Venga, voy a responder a la encuesta

Tomada de Pixabay.com

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Los de Gestionando Hijos, en colaboración con la Fundación SM, del Grupo SM, sí, los que, entre otras cosas, venden libros de texto, hacen dos encuestas para conocer la relación familia-escuela. Y la hacen, cómo os diría yo… imaginaos que yo hago una encuesta sobre feminismo y hago preguntas en esta línea:

¿Crees que el feminismo es necesario o prefieres la igualdad?

¿Responderíais a esa encuesta? Un poco sesgada ¿verdad?

Bueno, vamos a ver las preguntas, porque creo que merece la pena.

1. En general, veo a los profesores como socios con quien (sic) colaborar para mejorar la educación de mi hijo.
Pues no. Los/as profesores/as no son mis socios, son personas encargadas de la educación escolar. Y según la ley, son ellos los que deben colaborar con las familias. Lo dice la LOMCE en su preámbulo, no lo digo yo. Partiendo de ahí, la colaboración no es mala nunca. Pero me importa la horizontalidad y la firme convicción en que , quien decide sobre la educación de mis hijxs, soy yo.

2. Acepto las decisiones y formas de actuar de los profesores aunque no las comparta.

Pues depende de la decisión. Si esa decisión perjudica a mi hijx y no está basada en criterios pedagógicos, ni la compartiré ni la aceptaré, sino que iré al colegio a que me expliquen por qué se ha tomado, y si tengo argumentos contundentes haré que se retracten. Es mi obligación velar por el bienestar de mis hijxs.

3. Los grupos de padres de WhatsApp son un medio para criticar al colegio, los profesores y cuestionar sus decisiones.

Pues depende. ¿Los grupos de amigotes son un medio para compartir fotos de la novia desnuda y contar las proezas del fin de semana? Pues eso… Además, no puedo hablar con propiedad de los grupos de padres, solo conozco grupos de madres.

4. Delante de mis hijos siempre muestro mi apoyo a sus profesores.

Siempre no, por supuesto. Ni nunca. Cuando alguien tiene razón, se le da. Pero estoy en contra de esa idea de que el adulto siempre tiene razón, aunque no la tenga, y al niño/a hay que enseñarle a obedecer sin cuestionar las órdenes. Esa es la mejor forma de dejar a niños y niñas expuestos a los abusos sin saber defenderse. Total ¿para qué se lo van a contar a su madre y/o a su padre, si van a apoyar incondicionalmente al profesor? Gran fail

5. La profesión docente es una de las más importantes para la sociedad.

A ver. Importantes son muchas. ¿Qué haríamos sin las personas que recogen las basuras, sin las que nos cobran en el supermercado, sin las que gestionan nuestras multas?

Si lo que me preguntas es que si considero que un profesor/a o maestro/a deben estar bien formados y tener unos valores sólidos para ejercer su profesión, la respuesta es sí. Más considerando que nuestras hijas e hijos están en sus manos durante 5 horas al día, 5 días de la semana.

6. Siempre estoy dispuesto a colaborar con los profesores de mi hijo para buscar soluciones conjuntas.

Pues depende de cuál sea el caso, obviamente. La casuística es enorme. Si me piden que mi hijx no hable en clase, yo lo único que puedo hacer es decirle que no lo haga, pero no estoy en la clase para ver qué pasa allí y buscar soluciones conjuntas. Aunque estaría dispuesta a hacerlo: iría al aula y buscaría soluciones conjuntas con la maestra para que sus estudiantes la escuchen y dejen hablar. Por lo tanto, mi respuesta es SÍ.

7. Es importante que los padres colaboremos con los profesores y la escuela para erradicar el acoso escolar, aunque nuestros hijo/s no se vean afectados.

Con esta pregunta, otra vez me cuesta entender a qué se refiere. Si se refiere a que eduquemos a nuestras hijas/os en el respeto a los demás y a afrontar los conflictos de manera cordial y civilizada, estoy totalmente de acuerdo. Pero eso no es colaborar con la escuela o con el profesor, es educación pura y dura, lo que debemos hacer las familias, nuestra obligación, vaya. Y la escuela debe asegurar que el acoso escolar no se de entre sus muros: cuando los niños y niñas están dentro, esa es labor suya con la que no podemos colaborar porque no estamos allí. Decir que a un niño/a le han acosado porque los padres del otro le tenían mal educado es echar balones fuera. Si yo dejo a mis hijxs en el colegio, el colegio se responabiliza de su bienestar y seguridad. Y punto. No hay excusas.

