo. Y ahora estáis aquí, a los 14 años, esa edad que recuerdo tan difícil, enseñándome que el camino es lo importante, que no hay meta prefijada.

Sois libres y nunca habéis sido míos. Me cuesta creer que hayáis surgido de mí una mañana de agosto, la mañana que cambió mi vida, que me convertí en madre.