#VDLN 102: Andrés Calamaro (las heridas)

Andrés Calamaro

Dicen que a las heridas hay que dejarlas sangrar. Y las heridas emocionales tienen distintas formas de sangrar. Yo siempre elijo la ira. Me es mucho más apetecible estar enfadada que estar triste. Hay una creencia extendida de que la ira esconde tristeza. Se supone que es mejor estar triste que estar enfadada. Pero es que cuando las heridas son muy grandes, la tristeza puede llevar a la depresión, y la depresión inmoviliza y se perpetúa. Y mira, no. Hay que moverse y sangrar hasta echar todo el veneno.

Es cierto que la ira puede ser destructiva. Pero es para fuera. Y a veces es creativa. La depresión no. La depresión destruye por dentro y acaba con todo. Así que mira, quien puede, elige la ira. Y es entonces cuando el mundo te va a dar lecciones. Porque tienes que aprender que el mundo no tiene la culpa de tus heridas. Que las heridas tienen que sangrar.

Hay que dejar de sufrir tanto

Os lo digo como comadre. Dejad de sufrir. La vida no es fácil, pero al final se tira hacia adelante. Quizás no recuerdes la de veces que has estado en el parque con tu hija. Puede ser que un invierno lluvioso que os obligó a permanecer en la cueva se haya reinterpretado como una eternidad de encierro en casa. Pero no. Es que salir mientras llueve no es muy divertido. Puede serlo un rato, quizás durante 15 minutos. Pero calarse bajo la lluvia y saltar en los charcos pierde su encanto si se convierte en costumbre.

Las redes sociales han sustituido a la televisión, y nos inundan con miles de vídeos en los que los niños y las niñas gozan de su primera vez con la lluvia, saltan en los charcos como posesos/as, descubren por primera vez la llegada de un tren, asustan a su padre que intenta usar un cortauñas… y así hasta la extenuación. Estos micromomentos se nos antojan eternos. Nos hacen creer que hay niños que viven en un paraíso de crianza respetada eterna, donde están expuestos siempre a la naturaleza, la exploración, el buen rollo y la alegría. Y mira, no. Todos y todas tenemos de esos momentos… y de los otros.

Pero claro, los otros no se graban. De modo que nuestro cerebro empieza a entablar la típica comparación y acabamos a la altura de betún. Sin embargo, yo os invito a ser un poco realistas. Y me dirijo a vosotras, que sé que leéis este blog, que tenéis un perfil muy determinado y que tenéis una conciencia un pelín por encima de la media (perdón si cae por aquí alguien que no responde a este perfil, no volverá a pasar). ¿Realmente creéis que vuestros hijos/as sufren tanto en este mundo cruel? ¿Estáis seguras de que todos vuestros desvelos son útiles? ¿Os preguntáis realmente si habéis ido suficientes veces al parque, si les habéis enseñado cosas útiles de la vida, si les habéis enseñado a sonreír y a ser felices, etcétera etcétera?

La vida es mucho más que una sucesión de situaciones. La vida es compleja. Está matizada por estados de ánimo, por el clima, por la devaluación del euro y por la luna llena. No podemos esperar la perfección en todo momento. Es más útil ver la vida como una sucesión de conflictos que se van resolviendo. Y nuestros hijos e hijas, nuestras parejas, el resto de nuestra familia consanguínea y no consanguínea, forman parte a veces del problema y otras de la solución. La mejor de las veces, forman parte del apoyo para remar hacia adelante.

Por eso, creo que no debéis de sentiros tristes porque vuestros peques decidan convertirse en ratones de biblioteca o en músicos callejeros. No todo dependió de vosotras. Ellos y ellas también toman sus propias decisiones, tienen sus propios gustos y a veces tienen muchos cojones u ovarios. No todo es saltar en los charcos. Lo importante es, al final, sentir que les habéis ofrecido vuestro cariño y vuestro apoyo. Y que habéis disfrutado de vuestra vida al mismo tiempo.