8. Los padres debemos hacer los deberes con nuestros hijos.

No. Los padres (y las madres) debemos cuidar y educar a nuestros hijos e hijas, y hay miles de actividades interesantes que hacer en nuestro tiempo libre. No hace falta que la escuela nos indique lo que tenemos que hacer en ese tiempo, muchas gracias. Y os aseguro una cosa: cuando tienen que estudiar, estudian. Es increible. Aunque tengan una madre como yo, constructivista, antideberes y casi libertaria (o libertina) al respecto.

9. Es importante transmitir emociones positivas a mi hijo en relación a los profesores, el aprendizaje y la escuela

Sí. Yo lo intento, pero no se lo creen. Yo les digo lo importante que es estudiar y, según la edad que tengan, me dicen que el colegio es aburrido, que quieren que lleguen las vacaciones, o bien que el sistema escolar está hecho para mediocres. No obstante, han aprendido a tener éxito sin entusiasmarse demasiado, sabiendo que es un peaje que tiene que pasar.

10. Es necesario que los padres colaboren activamente en la vida escolar (actividades en el aula, participación en tutorías, extraescolares, AMPA, Consejo Escolar…).

Bueno, hemos llegado a la pregunta número 10. ¿Qué nota habré sacado? Vamos por partes:
A. Me encantaría participar en actividades en el aula, pero nunca me han llamado para hacerlo.
B. En las tutorías no se participa, se va a que te cuenten si tu hijo/a es bueno/a o malo/a y si necesita refuerzo o reprimendas. Por lo tanto, pocas veces he ido a una tutoría. Y las veces que he ido ha sido porque las he pedido yo.
C. Las extraescolares, como su propio nombre indica, no forman parte de la vida escolar. Hay vida más allá de la escuela.
D. El AMPA…. hubo un tiempo en que caí en la trampa. No gracias, no me interesa organizar festivales.
E. Consejo Escolar: lo mismo que D

Espero haber respondido bien. Soy una estudiante muy aplicada.

#VDLN 119: Neuman son de Murcia

Portada de una de las canciones de su nuevo trabajo

No es de extrañar que Neuman suenen tan bien, ya que tienen un técnico de sonido de lujo. Llevo oyendo hablar de Neuman un tiempo, y nunca me había dado por escuchar su música. Y me he enganchado. No sé qué decir, me he quedado prendada de ellos. Me gustan sus letras, sus cambios de tonalidad, su sensibilidad y su inglés. Un gran descubrimiento. Es maravilloso saber que el pozo de la música es inacabable. La música es maravillosa, lo cura todo, eleva el alma y nos pone en forma. Os voy a dejar un par de canciones que tienen vídeo, pero os invito a escuchar todas las canciones de su álbum If. Calidad en estado puro. Amor a primera vista.


La autoridad del profesorado

Leo con estupefacción que un señor que es profesor, aunque ataca a las disciplinas encargadas de estudiar el hecho educativo con saña y odio, ha ido a hablar al parlamento de Navarra sobre la necesidad de dar más autoridad al profesorado. A él le gustaría que se hablase de autoridad más que de protección, pero da por bueno hablar de una ley de protección del profesorado.

Vamos a ver. Los necesitados de protección son los menores. Siempre y por encima de todo. Partiendo de ahí, el profesorado se debe dotar de herramientas para la resolución de conflictos en el aula. Haya o no haya ley, el poder en el aula lo ejerce el profesorado. Tiene cogidas las riendas y es el menor el que tiene las de perder. Aunque nos inunden con historias del pobre profesor que es diana de las burlas de sus malvados estudiantes, en las que él siempre termina de baja por depresión, estamos hablando de alumnos y alumnas que tienen entre 12 y 16 años (asumo que estamos hablando de la etapa obligatoria de la E.S.O.). Para gestionar un aula, hay que desarrollar competencias pedagógicas que te permitan manejar las dificultades.

Este señor dice que los docentes tienen derecho a ejercer su labor en unas condiciones adecuadas. Olvida que el derecho constitucional es el de la educación, y su labor es que los niños y niñas hasta los 16 años puedan disfrutar de este derecho. Esto implica que un docente tiene que ser especialista en trabajar con adolescentes. Su labor no es llegar a una clase y empezar a soltar su perorata mientras los estudiantes le miran con admiración e introducen la información en sus cabezas. Su labor es potenciar el aprendizaje de una manera adecuada a la edad y los conocimientos previos de sus pupilas y pupilos.