#VDLN 100: Hipersexualidad (Virginia Rodrigo)

Virginia Rodrigo. PercoAutora. Hipersexualidad

Virginia Rodrigo, feminista, baterista, percusionista, lo deja claro: está harta de la hipermercadotecnia del sexo. El sexo industrial, como producto, lo invade todo. No veo a nadie disfrutar, dice. Y es así: está ya todo tan mercantilizado que parece que no podemos disfrutar de nuestros cuerpos como nos de la gana. Hay que innovar, hay que ser fogosa, hay que ser elegante a la par que sofisticada, y darlo todo en la cama. Hartas ya de estos planteamientos, Virginia nos propone hacernos hermafroditas o asexuales.

Ella lo cuenta, ella lo expresa, ella lo deja claro. Ya está bien de ser objetos hipersexualizados para vuestro disfrute. La letra es contundente. El vídeo también. No os lo perdáis.



Cada cuál toma sus decisiones

Querida amiga que lo fuiste: cada cual toma sus decisiones. A unas nos parece importante sacar adelante lo que hemos plantado, mientras otras creemos que tenemos que desplegar las alas y dejar las hierbas al cuidado de otras. Lo cierto es que me encanta ver mi jardín lleno de flores. No querría pensar que pasaría si no lo regase todos los días, si no pusiera atención a cada una de las flores que planté.

Somos libres de volar, sin duda. Tanto como somos libres de no hacerlo. Lo que es bueno para ti, querida, no es bueno para todas. Asi que esa cara de condescendencia no tiene espacio en mi agenda. No me representa, ya tú sabes. Todos tus consejos me los guardé en el bolsillo. No te di ninguno porque no lo pediste. Así es la vida: tomamos decisiones que condicionan el resto de nuestros días y, seguramente, el resto de los días de otras personas.

Sé que  soy una persona difícil: digo lo que pienso demasiado de frente. Sé que eso puede parecer agresivo para las personas que han hecho del positivismo su bandera. Pero se te nota en la cara, que lo sepas. Y en el cuerpo. Cuando hablas de alguien amorosamente y pides que el universo le sea propicio, se nota cuándo en realidad estás sintiendo un “así te parta un rayo”. Es lo que tiene el cuerpo: que no miente.

Por eso, en los últimos tiempos me pasaba que no me creía tus palabras bonitas. A veces, la moral del buenismo se impone como una coacción a la verdad verdadera: que hay gente que es muy falsa. Que no hay que tragarse las tonterías aunque vengan revestidas de palabras bonitas, de sonrisas y de sentencias de verdad. Que cuando te hacen daño, hay que decirlo, no hay que tragar y seguir como si nada, recibiendo una tras otra. No. Mira, venden sacos de hostias muy asequibles en las tiendas de deporte, seguro.

Así que seguid con vuestros tules y bailes a la luz de la luna y que os vaya muy bien. Cada cuál toma sus decisiones. Yo la mía la tomé hace mucho: basta ya de tanta tontería. El rollito comadre se me agotó hace tiempo, se me cayeron todos los palos del sombrajo y dejé de creerme toda esa pantomima. Así que sigamos viviendo, cada una a lo suyo, y cosechemos lo sembrado.

#VDLN 100: mi primera canción


Hoy es un #VDLN muy especial. Es el #VDLN número 100. Por eso, no puedo poner cualquier cosa. Tengo que poner algo especial. Los números redondos hay que celebrarlos con cosas redondas. No se puede poner cualquier tontería. Tengo que poner algo que esté en el origen de mis gustos musicales. Algo que desentrañe el secreto de mi buen gusto musical. Y qué otra cosa puedo poner que no sea mi primera canción. 

La primera canción de alguien es esa que nos hace cantar a voz en grito y con sentimiento. No, no vale pensar en los payasos de la tele ni en el “Un globo, dos globos, tres globos”. La primera canción es una cosa de la adolescencia. Nos sentimos poseídas y soltamos alaridos en nuestra habitación, mientras nuestro pobre padre huye a comprar unos tapones para los oídos. Eso en el mejor de los casos. En el peor entra y apaga el tocadiscos. 

Y sí, he dicho tocadiscos. Si hubiese habido MP3, mi vida hubiese sido muy distinta. Y con smartphone quizás no habría leído los 200 libros de la ida y la vuelta en tren a la UAM. Además, con tocadiscos recuerdo cada pequeño salto de la aguja en mi primera canción. Y ese ruído blanco de fondo que me sumía en una especie de trance. Él tocata, la aguja, el pssssshhhh y la canción. Lo siento, pero es esta. Y sí, me gustaba el rubio…