Partiendo de estos supuestos (que el que está ejerciendo su derecho es el y la estudiante, y no la profesora o el profesor, y que hay que saber trabajar con adolescentes), pretender basar el clima de convivencia en lo que este señor llama “medidas disciplinarias” es un absoluto despropósito basado en una ideología muy concreta. Puede ser que, para él, la educación se pueda desarrollar en un ambiente de miedo. Pero desde la Pedagogía y la Psicología de la Educación, eso es imposible. El aprendizaje solo se puede desarrollar en una ambiente de confianza, y el profesorado es el encargado de crear ese clima.

Pasa que, entre los estudiantes, este profesor se va a encontrar una gran variedad. Y además, en la vida de una persona, pueden pasar muchas cosas, y hay días en que un niño o una niña puede haber vivido algo especialmente amargo, violento o desagradable. No hay que perderlo de vista: los alumnos y alumnas son personas que se alegran, sufren, viven fuera del colegio y del instituto. Y forma parte de la educación, sobre todo a estas edades, ser sensible a estas situaciones. No son máquinas en las que introducir el excelso contenido. Esas máquinas tienen vidas e intereses con los que hay que sintonizar. Malas noticias para una persona que quiere basar la convivencia en medidas disciplinarias.

En cuanto a la confianza que debemos depositar las familias en el profesorado, eso depende de muchas cosas. Las familias somos responsables de velar por el bienestar de nuestros hijos e hijas. Nunca debemos depositar confianza ciega en nadie, por mucho que tenga un título y haya obtenido una plaza en un servicio público. Nuestros hijos e hijas siguen siendo responsabilidad nuestra, y haremos todo lo que esté en nuestras manos para asegurar su bienestar. Las familias pueden tener muy buenos argumentos para no estar de acuerdo con algunas de las prácticas que tienen lugar en las aulas y es nuestro deber denunciarlas y exigir su erradicación. De la misma forma, apoyaremos al profesorado cuando sus argumentos sean correctos y la educación de nuestros hijos requiera de nuestra intervención para que su conducta en el aula sea adecuada. Todo es, efectivamente, una cuestión de diálogo en un entorno democrático. No hace falta que el profesorado se convierta en policía y su palabra tenga más valor que la nuestra como familias.

Por último, recordarle a este señor que el respeto no se impone, el respeto se gana. Es obvio que todas las personas (profesoras y profesores, madres, padres y estudiantes) merecen respeto a priori como seres humanos, y eso no se le niega a nadie. Pero aquí hablo del respeto como emoción que surge de una historia de convivencia. Este tipo de respeto debe ser mutuo: sin reciprocidad es imposible que exista el respeto. Claro, si se refiere al respeto que emana de la autoridad tipo militar, que el cabo le tiene al comandante y el comandante le tiene al general, efectivamente estamos hablando de cosas distintas: así no funciona la educación. Eso lo sabía hasta la profesora y ex marine LouAnne Johnson en Dangerous Minds.

Cualquier ciudadano y ciudadana está protegida legalmente ante las agresiones. Si un profesor o profesora es agredido, será protegido sin necesidad de que exista una ley, como cualquier otra persona. Pero cuando el que agrede a una persona adulta es un niño o una niña, hay que estudiar esta situación y poner en marcha medidas educativas y de convivencia real, no medidas disciplinarias más propias del sistema penitenciario y militar. Negar la necesidad de formación educativa sobre estas cuestiones y pretender solucionar los conflictos que se producen en las aulas (en las de algunos más que en las de otros) con medidas cohercitivas y disciplinarias es un despropósito solo comprensible en una persona que tiene más nociones de instrucción militar que de manejar contextos educativos. Si esto es lo que llaman “anti-pedagogía”, ya sabemos a lo que nos enfrentamos.

Madres: prohibido hablar de educación

Llevo casi cuatro años en este blog, y desde que escribo desde mi identidad de madre he podido constatar que a la gente que en las redes escribe desde sus perfiles profesionales les molesta sobremanera que una madre hable de otra cosa que no sea “sus labores”. 

Desde la perspectiva de estos expertos (y expertas), una madre es una madre. Y punto. La interacción con nosotras es serena cuando planteamos nuestras dudas partiendo de la ignorancia y la admiración por sus inalcanzables conocimientos. Pero ay de nosotras si osamos poner en cuestión sus planteamientos. En esos casos, da lo mismo que nuestros argumentos sean impecables, estén basados en la evidencia o que citemos investigaciones recientes de gran impacto: somos unas histéricas que atacamos desde la rabia y el resentimiento a los sabios expertos (y expertas). 

Leyendo el blog, la gente puede saber de forma fehaciente que tengo 3 hijos, pero no saben nada sobre mi profesión. La sensación que he tenido siempre debatiendo desde mi identidad de madre es que, cuando estos expertos interactúan conmigo, usan un arquetipo caduco de madre. Me siento tratada como una ignorante sin formación que se hace la listilla, una mujer de su casa que habla desde la emocionalidad y no desde la razón.

La verdad es que estoy aprendiendo mucho desde un punto de vista socio-psicológico sobre la forma en que funciona el poder en las interacciones cotidianas cuando me relaciono con personas desconocidas desde mi identidad de madre. Foucault estaría fascinado si pudiese observar las interacciones en las que me veo envuelta. Cualquier estudioso del poder, del discurso y de la interacción lo estaría.

¡Pero qué hago yo hablando sobre estas cosas, si solo soy una pobre madre histérica! Vuelvo a mis fregonas, mi bayeta y mis cup cakes. Perdones excelsos expertos del saber oculto que ose argumentar sin llevar un mísero título en la boca. 

El Black Friday


Andaba yo ayer husmeando por el Facebook y observé que había una división clara entre los detractores del Black Friday y las vehementes defensoras de esta fecha tan señalada. Ya ves… ayer que era 25 de noviembre, día de denuncia en contra de la violencia machista, el Black Friday se imponía como tema de debate. Nunca hubiese pensado que un día de descuentos (o rebajas, como se ha llamado de toda la vida) pudiese levantar tanta polvareda. La verdad es que me la trae un poco al pairo, aunque como tema de reflexión sociológica me parece muy interesante.

Yo, que soy perezosa por naturaleza para esas cosas de las compras, paso por el Black Friday sin pena ni gloria. Porque, por una parte, me da pereza ponerme a pensar en qué necesito y qué me compraría que cupiese en una casa ya de por sí llena de trastos. ¿Una secadora quizás? ¿Y dónde la meto? Descartado. Por otra parte, irme a comprar al tun tun, después de haberme convencido de que el consumismo es el mal y el dinero que gano con esfuerzo mejor reservarlo para lo necesario, pues no mira. Paso de encontrarme en casa con objetos inútiles que pueblan mis estanterías y se llenan de polvo. Tengo libros, electrodomésticos, de cepillos ando sobrada, dispositivos no me faltan y la tostadora sigue funcionando. 

En cuanto a las ofertas de cursos on-line, webinares y toda la pesca, pues en este momento ando bien de conocimientos y reflexiones propias. Además, estoy haciendo un MOOC que me sale gratis en Miriadax y no tengo que andar agitando pompones ni nada de eso. Lo que sí que pagaría con gusto es un intensivo de Yoga, a ver si se me van las contracturas del cuello, pero por lo demás, aprender me sale gratis, no tengo que buscar gangas en el Black Friday. Esto no quiere decir que a otras personas les vengan de perlas los cursos ofertados y puedan beneficiarse de tan suculentas rebajas. 

Me voy a poner seria un momento para decir que me da mucha pena la locura que se desata en las calles con este tipo de fenómenos. No es que me parezca mal que la gente compre o venda. Es tontería. Lo que me entristece es cómo la compra desatada de objetos llena los huecos de nuestra vida. No soy autosuficiente (más quisiera), pero me gustaría serlo. El proceso es difícil, lento, costoso. Ya se ha ocupado esta sociedad nuestra de tenernos bien atados temporal y físicamente. Pero de ahí a abandonarme al consumo desatado que suponen este tipo de eventos va un trecho. 

Ahora llega la Navidad, y me da muchísima pereza. Por no comprar, no he comprado ni lotería. No entiendo esos llenos en las tiendas y esas compras anticipadas. Quizás es que yo sea muy rancia, pero me parece estúpido comprar toneladas de comida para tirar la cuarta parte a la basura mientras intentas cebar a los comensales de una manera desmedida. ¿Y los adornos navideños? Pues tengo el mismo árbol prefabricado con las mismas bolas y los mismos adornos desde hace casi 10 años. Qué horror ¿verdad?

Eso sí, en mi casa no falta la sidra en Navidad (Ah, ¿que mejor el cava? Puffff)